*

X
Estudios muestran que la soledad es altamente dañina para la salud... y sin embargo, existe cierta soledad que encumbra al espíritu

El ser humano es un ser social, un animal político (es decir, un animal que vive y se desarrolla entre muchos, en una polis), pero también es un ser equipado para ir más allá de la sociedad y de la política y trascender las condiciones de su entorno social. Aquí yace una dualidad relativamente fundamental en torno al principio de soledad en el ser humano. Por una parte la vida en sociedad --sobre todo sus partes más dulces-- constituye una especie de necesidad básica en la pirámide existencial y en su ausencia se generan contrariedades que afectan la salud de un individuo (como veremos más adelante). Por otra parte, un individuo que ha logrado un estado de integración consigo mismo y con el mundo puede llegar a no necesitar de los lazos emocionales que proveen otras personas y que fundamentalmente dotan de sentido (y de ahí sanidad) a la vida de los individuos (de alguna manera el organismo sospecha que es absurdo vivir solamente para la autogratificación del yo). El hombre solitario que no sufre de las necesidades del contacto humano habitual, en realidad no está sólo sino que ha logrado unirse de otra manera con el mundo, usando la metáfora de William James, "como islas conectadas en la profundidad". El hombre que se dedica a la búsqueda de la verdad --y opta por buscar en el interior de su ser-- puede alcanzar una libertad (la libertad que da el conocimiento), la cual lo puede transformar y rendir prácticamente invulnerable a las cuitas mundanas. 

Existen diversos estudios que remarcan la importancia que tienen las relaciones para el ser humano. Uno de los estudios más extensos y citados de los últimos años, realizado por investigadores de Harvard, mostró que el principal indicador para determinar la longevidad y la salud en general de un individuo es la calidad o el grado de intimidad que tiene en sus relaciones. De este estudio que se realizó durante más de 70 años se concluyó que "las conexiones sociales son realmente buenas para nosotros, y que la soledad mata. Resulta que las personas que tienen mayor conexión social a familia, amigos y comunidad, son más felices, son físicamente más sanos y viven más que los que no tienen tan buenas conexiones". 

Un caso un tanto exótico fue documentado por la doctora Lissa Rankin, quien en su libro Mind Over Medicine: Scientific Proof That You Can Heal Yourself narra la historia de una  comunidad de italianos inmigrantes que manifestaron una estupenda salud por varias generaciones pese a tener una serie de hábitos que hoy en día se consideran poco saludables: comer mucha grasa, fumar, beber, no hacer ejercicio. Al estudiarse el caso se concluyó que la razón por la cual se gozaba de esta salud tan primorosa no estaba en la genética, sino en los hábitos de convivencia estrecha e íntima que los ligaban. Los italianos de Roseto, Pensilvania, tenían la costumbre de comer y cenar juntos todo el tiempo y practicaban una gran apertura emocional. De nuevo, Rankin sugiere que la soledad llena de cortisol el cuerpo y tiene todo tipo de efectos negativos, mientras que la intimidad y las relaciones afectivas tienen un efecto positivo.

Ahora bien, más allá de las estadísticas y de casos como el anterior, están los casos excepcionales de personas que logran vivir una vida plena y feliz --en la cual la salud no es ningún impedimento-- pese a tener una vida mayormente solitaria. ¿Qué es lo que permite que ciertas personas puedan vivir bien sin alimentarse de las demás personas? Creo que aquí tenemos que coincidir con el doctor Victor Frankl, quien en su paso por los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial desarrolló la hipótesis de que el sentido o el significado es el elemento vital para la salud y el bienestar de un ser humano. Una persona que no tiene alguien por quién vivir tiende a deprimirse y a establecer una serie de conductas que merman su salud, a menos de que tenga algo por qué vivir. Encontramos en la historia grandes artistas y religiosos que han llevado una vida solitaria y sin embargo han sido dichosos. Evidentemente, estas personas tenían un sentido de vida y sus vidas estaban llena de significado. La copa del agua de la vida puede llenarse de distintas formas, algunas materiales, algunas emocionales y otras espirituales. 

En su libro The Attention Revolution, el traductor de textos tibetanos y experto meditador Alan Wallace señala:

Desde la perspectiva de la psicología moderna, el hecho de que los contemplativos puedan vivir en soledad por años sin caer en la depresión, apatía o tumulto mental es asombroso. Los contemplativos son capaces de hacer esto debido a que encuentran y sostienen una fuente interna de serenidad que alivia a la mente y al cuerpo de tal forma que toda sensación de ansiedad y expectativa se evaporan. Al establecerse profundamente en la luminosa y tranquila quietud de la conciencia de sí, una fuente interna de bienestar genuino emerge y disipa toda sensación de soledad, depresión o trastorno mental. 

