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"El hombre de mimbre", la alucinante película en la que Radiohead basó su nuevo video

Arte

Por: pijamasurf - 05/04/2016

Una joya del cine de terror y misterio en la que un investigador se convierte en el centro de un alucinante rito pagano

El nuevo video de Radiohead, "Burn Witch", que tanta sensación está causando en la Red, es una clara cita de uno de los grandes clásicos del cine de terror místico: El hombre de mimbre (The Wicker Man, 1973), película donde vemos un ritual pagano que también se ha homologado en Burning Man, la festividad del desierto de Nevada.

Esta película dirigida por Robin Hardy, que ha sido objeto de un remake recientemente, narra las peripecias del sargento Howie, quien viaja a una isla en la costa británica para investigar la desaparición de unas jovencitas. Ahí el sargento descubre una extrañísima serie de costumbres dentro de una sociedad pagana que mantiene en ocasiones la fachada de una moral tradicional.

Todo parece ser una surrealista obra de teatro que se representa y en la cual el protagonista es el centro involuntario: bailes con mascaras de animales, una sexualidad desenfrenada, ritos de fertilidad y un misterioso sacrificio que se precipita sobre él. La lección es que, debido a su poco sentido del sacrificio, Howie mismo es parte de la ofrenda para satisfacer a los númenes, y así vemos un fabuloso cristiano entre la moral victoriana y la energía pagana que subyace a la fachada costumbrista. A esta película (entre otras) le debemos la reciente tendencia de estas máscaras bestiales que utilizan los músicos en los videos pop y también una estética alucinatoria sumamente peculiar.

 

 

El hombre de mimbre es parte de la lista de películas recomendadas por la Iglesia de Satán.

Aves y líneas eléctricas forman la inesperada partitura del cielo de Tokio (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 05/04/2016

Este inspirador ensayo fotográfico nos muestra que nuestro paisaje cotidiano puede ser el lienzo de la más inesperada obra de arte

Una de las mejores cualidades de la conciencia es la capacidad que tenemos para percibir la realidad pero no necesariamente de una forma objetiva. Esto es, no se trata sólo de que cada uno de nosotros aprehenda el mundo con los sentidos que nos son propios, los códigos sociales interpretados subjetivamente, nuestros propios referentes y límites conceptuales, sino que además esta misma particularidad puede extenderse para mirar lo que no está ahí y entonces, por ejemplo, ver en una nube la figura de un animal, en una constelación a un auriga, en la valentía de una persona la presencia de una deidad, etc. En La locura que viene de las ninfas, Roberto Calasso escribe al respecto:

Cuando la vida se encendía, en el deseo o en la pena, o también en la reflexión, los héroes homéricos sabían que un dios actuaba en ellos. Cualquier aumento repentino de la intensidad hacía entrar en la esfera de un dios. Esto significa principalmente la palabra éntheos, "plenus deo", como traducían los latinos, palabra que es el eje sobre el cual gira la posesión. La mente era un lugar abierto, sujeto a invasiones, incursiones, súbitas o provocadas. Incursio, recordemos, es un término técnico de la posesión. Cada una de esas invasiones era la señal de una metamorfosis. Y cada metamorfosis era una adquisición de conocimiento.

Ese, en buena medida, es el fundamento de la percepción artística, el sentido estético como uno de los lineamientos que guíen nuestra percepción. Las musas, la inspiración, el rapto poético, todo eso es expresión de dicha capacidad cognitiva.

Una singular prueba de ello son las fotografías que ahora compartimos, obra del japonés Yoshinori Mizutani, quien condensó uno de los retratos más singulares de los cielos de Tokio luego de hacer uno de los gestos más sencillos del mundo: alzar la vista y mirar lo que había sobre su cabeza. Mizutani se encontró entonces con cientos de aves paradas sobre los cables de la red eléctrica que cruzan y alimentan la urbe de energía. Vistas a contraluz, estas parvadas estáticas son lo que son pero también parecen ser otras cosas: trazos abstractos, las notas sobre una partitura, gráficos matemáticos, o un punto que salió a pasear (parafraseando a Paul Klee).

Se trata, en suma, como toda propuesta artística auténtica, de una invitación a mirar nuestra realidad de otra manera y descubrir el sentido estético del mundo.