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Una retrospectiva a lo que puede llamarse "una edad de opio": elegancia, decadencia, seducción arrabalera, las cuevas del dragón de la adormidera

Antes de que se pusiera de moda el "heroin chic" existió el glamour decadente y voluptuoso del opio. Persiguiendo el "dragón" entre almohadas y deleites sensoriales, el opio en el siglo XIX y partes del siglo XX fue la droga de la lascivia, de la languidez, del dandismo y en general de la exploración al margen. Los fumadores lo mismo congregaban a las clases menos afortunadas, prostitutas, marineros y enfermos, como también a artistas y diletantes. Escribieron y experimentaron con la deliciosa corrupción del opio grandes artistas como Baudelaire, Oscar Wilde, Thomas de Quincey, Jean Cocteau y William Burroughs, entre otros. 

Las imágenes aquí presentadas fueron recopiladas por el sitio Messy Chic y abarcan toda una línea estética de los submundos, elegancia y perdición, la oscura atracción de la adormidera, ese sueño samsárico en el fondo de la pipa. 

Este pedigree del opio, una sustancia que produce caleidoscópicas y plácidas visiones debe, sin embargo, entenderse también desde la noción particular de que se trata de una sustancia que parece robar la voluntad de sus usuarios, haciendo que las insustanciales visiones celestes de campos de flores se conviertan en infiernos mucho más tangibles y duraderos.  

Lamentablemente el opio también tiene una historia muy sangrienta y opresiva, ligada a la guerra y al colonialismo, como ocurrió con Gran Bretaña y China y actualmente con Afganistán, el país donde más se produce opio en el mundo y que es controlado por Estados Unidos. Asimismo, en México, la violencia que ha sufrido el estado de Guerrero está ligada con la enorme producción de amapola de este estado. Correteando el sueño del opio, la humanidad ha sido devorada por el dragón de sus espejismos. 

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La experiencia de la noche –y aquellas que se acumularían tras esta iniciación lisérgica– derivarían en uno de los mejores álbumes de la banda, que se estrenó al año siguiente, Revolver.

Fue en 1965 cuando Lennon y Harrison, acompañados de sus respectivas mujeres, cenaban con unas amistades. El anfitrión, un dentista, colocó LSD en el café sin advertirle a nadie. Una vez que los invitados habían cruzado el "punto de no retorno", que en el caso del consumo de LSD es contundente –tras haber sido ingerido ya nada evitará un paseo por el túnel, el anfitrión les confesó su jugada, lo cual provocó el enojo del vocalista de los Beatles. Sin embargo, ya no había mucho que hacer.

Tiempo después Cynthia Lennon, la primera esposa de John, narró su experiencia de aquella noche a Mikal Gilmore en una entrevista para la revista Rolling Stone: "Fue como si de pronto nos encontráramos en medio de una película de terror. El cuarto parecía hacerse cada vez más grande". Ya "colocados", ambas parejas se dirigieron a un club en Londres y ahí, dentro del elevador, ocurrió un episodio de pánico colectivo cuando una pequeña luz roja les pareció un amenazante incendio. "Todos pensamos que había fuego en el elevador. Pero sólo era una luz roja, y todos estallamos gritando, histéricos e incluso sintiendo el calor (del fuego ilusorio)". Una vez adentro del establecimiento, todo comenzó a cambiar para bien. Harrison describe así el momento: "Estaba experimentando una desolación de desbordante bienestar, sentía que ahí estaba Dios, y yo lo podía contemplar en cada haz de pasto. Era como ganar cientos de años de experiencia en solo 12 horas".

Finalmente los cuatro terminaron en la casa de Harrison. John describiría luego la aventura como "Dios, fue simplemente terrorífico, pero también fantástico. La casa de George parecía como un gigantesco submarino. Parecía flotar sobre los muros, de 6m, y yo lo conducía. En ese tiempo hice unas ilustraciones de cuatro rostros diciendo 'Todos estamos de acuerdo contigo'. Estuve verdaderamente 'colocado' durante 1 o 2 meses".

La experiencia de la noche –y aquellas que se acumularían tras esta iniciación lisérgica– derivarían en uno de los mejores álbumes de la banda, que se estrenó al año siguiente, Revolver.  

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