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Una nueva simulación de realidad virtual para meditadores diseñada por Deepak Chopra (e hijo) promete ayudarte a encontrar tu yo verdadero en 20 minutos

La experiencia íntima de la meditación se encuentra con las posibilidades de la realidad virtual al estilo de Matrix en la nueva app de Deepak Chopra llamada Finding your true self. El gurú de la autoayuda es también un tecnoentusiasta en varios sentidos y cree que la experiencia meditativa se puede potenciar fácilmente creando un espacio tecnomágico, una especie de bardo, para ayudar a las personas a llegar a algunas de las comprensiones esenciales que enseñan religiones como el budismo y el hinduismo.

Según narra un periodista de The Guardian que pudo experimentar la versión beta de esta meditación en realidad virtual, uno se encuentra en un espacio oscuro como el espacio sideral con algunos tintes morados, casi psicodélicos, cuando de repente aparece el rostro del Buda, a lo que le sigue el árbol bodhi o árbol de la iluminación, bajo el cual Siddartha Gautama decidió sentarse y no levantarse hasta descubrir la naturaleza del sufrimiento y su cesación. Una vez incorpórea --el mismo Chopra, aunque quizás sería mejor Morgan Freeman-- te dice: "¿Quién o qué está teniendo esta experiencia en este momento?... Es tu propio ser, tu más profundo ser el que está teniendo está experiencia, tu ser verdadero". Y luego: "Vive aquí, sin resentimientos, anticipación o resistencia y serás libre. La libertad es siempre ahora. Sé aquí y ahora". Al parecer Chopra mezcla un poco de budismo con vedanta y así sucesivamente.

Chopra cree que esta simulación que dura 20 minutos con una meditación guiada  --que se vende como "un viaje a al iluminación--y que necesita de un aparato de realidad virtual podría ser un servicio que encuentres en los aeropuertos u hospitales. Y algún día tal vez pueda costar sólo 20 dólares.

Más allá de que uno puede estar o no de acuerdo con la visión empresarial de Chopra ciertamente la realidad virtual ofrece la posibilidad de agudizar ciertas experiencias como puede ser la meditación, al producir un ambiente inmersivo. Además, como señala el mismo Chopra y enseñan muchas filosofías orientales, la realidad virtual tiene la ventaja de mostrarnos de manera explícita una probada de que la realidad que vivimos es también esencialmente virtual --no es estable, objetiva ni absoluta, sino que es una construcción mental conceptual colectiva. Chopra sugiere, ante una pregunta de The Guardian, que puede ser algo así como una mezcla didáctica de Descartes y la Matrix. 

Es casi imposible no perder el aliento cuando estás frente a una iridiscente gama de azules congelados

Cada persona tiene su color predilecto. Y entre quienes abrazamos al azul por sobre el resto, seguramente habrá quienes disfrutan, más que ninguna otra experiencia cromática, envolverse en un cierto tono celeste, marino, nocturno o creado –por ejemplo un azul de Rothko o de Tamayo, un azul del océano Pacífico en cierta temporada del año u hora del día, o un azul de cuando la noche divaga más allá del negro profundo. 

Hay un azul poco conocido, elusivo y sobre todo muy efímero. Es el color que impregna las grandes masas de hielo, pero la porción que se encuentra sumergida en las aguas gélidas –y que por lo tanto en su estado “ordinario” es parcialmente invisible.

Cuando pensamos en un iceberg y lo visualizamos, lo más probable es que aparezca en nuestra mente un blanco coloso y tal vez, si somos un poco más minuciosos, este cuerpo incluirá un par de pinceladas azules. Sin embargo, el hielo es blanco por su contacto con el Sol, pero cuando está guarecido de la luz, incluso protegido tan sólo por el filtro de las aguas, su constitución presume una de las gamas de azules más arrobadoras.

Es valido suponer que la verdadera esencia de estos gigantes de hielo es azul, por ser el color que manifiestan en su estado prístino. En cuanto esta pureza entra en contacto con un ambiente abierto, por decirlo de algún modo, entonces comienza a erosionarse hasta que eventualmente se torna blanca. Y es curioso porque culturalmente el blanco se asocia con la pureza, aunque estoy seguro de que esta inercia la inauguró alguien que no tuvo la fortuna de ver los azules sombríos, submarinos, de las masas de hielo.

¿Sabías que generalmente la mayor porción de un iceberg, algo así como un 90%, permanece oculta bajo el agua? ¿Y que estas estructuras están permanentemente pendulando –a causa de la mutación que va sufriendo su masa con el derretimiento y a agentes externos como el oleaje y las distintas densidades involucradas? En algún preciso (y precioso) instante, este juego de fuerzas decide que es hora de invertir la montaña y entonces, súbitamente, el cuerpo muta. Una vez que esto ocurre sale a relucir un racimo de azules que sería profano intentar describir.

Las imágenes que acompañan este texto fueron capturadas por Alex Cornell en un paseo por la Antártida –tuvo la suerte, y nosotros de algún modo también, de presenciar el lado oscuro, radiante, de un iceberg.  

Twitter del autor: @ParadoxeParadis