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El "beso de la muerte" es la encarnación simbólica de la unión mística, la cual se vuelve más pura y profunda con la muerte, que elimina lo que no es espíritu y regenera la vida

Todos hemos escuchado del "beso de la muerte", pero pocos realmente sabemos de dónde viene esta idea que podría parecer un oxímoron si sólo se entiende de manera superficial. Quizás la asociamos con alguna película de mafiosos o gangsters o con un cuento de hadas, pero en realidad tiene que ver una profunda tradición mística.

Raimon Arola, experto en simbolismo de la Universitat de Barcelona, hace una formidable labor de rastrear el origen esotérico del "beso de la muerte" o mors osculi, reflexionando a partir de una llamativa estatua en el cementerio del Poble Nou en la que la muerte personificada como la parca, en su figura de esqueleto, va a buscar a un joven y se lo lleva a su reino con un beso. Esta imagen es ya una especie de pathosformel, un arquetipo visual que encierra el simbolismo de la vida después de la muerte. Un beso que nos lleva a "Morir antes de morir, o la muerte como una iniciación religiosa o espiritual", escribe Arola. 

La imagen es llamativa e inquietante, porque en el mundo actual "se ha perdido el conocimiento de los misterios de la muerte y ésta, si es que se tiene en cuenta, es considerada como un acontecimiento terrible y nefasto", dice Arola. La diferencia radical en esta concepción es que "la muerte se presenta como aliado y colaborador. La muerte se ha concentrado en un personaje que refleja, como si fuera un espejo, al propio individuo ante quien se presenta. Una sombra, una oscuridad, un espectro delimitado que se abalanza sobre el ser vivo y lo besa". No sólo es una iniciación religiosa, es una iniciación poética, en esa estrecha liga del espíritu que une al arte con la religión. 

Encontramos en la tradición cabalista y en la alquimia numerosas referencias al "beso de la muerte" en las que se menciona generalmente un beso en la boca, aunque luego existen representaciones de besos más castos como la escultura de Poble Nou. La importancia del beso en la boca es que es así como se transfiere el aliento vital, el hálito o espíritu. Se repite también el proceso cosmogónico que narra el Genésis cuando habla del espíritu de Dios que se posa sobre las aguas para insuflar el aliento o Ruach Elohim. La creación y la muerte no son dos opuestos irreconciliables sino parte de una misma dinámica, de un contínuum que se origina y regresa a la eternidad. Escribe Arola: "Al morir por el beso de Dios, el espíritu del hombre sale por la boca y se une con Él que por unos instantes se ha disfrazado de muerte. En este sentido está escrito en el Talmud: 'La más penosa de las muertes es la del garrote, la más dulce es la del beso [divino]"'. El Zohar se refiere a esto:

Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por eso en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro.

Las palabras (Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus sólo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. 

El beso religioso de la muerte es como el beso de los amantes, el cual es una prueba de la íntima elección. El devoto es elegido por la divinidad como el amante es elegido por su amado. En el beso se hace un crisol espiritual, un remolino de unión íntima, un cauce de transustanciación. 

 

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La magia y la psicoterapia operan de manera similar, sólo que una considera que los demonios o espíritus son internos y otra que existen en el mundo externo

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Es posible que la magia y la psicoterapia, especialmente variantes como el psicoanálisis, tengan más en común de lo que se piensa. El significado original de la palabra "psicología" es, por supuesto, "el estudio del alma" (aunque en nuestra época materialista, psique sea sólo mente sin ningún componente espiritual). Así que tanto la magia como la terapia lidian de alguna forma con espíritus o entidades inmateriales (más allá de que éstos sean considerados ficciones o alucinaciones que hay que sanar o exorcizar de alguna forma). Sabemos también que uno de los grandes "terapeutas" del siglo XX, Carl Jung, en su última fase equiparó a la psicología con la alquimia, viendo en la alquimia un proceso de individuación o transformación psicológica y, a su vez, en la psicología un proceso alquímico en el que el alma humana es la piedra filosofal. En Jung también tenemos psiques pobladas por una hueste de espíritus (que llamó arquetipos), patrones inmateriales que in-forman y moldean la psique individual y colectiva y que se personalizan, de la misma manera que en la magia un espíritu se manifiesta bajo un cierto patrón de formas recurrentes, tomando, como si fuere, una personalidad.