*                     *                   *

La filosofía antigua ligaba la soledad al temperamento melancólico-saturnino. Nos dice Marsilio Ficino, el gran platonista florentino, que el hombre tocado por el rayo de Saturno se inclinará a la soledad, a la contemplación y al estudio. Y si bien existe un riesgo en esto, el melancólico, tradicionalmente, es el hombre de genio. Saturno (Cronos), gobernador del hombre solitario, es el planeta que yace al límite del tiempo y de la mente en el viejo sistema astrológico, colindando con las esferas divinas y por lo tanto la antigüedad y el renacimiento consideraron que la mente saturnina es la más alta, ya que se ocupa de la contemplación de las verdades supremas y se aleja del mundanal ruido y los aspectos más efímeros y veleidosos: su naturaleza le permite trascender las atracciones, tentaciones y corrupciones del mundo, simbolizadas en el esquema hermético por las cualidades que infunden los otros seis planetas, como son el ego, la lujuria, el deseo de éxito, etc. Para algunas de estas personas melancólicas-saturninas la soledad, por diferentes períodos de vida, puede ser una necesidad y en ella incluso puede estar su fuerza, una nutritiva planta que sólo crece en la sombra.   

Recordemos también la definición por excelencia de la labor mística con la que Plotinio describió lo que era la vida humana y su proceso de reintegración con lo divino: "El vuelo del solo al Solo". Aquí el énfasis está en que el alma se separa de la unidad ("cae" por así decirlo a un confinamiento solitario) para vivir intensa aunque ilusoriamente una experiencia de individualidad y posteriormente regresar a esa unidad, lo que llama el Uno, que está más allá del tiempo y el espacio y de todo lo concebible, y por lo tanto es solitario. Algunos traductores han vertido esta frase como "escape en soledad hacia el Solitario" y sugieren que implica también una cierta renuncia al mundo para purificarse y aumentar la capacidad contemplativa, una concentración en lo esencial del ser. El mismo Plotino en uno de sus ensayos señala que se tiene una visión del Bien cuando "se es más uno mismo" (es por la unidad que podemos conocer la Unidad). Esta forma de concebir al solitario puede expresarse mejor en inglés con la palabra "alone", que confiere también la idea de "all-one", todo uno; un aspecto de integración con el todo que podemos lograr, en la psicología jungiana, paradójicamente, sólo a través de la individuación. Acaso porque, como sugieren los místicos de todas las religiones, nuestra verdadera identidad no es la de individuos separados, personas o egos meramente, sino la de pequeños universos o mónadas que contienen la totalidad y por ello quien se conoce a sí mismo conoce al universo y a los dioses.

Quizás no es está de más recordar que las palabras "monje" y "monasterio", vienen de "mono", es decir "solo" (o uno) y de aquí que se entienda que el monje es quien "vive solo". Así, la soledad está embebida en la profundidad de la disciplina religiosa. Kevin Corrigan en un artículo sobre el misticismo solitario de Plotino da esta definición de la palabra "monachos" (monje): "significa la pureza de la adoración de Dios y la vida unificada, indivisa, que unifica por una recolección sin distracción que lleva a la mónada deiforme".

Tenemos también los famosos casos de los monjes budistas y santos taoístas que se convierten en ermitaños, los cuales han sido celebrados en las tradiciones orientales con la más sincera admiración, y a los cuales se les atribuyen verdaderas hazañas del dominio de la mente y el cuerpo y la más profunda devoción y compasión al mundo. Un caso notable es el de Longchen Rabjam, uno de los más grandes maestros del budismo tibetano y a mi juicio uno de los grandes poetas místicos de la historia. Longchenpa (como se le conoce) practicó buena parte de su vida el retiro solitario y eligió modestamente vivir en cuevas y chozas, sin embargo legó una de las obras más extensas y valiosas en la historia de la filosofía y la religión. Cuando lo consideraba correcto, interrumpía su retiro para enseñar. El amor por la naturaleza se fusiona con las facilidades para la vida contemplativa:

Lejos de las ciudades llenas de entretenimiento, al estar en el bosque, naturalmente se incrementa las absorción pacífica, se armoniza la vida con el dharma, se calma la mente y uno obtiene la dicha suprema.

Otro famoso solitario, quien, sin embargo, en su retiro encontró una profunda comunión con la naturaleza, Henry David Thoreau, escribió sobre su vida en Walden Pond:

Me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, y afrontar sólo los aspectos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar [la naturaleza] y así no descubrir, cuando llegara el tiempo de morir, que no había vivido.

