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El singular encuentro de un escritor italiano y el misterioso conde de Saint Germain, el enigmático y sofisticado adepto que atraviesa la historia

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Si vuestros semejantes conociesen mejor la historia, no se extrañarían de ciertas afirmaciones. En todos los países del mundo, antiquísimos y modernos, vive la firme creencia  de que algunos hombres no han muerto sino que han sido arrebatados, esto es, desaparecen sin que se pueda encontrar su cuerpo. Estos siguen viviendo escondidos y de incógnito o tal vez se han adormecido y pueden despertarse y volver de un momento a otro.

Giovanni Papini, Gog

 

1.

El viaje duró varios días en barco a través del mar Rojo. El escritor descubrió a aquel singular individuo desde que abordaran en Europa. O quizá el conde de Saint Germain intuyó la presencia del primero al inicio, cuando dejaran tierra.

Era de talla mediana, aparentaba tener no más de 50 años de edad. El escritor italiano, por su parte, pasaba ya los 40, con sus gruesos anteojos de fondo de botella y su cabello ensortijado. Sus miradas se encontrarían furtivamente en repetidas ocasiones a lo largo del viaje, sin poder evitar la tentación de conocerse mutuamente. Sin lugar a dudas, Saint Germain habría leído la Historia de la literatura italiana que brindó bastante celebridad e hizo muy conocido a Papini, dedicada al Duce, Benito Mussolini, benefactor de las artes y las letras, como lo nombrara al inicio de su obra, por la cual se le condenaría y perseguiría hasta el cansancio, años después, hacia el final de su vida. Con seguridad leyó también su Historia de Cristo, escrita en su primer período como creador, de un ateísmo declarado y hasta ingenuo. Le habría llamado sobremanera la atención que de aquel ateísmo tan aguerrido, su pensamiento y su espíritu evolucionaran al grado de llevarlo a abrazar de nueva cuenta y con gran fervor el catolicismo romano, la religión con la que fuera bautizado. Un cambio de 180º que no dejaría de asombrar a sus lectores no sólo en Italia y Europa, sino más allá de las fronteras continentales. Un cambio de espíritu que sin duda llegaría hasta los oídos del conde durante su prolongada estancia en la India apartado de los hombres occidentales, de los cuales se encontraba cansado, incluso hastiado.

Giovanni Papini también habría leído y escuchado bastante sobre la activa participación del conde de Saint Germain en las sociedades europeas del siglo XVII. De sus hazañas como violinista, pianista, flautista y compositor musical, también como poeta, alquimista, profesor de arte, ocultismo, astrología y magia en diversas cortes, del mismo modo que como asesor de obispos, papas, príncipes y monarcas. De su presunta y misteriosa longevidad, la cual abarcaba, según contaban las leyendas,  poco más de mil 800 años de edad.

Papini caminaba una noche por la cubierta, admirando a través de las aguas nebulosas las luces de puertos lejanos, de costas distantes y de otros navíos en ruta, cuando el conde se le aproximó amablemente. La conversación entre ambos personajes tan singulares no  tardaría en surgir, debiendo resultar fascinante y espontánea, como un caudal sin freno. El conde de Saint Germain no dejaría tampoco de sentirse con la suficiente confianza y de casi confesarse ante el escritor italiano. Le revelaría que le resultaba ofensivo que los europeos lo creyeran tan viejo como para haber conocido a Cristo y contemplar su crucifixión, pero que por otro lado su existencia sí abarcaba los suficientes siglos como para conocer personalmente a Leonardo da Vinci, a Shakespeare, a Cervantes, y todavía continuar con vida a inicios del siglo XX.

Papini recordó que en varias ocasiones los biógrafos dieron a Saint Germain por muerto, reapareciendo luego en los más distantes lugares: en la corte de los zares rusos, en Viena, Polonia, Transilvania, con sus aristócratas, sea como profesor de música, danzas e idiomas, o como consejero y experto en alquimia y otras artes ocultas. Pero a mediados del siglo XIX se sumergiría en el silencio absoluto, desapareciendo de la vista pública, dándosele por muerto de manera definitiva.

 

2.

