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Conoce al Aníbal triunfador sobre el poderoso imperio romano

(Este artículo es la continuación de Aníbal Barca 1: los orígenes del genio militar)

1

Por órdenes de Aníbal, los elefantes fueron cubiertos con grasa vegetal con el fin de protegerlos del  frío y la nieve. Eran muchos los que pensaban que al escalar esas alturas, los paquidermos no sobrevivirían. Sus propios hermanos y un sinnúmero de sus guerreros veteranos dudaban del juicio del general, por una parte. Por otra tenían enorme fe y respeto hacia los actos de su líder. Sin embargo, algunos sacerdotes ibéricos le relataron historias del Norte de la India, donde los elefantes asiáticos acompañaban a sus cuidadores en altitudes incluso mayores a las que enfrentarían en Italia.

Iniciaron la marcha. Iban treinta paquidermos, cerca de treinta mil caballos y un ejército multirracial de mercenarios libios, númidas, etíopes, púnicos e ibéricos. Tras recorrer la costa del Mediterráneo a lo largo de toda Hispania, se adentraron en el continente y emprendieron su ascenso. Primero los Pirineos, a continuación los Alpes. Este ascenso y descenso, accidentadísimos, marchando a través de antiguos pasos que casi nadie se atrevía a utilizar, les permitiría desembocar en el fértil y hermoso valle de la península Itálica y sembrar el terror en ella. Directo sobre la retaguardia de las legiones romanas, quienes demasiado tarde se apercibirían de que la guerra no se libraría de ningún modo en Cartago, en África, o en Hispania, como planificaban, sino que se desarrollaría en su propia casa.

Atrás, en la península Ibérica se quedaban los tres ejércitos africanos de resguardo, comandados por sus tres hermanos: Hanón, Magón y Asdrúbal Barca, respectivamente. Era Asdrúbal quien estaría a cargo de coordinar las acciones de las tres tropas, las cuales patrullarían el inmenso territorio conquistado desde décadas atrás por su padre, Amílcar; por su cuñado, Asdrúbal el bello, y por el propio Aníbal, el primogénito de los bárcidas, quien ahora marchaba hacia Italia. Deberían resguardar las ciudades bajo su control y librar la guerra ahí: adonde no tardarían en ser atacados por los romanos. Y en donde tampoco tardarían en surgir rebeliones de las tribus hispánicas sojuzgadas, aprovechando la guerra de sus opresores. Mientras, el hermano mayor se preparaba para asestar un duro golpe en el corazón del Imperio Romano. Era demasiado lo que debían custodiar, su familia y los nobles cartaginenses se habían vuelto riquísimos a partir de exprimir sin piedad las comarcas y ciudades ibéricas.

 

2

A lo largo de su trayecto, Aníbal y sus hombres serían emboscados por diversas tribus celtíberas y galas, hostiles no sólo a Roma, sino a cualquier tipo de ejército invasor que osase pasar a través de sus dominios. Una vez que iban sometiendo a los celtíberos, los incorporaban a su ejército, convenciéndolos, comprando sus servicios como mercenarios o ganándolos para su causa en contra de Roma mediante promesas.

Aníbal y sus hombres alcanzaron finalmente los Valles Italianos en pleno verano, en el año 200 antes de Cristo. No tardaron en tener sus primeros enfrentamientos contra las legiones romanas, quienes acudieron al instante, al enterarse de que eran invadidos en su propio suelo.

El senador, Publio Escipión, quien originalmente estaría destinado a combatir a Aníbal en sus dominios en Hispania, cambiaría por completo el rumbo de sus acciones militares, teniendo que regresar a Italia para interceptar al general africano. Así, unió a una parte sus tropas con otras dos legiones, cuya tarea anterior habría consistido en mantener a las tribus galas bajo control. Ahora los celtas se habían unido al ejército multirracial de Aníbal para combatir a Roma.

