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¿Qué tan normal eres? Según este psicólogo la normalidad es un mito

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/19/2016

La normalidad es una categoría psiquiátrica promovida por la cultura del trabajo: vales lo que produces y lo que consumes. En realidad, la gente "normal" no existe

¿Conoces realmente a una persona "normal"? Cuando observamos de cerca a cualquier individuo --incluso a nosotros mismos-- no se trata de seres monótonos, que literalmente tienen un solo tono en ellos, sino que nos encontramos con diferencias, tensiones, contradicciones en diferentes niveles que nos hacen ser quienes somos y que nos permiten seguir cambiando y desarrollándonos.

En lo que toca a la psiquiatría y la psicología la división binaria entre personas normales y anormales es una mitología que, de acuerdo con el doctor Gabor Maté, tiene que ver con la disponibilidad de medicamentos, con la autoridad médica y con el sistema económico, pues el anormal --como bien mostró Foucault-- es aquel que está excluido, antes que otra cosa, del sistema económico, de la producción y el consumo: el anormal (el enfermo, el excluido, el loco) es el que no trabaja ni compra nada.

En lugar de movernos en este código binario, Maté propone pensar la enfermedad mental a nivel de la sociedad entera: observar sociedades africanas u orientales donde la esquizofrenia, la depresión, el desorden bipolar, etc., son rasgos de personalidad que tienen lugar en la comunidad y cuya expresión está autorizada por el medio social, no necesita dividirse entre sanos y enfermos, pues incluso los enfermos tienen lugar y necesitan compasión.

Maté afirma:

Según la investigación, el mejor lugar para ser esquizofrénico no es Estados Unidos, con toda su farmacopea, sino una pequeña aldea de África o la India, donde hay aceptación, donde la gente le hace lugar a tu diferencia, donde la conexión no se rompe sino que se mantiene... donde hay lugar para que actúes lo que necesitas actuar, y expreses lo que necesitas expresar; donde toda la comunidad canta contigo, o baila contigo, o hace ceremonias contigo, y donde tal vez puedan hallar algún sentido para tu supuesta locura.

Para Maté, la sociedad crea la enfermedad al idealizar el individualismo y la personalidad, produciendo así un ideal de "normalidad" inalcanzable que tiene que ver con factores como la disponibilidad para el trabajo, para el trayecto, para la participación en dinámicas sociales, etc., contextos donde las necesidades emocionales de las personas pueden entrar en disputa con las exigencias del sistema económico. "No valoramos a la gente por quienes son", dice Maté, "sino por lo que producen o consumen".

Tal vez no estamos aquí para obedecer y acatar unas (imposibles) reglas de normalidad, que bien a bien nadie sabe en qué consisten, sino más bien para conocer y desarrollar nuestra propia diferencia, para conocernos a nosotros mismos, como reza el dictum de Delfos, pero definitivamente nuestro destino no puede ser asimilado a la condición instrumental de piezas del engranaje capitalista. ¿O tú qué piensas?

¿Necesita la conciencia del cerebro para existir? Exploramos este fascinante enigma en el centro de la filosofía budista y la neurociencia moderna

El filósofo, meditador y profesor de ciencias cognitivas Evan Thompson, cuenta en su libro Waking, Dreaming and Being cómo el Dalái Lama lo sorprendió en una conferencia en la que participaban cuando se preguntó si todos los estados de conciencia, incluso los más sutiles, pueden existir sin algún tipo de base física. Tradicionalmente el budismo sostiene que el estado más puro de la conciencia (distinguido en inglés como awareness, a veces rigpa en tibetano) no tiene una naturaleza física y es capaz de transmigrar y perdurar después de la muerte. La sugerencia del Dalái Lama de que incluso el estado de la luz clara de la mente (osel en tibetano), el cual se produce en la muerte, requiere de una base material --en lo que coincide la ciencia-- o su mera duda de esto da mucho en qué reflexionar y de hecho detona buena parte de la exploración sobre la naturaleza de la conciencia que hace Thompson en su libro. Discutiremos aquí algunos puntos.

