*

X

5 habilidades de personas con inteligencia emocional desarrollada (y cuál es su beneficio)

Por: pijamasurf - 01/12/2016

La revaloración de las emociones como una parte constitutiva del ser humano ha dado lugar al reconocimiento de otro tipo de inteligencia
jean-cocteau-dessins-originaux1924-pour-le-mystc3a8re-de-jean-loiseleur-1925-scan-personnel-du-catalogue-exposition-cocteau-c

Imagen: Jean Cocteau, "Autorretrato" (serie Le mystère de Jean l'oiseleur, 1924)

En años recientes el concepto de “inteligencia emocional” ha ganado popularidad como una forma de dar nombre a ese otro tipo de inteligencia que se dirige hacia las emociones. Como sabemos, históricamente la idea de inteligencia ha estado asociada a la racionalidad y sus derivaciones: el pensamiento lógico, la capacidad de análisis, la habilidad espacial, etc. Las emociones, por el contrario, por mucho tiempo se han considerado como otro componente del ser que parece estar en conflicto con la razón, como si el curso recto de ésta se contaminara por la irrupción del amor, el odio, la ira, la felicidad, la angustia y otras emociones.

Esto, sin embargo, es contradictorio con la naturaleza misma del ser humano y los elementos que nos integran como personas. Querer extirpar nuestras emociones sería como querer vivir sin nuestros pulmones o sin un brazo: sin una parte importante que nos constituye y cuya importancia en nuestra existencia no podemos subestimar (como no menospreciamos la función de nuestro hígado, por ejemplo).

A continuación compartimos cinco rasgos de las personas con una inteligencia emocional desarrollada, presentados de manera tal que exponemos también las posibles implicaciones positivas de cada uno.

 

1. Hablar y escuchar

“Rápidos para escuchar y lentos para hablar”. A manera de adagio, esta parece ser una de las principales cualidades de las personas emocionalmente inteligentes. Escuchar es algo que no muchas personas saben hacer, porque implica reconocer al otro, darle un lugar, considerarlo como un sujeto de cualidades propias, con una cosmovisión distinta a la nuestra —y, con todo, próximo. Para hablar, por otro lado, es necesario tener claridad de nuestro mundo interno, de lo que somos, lo que queremos, lo que nos disgusta, aquello ante lo cual podemos ceder o aquello que nos parece irrenunciable, y también tener en cuenta al otro, intuir qué puede escuchar y qué no, en qué registros se mueve, cuál es su contexto, etc. Escuchar y hablar, en ese sentido, son movimientos dialécticos de la subjetividad, la nuestra y la del otro, que se ponen en juego en el campo del lenguaje.

 

2. Reconocer cuando es momento de retirarse

De acuerdo con la psicología, otro rasgo importante de la inteligencia emocional es darse cuenta del momento o las circunstancias en que es mejor dar un paso atrás, reconocer que estamos equivocados, que cierto procedimiento no nos llevará al resultado esperado, que alguien no puede darnos lo que queremos, etc. Pero no se trata de una retirada derrotista sino, más bien, de una retirada estratégica, por decirlo de alguna manera, una retirada que paralelamente nos sirve para hacer una pausa y observar, escuchar, ponderar mejor la situación y contexto en que nos encontramos.

 

3. Manejo de las emociones

En Occidente existe una tradición antiquísima del “autocontrol” y el dominio de sí. En la filosofía platónica, por ejemplo, se habla de la “sophrosyne”, que en oposición a la “hybris” se refería a la capacidad de moldear el carácter hacia la contención, la templanza y más. Esto, sin embargo, también encontró una forma disciplinaria cercana a la autocensura, la negación de las pasiones y el acotamiento de los impulsos, lo cual deviene en consecuencias poco deseables para el sujeto. Más que al control, sería mejor que la comprensión de nuestras emociones estuviera orientada al otorgamiento de su justo lugar: no es que neguemos que estemos enojado, sino, por el contrario, darnos cuenta de que la ira nos tiene tomados, volverlo consciente y a partir de ese punto deconstruir la emoción para que no nos lleve a un lugar en el que no deseamos estar.

