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Las 22 puertas del castillo-espejo XII: La Fuerza (la carta 11)

Arte

Por: Psicanzuelo - 01/05/2016

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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y cada vez que iba yo al tigre

él estaba en uno de los tronos

o delante de uno de los espejos

peinándose o afeitándose.

Charles Bukowski, “Toca el piano borracho como un instrumento de percusión hasta que los dedos te empiecen a sangrar”

 

Undécimo arcano, una doncella de porte elegante, con un sombrero que nos recuerda al mago, formando un infinito sobre su cabeza, en el último chakra. Abre las fauces de un león con fuerza, pero con una sonrisa en el rostro; realmente no hace mayor esfuerzo.

En el tarot Reading es más evidente la dulzura de la mujer al abrir las fauces, y también es más claro el infinito sobre la cabeza, reforzado por el vestido blanco que nos transmite la blancura.

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La fuerza tiene que ver con la carroza, pero mientras la carroza representa la fuerza exterior, la física, acá es la interna la que se expresa, la que se utiliza. Una fuerza espiritual que se manifiesta para resolver el problema en cuestión del consultante. Podemos entender lo que nos pide la carta como ganar perdiendo; una rendición ante nuestros defectos de carácter. Por ejemplo, si eres alguien escandaloso y te gusta mostrar tu poder alardeando, hay que intentar frenar esa naturaleza reactiva, dejar de hacerlo, y así sostenemos las fauces del león permitiendo que se manifieste la fuerza.  

 

La fuerza y Fellini

La dominación sobre alguien o de alguien sobre nosotros es de lo más humano que podemos experimentar, eso también es la fuerza. Es lo necesario para sobreponerse a lo que se deba sobreponer uno de manera emocional, mental o con la fe. Aunque la fuerza no nos hable de manera física, podemos invocar el cine de Federico Fellini que funciona muy parecido a como funciona la carta, sobre todo pensando en La strada (1954) de manera simbólica.

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Nacido en Rimini, Italia, en 1920, Fellini inicio su vida profesional dibujando en algunos diarios italianos, es esa mente de dibujante y más tarde exitoso guionista, sobre todo pensando en sus colaboraciones con Rossellini. Nunca dejó de imaginar mundos imposibles lejanos del nuestro y la fuerza primordial, la que encontró de alguna manera para trascender un medio tan complicado en estos menesteres y dominarlo como pocos con sus creaciones. Lo que es curioso es que nunca doblegó sus intrincados argumentos a líneas dramáticas previsibles para conseguir los medios económicos necesarios, como otros lo han hecho, siendo también esta una gran habilidad, pero quedando en el camino la ambigüedad, la poesía que los sistemas económicos que controlan las artes no entienden, misma que puede nutrir como alimento adecuado al alma del espectador ávido de experiencias estéticas.

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La strada es una historieta animada por la realidad misma, por personas que simbolizan, donde Zampano (Anthony Quinn) es la fuerza física misma y la dulce Gelsomina (Giulietta Masina) la fuerza espiritual. Se contraponen una con la otra y, como una vela, lo sutil pierde fuerza para apagarse. Así que en esta película, mirándola con mucha imaginación, nos podemos dar cuenta del significado de la carta de forma simbólica, una especie de símbolo sobre símbolo o de contrarios significativos que se contraponen y se anulan en la experiencia estética. En la carta es una mujer delicada, esbelta, con clase, la que toma al león de sus fauces para obligarlo a que abra la boca. Es así como el personaje de Gelsomina obliga a Zampano a acceder al mundo espiritual aunque sea por medio del dolor, a abrir su corazón. Él piensa que rompiendo cadenas, destruyendo y demás es invencible, cuando en realidad es muy débil; la fuerza viene del espíritu de Gelsomina, que finalmente lo abandona.

Es interesante que la carta representa virilidad, y es que hay que poner atención a que las fauces del león se encuentran en la región pélvica de la mujer; si la boca de la bestia fuera una extensión del cuerpo de la dama podríamos estar viendo un significado, sin dejar de lado la tranquilidad, la concentración que lleva la doncella en el rostro.

 

Enfrentar a la bestia

Es que, como lo dice bien Sally Nichols: “Las energías que hasta ahora se habían utilizado para adaptarse al mundo exterior, empezarán a preocuparse más de su crecimiento interno”, un movimiento psíquico que sin duda, como la escritora lo describe, nos lleva de la conciencia de lo masculino a la de lo femenino, al ánima. En este sentido qué mejor manera de redondear el tema que con la simbología dentro del cine de terror del slasher y la heroína con poderes casi psíquicos que la defienden de cualquier amenaza externa, que representa la parte animal de ella misma.

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El alma contra la bestia que por lo general, magnífica, está representada por medio de una mascara, una deformidad, un disfraz que la hace ser eso, lo monstruoso que acecha en la quietud de la noche. Pero existe una película aún más potente para encarnar esta relación que existe en la carta y es La bella y la bestia, dirigida por Jean Cocteau en 1946, una cinta en sí metafísica tanto a simple vista como a profundidad también; la bestia es DOMADA por la bella para poder trascender de la situación mundana a una situación de éxito, de felicidad magnánima, de disfrute y tranquilidad. “Domar” sería una palabra clave para entender la carta, el dominio en un sentido de progreso, de avance.

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Enfrentar a la bestia podría representarse como lo hace de igual manera Apichatpong Weerasethakul en Malestar tropical/Tropical Malady (2004), por medio de un personaje cazador y un feroz tigre que ha devorado ya a varios pobladores de distintas aldeas. Como decía Jung, el peligro más grande sería dar la espalda a la bestia; más bien, como la dama de la carta, hay que meter las manos y someterla como el cazador que utiliza sus relaciones con seres queridos (mentalmente) para acercarse al animal. El animal representa en este caso a la pareja del protagonista; es una metáfora: lo monstruoso puede ser depositado en lo que amamos, como muchos hogares con violencia intrafamiliar comprueban.  

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Como en las antiguas culturas hay que entender que la fuerza se la tenemos que quitar a la bestia (reside en ella), para poder trascender espiritualmente nosotros por medio de esa fuerza primordial.    

 

La fuerza como una potente convicción

Sobre la parte del naipe que refleja valor, convicción, energía, determinación, la podemos observar directamente en la cinta JFK (Oliver Stone, 1991), que narra el camino que toma Jim Garrison (Kevin Costner), fiscal del distrito de Nueva Orleáns, para revelar la verdad sobre el asesinato de John F. Kennedy. Por medio de encarnar a la fuerza con un valor suprahumano, nos puede demostrar que fue más un golpe de estado encubierto que cualquier otra cosa. La manera como articula la realidad Garrison para encontrar la verdad, el esfuerzo de conciencia sabiendo que lo que pierde es un sistema democrático para seguir rigiendo su país es la carta misma, la constituyen las manos de Garrison sobre las fauces del león.  

 

Fuentes

Mayer, H. Cómo predecir el futuro con el tarot.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

http://www.biddytarot.com/tarot-card-meanings/major-arcana/strength/

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: Las 22 puertas del castillo-espejo: XI La Rueda de la Fortuna (la carta 10)

Reseña del documental sobre la banda The National, próximo a estrenarse en México

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La imagen-movimiento ha estado ligada a la música desde sus inicios. En este libro extraordinario, Walter Murch argumenta que Edison se interesó en inventar algo que pudiera captar a los músicos que ya podía grabar gracias a otro invento suyo: el fonógrafo, y así armó esa nueva máquina que se convertiría poco tiempo después en la cámara de cine. Es decir, uno de los primeros rodajes de la historia fue un video musical, como se muestra al final de esta breve compilación. De ahí a nuestros días, el documental musical se ha mantenido como una pieza clave en la historia cultural del mundo.

Escuché a The National por primera vez alrededor de 2007, cuando ya habían sacado Boxer, quizá el disco que los catapultó después de casi 1 década de existencia. A partir de ahí he sido testigo lejano del éxito mundial que han cosechado, y puedo decir que una de mis más finas experiencias escuchando música en vivo fue con ellos, en un concierto al aire libre en Prospect Park, en Brooklyn, en donde viven desde hace 20 años, con Beach House como grupo abridor. 

El grupo está compuesto por cinco integrantes: dos parejas de hermanos y el vocalista, Matt Berninger, que decidió otorgarle al suyo un puesto de trabajo en una gira por Europa y Estados Unidos. Tom, ese hermano incómodo, llevó una cámara de video para hacer un documental de rock, y el resultado fue una película completamente inesperada. Es un milagro que una cinta como The National: No somos extraños haya sido terminada y exhibida al público, además con críticas aduladoras en la prensa del cine independiente gringo y en medios dedicados a la música.

Es la historia de un fracaso o el retrato de un fracasado que alcanza algo parecido a la redención. Porque aunque la banda está ahí constantemente, en la película que Tom logró armar ellos no son los protagonistas, y su música tampoco. El protagonista es él, exhibiendo sus fallas y sus más profundas inseguridades, al lado de un hermano rodeado por la fama y el reconocimiento crítico y popular. No es un documental sobre la banda, y tampoco es un falso documental, pese a que en varias ocasiones a lo largo de la película el espectador se lo pregunta. ¿Estará todo armado? ¿Será una actuación deliberada? En esa incertidumbre radica la belleza de esta obra cómico-existencial, que analiza una crisis de identidad desde adentro, con un sujeto de estudio que está más que dispuesto a ofrecerse para ser estudiado, y, dentro de este esquema, también puede ser vista como un examen de lo que significa ser reconocido, y lo que Tom está dispuesto a hacer para que eso suceda.

El genio de la película está separado de su creador, a quien difícilmente se le podría etiquetar como un “genio”. No lo es. Tom Berninger no podría hacer otra película que no fuera esta, surgida a partir de su afán de protagonismo, de la ayuda de su hermano mayor —eje vital durante la producción de la película— y del arduo proceso de montaje. No somos extraños nació verdaderamente en el proceso de edición, cuando el foco cambió 180º para mostrar a Tom en vez de a Matt y su banda. Carin Besser, la mujer de Matt y coeditora de la película, merece gran parte del crédito. El resultado final hubiera sido imposible sin esos ojos externos, que supieron ver lo que ahora, en retrospectiva, puede parecer evidente. La situación remite al mentado caso del burro que tocó la flauta, y lo hizo como si fuera un maestro. 

“La banda siempre ha lidiado con el lado incómodo y menos halagador del cerebro”, dice Matt en una entrevista. “Románticamente, socialmente, todos los esfuerzos que se requieren para ser un humano en el mundo. La película se siente como una de nuestras canciones”. Y además de ser un finísimo y divertido estudio de un raro individuo y sus peripecias, otro tema seductor de la película es el armado de la película en sí. Al igual que Tom se analiza a él mismo, hay un esfuerzo constante por parte del medio, casi como un efecto incontrolable por parte de los realizadores (Tom y Carin), por cuestionarse y replantearse sin cesar, hasta llegar a ese último estado de corte final que podemos ver terminado. No somos extraños se ve a sí misma en el espejo y se estructura frente a nosotros, y de paso pone de manifiesto las dificultades que implica pretender hacer un documental. Es un ejercicio alucinante.

Se exhibe en la Cineteca Nacional a partir del 15 de enero.

 

Twitter del autor: @jpriveroll