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Desesperadamente buscando al hijo en el arca perdida: Reflexión sobre las cintas “Julieta” y “Conexión mortal”

Arte

Por: Psicanzuelo - 08/19/2016

Dos películas que este verano inundan de angustiada estética la pantalla para encontrar fuera de nosotros lo que nació dentro, un hijo perdido

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Dos mundos alternos, paralelos para los intereses de este artículo, España y EEUU, se conjugan en las producciones analizadas. Curiosamente, dentro de las dos tramas la geografía tiene alta importancia; para Julieta, Madrid es el punto de partida y punto de espera, y Galicia el portal donde la vida cambia, donde el amor parte y donde se pierde la hija pero también se obtiene en un primer momento. En el caso de Conexión mortal, la parte este del país, parte yanqui que ganó la Guerra de Secesión, se despega con distancias caminables empezando en Boston y constituyendo una serie de caminos que recorrer, hechos de tierra con árboles y casas, que se van estirando, dando dinamismo a la trama.

En Conexión mortal que tiene un mucho mejor nombre original, Celular (Tod Williams, 2016), Clay Riddell (John Cusack) es un individuo que ejerce su creatividad construyendo la novela gráfica que lo conecta con lo más profundo de su ser, en la que se encuentra el epicentro de la maldición tecnológica que pronto tomará posesión del mundo en frecuencias que zombifican a la población convirtiéndolos en antropófagos siderales, a los comandos tecnológicos a través de sus celulares inteligentes del chico de la sudadera roja, que controla el walkman psíquico. Clay pierde a su hijo en esa marea apocalíptica que encauza la trama en los caminos de The Walking Dead (Frank Darabont, 2010), que se originan en La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), planea encontrarlo en un valle de nombre indio, donde se supone hay un paraíso para la gente que sobrevive sana, lejos de la zombificación tras no usar sus smartphones.

Hay otra sincronía entre las dos cintas: ambas están respaldadas en escritores de éxito masivo. Julieta basada en Alice Munro, y Celular no sólo se basa en Stephen King sino que su director es valiente como pocos y lo incluye en la dupla de guionistas junto con Adam Alleca, el joven guionista responsable del guión del remake del clásico de Wes Craven: La última casa a la izquierda, dando como resultado una impactante y ágil cinta llena de parábolas, ecos mitológicos (no se podía esperar menos de King comandando el guión de su propia historia) y salvajes escenas ultrarrealistas. Debo mencionar que arruiné una cita con un probable amor de la vida tras la fulminante escena inicial, una de las mejores de lo que va del año; tras abandonar la sala al borde del vómito me fue imposible seguirla ni abrir siquiera el teléfono ante sus repetidos mensajes, ¿qué tal si me convertía en un zombi? Porque, estimado lector, debe usted saber que de alguna manera el apocalipsis se encuentra en su celular.

Hay que comentar que el director Tod Williams había demostrado su habilidad dirigiendo a una madura Kim Basinger y otro grande, Jeff Bridges, adaptando a John Irving en un sorprendente e íntimo drama playero en Long Island, antes de su éxito a la cabeza de la segunda entrega de Actividad paranormal (2). Celular es justo una mezcla entre esos dos cines, una cinta de zombis dirigida por Bertolucci en su etapa tardía, por decir algo.

Williams junto a King encuentran lo verdaderamente horrible en lo cotidiano: debajo de la capa zombi que rodea la vida mortal, el verdadero horror es tener que abandonar el hogar sin llegar a entenderse con quien pensaste iba ser tu compañera de vida porque la vida es así, pero lo que acabas de encontrar, tu hijo, es lo que verdaderamente se pierde tras la indecisión, tras seguir buscando el beneficio personal. También se puede perder por el tiempo, el cambio, será alguien distinto a quien crees que va ser.

A su vez en la cinta Julieta (Pedro Almodóvar, 2016), Julieta Arcos (Emma Suárez) busca a su hija, quien escapa del lazo familiar tras conocer la mentira que ha vivido por años, cuando su madre ha tenido que ocultarle las verdaderas posibles razones de la muerte de su padre. El juego es entre las actrices que interpretan a Julieta de joven y de mayor, Adriana Ugarte y Emma Suárez, son espejos distorsionados, atrapan lo que se queda apenas sugerido por el pasar del tiempo en la vida fuera del cine. La maestría de Almodóvar desde hace algunos años (Hable con ella) radica en el montaje sentimental de sus personajes, reforzado con los colores con los que los viste y de los que también viste las mismas escenas. Ugarte es la fineza que nunca alcanza Suárez en su madurez, Suárez la sensualidad que no existe en la juventud de Ugarte. En medio del juego de espejos se encuentra la metafísica del casting: Inma Cuesta interpreta a la amante del marido, escultora y quien mueve la trama sin parecer hacerlo, resuena siendo Penélope Cruz, la eterna nostalgia por un Hollywood al que Almodóvar nunca va a pertenecer pero al que siempre hace alusión, los ecos de las secuencias son fantasmas de otras vidas en cintas del manchego, Penélope Cruz no esta en el elenco de la cinta aunque parezca estar.   

