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Una lectura posible de "North by Northwest", la película de Hitchcock, nos lleva por los laberintos de la identidad y el deseo por el otro

North by Northwest (Alfred Hitchcock, 1959) es una película con un motivo central, hasta cierto punto, muy sencillo: el protagonista, Roger Thornhill, un hombre de mediana edad dedicado a la publicidad en Nueva York, es confundido con un espía y por ello se ve envuelto en una intriga internacional que involucra a más espías, secretos de Estado, inteligencia gubernamental y algunos otros elementos propios de la época y el imaginario de la Guerra Fría.

Slavoj Zizek, sin embargo, ha enseñado que especialmente en las películas de Hitchcock hay más que la mera anécdota. Siguiendo la estela de los cineastas de la nouvelle vague, Zizek descubrió en los filmes del inglés una exposición sutil de la psique humana, como si Hitchcock hubiera llegado por intuición a conceptualizaciones a las que Jacques Lacan arribó por deducción –dos detectives perdidos en la escena del crimen de la mente humana, cada cual armado con su propio método.

En el caso de North by Northwest, uno de los temas psicoanalíticos más interesantes que se encuentran en el filme es, justamente, aquel que se refiere a su motivo central, el cual podríamos reconsiderar a partir de la secuencia en que Thornhill (Cary Grant) arriba a la mansión de Lester Townsend, esto para compararlo con ese proceso de la formación de la identidad en la que el exterior, el mundo en sí, se afana por decirle al sujeto quién es él, le dicta su identidad, aunque paralelamente en el sujeto mismo persiste cierto grado de resistencia a dicha imposición. Todos le dicen a Thornhill que él es el espía George Kaplan y la identidad es tan ambigua, la estructura, paradójicamente, tan rigurosamente flexible (también en el mundo real), que por más que es quien es, Thornhill no puede sacudirse los intentos de los demás por llevarlo al lugar de Kaplan. Hasta que eventualmente cede, en buena medida porque no le queda de otra, porque las circunstancias lo orillan a ello, porque todo parece indicar que él es Kaplan –todo, excepto él mismo.

La farsa de la identidad comienza a quebrarse con el encuentro entre Thornhill y Eve Kendall (Eva Marie Saint). Abordo del tren que llevará al publicista a un nuevo lugar donde le espera la identidad de Kaplan, Eve se enamora de él y teje un encuentro en el que, quizá sin advertirlo, Thornhill se descubre liberado de la obligación de ser Kaplan. De hecho, estas escenas son una primera excepción a su constante afán de justificar ante los demás que él no es Kaplan. Con Ms. Kendall, Thornhill no sólo puede decir su verdadero nombre, sino incluso verbalizar sus verdaderas intenciones: llevársela a la cama. ¿Y qué terreno más indiscutible de la identidad que el del deseo sexual por el otro?

Cabe mencionar, además, que a partir de su ascenso al tren, la importancia para Thornhill de su madre –tan presente en la primera parte de la película– se diluye hasta desaparecer totalmente, opacada por su volcadura hacia Eve. De hecho, respecto a la presencia de la madre, en North by Northwest ocurre una escena casi espejo a otra de Strangers on a Train, también de Hitchcock (1951): en ésta, Bruno Anthony (Robert Walker) se encuentra con el tenista Guy Haines (Farley Granger) también en el carro comedor de un tren; al hablar, Guy señala la peculiar corbata de Bruno, a lo cual él confiesa que la porta porque su madre la tejió, lo cual le avergüenza un poco pero al parecer no lo suficiente como para no traerla, es decir, al mismo tiempo que hace explícito el origen de la prenda, da cuenta de la relevancia que tiene su madre en su vida (y acaso, más que de relevancia, cabría hablar de dominio); en North by Northwest hay un momento en el encuentro en el carro comedor en que Thornhill parece estar a punto de hacer algo muy parecido: cuando enciende el cigarro de Eve con los cerillos marcados con sus iniciales, "ROT", ella le pregunta qué significa la O, pero él responde con una evasiva (y el espectador, posiblemente, sospecha que esa inicial tiene alguna relación con la madre); esta negación (en parte, por causa del reflejo de Strangers on a Train) podría tomarse como un distanciamiento no de la "figura materna", como a veces se dice, sino más bien del deseo de la madre, que no es en modo alguno el deseo del yo, el deseo de Thornhill en este caso.