Los Romanos tendieron a considerar los primeros dos enfrentamientos como simples escaramuzas. Aún no comprendían del todo la magnitud militar del genio que les invadía. En Tesino y Trebia, donde se libraron aquellas confrontaciones, Aníbal los barrió por un flanco y otro con caballos y elefantes: primero con su caballería de númidas: rápidos, ligeros, mortíferos, liderados por el comandante africano Maharbal, de quien existen diversos desacuerdos históricos, sobre si su origen era númida, efectivamente, o en realidad pertenecía a una familia noble de Cartago, habiéndose educado y entrenado junto a Aníbal y sus hermanos desde que eran niños. Así mismo, hizo uso de su caballería cartaginense y de sus elefantes de guerra, los cuales habían conseguido llegar intactos desde Hispania.

En Tesino, Escipión sería derribado por el proyectil de uno de los feroces honderos baleáricos que acompañaban a Aníbal desde Iberia, estando al punto de morir embestido por la infantería púnica al perder su montura. Sería rescatado en el último instante por su joven hijo, Cornelio Escipión. Ahí quedarían fundidos para siempre los destinos de Aníbal Barca y los Escipiones.

3

Pero el verdadero pánico y el horror no cundieron a lo largo de Italia, sino hasta la célebre batalla del Lago Trasimeno.

Escipión padre, una vez recuperado de las heridas más recientes y habiendo finalizado su senado sin conseguir derrotar a Aníbal y apenas salvando la vida, sería asignado de nueva cuenta a Hispania en compañía de su hermano Cnéo, pretendiendo derrotar a los africanos en la península Ibérica y tratando de debilitar el principal bastión de donde se nutrían económica y militarmente.

Por su parte, Aníbal se encargaría de procurar atraer al nuevo cónsul, Flamínido, hacia el lago Trasimeno a través de un angosto paso de montaña y bosques que aún existe en la actualidad. El cónsul, junto a sus dos legiones, llevaba semanas persiguiendo a Aníbal, añorando exterminarlo y regresar a Roma triunfal con el general africano cargado de cadenas. O con su cabeza en una estaca. Sin percatarse siquiera de que en lugar de perseguir a una presa, se adentraba cada vez en las fauces de un gran depredador.

Tras casi tres semanas de carrera, el cónsul se enteró de que las tropas de Aníbal le aguardaban en las inmediaciones del lago para presentarle batalla. Se trataba de un terreno abierto, en apariencia, con el agua por detrás de los africanos: a los romanos les pareció que podrían aplastar a los invasores y arrojarlos hacia las profundidades de aquel lago. Para acceder a aquel claro debían apretarse a lo largo de un estrecho sendero boscoso que desembocaba en las aguas, teniendo que desordenar su formación para ingresar, cosa que los púnicos aprovecharían enteramente. El singular campo de batalla conformaba una T, en donde la parte superior de la misma eran el lago y sus costas, en donde los romanos creían que chocarían contra los púnicos, y la inferior el sendero boscoso por donde ingresarían.

Flamínido ordenó a sus legiones avanzar muy temprano en la mañana, marchando a paso veloz a través del angosto paso rodeado por bosques de árboles inmensos y antiguos. El camino obligó a los legionarios a estrecharse cada vez más unos contra otros para poder acceder a través del angosto camino, sin percatarse de que la noche anterior Aníbal había mandado ocultarse a la infantería celtíbera y gala, a las tropas africanas y púnicas ligeras y aparte de su poderosa caballería tras las cortinas naturales que les brindaban aquellos árboles.

Los romanos avanzaron agotados hacia el valle que bordeaba el lago. Se encontraban marchando desde más allá de la madrugada, sin haber desayunado. Tal como proyectaba el general africano que debía acontecer.

