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5 extrañas animaciones soviéticas que lograron evadir la censura del Estado

Arte

Por: pijamasurf - 07/26/2016

El brutal aparato de censura soviético eliminaba todo lo que consideraba "peligroso", así que los artistas de la época se refugiaron en el surrealismo y la abstracción para expresarse

En la Unión Soviética, la censura de parte del Estado era sistemática y tenía como objetivo erradicar todo tipo de materiales “peligrosos”, al menos de acuerdo a la ideología del Partido Comunista de la Unión Soviética, el cual contaba con diferentes departamentos estatales especializados. Uno de ellos censuraba los materiales impresos, incluyendo los materiales de ficción o poesía, otro se encargaba del material cinematográfico y finalmente también había uno a cargo de las emisiones de radio y televisión.

Esta aplastante maquinaria de censura definió de muchas formas el material creativo que podía salir a la luz, de tal manera que los más celebrados animadores de la Unión Soviética también tuvieron que enfrentar el peligro de censura y esto ocasionó que se orientaran más hacia la abstracción. Fue en la década de 1930 que el gobierno estableció la compañía cinematográfica Soyuzmultfilm, para que absorbiera a la industria en una suerte de monopolio y con ello la animación soviética empezó a desarrollarse. Hasta ese momento todos los motivos estaban inspirados en temáticas y contenidos occidentales, así que incluían caricaturas de animales con algunas características humanas --tales como la capacidad de hablar-- que eran sumamente parecidas a lo que estaba desarrollando Walt Disney al otro lado del océano Atlántico. 

Pero el inicio de la Guerra Fría provocó un cambio radical en estas tendencias, ya que fue en este período cuando los creativos se alejaron de los motivos occidentales. Atrapados entre los conflictos sociopolíticos y la censura del Estado, que siempre estaba dispuesta a calificar una pieza como inadecuada ideológicamente, los artistas se aventuraron cada vez más en la abstracción y la psicodelia. Estas son cinco sorprendentes animaciones que quizá deberías ver antes que tus hijos.  

 

1. El puercoespín en la niebla (1975)

Este film de Yuri Norshtéin es legendario; recibió los más grandes honores en la Unión Soviética, pero también fue aclamado por la crítica internacional. Norshtéin mismo dijo: “No hay intriga en la acción, no hay dinámicas en la acción. Parece que El puercoespín en la niebla fue una ocasión feliz en la que todos los elementos simplemente cayeron en su lugar”. El comentario, por cierto, parece un buen ejemplo de las ambigüedades que estaban acostumbrados a manejar los artistas en sus comentarios públicos por temor a ser acusados de inapropiados o sediciosos. Sin embargo, el refinado aspecto visual de esta animación deja claro la excelencia de su trabajo. 

 

2. El cuervo de plastilina (1981)

En este corto, el narrador parece estar cantando una canción basada en la adaptación poética de Iván Krylov de la fábula de Esopo conocida como “El cuervo y la zorra”, pero no parece poder recordar las palabras. La moraleja original de esta historia se refería al peligro de confiar en la adulación; ha sido compactada y reducida a una serie de instrucciones en ciertas partes de la película. Hasta aquí todo parece muy normal, sin embargo los personajes se transforman unos en otros entre cada escena y lo que parece estar pasando en cada cuadro es más surreal que lógico. 

 

3. Bajo la lluvia del año pasado (1983)

Esta caricatura es sobre un hombre tonto, flojo y ambicioso que va al bosque a buscar un árbol para Año Nuevo, pero en el camino se cae en un pozo de sus propias fantasías sobre riquezas sin fin. Para cuando sale con el árbol ya es primavera y tiene que llevarlo de vuelta al bosque. El reconocido director a cargo de este film, Alexander Tatarsky, dijo alguna vez que realizar este trabajo le había provocado algo parecido a un ataque cardíaco al enfrentar la posibilidad de ser censurado. De acuerdo con Tatarsky: “Ellos dijeron que era irrespetuosa con el pueblo ruso. Ellos dijeron: 'Sólo tienes un personaje, un hombre ruso y es un idiota'”. Sin embargo, logró salir al público.  