300px-Papini2Aunque no se conoce el hecho de que realmente Giovanni Papini hubiera viajado alguna vez a la India, o que incluso saliera siquiera en alguna ocasión de Italia, su mente sí que se habría trasladado a diversas geografías, tiempos históricos y literarios para conocer todos los lugares y personajes que fascinaban y nutrían su imaginación.

Para ello se valió de un personaje igualmente fuera de lo común que él: Gog, un gigante de origen haitiano, de piel morena, inteligencia simple y gran curiosidad, producto de su pluma. Supuestamente, en una de sus variadas estancias hospitalarias y psiquiátricas, debido a su frágil salud, Papini habría conocido a Gog en un centro de internación para débiles mentales y neuróticos del cual él era también paciente. Coincidieron una cálida mañana, mientras ambos tomaban el sol, haciéndose amigos.

Gog le contaría que era dueño de una inmensa fortuna, la cual invirtió durante años en incontables viajes y en contactar con los personajes más inusuales, entre ellos el conde de Saint Germain, pero también a muchos otros, tanto de las artes como de las ciencias y la sociedad: H. G. Whells, Edison, Henry Ford, etc. En su encuentro con Lenin en Moscú, Papini aprovecharía para burlarse del viejo bolchevique sifilítico, sádico y amargado, pintándolo como un conspirador enfermo de poder que igual habría utilizado cualquier religión o la ideología que fuera con tal de hacerse con el control absoluto de Rusia y conseguir asesinar y aprisionar a miles de personas, tal como hizo.

Un buen día, Gog se marcharía de aquel sanatorio sin despedirse, dejando no más que un manuscrito encargado a Papini, donde relataba todas sus inusuales aventuras y viajes.

Los libros de Papini escritos en su madurez, San Agustín, Historia del Diablo, Gog, El libro negro y Los operarios de la viña, desbordan una fortísima inclinación católica y cristiana, amén de infinita belleza y genialidad, además de un anticomunismo encarnizado. Hasta buena parte de su etapa de madurez como creador, Papini gozó de la buena fortuna y del beneplácito de sus lectores católicos y no creyentes, entre los que se encontraban importantes  políticos conservadores y miembros del clero, contando al mismísimo Mussolini dentro de los mismos.

Ocupó en su juventud puestos en grandes bibliotecas, las cuales leyó por completo, presidió instituciones literarias y revistas, e incluso gozó  durante un tiempo de un lugar en la Academia Italiana de la Lengua, obteniendo también una plaza en la Universidad de Roma, aunque no tenía acreditación alguna como profesor universitario, contando tan sólo con una poderosa cultura universal obtenida mediante grandes esfuerzos autodidactas.

Precisamente gracias a su anticomunismo y su cercanía con la religión católica sería orillado a la marginalidad y al olvido en sus últimos años, con el desenlace de las guerras mundiales, la caída de Mussolini y su abierta colaboración con Hitler. Los tiempos históricos le resultaron a Papini cada vez menos favorables. Era lógico que un escritor católico y simpatizante del fascismo como Giovanni Papini terminara sus días enfermo, recluido en un convento franciscano, casi ciego, paralítico e incluso mudo, dictando como podía sus últimos manuscritos a su secretario, quien le alimentaba en la boca y satisfacía su aún inmensa curiosidad bibliográfica leyéndole en voz alta hasta el momento final. Se cuenta que, de joven, Papini juró leer todos los libros escritos en la historia humana.

Sus perseguidores, por más que se empeñaron en hundir en el olvido al viejo y enfermo escritor católico cancelando las ediciones de sus libros y guardando en las polvosas bodegas de las bibliotecas sus magníficos volúmenes, no conseguirían de ningún modo derrotar su pluma. Aunque muriera muy enfermo, olvidado y recluido en aquel monasterio en Roma, sus obras y su escritura serían un magnífico ejemplo de que las grandes manifestaciones del arte consiguen trascender y colocarse por encima de cualquier ideología, bandera e idiosincrasia, perviviendo a través de los siglos, del mismo modo que la personalidad inmortal del conde de Saint Germain.

 

3.