Esa es la otra cuestión, que realmente es imposible estar solos (contrariamente a una famosa broma de Borges), todo está lleno de vida, todo habla, todo tiene significado, todo nos vincula con todo y nos sitúa dentro de un proceso mucho más grande que nosotros (que dota de significado a nuestras pequeñas vidas). Esta es la virtud del solitario, del monje, del místico, que descubre una fraternidad que va más allá de toda localidad. Como San Francisco de Asis con los pájaros y las flores, la soledad puede ser una hermandad universal --un reconocimiento de que el uno es el otro (es el mismo)-- y no sólo con las personas que queremos casi por obligación o costumbre. 

Existe obviamente un profundo riesgo en la soledad, como ocurre con el hombre que va a vivir a la montaña (que tiene siempre presente tanto el cielo como el abismo). La soledad y la renuncia pueden ser una trampa de la mente, que convence al individuo de una suerte de superioridad y de una falsa espiritualidad. Y en esto estaría construyendo su propio laberinto para refugiarse de que no se atreve o no sabe cómo lidiar con el mundo. Los antiguos maestros de la época védica en la India, por ejemplo, hacían toda su vida en sociedad y no era hasta que tenían cierta edad y madurez y habían resuelto todos los asuntos familiares y comunitarios que los ligaban al mundo --resolución que les permitía tener una conciencia tranquila y un karma depurado-- que se retiraban al bosque, donde en los últimos años de su vida buscaban la liberación. La lección aquí es que no hay verdadera espiritualidad sin cumplir con el deber moral --la soledad espiritual en el caso del hombre que no ha logrado sanar sus relaciones es sólo onanismo mental o una forma de escapar de una realidad incómoda. La soledad como ese pico luminoso en la cima del mundo donde el hombre se encuentra con los míticos inmortales o logra esfumarse por su propia cuenta de la vicisitudes del tiempo, paradójicamente, requiere de un amor al mundo y de un estado de paz con las cosas, no de una misantropía o de un hastío. Probablemente, como mantiene el budismo mahayana, la libertad al final deba lograrse con el mundo, no sin él. 

 

Twitter del autor: @alepholo

El arte de injuriar: los insultos más hirientes en la historia de la filosofía

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/20/2016

El elevado nivel intelectual de ciertos filósofos no ha obstado para verlos de cuando en cuando empantanados en el fango del insulto y el vituperio; estas son algunas de las mejores muestras de ello

Una de las mejores palabras que condensan el arte del insulto es el verbo zaherir, un vocablo antiguo y, a diferencia de otros, más bien transparente, honesto en aquello que busca transmitir. Insultar, por ejemplo, parece provenir de saltar, porque en cierta forma, en efecto, agredir es arremeter contra el otro. Injuriar, por otro lado, es un término un tanto más formal, pues en su corazón lleva el derecho, el iure, porque claro, hay casos en los que la ofensa llega hasta los tribunales y los reclamos con abogado de por medio.

No así zaherir, que a pesar de la construcción poco familiar para nuestra época, nos dice ya lo que implica: herir, lastimar, dañar. El “za” del inicio deriva de “faz”, rostro, con lo cual se completa el origen totalmente físico del vocablo. Zaherir también es, en cierto sentido, dejar una marca en el otro, una herida y, acaso, una cicatriz. Simbólica, claro, porque como propuso Freud en el siglo XIX, el deseo de luchar y batirse fue sublimado en el proceso civilizatorio por los debates intelectuales, en el mejor de los casos, o en situaciones mucho más divertidas, en epigramas, agudezas, sátiras, apostillas hirientes y otras formas de ese género literario que, como bien notó Borges, no ha sido suficientemente estudiado ni celebrado, el de la vituperación y la burla.

A continuación compartimos una selección de algunos de los insultos más famosos en la historia de la filosofía, un ámbito en el que la altura intelectual no ha evitado descender de vez en cuando a los pantanos del vituperio.

 

 

Sartre sobre Camus

Una mezcla de suficiencia sombría y de vulnerabilidad me ha descorazonado siempre para decirle a usted la verdad por entero. La resultante es que usted ha sido presa de una oscura desmedida que disfraza sus dificultades interiores y a la que usted llamará, según creo, medida mediterránea. Tarde o temprano, alguien se lo hubiera dicho: tanto da que sea yo.