 

4. Quién dirá una fábula (1982)

Esta es una de varias caricaturas armenias que se volvieron populares por su estilo surrealista. La historia es sobre un zar que a causa del aburrimiento le pidió a su consejero que le sugiriera ideas para entretenerse, de tal manera que este último anunció un concurso donde la gente debía contarle fábulas al zar. Luego la lógica del argumento se tuerce y deja de ser tan normal, pues al consejero se le ocurrió la idea de que si el zar decía “No lo creo, no es verdad”, él tendría que darle a esa persona la mitad de su reino. Si, por otro lado, el zar decía que creía la historia, entonces se volvería el beneficiario de la riqueza del ciudadano. Sobra decir que las fábulas son raras y vívidas. 

 

5. ¡Un pez que habla! (1983)

Esta película es una celebrada pieza de Armenfilm que resulta sumamente psicodélica. Empieza con un pescador que captura un pez, quien empieza a hablarle para pedirle que lo regrese al agua. El guión guarda similitudes con el famoso relato de Pushkin “El pescador y los peces dorados” y promueve un mensaje de bondad, pues ésta siempre vuelve a quien la ejerce. 

 

Es ridículo pagar para que alguien escuche tus secretos (la feroz crítica del psicoanálisis de George Steiner)

Arte

Por: pijamasurf - 07/26/2016

Uno de los pocos grandes sabios que quedan en Occidente, George Steiner, habla sobre su desprecio del psicoanálisis y la educación moderna

George Steiner es uno de los grandes intelectuales de la actualidad, crítico, historiador, filósofo, maestro universitario, políglota, un gigante del pensamiento, una reliquia viva (nuestra época no parece ser capaz de producir muchos pensadores de su nivel). En una excelente entrevista con el El País Steiner, a los 88 años, enfermo, lúcido y pesimista, compartió algunas impresiones que merecen destacarse. La primera de ellas sobre el psicoanálisis: 

El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.

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Tema polémico sin duda, pero no puede negarse que Steiner tiene un punto: ¿cuántas personas no pagan cientos de dólares por sentarse 50 minutos en un diván para simplemente ser escuchados y si acaso ser partícipes de un efecto de transferencia? Esto es un lujo. Puede que el psicoanálisis llegue a funcionar, pero recordemos que el placebo también funciona; asimismo, existen terapias más interesantes y dinámicas que el psicoanálisis freudiano que es el que Steiner tiene en mente. Quizás las que se derivan de Jung lo sean un poco más; uno de los grandes herederos de la "depth psychology" jungiana, James Hillman, es igualmente crítico del psicoanálisis y autor del irónico libro Llevamos 100 años de psicoterapia y el mundo está cada vez peor. Hillman crítica ahí justamente el exceso de análisis y verbosidad del psicoanálisis y el determinismo paternal-infantil en el destino psicológico de la persona que hace Freud. La frase de Kraus resulta preclara en el mundo actual donde el psicoanálisis es una importante fuente de ingresos y en el que, como ocurre con las farmacéuticas, es muy útil poder diagnosticar abundantes enfermedades para ofrecer una cura cronificadora. En la visión freudiana el ser humano es incrustado de entrada ya en un complejo psicopatológico, el cual debe tratar, mayormente para aceptarlo y no para curarlo, lo que nos pronostica una vida de tratamiento. Dice Steiner sobre Freud: "Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario".

Steiner se preocupa también por la educación en una era en la que, quizás por las redes sociales, ya no existe lo secreto, la posibilidad de equivocarse sin ser estigmatizado y donde también hay ya toda la información para actuar "correctamente":

Estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto [...]

Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Sólo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

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Steiner parece estarse refiriendo a cómo la tecnología llena el vacío y con su asedio de información también elimina el silencio, los espacios de reflexión, de lentitud... el espacio mismo. No tener acceso al silencio, no cultivar silencio es algo preocupante puesto que es el inicio de muchas formas de enfermedades mentales. También criticó la modernidad que vive para el dinero:

El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor… hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, sólo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.

 

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