Y ese es, a mi parecer, el punto nodal del malentendido, es decir, el punto donde confluyen pregunta y respuesta, problema y solución. Thornhill no es Kaplan. “Yo no soy quien dicen ustedes que soy” podría ser la tesis que tanto se afana por demostrar –al menos en la primera parte de la película. Sin embargo, con la irrupción de Eve todo cambia (¿la “Eva” de ese Paraíso donde apenas un instante antes todo carecía de nombre?). O acaso sería mejor decir que el cambio ocurre gracias al enamoramiento de ambos y su comunión sexual. Por un tiempo, por ella, Thornhill parece dispuesto a asumir la identidad de Kaplan y hacer lo que haría un espía. Sólo que esto no es exactamente así, y esa es la trampa del filme.

Thornhill parece asumir la identidad del espía pero lo que en realidad sucede, desde un punto de vista psicoanalítico, es que más bien asume su propia identidad como sujeto deseante. Dicho en lacaniano –ese lenguaje de las paradojas y las redundancias aparentes– su deseo (por Eve) le lleva a asumir que desea algo y a alguien, lo cual lo sitúa en un lugar de su vida subjetiva hasta entonces desconocido: el del inicio de la construcción de su propio yo a través de la realización de su deseo.

 

Una versión de este texto se publicó en ergo.mx

Twitter del autor: @juanpablocahz

10 álbumes para potenciar tu trabajo creativo

Arte

Por: pijamasurf - 04/08/2016

Nada mejor para la creatividad que estímulos inesperados e inquietantes; escucha algunos de estos álbumes y sorpréndete de sus efectos

La creatividad, como varias otras capacidades del cerebro, bien puede compararse a un músculo al menos por una cualidad: el ejercicio hace toda la diferencia. Podemos no hacer nada más allá de nuestra actividad cotidiana con, por ejemplo, nuestros bíceps, y entonces tendremos unos brazos comunes y corrientes; podemos levantar pesas o hacer cierto número de flexiones diariamente y, entonces, nuestros músculos ganarán fuerza y tamaño; o, como en el caso de ciertas circunstancias extraordinarias, podemos no moverlos en muchos días y meses y entonces se atrofiarán y entrarán en un declive del que no será fácil recuperarlos.

Lo mismo con la creatividad. Chuck Jones, el creador de Bugs Bunny y otros famosos personajes de dibujos animados, solía aconsejar a los integrantes de su equipo que leyeran tanto como fuera posible y de todas las materias a las que su curiosidad los llevara. Por eso se explica, en parte, el éxito de dichas caricaturas: si observamos atentamente y con los referentes adecuados para codificarlas, nos daremos cuenta de que personajes, historias y acciones pueden cruzar distintos registros más allá de la mera comedia: hay elementos científicos, literarios, de la Historia y mucho más. Dicho de otra manera, esa también fue su gracia.

En este sentido, una de las formas más efectivas de ejercitar la creatividad es recorrer distintos territorios, trascender la especialización y el encasillamiento y, a cambio, dar rienda suelta al interés, al placer, a la exploración libre.

A manera de propuesta como estímulo creativo, compartimos esta selección de álbumes que encontramos originalmente en el blog del escritor Anthony Alvarado (quien por estos días recién se estrenó con la casa editorial Penguin), la cual retomamos con la traducción de su breve glosa respecto de cada uno. Si tú quieres añadir algo al respecto, cualquier sugerencia que pueda nutrir esta lista será bienvenida. Puedes usar la sección de comentarios de esta nota o encontrarnos en nuestras redes sociales.

