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Inemuri, el arte japonés de estar presente mientras se duerme

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/11/2016

Inemuri es la curiosa práctica de no dormir cuando se duerme

Cuando pensamos en un país disciplinado seguramente nos viene a la mente Japón, un pueblo que ha sufrido mucho pero que nunca denota debilidad y que mantiene una enorme entereza en gran medida por su capacidad de obligarse a darle la cara a la adversidad y trabajar. Esto tiene que ver con la disciplina que instauró la influencia del confucianismo y el budismo, dos religiones que llegaron de China (una por vía de la India).

En un estupendo artículo --con grandes fotos de japoneses durmiendo en diferentes partes del espacio público, incluyendo en posición erguida-- la doctora Brigitte Steger, especialista en estudios japoneses de la Universidad de Cambridge, explica por qué los japoneses en realidad no duermen; aunque parece que duermen, hacen otra cosa. Según explica Steger, cuando se encontró con esta práctica a finales de los 80 en medio de la burbuja económica que hacía a Japón una gran potencia, las personas vivían una vida tan activa en términos laborales que no tenían tiempo para dormir y se preciaban de ser hombres (o mujeres) de negocios que tenían jornadas de 24 horas y siempre estaban dispuestos a trabajar. De hecho, se difundía la idea de que "irse a la cama tarde y levantarse temprano" era una metáfora de una persona virtuosa. 

Es por ello que los japoneses adoptaron una práctica de dormir durante el día en el trabajo o en el transporte, pero de tal forma que esto no es considerado una siesta o dormir propiamente ni es visto como un signo de pereza, sino todo lo contrario, siempre y cuando cumpla con ciertas normas sociales. 

"Finalmente me di cuenta que en cierto nivel, inemuri no es considerado como dormir. No sólo es diferente de dormir en la noche en una cama, también es visto como distinto a tomar una siesta o una power nap", dice Steger. Inemuri es una palabra que significa"estar presente mientras se duerme" ("I" es estar presente y "nemuri" significa dormir). La idea detrás de esto es que al dormir la persona no desentone con el lugar y la situación en la que está, que parezca estar presente y disponible, como si fuera capaz de participar de manera pasiva y a la vez descansar. En este sentido, los japoneses sólo rechazan y ven mal a una persona cuando duerme en un lugar y no logra mantener un lenguaje no-verbal que vaya con las condiciones del mismo o una capacidad de reacción a los cambios que se presenten. Evidentemente esto no es algo que se pueda lograr muy fácilmente --estar presente pero dormido-- pero, al parecer, con que se guarden las apariencias es suficiente. Es por ello también que se pueden ver ejecutivos y personas bien arregladas durmiendo en lugares públicos, donde en Occidente solamente vemos a vagabundos y individuos que son marginados de los principales estratos sociales. Según Steger, el inemuri no es dormir, "no podía ser más diferente".  

Esta práctica no se percibe como un signo de holgazanería o irresponsabilidad, y es que en Japón existe una cultura del sueño muy distinta. Por ejemplo, a diferencia de en Occidente, se entiende que dormir en los mismos cuartos que los niños ayuda a mejorar sus habilidades para dicho acto, y los japoneses reportan dormir mejor cuando duermen en las mismas habitaciones que otras personas. Esto fue observado en los refugios del tsunami en 2011, cuando la gente encontró solaz al dormir en espacios colectivos. 

El inemuri por una parte muestra la gran dedicación de los japoneses pero por la otra parece llevar las cosas demasiado lejos, al haber integrado la cultura corporativa al punto de rayar en el desequilibrio y lo que se conoce como "forzar la máquina". Si bien los japoneses tienen profundas tradiciones que les brindan recursos para vivir una vida equilibrada, tal vez éstas están siendo desplazadas por el frenético estilo de vida capitalista. 

Praga y sus teatrales museos sobre magia y alquimia (FOTOS)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/11/2016

Las ciencias modernas son deudoras de los hombres y mujeres que exploraron las fronteras del mundo físico y metafísico a través de lenguajes iniciáticos y prácticas precientíficas. Estos museos celebran su legado y su mística

Praga fue el epicentro de una de las mayores --y más secretas revoluciones-- de la Historia, en gran parte a través de la corte del emperador Rodolfo II, quien desde finales del siglo XVI nutrió un ambiente hospitalario para la magia, la astronomía y el conocimiento de lo oculto, sin olvidar por ello a los artistas y científicos.

Debemos recordar que la especialización del trabajo no era entonces lo que es hoy, y en especial un alquimista era un hombre (o mujer) con enciclopédicos conocimientos en el orden de lo natural y lo sobrenatural. Había que tener presentes los sueños, las enseñanzas de los iniciados del pasado, y estar atentos siempre de no contravenir demasiado abiertamente los dogmas del cristianismo, so pena de terminar en la hoguera. Un precio justo por la búsqueda del oro alquímico, la piedra de la sabiduría que muchos confundieron con la de la locura.

Es para celebrar el espíritu cosmopolita e indómito de los alquimistas que la ciudad ha establecido sitios como el Museo de Alqumistas y Magos de la Vieja Praga, o el Speculum Alchemiae Museum, que aunque parecen un tanto teatrales en sus montajes no dejan de ser experiencias entretenidas e inmersivas en la mística de la investigación alquímica y nos permiten observar el taller-laboratorio de estos artesanos del alma a través de objetos, libros y en general un ambiente que no podemos sino adjetivar como "mágico".

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(Vía Dangerous Minds)