El budismo hace una distinción entre diversos estados de conciencia que es difícil de explicar especialmente por las limitaciones de un lenguaje como el nuestro que sólo tiene una palabra realmente para hablar de lo que llamamos conciencia (los filósofos de la India son para la mente como los esquimales para la nieve, que tienen numerosos términos). Fundamentalmente la definición de conciencia que existe en las antiguas tradiciones de la India es aquello que es "luminoso" y que tiene la capacidad de "darse cuenta" (o de conocer). Es luminosa puesto que revela las cosas --sin conciencia no podríamos tener una experiencia, incluso aunque exista la luz del Sol, sin la luz de la conciencia las cosas no "aparecerían" para nosotros; es un darse cuenta puesto que tiene la facultad de aprehender los fenómenos que ilumina. Esta definición expresada en otros términos no diverge demasiado de la definición científica moderna, si es que no añadimos que existe esta facultad sin una base material. La luminosidad sería la parte de "experiencia subjetiva" de la conciencia y el darse cuenta sería la parte de "acceso cognitivo" que son las cosas que podemos razonar, describir y usar para modificar nuestro comportamiento. 

El estado de conciencia sutil al cual se refiere el budismo es un estado que se distingue del estado de vigilia, del estado de sueño y del estado de sueño profundo; un cuarto estado que aparece también en los Upanishad. Este estado es percibido durante ciertos estados de meditación profunda, pero es considerado también el estado base de la mente original, el mismo estado de la mente de Buda. Se describe como pura luminosidad sin identificación con los fenómenos que surgen, como alegría pura no conceptual; en palabras de Thompson, esta conciencia existe "más allá de cualquier contenido mental o sensorial" y en estos estados sutiles "el  'yo' o el  'mí' de la conciencia ordinaria se desintegra... es el fundamento de cualquier otro tipo de conciencia". Thompson menciona que "mucho de lo que la ciencia occidental califica como inconsciente sería considerado consciente [por el budismo] en el sentido de que involucra niveles sutiles de conciencia [awareness] fenoménica que podrían ser accesibles a través de entrenamiento mental meditativo". 

El monje budista Matthieu Ricard explica en su libro The Quantum and the Lotus:

Ciertamente existe una relación cercana entre la actividad neural del cerebro y el aspecto más burdo de la conciencia. Es por ello que la salud física del cerebro o la enfermedad pueden afectar profundamente esta forma de conciencia. Pero recuerda que nosotros argumentamos [los budistas] que la conciencia burda es sólo una manifestación de un nivel de conciencia más fundamental, el nivel extremadamente sutil. Creemos que el contínuum de esta conciencia sutil puede transportar memorias, como una onda puede transportar información.

Ricard argumenta que esto es algo que le cuesta trabajo concebir a la ciencia, excepto a científicos que son también meditadores, como el neurocientífico Francisco Varela, a quien cita:

Estos niveles de conciencia sutiles parecen a la mentalidad Occidental como una forma de dualismo y son rápidamente desestimados... Es importante señalar que estos niveles sutiles de la mente no son teóricos; son delineados precisamente con base a una experiencia actual... Entender estos niveles sutiles requiere una práctica de meditación sostenida, disciplinada y bien informada. En cierta forma, estos fenómenos sólo están abiertos a aquellos que están dispuestos a llevar a cabo los experimentos.

Esto presenta un problema para la ciencia puesto que, para investigar la conciencia, el científico se convierte en el instrumento y compromete así la supuesta "objetividad" de su método. Asimismo, requiere que se trabaje ese mismo instrumento, es decir que se refine la mente para poder acceder a un estado de conciencia más sutil, lo cual sugiere que la realidad necesita, para aprehenderse integralmente, de la depuración de la percepción. Esto último en cierta forma pone en entredicho todo el edificio que ha construido la ciencia sólo "refinando" sus instrumentos externos --un telescopio, por ejemplo-- y no refinando el instrumento interno esencial, la propia mente. "Incorporar introspección meditativa en las ciencias cognitivas abre el camino de una profunda transformación en la ciencia", dice Thompson, y es que existe una "profunda limitante en querer entender la mente sin incluir la exploración en primera persona de cómo experimentamos la conciencia". La ciencia incluso ha llegado a poner en duda si la conciencia existe o es solamente una "ilusión generada por el cerebro"; lo que es indudablemente ilusorio es que se pueda estudiar la conciencia sin nuestra experiencia subjetiva de la conciencia, y es que es imposible hablar de las cosas desde un lugar afuera de la conciencia. Todo lo que podemos conocer es conciencia, en sus diferentes grados. 