La infantería pesada de Aníbal, liderada por el implacable general Monómaco les esperaba a la orilla de sus aguas, listos para entrar en acción. Las legiones creyeron que por fin se encontrarían en combate parejo. Poco antes de que los exhaustos romanos entraran en contacto con Monómaco y sus veteranos púnicos, se escucharon los cuernos galos y el chillido ensordecedor de las trompetas ibéricas y africanas, como el presagio de una muerte helada y sorpresiva. Todas las tropas celtíberas, hispánicas y africanas ligeras emergieron de los costados del bosque, cayendo sin piedad sobre los desprevenidos flancos romanos, arrasándolos rápidamente y sin piedad alguna. Les arrojaron miles de dardos, lanzas y todo tipo de proyectiles, sin darles apenas tiempo siquiera de desenvainar sus espadas. Los mercenarios libios los empalaron con sus poderosas lanzas, rematándolos con sus hachas y dagas, los galos arremetieron contra ellos con unas espadas gigantescas, mazos y también con hachas, los púnicos los destriparon con sus sables cúrveos hasta dejar una alfombra de vísceras y sangre.

Las dos legiones resultarían exterminadas casi por completo, los sobrevivientes prisioneros y esclavizados, y Flamínido finalizaría empalado bajo una lluvia de lanzas cartaginenses. Los historiadores cuentan que los romanos sobrevivientes se arrojaban a las aguas del Trasimeno, pretendiendo huir en vano de los jinetes numínidas, quienes asestaban con admirable destreza con sus espadas sobre los cráneos italianos, abriéndolos o decapitándolos de un tajo, cual si fueran cocos, como relata el historiador griego Polibio, y dejando las aguas del lago por completo teñidas de color del vino tinto.

4

Tras la batalla en el lago, el pánico y el horror cundieron por toda Italia. Por primera vez los Italianos presintieron que no se enfrentaban a un enemigo común y corriente. En la ciudad de Roma se estableció toque de queda, se prohibió, por precaución, que las mujeres utilizasen joyas y vestidos lujosos en la calle. Temblaban de miedo de tan sólo pensar que Aníbal podría marchar en cualquier momento sobre su capital.

Por su parte, Aníbal seguían cosechando triunfos, apoderándose de ciudades, cobrando incontables botines, confiscando cosechas y ganado a su antojo. Tras vencer al cónsul Fabio Máximo, uno de sus mayores enemigos, estableció su base de operaciones en la ciudad de Geronium, dejando descansar y recuperarse a placer a todo el grueso de sus tropas, permitiéndoles comer, yacer con mujeres y beber, después de muchos meses de marchas, batallas y viajes.

En el senado romano se congregó a dos cónsules: Emilio Paulo, quien era aliado y amigo de los Escipiones y Terencio Varrón, del lado de Fabio. Se reuniría por primera vez a un número impensable de legionarios como jamás habían luchado juntos: 100,000 hombres, mientras que Aníbal lideraba a cincuenta mil, superados numéricamente por poco más del doble por los italianos.

Los romanos se encontraban desesperados y ansiosos por presentarle combate cuanto antes al general africano, así es que éste se aprovechó de nueva cuenta de su ímpetu, llevándolos, al igual que a Flamínido, a una trampa: los forzó a luchar en un terreno que él consideraba ventajoso para sus tropas.

Muchos fueron los nobles italianos que se enlistaron con la ambición de resultar triunfantes con el botín de guerra arrebatado a los púnicos, o con la posibilidad de capturar al general invasor o a alguno de sus célebres comandantes, ignorando que la mayoría de ellos jamás regresaría con vida a Roma.

El sitio elegido por Aníbal fue el Valle de Canas, un inmenso terreno conformado por campos de trigo cultivados desde la edad de bronce. Distribuyó a la infantería ligera de celtíberos, galos e ibéricos en el frente, quienes recibirían el impacto más fuerte de las inmensas legiones. Colocó a sus dos caballerías en los dos flancos de su ejército: a los temibles númidas del lado derecho y a la caballería celta, hispánica y cartaginense en el otro extremo.