Arquetípicamente la búsqueda del hijo desaparecido puede tener sus orígenes griegos en el momento donde Ícaro pierde sus alas al volar muy cerca del Sol, y su padre carnal lo ve caer desde las alturas. Ícaro buscaba a su padre verdadero, el que controla su entorno, quien le da el calor primario para sobrevivir, bajo la mirada de su padre carnal que celoso le ha propiciado un castigo por querer usurpar su lugar de padre.     

La búsqueda del arca de Noé tras el diluvio puede ser la del hijo que nunca tuvimos, o la del hijo que imaginamos, la búsqueda de la esperanza que alguna vez albergó nuestro corazón.

Una trama que se basa en la búsqueda de un hijo que se ha perdido, como sucede en estas dos cintas de distintos géneros, tiene que ver con el intento de recobrar la inocencia perdida. Curiosamente lo que encuentra Clay (cuyo nombre quiere decir “barro” en español) en su lugar, tras su búsqueda, es a un agente maligno que aparentemente tiene la edad de su hijo pero en realidad está podrido por dentro y por fuera, y parece tener su misma edad; es una perversión en su inocencia. Desconectado, Clay termina siendo una victima del lenguaje, de no poder hablar con su hijo de nuevo, lo último que recibe de él es una frase en el refri de la casa a la que sí puede regresar, un juego al que no se puede conectar. Julieta por su parte es interpretada por distintas actrices al igual que su hija, es ahí donde se mueve la realidad de la cinta, ¿quién es Julieta sino su hija misma? Julieta sólo se expresa por medio de su hija.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

Esta sencilla ilustración revela por qué atender nuestra psique es tan importante

Arte

Por: pijamasurf - 08/19/2016

Esta viñeta del ilustrador Asaf Hanuka nos muestra por qué debemos hacer caso a los conflictos de nuestra mente

La mente es quizá el recurso más poderoso del ser humano pero, como todo poder, uno que lo mismo puede usarse a favor que jugar en contra. La mente puede ser un páramo o una selva exuberante, un libro abierto pero también un pergamino en el que se reconocen apenas unos cuantos caracteres, laberinto o camino franco. 

Quizá por eso, casi desde que el hombre adquirió conciencia la mente ha sido también objeto de observación minuciosa y persistente. Desde las artes, la religión, la ciencia, la filosofía y otros campos de conocimiento se ha indagado sobre el funcionamiento y la salud de la mente, con resultados diversos y conclusiones provisionales que, a lo largo de la historia, han arrojado distintas perspectivas desde donde es posible ponderar y entender los alcances de experiencia psicológica de la realidad.

Sin embargo, si es posible encontrar una constante en todos estos métodos de aproximación es quizá que su propósito ulterior es clarificar la mente. Si antes señalamos su carácter múltiple, difuso y hasta un tanto inaprehensible, es porque así nos parece incluso nuestra propia psique: una madeja en la que no es fácil encontrar el extremo que haga posible desenredarla. ¿Con qué fin? Esencialmente, el autoconocimiento, la clarificación de sí que permite al individuo entender el lugar que ocupa en el mundo en función de las experiencias, conocimientos y deseos que lo han llevado hasta ahí.

Esto, que podría parece complejo, queda notablemente explicado no con palabras sino con los trazos y colores del ilustrador de origen israelí Asaf Hanuka, de quien compartimos esta viñeta que, al menos en sus primeros tres cuadros, quizá admita esta lectura que hacemos del trabajo que distintas terapias hacen sobre la psique.

La ilustración es sumamente elocuente porque además de que ejemplifica cómo un acto puede devenir en la resolución del embrollo mental de una persona, muestra también que los resultados de este mismo acto tienen el potencial de convertirse en un puente con el mundo, en la medida en que existen otras personas que pueden conectarse con esa expresión de la subjetividad creativa (lo cual, por ejemplo, es el fundamento de las artes).

Cabe resaltar, por último, que aquí entendemos la idea de “terapia” en un sentido amplio, siempre y cuando cumpla con ese propósito de dar al propio sujeto claridad sobre su mente. Esto hay quienes lo encuentran en el diván del psicoanalista o en el tiempo que dedican a la meditación, al escribir o quizá al ejercitarse; también como en la ilustración y como acaso le suceda al propio Hanuka, puede ser que surja dibujando.