Sin más, aquí el top.

 

Radiohead: Amnesiac

Muchas veces, cuando trabajas en algo, en especial al escribir, la música puede usarse como una especie de marco para encontrar una emoción. Todo Radiohead tiene esa vibra Radiohead. Cuando escribía sobre esquizofrenia, paranoia, trampas y realidades subterráneas, escuchaba Amnesiac obsesivamente.

 

John Coltrane: A Love Supreme

Primero que nada, esta es simplemente una de las piezas más bellas e inspiradoras jamás grabadas. Además, es instrumental, por lo que si estás escribiendo, no hay palabras, lo cual podría ser una distracción.

 

 

Alice Coltrane: Translinear Light

Su música es tan exuberante, tan rica e imaginativa. Perfecta para soñar despierto. Dado que esta lista es de álbumes, escogí uno, pero puedes trabajar con cualquiera de sus discos sonando al fondo e inspirarte.

 

Beethoven: 9ª sinfonía

Cuando realmente necesitas un shot de sublimidad, esto es lo indicado. Escucharla realmente alto y con audífonos de calidad me llevó a las lágrimas, y estoy seguro de que no soy la primera persona en tener esa experiencia.

 

 

Tim Hecker: Ravedeath 1972

No escucho mucho a Tim Hecker: sólo para que lave mis oídos. A veces necesitas ese ruido blanco de fondo para concentrarte, y esto de verdad es ruido y de verdad es blanco.

 

 

Darkside: Psychic

Esta grabación es el soundtrack perfecto para seguir hasta tarde en la noche en lo que sea que estés trabajando. Hay letras, pero son vagas, deslavadas. Gran música nocturna para la creatividad.

 

 

Pulsos binaurales

No es una grabación, sino algunos tonos en ciertas frecuencias. Algunos pueden ser inductores de trances… algo muy alucinante e interesante. Recién he comenzado a experimentar con ellos, pero vale la pena mencionarlo. Googleálo.

 

 

DJ Koze: Amygdala

Creo que la razón por la que estas piezas funcionan tan bien como música creativa de fondo es porque las letras están en alemán, así que no distraen pero estimulan la mente.

 

 

The Caretaker: An empty bliss beyond this world

Con un nombre tomado del personaje de Jack Nicholson en El resplandor, esta música es inquietante, suave, nostálgica, y se siente ponderada con la memoria. El tipo tiene un perfil de Bandcamp. Chécalo: thecaretaker.bandcamp.com

 

 

Lil Wayne: Tha Carter III

A veces, mientras trabajas, necesitas música ambient que no se interponga en tu camino. Y a veces necesitas una patada que te levante, te haga seguir y te dé energía. Necesitas beats, energía y actitud. Estos tracks te lo dan.

 

 

Destroyer: Kaputt

Mellow yacht-rock cantado por un tipo recostado en un sofá, también durante las grabaciones, suena más que relajado. No sé por qué demonios funciona, pero funciona. Uno de los mejores álbumes del último par de años. Y a veces quieres seguir trabajando pero a veces quieres relajarte, ¿no?

 

 

Van Morrison: Astral Weeks

Ningún otro álbum captura tan perfectamente la cualidad nebulosa, soñadora y de mañana tierna del lugar al que tenemos que dirigirnos para crear. Hubo un período en mi vida en que escribía un proyecto de largo aliento; en ese entonces, escuchar esto era un ritual matutino de todos los días.

 

 

¿Qué te parece la selección de Anthony Alvarado? ¡No olvides dejarnos tu opinión al respecto en los comentarios!

*Gracias a Daniel Aréchiga (cuyo comentario se encuentra en la sección abajo de esta nota), ahora estos álbumes se encuentran reunidos en una playlist colaborativa dentro de la plataforma Spotify, con el objetivo de que además de los mencionados, otros lectores sumen sus propia selección. Más información al respecto, en este enlace.

 

(Imagen: ilovedoodle)