Los romanos avanzaron como una inmensa máquina de guerra, muy bien ordenada y coordinada. El choque contra la infantería africana fue demasiado aparatoso. Los romanos creían que arrasaban las tropas púnicas. Entonces Aníbal hizo retroceder a su infantería ligera de celtas e hispánicos, haciéndoles creer a los italianos, aún más, que estaban ganando y que avanzaban hacia el interior del ejército invasor, desmantelándolo, mientras los galos e iberos aparentemente se retiraban.

Los romanos creían adelantar hacia el interior de las filas de Aníbal, sin darse cuenta de que en realidad eran envueltos y rodeados por los africanos.

Aníbal había enviado a Monómaco y a la infantería pesada cartaginense a resguardarse en las inmediaciones del valle desde antes del alba sin ser en lo absoluto detectados. A un toque de trompeta griega ordenado por el general, Monómaco avanzó con sus veteranos libios, etíopes y cartaginenses quienes se encontraban bastante frescos y ansiosos de entrar en combate y despojar a los muertos de su merecido botín de guerra. Los veteranos embistieron sin piedad a las legiones romanas por un costado, sin que éstas lo esperasen en lo absoluto.

Por su parte el comandante Maharbal, líder de la caballería, tras haber liquidado por completo a su contraparte romana, regresó con sus jinetes numídicas, en esta ocasión golpeando poderosa y mortalmente la retaguardia italiana.

En pocas horas, el que había sido uno de los más numerosos ejércitos romanos jamás congregados, se encontraba aprisionado por sus cuatro costados, rodeado por completo por un ejército inferior numéricamente y reducido poco a poco de manera sistemática, mientras los africanos, iberos, libios, galos, celtas y númidas avanzaban cada vez sobre más cadáveres italianos.

El joven Cornelio Escipión lograría escapar con Lelio, uno de sus hombres más fieles y con un grupo de legionarios, abriéndose paso dificultosamente a través de las mortíferas filas africanas. Sin embargo, esa misma suerte no la tendrían los cónsules Varrón y Emilio Paulo, quienes no conseguirían escapar de aquella trampa exterminadora.

Al finalizar la batalla, Aníbal arrancó los anillos consulares de los cuerpos de los generales romanos caídos y los colocó en su mano como trofeos de guerra, junto al de Flamínido cobrado previamente.

5

En Hispania, Asdrúbal, a pesar de algunas cruentas derrotas, sobre todo en el mar, donde perdió a parte de su flota naval tras un ataque sorpresa cerca de Cartago Nova, conseguía acosar sin piedad a Publio Escipión padre y a su hermano Cnéo por tierra, quienes pretendían desbancarlo del liderazgo en Iberia.

Primero consiguió derrotar a Escipión padre, quien encontró finalmente su muerte a manos de los africanos, atravesado por una lanza numídica que lo derribo para siempre de su montura. Luego concentró todas sus energías y recursos en rodear a Cnéo, hermano de Publio y a su vez tío de Cornelio Escipión, quien había conseguido escapar de la muerte en Canas.

Unió a sus propias tropas con las de su hermano más joven: Hanón Barca. Ubicó a todas sus fuerzas durante la noche alrededor del campamento de Cnéo, arrojando antorchas encendidas sobre sus pertrechos y empalizadas, masacrando con una lluvia de lanzas primero a los defensores italianos, y luego permitiendo que sus jinetes númidas ingresaran y exterminaran a placer hasta el último romano. Polibio cuenta que el propio Asdrúbal fue quien tomó la vida de Cnéo con su espada, quien se batía valientemente al lado de sus últimos hombres.

Cartago parecía ser la potencia triunfadora que se impondría en el Mediterráneo, nadie parecía capaz de detener a Aníbal Barca y a sus hermanos. Aníbal envió al senado de Cartago a su hermano Hanón con un inmenso botín de guerra a base de oro y plata, con los anillos de sesenta mil legionarios caídos y con innumerables esclavos italianos capturados durante su incursión, como muestra de sus triunfos.