De pronto, el conde de Saint Germain abordó un tema poco tocado, incluso prohibido en los cursos y libros oficiales de historia y literatura occidental: la cuestión de la inmortalidad. Le confesó a Papini ser parte de una muy escasa élite de hombres que no mueren o que tardan mucho más que el común denominador en fallecer, desapareciendo apenas o entrando en trances y letargos durante cientos e incluso miles de años, aguardando el momento oportuno para despertar y reaparecer en el escenario de los hombres, jugando un papel fundamental en su liderazgo y en la historia.

Repentinamente, nos dice Papini, el conde pareció agobiado y mucho más viejo de como se presentó en un inicio. Le dijo al escritor que ya estaba demasiado cansado, que por eso permanecía la mayor parte de su tiempo en Oriente, lejos de Europa y de los hombres occidentales, de quienes estaba harto.

Ambos personajes cayeron en un prolongado silencio y se despidieron apenas dándose la mano. En los siguientes 2 días de viaje, Saint Germain pareció incluso evitar encontrarse de nuevo con el escritor. Cuando el barco hizo escala en Benarés, Papini contempló al enigmático conde de Saint Germain descender por la rampa del vapor. En el puerto lo esperaban ya dos ancianos y barbudos brahmanes. El conde volteó apenas un instante para despedirse del escritor con un gesto veloz de su rostro, desapareciendo luego entre la multitud de la India, custodiado por sus dos acompañantes.

 

 Twitter del autor: @adandeabajo

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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Un alma sin cuerpo es tan inhumana y atroz como un cuerpo sin alma. Por otra parte, lo primero es una rara excepción y lo segundo es lo corriente.

Thomas Mann

 

En su capítulo sobre este triunfo, Sally Nichols inicia diciendo:

El Colgado, con las manos ligadas a su espalda, se siente tan indefenso como el nabo. Se halla totalmente en las manos del Destino. No tiene poder ninguno para dar forma a su vida o controlar su destino. Como una hortaliza, no puede más que esperar que una fuerza externa a él le arranque de la atracción regresiva de la Madre Tierra.

En el aspecto de estancamiento, situación estacionaria, paralización,  podríamos pensar en películas del denominado cine de arte posclásico, con maestros que dominaban la estasis como vehículo estético de ideas de alto calibre. De esta manera iban a la dirección de tiempos internos psicológicos dentro de sus actores; el director sueco Ingmar Bergman es un sólido ejemplo. Su filme en blanco y negro, El silencio (1963), nos plantea a dos hermanas, Anna y Ester, varadas en un enorme hotel. Habría que mencionar que la cinefotografía de Sven Nykvist tiene un gran peso en la obra de este autor y acaban de brindarle sus características metafísicas. En El silencio son esos espacios iluminados y no iluminados los que le dan cabida al colgado.   

Las hermanas son víctimas de procesos internos que se reflejan en un exterior distorsionado, por ejemplo un grupo de enanos que se alojan en algunos cuartos.

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Pero se dice que al revés de lo que pudiera pensarse con respecto a que al enfrentarnos con esta carta nos estamos enfrentando a un estancamiento aleatorio del destino, más bien es una primera conciencia del mago que inicia en los misterios y se da cuenta de que no puede hacer nada contra esa primera magia mas que ponerse completamente inmóvil para romperla, la derrota como un logro tras derrotarse a sí mismo, a su voluntad. Reflexionando en el poder de la meditación que viene de detenerse por completo para después poder actuar, pensemos en los asanas sostenidos del yoga. Un período de transición que habría que aprender a abrazar y no sufrirlo; si no vaciamos, no podemos llenar. Las hermanas se vacían en ese misterioso hotel y esperan el espíritu que desciende lentamente por las ventanas que derraman luz durante toda la película, hasta que esa luz llega a sus cabezas y las ilumina.   

 

La inmolación

La carta XII se asocia también con el auto sacrificio, la inmolación reconocida desde tiempos remotos por figuras divinas como Odín, Mitra y hasta Jesucristo, para después ser un clímax de vidas religiosas como la de todos los santos con su famoso martirio. Podemos entenderlo más cotidianamente con la conciencia del deber por encima de los intereses personales: la renuncia.