 

4. Sentido del humor

Casi como un dicho popular se dice que el sentido del humor es signo de inteligencia, una afirmación que quizá no puede generalizarse pero que, por otro lado, también podemos corroborar con cierta facilidad con ejemplos reales. Tomarse todo en serio es, en cierta forma, tomarse todo literalmente, no ser capaces de entender que algo puede ser metáfora de otra cosa, que el mundo es un campo abierto con una multiplicidad casi inabarcable de sentidos. El humor aligera, abre, da aire, es como otro rostro nuestro que de pronto puede ser más auténtico que aquel que damos al mundo cotidianamente.

 

5. Aceptar una crítica

Como en la cualidad de la escucha, estar abiertos a la crítica es, por decirlo de alguna manera, estar abiertos al otro, darle un lugar dentro de nuestra vida y nuestras acciones, menos bajo la forma del poder (que puedan opinar, que puedan criticar, etc.) y más bien desde la distancia inherente al otro: el otro es alguien más que entiende el mundo de otra manera.

Al parecer, Instagram se ha convertido en uno de los espacios en donde el cliché se siente más cómodo que nunca

instagram cliche

Es interesante reflexionar sobre hasta qué punto las redes sociales que hoy utilizamos reflejan la actualidad de la mente colectiva, es decir fungen como simple vehículo de algo que ya está, y hasta qué punto influyen en la definición de esa cultura contemporánea –son huevo o son gallina. Por un lado son, en principio, herramientas que pueden utilizarse de diferentes formas, lo cual de hecho ocurre, pero también son plataformas orientadas a incentivar ciertos comportamientos y conductas. En pocas palabras podríamos concluir que la dinámica entre redes y cultura es una de influencia bidireccional, ambas están permanentemente moldeándose de manera mutua.

Lo anterior lo pongo en consideración pues recién encontré un video sobre Instagram que, mediante el montaje de cientos de fotografías extraídas de ahí, pone en evidencia los lugares comunes en los que caemos los usuarios de esta red social. Y esto se ha vuelto algo tan común que al parecer es ya incluso un sello distintivo de esta "comunidad". Desde la clásica selfie capturada contra el espejo, con el dispositivo siempre antecediendo al cuerpo del protagonista, hasta la supuesta sensualidad de la niña que, estando en la tina, retrata sus piernas (y digo supuesta porque es un encuadre que históricamente fue sensual, pero con Instagram tal vez consumió ya su ero-aura).

Screen Shot 2016-01-17 at 9.27.03 PM

Sobra decir que hay muchas formas en las que nos relacionamos con Instagram. Dentro de esta fauna obviamente tenemos una gran masa de personas que se adhirieron a la red para extender el mismo lenguaje que utilizan en Facebook: imágenes de sus encuentros sociales, de sus viajes y de momentos de semipoesía pop que consideran dignos de incluir en la proyección de sus personalidades; tenemos también a los "fotógrafos" que aprovechan la vitrina para materializar sus aspiraciones artísticas o profesionales mientras reciben el aplauso, vía likes, de un público igualmente amateur; están aquellos que optan por la irrelevancia, y que eligen fotos de situaciones u objetos radicalmente simples, casi como inescrutables koans; otros optamos por privilegiar la naturaleza, con imágenes de árboles, nubes y patrones, como si eso implicara un diálogo genuino con los númenes de la natura.

En fin, sin importar la identidad instagramera que hayamos elegido, los lugares comunes terminan por prevalecer. Y esto nos sugiere no sólo la posibilidad de que esta herramienta esté realmente programada para incentivar o predefinir cierto acercamiento y uso, también el hecho de que la generalmente celebrada "hiperconectividad" que nos trajo Internet posee, además de sus bondades tradicionalmente señaladas, una facilidad para construir clichés a una velocidad hasta ahora inédita. Esta propensión a la viralidad, a contagiar mensajes e ideas, hoy se muestra como un alimento inmejorable para la uniformidad y la "predictibilidad" de las personas.   

Acá les comparto un video creado por Hiérophante, titulado Clichés, que condensa en 2 minutos una evidencia de este fenómeno que recién reflexionamos.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis