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Muchos millones de perfiles en Facebook corresponden a personas que ya han muerto y en algún momento éstos superan a los vivos

A la mayoría de nosotros ya nos habrá tocado encontrarnos con el perfil en Facebook de un conocido, familiar o buen amigo que ya no está en este mundo pues quizá pasó, como se dice popularmente, "a mejor vida". Lo curioso es que en suma, estas cuentas que ya no están "respaldadas" por una persona viva suman muchos millones, lo cual justifica considerar a Facebook como una suerte de cementerio digital.

Para 2012 existían ya 30 millones de usuarios fallecidos en Facebook, y de acuerdo con algunos cálculos esa cifra podría haberse más que duplicado para estos momentos (como lo muestra la siguiente gráfica):

Lo curioso es que ante la llegada de otras plataformas sociales en Internet, que tienen la predilección de las nuevas generaciones, habrá un punto en el que inevitablemente habrá más muertos que vivos rondando el vecindario digital que crearon Zuckerberg y compañía.

Aquí, más allá de lo tétrico o intrigante que resulte saber que ya existen millones de perfiles sin vida en Facebook, lo interesante es imaginar cuáles son las implicaciones que este tipo de fenómenos tiene en nuestra relación social y cultural con la muerte. De hecho ya existen servicios, por ejemplo Eterni.me, que ofrecen la posibilidad de mantener con vida tus redes cuando ya estés muerto. Con base en un análisis algorítmico de tus actualizaciones y conductas en las redes, ofrecen mantener tus perfiles actualizándose como si tú mismo lo estuvieras haciendo y así proveerte de una supuesta inmortalidad, al menos digital. 

El bizarro mundo que ha diseñado un programador para hablar con Dios

Para muchos místicos el templo de Salomón y la ciudad de Jerusalén no sólo existen en el espacio físico sino que tienen una contraparte en el cielo y en el alma del ser humano. Curiosamente, estos espacios imaginales hoy en día tienen una clara contraparte con los espacios virtuales. Tal es el caso del sistema operativo TempleOS con el que el programador Terry Davis, siguiendo la voz de Dios, ha tratado de alabar a la divinidad y sellar su alianza.  

Este templo virtual está diseñado en un código que evoca las primeras épocas de las computadoras personales y los viejos juegos de 8 bits, una especie de retroludismo fanáticoreligioso que a la postre resulta estéticamente conmovedor y de alguna manera muy ad hoc para la visión de este programador de 44 años que vive en casa de sus papás.

La decisión de usar este lenguaje, sin embargo, no es arbitraria, según cuenta un perfil de Davis en Motherboard; Dios le dijo que las gráficas 640x480 y 16 colores son su arca de la alianza, algo así como la circuncisión o el arcoíris. Davis ha invertido más de 10 años y 121 mil líneas de código para establecer este mundo low-fi con el que ha creado una interfase con el dios bíblico, particularmente enfatizando la época del éxodo y la salvación del pueblo de Israel. El sistema cuenta con el juego AfterEgypt, en el cual se narran de manera lúdica los sucesos subsecuentes a la liberación del pueblo judío y la peregrinación liderada por Moisés hacia la Tierra Prometida, en la que el pueblo elegido recibe una serie de señales milagrosas. Estos aspectos conducen a la apoteosis en la que el jugador, tomando el papel del profeta ("el Espíritu Santo te hace su marioneta", dice), debe hacer una ofrenda a Dios como antesala de la teofanía de la zarza ardiente y la posibilidad de hablar con el Creador. Davis explica que él constantemente conversa con Dios y que la divinidad se revela en los números aleatorios; así, el juego está lleno de mensajes supuestamente divinos.

Davis sufre de esquizofrenia y dice que antes era ateo, pero previo a construir el templo escuchó la voz de Dios. Su enorme esfuerzo por construir este templo hace pensar en lo que le podría pasar a un personaje dentro de una novela de Philip K. Dick, actos misteriosamente condenados, loops de una inteligencia cósmica cibernética, penitencia, devoción que nos puede parecer disparatada pero que tal vez tiene un recóndito sentido. De alguna manera tal vez todos estemos construyendo con nuestras vidas, mal que bien, un templo, siguiendo un designio ignoto y una insondable redención. Y tal vez de hecho todos vivimos dentro de una simulación diseñada por un programador que para nosotros sería idéntico a la divinidad. En su sistema operativo Davis tiene una leyenda que dice: "Escribe juegos, no los juegues", algo así como la frase de Douglas Rushkoff: "Programa o sé programado".