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En este sentido nos aproximamos seriamente a una película como Nostalgia (Tarkovski, 1983) que nos presenta a un poeta ruso, Andrei Gorchakov (Oleg Iankovski) que viaja en Italia buscando datos para escribir la biografía de un compositor clásico. En este andar conoce a Domenico (Erland Josephson), el ahorcado; curiosamente al igual que la primera película descrita en este artículo las cosas suceden como punto de partida en otro hotel. El hotel como puerta al infinito, a los balcones de sus ventanas donde se puede colgar el iniciado.

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Es la fe y los actos consecuentemente rituales lo que caracterizan a los héroes de Tarkovski. ¿Cruzar una alberca sin agua con una vela encendida puede resultar un mejor método para salvar a la humanidad que prenderse fuego a sí mismo? Porque lo primero es lo que hace Andrei, el poeta,  y lo segundo es lo que hace el profeta, Domenico. Esa es la gran diferencia entre el acto religioso del místico y el acto creativo del artista, estructurados sobre la misma fe. Esa fe que le brinda la calma al colgado cuando descansa después de haber luchado tanto con su fe para finalmente poder disfrutar la vista desde donde se encuentra, una mirada privilegiada. Esa posición se ha conectado con el número 4, que en sí representa esotéricamente la plenitud, pero también es la posición con la que nace un bebé, sujeto de los tobillos por la mano del doctor que lo saca al mundo.

 

El equilibrista

Papus asociaba la carta del colgado con la letra hebrea Lamed:

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Podemos ver que gráficamente sus formas concuerdan, pero más tienen en común las propiedades de equilibrio que encuentra Papus:

De forma jeroglífica Lamed designa el brazo, y por eso está conectada con cualquier cosa que se estire, que se levante, que se desdoble como un brazo, y se ha convertido en el signo del movimiento expansivo. Se aplica a las ideas de extensión, de ocupación, de posesión.

Asimismo encontraba una relación con las leyes reveladas, que incluyen castigo a quien rompa esas leyes y elevación a quien las comprenda, en la forma del naipe en lectura al consultante.  

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Más claramente Papus habla del héroe suspendido entre dos decisiones: sin que tenga que ver tanto su evolución material (como sucede en la carta del Papa) sino su evolución espiritual, cuelga entre la FATALIDAD y la SABIDURIA. Su posición representa la total sumisión que le debe la humanidad a lo divino, constituye el talento del equilibrista. Un poco por estas razones también se vincula la carta con el signo Libra.       

En un sentido libre podemos asociar estos conceptos con la película Zombie y el tren fantasma (Mika Kaurismaki), donde Zombie vive los preceptos del rock & roll para trascenderlos en un ejercicio espiritual que involucra el equilibrio necesario para no morir durante la transformación.

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Eliphas Lévi nos comenta sobre el encriptado arcano algunas cuestiones de su naturaleza trascendental:

Esta figura representa a un hombre con las manos atadas detrás de la espalda, llevando dos sacos de dinero debajo de los brazos y colgado de un pie a un aparato compuesto de dos troncos de árbol, teniendo cada uno de ellos una raíz de seis ramas cortadas y de un travesaño, que completa la figura de la TAU hebrea, las piernas del paciente están cruzadas, y sus codos forman un triángulo con su cabeza. Ahora bien, el triángulo sobremontado por una cruz, significa en alquimia el fin y la perfección de la gran obra, significación idéntica a la de la letra Tau, que es la ultima del alfabeto sagrado. El ahorcado es, pues, el adepto, ligado por sus compromisos, espiritualizado, con los pies dirigidos hacia el cielo; es también Prometeo, sufriendo con una tortura inmortal la pena de su glorioso vuelo.

Antti es Zombie, sabe emborracharse y tocar el bajo magistralmente; viaja a Estambul, donde durmiendo en la calle despierta su conciencia lejos de sus elementos: la música y la sustancia. De regreso a Helsinki, sus metas son otras, y tienen que ver con metas espirituales: convivir con su padre y recobrar a su novia, para finalmente poder reensamblar su banda de rock. Como en algún momento se percata Antti: “El amor no muere, sólo nos deja. Nosotros somos los que morimos”.

 

La suspensión del tiempo animado

Pareciera que Linklater, el cineasta texano, lleva en mente al arcano del colgado en la mayoría de sus guiones, desde el inicio de su carrera con la suspensión del tiempo de Slacker (1991), pasando por su  ensayo filosófico existencial en rotoscopia, Despertando a la vida (2001), y muy marcado en su adaptación de Philip K. Dick, Una mirada a la oscuridad/A Scanner Darkly (2006).