Incluso el emperador Filipo de Macedonia, al contemplar los avances indiscutibles que cultivaban los cartaginenses en Hispania e Italia, prometió a Aníbal desembarcar en los puertos romanos con una flota al año siguiente: una alianza entre Cartago y Grecia constituiría el fin del Imperio Romano para siempre.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

 
Científicos creen que es altamente probable que vivamos en una simulación. Reconocer esto podría ser la nueva revolución copernicana, según Rick Terrile

Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

-Antonio Machado

 

¿Para qué estamos vivos? Para despertar. En esto coinciden el Buda, Antonio Machado y una nueva ola de científicos y CEOs de importantes compañías de tecnología. La reencarnación de las ideas del samsara y del māyā es para nuestra generación la Matrix y más recientemente la hipótesis de la simulación de Nick Bostrom, que parece estar ganando tracción entre científicos y multimillonarios por igual. El mundo en que el vivimos no es real. O es real, pero sólo una vez que hemos descubierto que es una ilusión y entonces podemos recrearlo o apagarlo. 

El argumento de Bostrom es básicamente el siguiente. Una civilización post-humana, es decir que ha alcanzado una subsistencia que no depende de la biología, como por ejemplo descargando su conciencia en una computadora, tendría necesariamente que haber alcanzado un enorme poder de computación (una teoría menciona las famosas esferas de Dyson como fuente de poder). Este poder de computación sería suficiente para simular entornos de realidad de alta fidelidad capaces de hacerse pasar por reales (algo así como los escenarios de The Truman Show). Bostrom señala que si sólo un pequeño porcentaje de estas civilizaciones posthumanas fuera a correr "simulaciones ancestrales", es decir simulaciones de alta fidelidad de vida ancestral, esto haría que la simulación fuera indistinguible de la realidad para el ancestro simulado. Ya que no hay límite para las simulaciones que puede hacer una civilización post-humana, entonces deberían de existir una mayor cantidad de ancestros simulados que ancestros actuales que están realizando las simulaciones. Hay que decir que Bostrom sólo considera que esto es relativamente probable, lo cual estaría definido por la fracción de civilizaciones que logran llegar a un estado post-humano y la fracción de civilizaciones post-humanas que están interesadas en generar estas simulaciones de ancestros. Si pudiéramos decir que estas fracciones son altas entonces sería muy probable que fuéramos SIMS (seres simulados). Los científicos que se inclinan a pensar afirmativamente en este caso hacen referencia a que es muy probable que vivamos en un universo infinito, por lo cual es también muy probable que existan una enorme cantidad de civilizaciones post-humanas y de todos tipos, más allá de lo que podemos imaginar.

Hace unos meses el CEO de Tesla Elon Musk explicó por qué le parece sumamente probable que vivamos en una simulación o, en sus propias palabras, que existamos como personajes dentro de un videojuego (esto es lo que pasa cuando los techies van a Burning Man y toman psicodélicos). Musk argumentó que la tendencia exponencial con la que avanza nuestra tecnología es una señal de que en el futuro podremos crear simulaciones indistinguibles de la realidad. Ya que vivimos en un universo de una vastedad inconmensurable, es simplemente muy probable entonces que alguien antes que nosotros haya llegado ya a este punto crítico y haya experimentado simulando un universo. De alguna manera, simular universos sería la evolución lógica de una civilización tecnológicamente avanzada.

Si asumes cualquier tipo de proporción de incremento, entonces los juegos se volverán indistinguibles de la realidad, incluso si este ritmo de aumento cae a una proporción de mil veces menos de lo que avanza actualmente. Por ejemplo, imaginemos cómo sería en unos 10 mil años, que no son nada en términos evolutivos.