Regresando a la pregunta que se hizo el Dalái Lama, que picó la curiosidad de Thompson, debemos referir la visión tradicional mayormente común a las diferentes escuelas del budismo de que la conciencia no depende de una base cerebral --bajo la noción de que la correlación entre experiencias conscientes y actividad neural no es lo mismo que causación. El budismo nos diría que la visión materialista confunde, por dar un ejemplo a veces usado, el televisor con las ondas electromagnéticas que el televisor hace visibles como imágenes en la pantalla. Es decir considera que la televisión (el cerebro) genera la señal (la conciencia), y entonces intenta encontrar el asiento de la conciencia en el cerebro, lo cual es casi tan absurdo como abrir el aparato de televisión para encontrar ahí las imágenes. Ricard explica esto pero en relación a la continuidad de la mente más allá de la muerte:

La sucesión de estados que atraviesa la conciencia --y debo apuntar que las palabras "reencarnación y "renacimiento" son sólo aproximaciones de esta experiencia-- son comparables, en cierto nivel, a algo como una onda de radio, que transmite información sin que ella misma sea concreta. El futuro del individuo yace en las transformaciones de esta onda. La naturaleza de nuestras acciones y pensamientos determina los estados asociados con nuestra conciencia... una onda de radio puede lanzar un llamado a la guerra o a la paz. De forma similar, las modificaciones que hacemos a nuestra onda de conciencia con nuestros pensamientos y con los motivos altruistas o malevolentes detrás de nuestras palabras y acciones se expresan como sufrimiento o felicidad.

Esta onda de radio no concreta sería la mente para el budismo, la cual de alguna manera se coagula (debido a impurezas, fijaciones y conceptualizaciones) y se convierte en un cuerpo (como una señal que es sintonizada). Ahora bien, y esto es uno de los problemas filosóficos más complejos y fascinantes, se puede creer que una base física es necesaria para que aparezca esta señal como un aspecto de conciencia diferenciado tal como lo experimentamos dentro de un cuerpo humano con ciertas características, pero, nos diría el budismo y más aún el hinduismo, no se puede decir que el aspecto más sutil de la conciencia es generado por el cerebro o un soporte físico y entonces tampoco se puede decir que esta "onda de radio" desaparece una vez que el cuerpo se descompone. Hay una primacía dentro de estas filosofías en la mente: es la mente la que tiene un cuerpo y experimenta una experiencia corpórea y no el cuerpo el que tiene una mente (en realidad no existe división: el cuerpo es mente cristalizada). El comentario del Dalái Lama parece bastante misterioso y quizás apunte a una visión en la que se concibe a esta "onda de radio" o al espacio mismo como un soporte material, quizás una especie de espuma cuántica o un campo energético que sostiene a la conciencia. En este caso se tendría que discutir hasta qué punto estos constituyentes cuánticos del espacio podrían considerarse como meramente materiales, lo cual supera los alcances de este artículo.

Para concluir en una nota más cercana al budismo en su aspecto verdaderamente tradicional, justamente la escuela Nyingma, donde se utiliza la metáfora (que quizás no sea solamente una metáfora) de que la mente iluminada o la mente despierta es en todos sentidos como el espacio,  una cita del Precious Treasury of the Way of Abiding del gran santo Longchenpa que deja el enigma abierto:

En la vasta expansión de la mente despierta, igual al espacio,

no obstante cómo aparezcan las cosas son al mismo tiempo inefables.

Dentro del vientre del espacio base como un cielo infinito,

cómo sea que el universo se manifieste a través de las transiciones de los cuatro elementos,

estas formas de vacuidad son inefables por naturaleza,

como lo son los fenómenos que son los aspectos manifiestos de la mente despierta [...] 

La conciencia que se sabe a sí misma, sin involucrar ninguna percepción de objetos externos y sujeto interno,

no tiene tiempo ni lugar y está más allá de los fenómenos que originan o cesan. 

Es pura como el espacio...

La iluminación --la naturaleza misma de la mente, como el espacio--

no es definida por ningún extremo o sesgo, ya que es por naturaleza no-dual.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Imagen: Lawrence Alfred Powell