Duncan Barford escribe en su libro Occult Experiments in the House:

La diferencia entre la magia y la terapia es que, para la magia, la verdad yace en la experiencia, mientras que la terapia se ocupa de cuestiones de "significado" e "interpretación". El terapeuta traza el significado de los síntomas de regreso al inconsciente, una y otra vez. En otras palabras, los asuntos que salen a la superficie son tratados como productos de asuntos más profundos en un nivel más superficial. Todo se trata de estos asuntos. La magia en cambio, permite que experimentemos un asunto directamente como algo diferente a nosotros --como un "demonio", un "ángel", o algo más.

En la magia, entonces, ocurriría un proceso psicológico de proyección, en el que no es necesaria la sanación a través del significado sino a través de la inscripción psicológica que produce la experiencia en la psique. Así un arquetipo, un complejo o un trauma serían demonios externos; los traumas y los complejos o demás entidades psíquicas serían demonios internos. En la magia el teatro es el espacio externo; en la psicología el escenario es la mente.

Barford define una experiencia paranormal como una experiencia tan intensa y radicalmente distinta a la conciencia ordinaria que "el interior se derrama sobre el exterior". Un punto en el que el contenido psíquico se engarza con el mundo externo de los fenómenos, en un continuum, que podríamos llamar mente-espacio-tiempo. Jung tenía un término para estos momentos de zurcido psicoespacial, los llamó "psicoides", arquetipos psicofísicos que existían dentro de la mente y también en el mundo. La teoría de la sincronicidad del psicólogo suizo se fundamentó en cierta forma en la existencia de esta conexión significativa entre el mundo externo y la mente, de tal forma que se consideraban interdependientes.

Para completar esta idea resulta apropiado invitar al cónclave al ocultista británico Aleister Crowley, quien hace más de 100 años ya notaba un factor psicológico en la magia y en la misma identidad de los espíritus, genios o demonios que eran invocados e interactuaban con el mago. Crowley, en su amplia obra mágica, se refiere a las entidades que conjura como porciones de su psique y otras veces les confiere autonomía. En su introducción a la Goetia, Crowley escribe:

Los espíritus de la Goetia son porciones del cerebro humano. Sus sellos representan métodos de estimular o regular regiones particulares.

Crowley, pese a toda su parafernalia y su complicado grimorio espiritista, es claramente consciente de que el fin de la magia es transformar la propia psique. En el mismo texto, Crowley explica que "los nombres de Dios" son vibraciones orientadas a rendir a la voluntad del mago ciertos aspectos de la mente humana y que cada espíritu obedece a cierto poder mental. La magia, como la cábala, como la meditación y la alquimia, parece tener este mismo sentido práctico de ciencias de transformación espiritual (unas más misteriosas y elaboradas). Más cercana a una mentalidad espiritual y a una cosmovisión en la que no sólo la naturaleza está completamente viva sino que la mente participa en el poder vitalizador de la divinidad, la magia conjura toda una burocracia espiritual para servir al hombre en su proceso de transformación (un proceso que debe llevar paradójicamente a la aniquilación de la mente y toda la multiplicidad de entidades y fragmentos con los que se ha construido para finalmente unirse a la divinidad). Pese a todo su paganismo, la magia tiene un sentido esencialmente de devoción religiosa. Como Platón explica en el diálogo de Alcibíades, para los zoroastros la magia es la adoración de la divinidad. Una definición a tomar en cuenta puesto que la palabra magia proviene de hecho de los persas y del culto de Zoroastro. 

Todo lo anterior nos lleva a otra pregunta: ¿realmente la mente y el espacio son dos cosas distintas? Si fueran lo mismo, un mismo continuum de aparición y manifestación de fenómenos, solamente separados por la efímera fijación en un punto de la conciencia --que se mueve de lo universal a lo personal y de regreso-- la pregunta sobre si los demonios o los espíritus son fabricaciones de nuestra propia psique sería inútil. Podríamos responder sin ninguna contradicción que los espíritus existen y no existen, están afuera y están adentro. Lo que sí es que no podrían ser independientes, pero tampoco nosotros, ni ningún otro fenómeno tendría una existencia independiente.

 

Twitter del autor: @alepholo