Así que, dado el hecho de que estamos en una clara trayectoria hacia diseñar juegos indistinguibles de la realidad, y esos juegos pueden jugarse en cualquier consola o PC o lo que sea, y debería haber miles de millones de estos aparatos, de aquí podríamos deducir que las probabilidades de que existamos en una realidad base [en un mundo no-simulado] son uno en miles de millones. ¿Díganme si encuentran algún error a este argumento?

De hecho deberíamos tener esperanzas de que esto sea verdad, ya que si una civilización deja de avanzar, esto debe ser el resultado de alguna calamidad que borra la civilización... o crearemos simulaciones indistinguibles de la realidad o las civilizaciones dejarán de existir. No es muy probable que simplemente entremos en una estasis de millones de años.

Un reciente converso al argumento de la simulación es el científico del Jet Propulsion Lab de la NASA, Rick Terrile. Según le dijo Terrile a The Guardian:

Si uno progresa al ritmo actual de la tecnología en algunas décadas seremos una sociedad en la que entidades artificiales viviendo en simulaciones serán más abundante que los seres humanos... Si en el futuro hay más personas digitales viviendo en ambientes simulados de los que hay hoy, entonces, ¿cómo podemos decir que no somos ya parte de una [simulación]?. 

Algunos físicos incluso mantienen que el universo a pequeñísima escala no está compuesto por átomos, está compuesto de bits de información y que la realidad puede pixelarse. "Si uno mira las entrañas del Universo -(a estructura de la materia en su escala más pequeña) se da cuenta de que no son más que bits realizando operaciones digitales locales", dice el físico Seth Lloyd.

Terrile considera que no estar viviendo en una simulación sería muy poco probable y que, de hecho, esta idea será en el futuro similar a la revolución copernicana (el descubrimiento, que hoy nos parece tan evidente, de que la Tierra gira alrededor del Sol). Y responde a la pregunta de los 64 mil bits (sobre quién programó la simulación) diciendo: "nosotros mismos en el futuro" hemos creado la simulación. 

El físico Max Tegmark, famoso por su visión platónica de las matemáticas como entidades preexistentes al universo manifiesto, no está del todo convencido. Según Tegmark, si bien lógicamente es posible que vivamos en una simulación, las probabilidades no son tan altas como creen Musk o Terrile. "Para poder hacer el argumento, en primer lugar necesitamos saber cuáles son las leyes fundamentales de la física en el lugar donde las simulaciones están siendo realizadas. Y si estamos en una simulación no tenemos una pista verdadera de cuáles son las leyes de la física. Lo que enseño en MIT serían leyes de física simuladas".

El argumento de Terrile se apoya en otra noción que aparece en el centro de la discusión científica contemporánea. "Por décadas [dentro de la física cuántica]... los científicos han intentado eliminar la noción de que necesitamos un observador consciente. La solución verdadera podría ser que necesitamos una entidad consciente como el jugador consciente de un videojuego". La interacción del jugador con el juego explicaría, según Terrile, el problema de la medición en la física cuántica o la aparente afectación que se presenta a partir del acto de observar un fenómeno. 

Terrile delata su entusiasmo y señala que la hipótesis de la simulación es sumamente optimista, ya que provee un marco para nuestra continuidad sin la necesidad de una soteriología trascendente. Eventualmente, nosotros podremos simular universos. "Tendremos los poderes de mente y materia para crear cualquier cosa que queramos y podremos ocupar esos mundos".

Antecedentes de la idea de la simulación

Aunque estas ideas parecen radicales e innovadoras no lo son tanto. Los filósofos védicos y post-védicos tenían el concepto de māyā; los budistas la noción del samsara; Platón consideraba que este mundo era la sombra o copia de un mundo real superior (el mundo de las formas) y los gnósticos literalmente consideraban que este mundo era la simulación o copia de menos calidad de la creación divina, hecha por un demiurgo o un grupo de demiurgos (algo que a veces se conoce como "stereoma", la realidad virtual diseñada por los Arcontes).

Si bien en el budismo el samsara no tiene un inicio ni un final, no es un programa que se haya echado a andar en algún momento o por algún programador, sí manifiesta ciertas leyes (como el tiempo y el karma) que existen solamente mientras uno no ha despertado y descubierto que el mundo es una ilusión (ocurre como en el sueño que cuando sabemos que estamos soñando podemos volar y atravesar paredes sin ningún problema). Incluso en algunas descripciones de cosmología budista se habla de que nuestro mundo fue manifestado (diseñado de alguna forma) por la intención de seres de otro mundo, los Abhasvara.

Quizás saber bien a bien (con todo nuestro código, por usar una metáfora informática) que vivimos en una simulación sea lo mismo que lo que los budistas llaman el bodhicitta absoluto, esto es la mente del despertar absoluto, la cual justamente está ligada a la sabiduría de que el mundo es una ilusión, está vacío, no existen los objetos, ni un yo independiente que los perciba. Y estas simulaciones podrían ser como las "tierras puras" o campos búdicos que generan algunos bodhisattvas en el budismo mahayana, la más famosa de ellas, Sukhavati (la tierra pura del buda Amitabha). En ese caso estas simulaciones budistas (que son paraísos para el cultivo del dharma) no son generadas con el poder de computación que se encuentra en la materia sino con la conciencia compasiva, con la más pura intención de liberar a todos los seres de la ilusión. Y el Buda mismo, según enseña el budismo mahayana, no es más que una forma habilidosa, una especie de programa holográfico que se manifiesta conforme a las necesidades de los usuarios atrapados dentro del juego, para mostrarles que el ilusorio mundo del sufrimiento puede cesar. El Buda, como Morpheus en Matrix, sólo puede mostrar el camino, ofrecer la medicina, pero todas las personas tienen que tomar por su propia cuenta la medicina, recorrer el camino y despertar por su propio mérito. La metáfora de salir la Matrix es muy parecido a descubrir el māyā o despertar al nirvana que siempre ha existido debajo de la ilusión del samsara, esta es la resonancia arquetípica que ha hecho la saga de los Wachowski tan popular.

Una importante diferencia entre las concepciones antiguas del mundo como ilusión --ya sea el māyā védico o el samsara budista-- y la noción moderna de existir dentro de un programa informático, es que para el vedanta o para el budismo, la ilusión persiste solamente hasta que persiste la ignorancia de la realidad, sólo mientras la percepción está oscurecida y no puede ver la verdad. Vivimos en una ilusión, el mundo sólido, separado, finito, etcétera, no existe, pero tampoco existe una limitante trascendente y una diferencia entre el programa o los jugadores del programa y el programador. Por lo cual en realidad somos libres y paradójicamente darse cuenta que el mundo es una ilusión --un sueño, un programa informático--, lo cual es el requisito para despertar, aniquila al mismo programa, hace que la ilusión en realidad nunca haya existido. Los budas sólo ven Buda, para ellos toda la realidad está iluminada. 

A quienes estén interesados en seguir este hilo entre el budismo y la simulación informática, recomendamos mucho escuchar este podcast, en el que el profesor Robert Thurman (el papá de Uma, amigo íntimo del Dalái Lama y experto en budismo tibetano) explica algunas similitudes entre la película The Matrix y el budismo, particularmente la capacidad de multiplicarse y existir en diferentes partes al mismo tiempo que tiene el Buda y que muestra Neo (al igual que el agente Smith) en una de las secuelas, esto, un poder que se desdobla una vez que se ha entendido cómo funciona la estructura de la Matrix. Descubrir la ilusión, el māyā, es hacer de la existencia un juego mágico de infinitas posibilidades. 

Recientemente una investigación científica ha encontrado que la realidad es una alucinación generada por el cerebro

Twitter del autor: @alepholo