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Una retrospectiva a lo que puede llamarse "una edad de opio": elegancia, decadencia, seducción arrabalera, las cuevas del dragón de la adormidera

Antes de que se pusiera de moda el "heroin chic" existió el glamour decadente y voluptuoso del opio. Persiguiendo el "dragón" entre almohadas y deleites sensoriales, el opio en el siglo XIX y partes del siglo XX fue la droga de la lascivia, de la languidez, del dandismo y en general de la exploración al margen. Los fumadores lo mismo congregaban a las clases menos afortunadas, prostitutas, marineros y enfermos, como también a artistas y diletantes. Escribieron y experimentaron con la deliciosa corrupción del opio grandes artistas como Baudelaire, Oscar Wilde, Thomas de Quincey, Jean Cocteau y William Burroughs, entre otros. 

Las imágenes aquí presentadas fueron recopiladas por el sitio Messy Chic y abarcan toda una línea estética de los submundos, elegancia y perdición, la oscura atracción de la adormidera, ese sueño samsárico en el fondo de la pipa. 

Este pedigree del opio, una sustancia que produce caleidoscópicas y plácidas visiones debe, sin embargo, entenderse también desde la noción particular de que se trata de una sustancia que parece robar la voluntad de sus usuarios, haciendo que las insustanciales visiones celestes de campos de flores se conviertan en infiernos mucho más tangibles y duraderos.  

Lamentablemente el opio también tiene una historia muy sangrienta y opresiva, ligada a la guerra y al colonialismo, como ocurrió con Gran Bretaña y China y actualmente con Afganistán, el país donde más se produce opio en el mundo y que es controlado por Estados Unidos. Asimismo, en México, la violencia que ha sufrido el estado de Guerrero está ligada con la enorme producción de amapola de este estado. Correteando el sueño del opio, la humanidad ha sido devorada por el dragón de sus espejismos. 

Científicos desarrollan método para que los viajes de DMT duren mucho más

Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 09/08/2016

Médicos crean método para aumentar la duración de los viajes de DMT y poder establecer una comunicación más robusta con entidades de dimensiones alternas

El DMT, una de las moléculas psicodélicas más potentes del mundo, poco después de de ser descubierto por la ciencia fue descrito como "el viaje para el hombre de negocios", ya que duraba unos 15 minutos. Como un ejecutivo, se podía viajar al hiperespacio interior, visitar entidades astrales y regresar como si nada para la junta que sigue, o algo así (claro que había riesgo de que, si bien el cuerpo estaría libre de efectos, la mente seguiría absolutamente embelesada). 

Ahora bien, la corta duración del DMT, que tiene sus ventajas, hace también que sea más difícil de estudiar y de asimilar para los usuarios. Es por ello que el doctor Rick Strassman, una de las únicas personas que ha realizado estudios científicos con DMT, y el doctor Andrew Gallimore, han desarrollado un nuevo modelo para aplicar infusiones intravenosas de DMT de manera prolongada e inmersiva, trabajo que publican en la revista Frontiers of Psychology. Los dos médicos idearon un método basado en la anestesiología.

El modelo trabaja programando una máquina de infusión para que controle la cantidad de la droga de tal forma que el nivel permanece constante dentro de la ventana en la que se tiene una experiencia inmersiva. Los doctores, sin embargo, conscientes de lo aterradores que pueden ser estos viajes, plantean crear un sistema de señales preacordadas para que el voluntario pueda indicar que quiere salir del estado y que, por así decirlo, se cierre el grifo. Los viajes podrían durar 1 hora o más, e idealmente se llegaría a una duración estándar que permita el estudio y la asimilación de la experiencia que a veces es descrita como "la eternidad fugaz". 

Este método tiene fines científicos pero también psiconáuticos. "Una inmersión prolongada en el estado del DMT permitiría una investigación más amplia de la naturaleza de las 'entidades' y así poder establecer comunicación con ellas", dice Strassman, haciendo referencia a las reiteradas experiencias de interactuar con una especie de entidades autónomas, guardianes que McKenna describió como "elfos mecánicos metamórficos". Muchos voluntarios, al parecer, se quedan con las ganas de conocer a estas extrañas entidades.

Gallimore advierte que por el momento no tienen pensado implementar el método, ya que primero deben entender como formularlo de tal forma que sea aceptado por la comunidad científica. "Quedan algunas preguntas, como: ¿para que será utilizada esta tecnología? Si vas a recibir fondos y aprobación para una implementación no puedes llegar y decir, 'Bueno, queremos establecer contacto con entidades en una dimensión alterna', esto provocaría burla". No obstante, es absurdo limitar el conocimiento sólo por lo que es paradigmáticamente aceptable.