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La suspensión de lo que estamos acostumbrados en una película de conflictos marcados. ¿No pasa nada? Claro que sí, pero hay que dejar de esperar para que pase, o percatarnos de lo que en realidad sucede en otra frecuencia de lo que esperamos que ocurra. El objetivo es observar, escuchar y, después de mucho meditar, hablar.

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En cuanto a una trama que flota, podemos hablar de la utilización de tableaux vivants en el cine. En principio esta técnica elabora un puente hacia la pintura: la película corre pero los actores se posicionan en el cuadro representando una escena sin moverse mientras dure la toma, de principio a fin. Hay una cinta en la que particularmente podemos cuestionar la técnica en su conexión con el colgado para expresar la fe, la esperanza hacia un ideal elevado cuestionando lo que nos rodea: La vocación suspendida (Raúl Ruiz, 1978), que adapta al cine la novela de Pierre Klossowski. En palabras de Ruiz: “la cinta habla de las distintas corrientes de la Iglesia católica, en realidad reflejando las disputas de la izquierda de finales de los años 70. Una película que hablaba de política por debajo del agua, para no tener problemas”. Curiosamente, según Ruiz, al pasar el tiempo la película cambió y dejó de hablar de la izquierda y hablar literalmente de posturas de la Iglesia que se encontraban. Habiendo establecido una amistad al mismo tiempo que una colaboración artística, Ruiz y Klossowski trabajan juntos un material que se pretendía un documental construido por medio de tableaux vivants. La combinación de ambos no podía dejar de coincidir metafísicamente, y as1979) el siguiente año. o Robado (ivants, la combinaciendcolaboraciiglesia que se encontraban. ios rodeancia de lo que esperamosí nació La hipótesis del cuadro robado  (1979) el siguiente año: “Combinando a Sartre y Nietzsche, reflexiones religiosas, y sobre todo una obsesión gigante por encontrar claves dentro de cuadros de pintura, secretos encerrados; principalmente en cuadros burgueses del sigo XIX”, dijo Ruiz en una entrevista.

Ruiz inicia la colaboración con el maestro Sacha Vierny, encomendándole la misión de reproducir el modelo de iluminación que diseñó “el poeta de la luz” Henri Alekan junto con Jean Cocteau para La bella y la bestia (Cocteau, 1946). Una luz cenital mágica que inunda el blanco y negro contrastado, de texturas ilimitadas; una puerta para el arcano, colgado en cada cuadro en la pared.

 

El hombre atorado

Edgar Allan Poe elabora sobre el arcano de manera oscura, en sus características negativas, sobre todo con “El pozo y el péndulo”, cuento escrito en 1842. Dependencia en lo externo, promesas no cumplidas, derrota en la lucha interior. En el cine ha funcionado muy bien tanto trágicamente como cómicamente esta faceta del arquetipo; pensemos en películas como 127 horas (Danny Boyle, 2010), por ejemplo, esas  tramas que abundan, el tipo que queda físicamente atorado en un acantilado y que tendrá que encontrar la manera para zafarse y salir (aunque sea sin un brazo).

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O cómicamente, por ejemplo, en un clásico hollywoodense de Harold Lloyd, El hombre mosca (Fred Newmeyer,1923). Curiosamente, Lloyd se obsesionó con el gag en las alturas; de alguna manera el arquetipo del colgado lo poseyó por años, y repitió escenas parecidas en cintas como ¡Ay, que me caigo! (Clyde Bruckman,1930), por la resonancia que encontraba en el publico: las salas perdían el control en una carcajada que brotaba directamente del inconsciente colectivo en rituales de domingo, desde el interior de la audiencia. 

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Fuentes

Lévi, E. Dogma y ritual de la Alta Magia.

Mayer. H. Cómo predecir el futuro con el Tarot.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

Papus. El tarot de los bohemios.

http://www.metirta.com/05-el-colgado-arcanos-mayores.php

https://www.youtube.com/watch?v=SxKapvWh1q4

https://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/07/05/el-colgado-%E2%80%93-arcano-xii-%E2%80%93-del-tarot-rider-waite/

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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