(La polémica Sartre-Camus)

 

Platón sobre Diógenes

Disputando Platón acerca de las ideas, y usando de las voces mesalidad y vaseidad, dijo: «Yo, oh Platón, veo la mesa y el vaso; pero no la mesalidad ni la vaseidad». A esto respondió Platón: «Dices bien; pues tienes ojos con que se ven el vaso y la mesa, pero no tienes mente con que se entiende la mesalidad y vaseidad».

(Vida de los filósofos más ilustres)

 

Anthony Kenny sobre Jacques Derrida

[Derrida] introdujo nuevos términos cuyo efecto es confundir ideas que son perfectamente distintas.

(A New History of Western Philosophy, Vol. IV, Philosophy in the Modern World)

 

Camille Paglia sobre Michel Foucault

La verdad es que Foucault sabía muy poco sobre cualquier asunto anterior al siglo XVII y del mundo moderno fuera de Francia. Su familiaridad con la literaura y el arte de cualquier período era despreciable. Su hostilidad hacia la psicología hizo de él un incompetente para lidiar con la sexualidad, la suya y la de cualquier otra persona. La ascensión de Foucault al estatus de gurú por las academias estadounidenses y británicas es un cuento que pertenece a la historia de los cultos. Entre más sabes, menos te dejas impresionar por Foucault.

(Junk Bonds and Corporate Raiders: Academe in the Hour of the Wolf)

 

Bertrand Russell sobre G. W. F. Hegel

La filosofía de Hegel es tan extraña que nadie habría podido esperar que lograse hacer que hombres cuerdos la aceptasen; pero lo logró. La expresó con tanta oscuridad que la gente pensó que debía de ser profunda. Puede ser fácilmente explicada con lucidez en palabras sencillas, pero en ese caso su absurdidad se torna palmaria.

(Filosofía y política)

 

Noam Chomsky sobre Slavoj Zizek

Usted se refiere a la Teoría y cuando dije que no me interesa la teoría, lo que quería decir es que no me interesa esta adopción de posturas mediante el uso de términos extravagantes compuestos de archisílabos, ni, menos, la fantaseada ficción de disponer de una “teoría”, cuando no hay ninguna teoría en absoluto. No hay nada de teoría en todo este rollo, no, desde luego, en el sentido de “teoría” de quien esté mínimamente familiarizado con las ciencias, o con cualquier otro campo serio. Intente usted buscar en todo el trabajo que ha mencionado algunos principios desde los cuales sería posible deducir conclusiones o proposiciones empíricamente verificables y a un nivel algo más alto de lo que se pueda explicar a un niño de 12 años en 5 minutos. A ver si usted puede encontrar algo así, una vez decodificados todos los palabros extravagantes. Yo, no puedo. Carece, pues, de interés para mí este tipo de pavoneo presuntuoso. Zizek representa un ejemplo extremo del mismo. No veo el menor contenido en lo que dice.

(En entrevista con Veterans Unplugged, diciembre de 2012)

  

Zizek sobre Chomsky

Bueno, con todo el profundo respeto que tengo por Chomsky, mi primer punto es que él que siempre enfatiza en cómo uno debe ser empírico, preciso, no solamente exclamar locas especulaciones lacanianas y todo eso... bueno, no creo conocer a ningún sujeto que empíricamente se equivoque tanto y en tantas cosas, ¡en sus descripciones, en cualquier cosa!

(En respuesta al señalamiento anteriormente citado de Chomsky)

 

Thomas de Quincey sobre John Locke

[…] creo que una objeción insalvable a la filosofía de Locke (si acaso hiciera falta) es que, aunque el autor paseó su garganta por el mundo durante setenta y dos años, nadie condescendió nunca a cortársela.

 

Y sobre Descartes…

El primer gran filósofo del siglo XVII (si exceptuamos a Bacon y Galileo) fue Descartes, y si alguna vez se dijo de alguien que estuvo a punto de ser asesinado —a 1 pulgada del asesinato— habrá que decirlo de él.

 

Y sobre Spinoza….

«¿Cuándo has oído que una bala de cañón haya matado a un emperador?». No sabría qué contestar tratándose de emperadores, pero con mucho menos se ha exterminado a un filósofo, y no cabe duda alguna de que el próximo gran filósofo europeo fue asesinado. Me refiero a Spinoza.

 

Y sobre Hobbes…

Hobbes no fue asesinado, nunca he logrado comprender por qué ni en virtud de qué principio. Esta es una omisión capital de los profesionales del siglo XVII, pues a todas luces se trata de un espléndido sujeto para el asesinato, salvo que era flaco y huesudo; por lo demás, puedo probar que tenía dinero y (lo cual es muy cómico) carecía de todo derecho a oponer la menor resistencia ya que, conforme a su propia tesis, el poder irresistible crea la más elevada especie de derecho, de modo que constituye rebelión, y de las más negras, el resistirse a ser asesinado cuando ante nosotros aparece una fuerza competente.

