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¿Es la risa el lenguaje humano por excelencia?

Salud

Por: pijamasurf - 04/22/2016

La risa es contagiosa, y aporta mucha información para los oyentes acerca de las intenciones y confiabilidad de los extraños

La risa es una forma de comunicación anterior a la palabra, y su importancia evolutiva apenas comienza a ser realmente ponderada. Se trata de un fenómeno eminentemente social, aunque es posible reír a solas; reímos porque algo nos divierte, pero también de manera histérica, cuando no tenemos otro recurso psicológico para enfrentar la dimensión de una tragedia. Reímos para aprobar socialmente al otro o para desaprobarlo, y diferenciar el contexto de la risa es difícil de explicar pero lo hacemos sin pensarlo todos los días.

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences --dirigido por Gregory Bryant de la UCLA-- parece sugerir que la risa indica el grado de familiaridad de los involucrados. La investigación consistió en pedirle a voluntarios que juzgaran el tipo de amistad o relación que tenían algunos extraños y amigos solamente por la manera en que ríen juntos a través de pequeños videos. A pesar de que los ejemplos que juzgaron provienen de sociedades muy distintas (24 para ser exactos), los voluntarios fueron capaces de determinar fácilmente quiénes eran amigos y quiénes no. Esto implica que podemos leer algo

La risa, a diferencia del lenguaje articulado, no pasa por un proceso de aprendizaje lógico: reímos incluso antes de aprender a hablar, probablemente para favorecer la empatía con el grupo y que no nos devoren cuando más indefensos estamos. No aprendemos a reír escuchando risas ni observándolas, puesto que los niños que nacen ciegos y/o sordos de nacimiento también ríen. Su rol primordial parece ser el establecimiento de vínculos afectivos al interior de un grupo; se sabe que el tipo de risa puede marcar la jerarquía de los miembros de un grupo (en el sentido en que un grupo tiene más posibilidades de reírse cuando el miembro de mayor estatus lo haga), lo que sugiere que la risa evolucionó de una forma expresiva espontánea a una estrategia cognitiva para sostener alianzas.

Según Jordan Raine, investigador de las vocalizaciones no verbales en humanos, la risa:

probablemente evolucionó a partir de la respiración fatigosa durante juegos como las cosquillas, lo cual fomentó la cooperación y el comportamiento competitivo entre jóvenes mamíferos. Esta expresión de excitación compartida experimentada a través del juego pudo haber sido efectiva en fortalecer los vínculos positivos, y de hecho se ha demostrado que la risa prolonga la duración de los comportamientos lúdicos tanto en niños como en chimpancés, y que provoca directamente respuestas emocionalmente positivas tanto conscientes como inconscientes en escuchas humanos.

Como se muestra en el trabajo de Bryant, la risa de los amigos es fácilmente diferenciable, en su espontaneidad, por ser más aguda, mientras que la risa "volicional" (digamos, la hipócrita o la que hacemos por compromiso) es menos sonora, es solamente gestual, pues la presentamos a los otros como una forma de cortesía, no como resultado ni refuerzo de una conexión emocional. Sin embargo, el estudio demostró que el juicio de los voluntarios sólo era 11% más acertado que adivinar al azar; esto quiere decir que los extraños también pueden ser capaces de imitar la risa espontánea de los amigos, y que los amigos no siempre se ríen con total apertura y sinceridad. La risa, de cualquier modo, es contagiosa.

La conciencia se parece a una ilusión producida por innumerables fragmentos de percepción

Salud

Por: pijamasurf - 04/22/2016

Avanzando con pequeños desfases imperceptibles, nuestro cerebro se asegura de que siempre tengamos la información necesaria de nuestro medio circundante (aunque nosotros no lo sepamos)

Taumatropo

¿Cómo empezarías a contar tus últimas vacaciones? Probablemente dejarías fuera de tu relato la parte en la que empacas tus cosas, en la que esperas en aeropuertos, en la que se pierde tu reservación, etc., y te concentrarías en las partes más interesantes, como el color del mar, las cosas que comiste o las personas que conociste. Más o menos de esta forma funciona la conciencia.

Una investigación de David Eagleman había postulado que la conciencia opera con un desfase de hasta 80 milisegundos (ms) entre la percepción de un estímulo y la conciencia de tal estímulo, lo que además de una interesante paradoja filosófica (¿dónde está el "presente" si lo que experimentamos como presente en realidad ya terminó?) parece tener eco en un nuevo estudio de psicofísica, una rama de la psicología que mide la relación entre un estímulo externo y su percepción.

Michael Herzog de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) y Frank Scharnowski de la Universidad de Zurich presentaron un modelo de la conciencia según el cual nuestro cerebro procesa los estímulos durante unos 400ms antes de producir una manifestación consciente/sensorial de dicho evento.

"La razón de esto", comenta Herzog, "es que el cerebro quiere darte la información más clara y mejor que sea posible, y esto requiere una cantidad considerable de tiempo. No hay ventaja en hacerte consciente de su procesamiento inconsciente, porque esto sería inmensamente confuso".

El modelo presentado por Herzog y sus colegas parece enfocarse únicamente en las percepciones visuales, de las cuales afirman que el cerebro utiliza los 400ms para obtener información sobre la orientación y el color del objeto y "pegarlo" en el relato sensorial de la experiencia, lo que nos da la sensación de que el tiempo ocurre continuamente; esto no deja de ser similar al modelo "cinematográfico" de Eagleman, según el cual la percepción ocurre en pequeños fragmentos parecidos a fotogramas, cuya continuidad es una ilusión operativa producida por nuestro cerebro.

Una vez que el cerebro ha procesado el estímulo, nos lo presenta en forma de imagen o percepción sensorial durante unos 50ms durante los cuales dejamos de recibir nueva información del ambiente y "sentimos" el resultado del proceso inconsciente. Se trata de un proceso continuo y encadenado con mínimos espacios de desfase, que sirven para admitir nueva información y proyectar los resultados del análisis a la percepción, a esa "imagen mental" en la que se desarrolla nuestra conciencia día a día.

Actualmente se llevan a cabo más exámenes que logren probar si este modelo se sostiene efectivamente en la práctica, aunque por lo pronto es fascinante imaginar que siempre vamos un poco retrasados con respecto a lo que nuestro cerebro ya sabe o ya conoce: como si la conciencia fuera siempre a la zaga de ese saber escondido que se nos vuelve claro y tangible a cada momento.