 

Y sobre los filósofos en general

Señores, es un hecho que durante los 2 últimos siglos todos los filósofos eminentes fueron asesinados o estuvieron muy cerca de ello, hasta tal punto que cuando un hombre se llame a sí mismo filósofo y no se haya atentado nunca contra su vida, podemos estar seguros de que no vale nada.

(En Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes)

 

Mario Bunge sobre Heidegger…

Heidegger tiene todo un libro sobre El ser y el tiempo. ¿Y qué dice sobre el ser? "El ser es ello mismo". ¿Qué significa? ¡Nada! Pero la gente como no lo entiende piensa que debe ser algo muy profundo. Vea cómo define el tiempo: "Es la maduración de la temporalidad". ¿Qué significa eso? Las frases de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofacia. Es un desorden típico del esquizofrénico avanzado.

(En entrevista con El País, abril de 2008)

 

Y sobre Freud

Aparte de ese interés material, y de la imposibilidad de hacer una carrera científica por falta de competencia, de originalidad, debe haber influido también el hecho de que Freud era cocainómano, Necesitaba la droga y se daba cuenta de que no podía alcanzar la lucidez sin ella, y eso, a una persona que ha recibido entrenamiento médico –Freud lo tuvo en la Escuela de Medicina de Viena, que junto con las de Berlín y de París eran las más prestigiosas de Europa-- debe haberlo preocupado bastante, quitándole confianza ante la posibilidad de hacer ciencia en serio. Pero además estaba su interés auténtico por los problemas afectivos, la sexualidad, las emociones. A fines del siglo XIX hay en él una auténtica conversión. El hombre abandona totalmente el camino científico y se desbarranca.

(En entrevista con El ojo escéptico, 1995)

 

Nietzsche sobre Sócrates…

Por su origen, Sócrates pertenecía a lo más bajo del pueblo: Sócrates era chusma. Se sabe, e incluso hoy se puede comprobar, lo feo que era.

 

Y sobre Schopenhauer…

Schopenhauer es el último alemán que merece ser tenido en cuenta […] para un psicólogo, es un caso de primer orden: como intento malignamente genial de hacer que luchen, a favor de una desvalorización completa y nihilista de la vida, las instancias opuestas, las grandes autoafirmaciones de la «voluntad de vivir», las formas más exuberantes de la vida. Ha ido interpretando el arte, el heroísmo, el genio, la belleza, la gran compasión, el conocimiento, la voluntad de verdad, y la tragedia, como consecuencias de la «negación», o de la necesidad de negación, de la «voluntad». A excepción del cristianismo, no hay en la historia un fraude psicológico mayor.

 

Y sobre Kant…

ese lisiado conceptual y extraordinariamente deforme que es el gran Kant.

 

Y sobre Platón…

-Lo que, en último término enfrenta a individuos como Tucídides e individuos como Platón es la valentía ante la realidad. Platón es un cobarde frente a ella.

-Platón va más allá. Con una inocencia para la cual se necesita ser griego y no «cristiano», dice que no habría habido filosofía platónica de no haber existido en Atenas jóvenes tan bellos.

-Para que los diálogos de Platón, esa especie de dialéctica horriblemente satisfecha de sí misma y pueril, puedan ejercer un atractivo, es preciso no haber leído nunca a los buenos autores franceses (a Fontenelle, por ejemplo).

-mi desconfianza hacia Platón llega hasta el fondo: le encuentro tan alejado de todos los instintos fundamentales de los helenos, tan moralizado, tan cristiano anticipado.

-Platón es aburrido.

(Todo en El ocaso de los ídolos)

 

Michel Onfray sobre… bueno, sobre todos los implicados en la conceptualización del deseo a lo largo de la historia de la filosofía en Occidente

Platónicos y filósofos alejandrinos, Padres de la Iglesia, curas de todos los géneros y teóricos del Renacimiento, paladines del amor cortés y novelistas de los ciclos de caballería, petrarquistas y trovadores, todos estos idealistas, espiritualistas y demás dualistas profesan una teoría del deseo entendido como falta, dolor y condena. Ésta triunfa hasta en las bufonadas lacanianas, talmúdicas o deconstructivas, dejando tras de sí las huellas de un pensamiento obsesionado por la Ley --y cuyo fin aspiro a ver.

(En Teoría del cuerpo enamorado)

 

También en Pijama Surf:

Por qué los filósofos no son buenos para tener parejas

El arte de tener siempre la razón (y sus desventajas)