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Una meditación etimológico-filosófica del término "Buda" y su relación con la literatura védica

buddha

Muchos lectores seguramente estarán familiarizados con el significado del nombre "Buda", el cual se suele traducir como "el despierto" o "el iluminado". Sin embargo, profundizar un poco en la etimología y en el uso de esta palabra y su raíz en sánscrito, en la época en la que surge el Buda histórico, puede redituar en una comprensión más profunda. Para hacer esto nos apoyamos en Roberto Calasso, el escritor italiano que en su reciente libro Ardor continua su estudio de la literatura védica, de lo cual nos había dado una brillante muestra en su libro Ka, pero que en este último texto se confirma ya como un experto en el fascinante y remoto mundo de los sabios de la India. Recordemos que los hombres que legaron los Vedas no dejaron casi ningún otro registro --no construyeron grandes templos, no documentaron la vida de los reyes-- más que su especulación metafísica y su minuciosa instrucción de los cantos y sacrificios que debían hacerse para acercarse a lo divino. Los textos, se puede decir, son sus templos (los rsis, los hombres divinizados, vieron los himnos en el cielo). Calasso explica que estos misteriosos sabios, a cuya fuente se puede trazar el origen de nuestro pensamiento místico-filosófico, no buscaron el poder, solamente se interesaron por el rapto místico, lo que llama una ebbrezza, una ebriedad divina.

Calasso comprende que la compleja relación entre Buda y los Vedas puede encontrarse en el mismo nombre con el que la historia conocería a Siddartha Gautama. El verbo "budh", que significa "despertar" o "poner atención", es el origen del sustantivo "Buda", "aquel que ha despertado", pero es también un concepto central en la literatura védica, la tradición de la que se desprende el budismo. Debemos enfocarnos en esta idea de despertar más que en el término "iluminación", el cual no parece ser tan preciso. Incluso más allá de la palabra "despertar", Calasso habla de que en los Vedas se hace referencia a una cualidad superlativa del estar despierto, algo que en la versión inglesa de su texto se traduce como"wakefulness".

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. Despertar estaba incrustado en el ritual, en los momentos en los que era más frágil y estaba más expuesto a desmoronarse. Atención profunda (la nuestra a lo que está pasando y la de los dioses en torno a nosotros) es el soporte que el oficiante necesita.

511LbVvPlML._SY344_BO1,204,203,200_Este estado de despertar involucra un estado de conciencia especial que no puede simplemente oponerse al estado de sueño, sino que significa una atención plena, una intensa y serena observación de lo que ocurre y del ser mismo. Se opone en todo caso al estado de automatismo, inercia y distracción que caracteriza comúnmente a la vida moderna. Esta es la gran aportación de los Vedas, que hoy en día conocemos como "mindfulness". Si bien la doctrina de Buda suele concebirse como una ruptura con la tradición, con la aparatosidad de dioses y protocolos ligados al sacrificio y a las complejidades de la liturgia tan característica del brahmanismo, esta observación de la mente, este acto de aguda vigilancia es algo que antecede al florecimiento budista. El traductor Eknath Easwaran observa que los sabios que compusieron los Upanishads fueron los primeros que “miran hacia adentro, descubriendo que los poderes de la naturaleza son sólo una expresión de los todavía más asombrosos poderes de la conciencia”. Buda es la culminación de esta tradición, y es también la ruptura: simplifica los procesos, abandona el exceso teológico y se concentra sólo en la mente, en cómo funciona y en cómo cesar su pathos, su patología y su producción de karma. Calasso continua:

"Los dioses están despiertos": acercarse a los dioses significa estar despierto. No hacer el bien, no satisfacer a los dioses con homenajes y ofrendas. Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva "más divino, más calmado, más ardiente", en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio?... Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto.

Este tapas es el calor de la conciencia, el ardor de la mente que da a luz al mundo. Algunos indiólogos lo han traducido como "penitencia, o ascetismo", pero Calasso, quien no por nada titula a su libro Ardor, lo entiende como "un ejercicio que implica el desarrollo de calor", esto es, una especie de meditación, de la que podemos imaginar que es tan intensa y poderosa que arde; mas no es una mera inflamación del deseo, sino del ser mismo que se focaliza como un rayo en su autorreflexión. Un ardor "que viene antes que el pensamiento", una función mental superior, justamente como la palabra "buddhi", que es traducida como la intuición o el intelecto. Aprendemos que es a través del tapas que Prajapati, el progenitor, crea el mundo: el  mundo como la meditación radiante o el sueño lúcido (despierto) de la divinidad. Porque "la actividad de la cual toda la creación depende tiene lugar sólo en la mente", dice Calasso.

Ahora bien, este ardor al parecer nos alejaría de la calma y la delicadeza con la que hemos imaginado al Buda. Pero podemos pensar en este ardor, en el caso del budismo, como una pasión por la compasión, como un deseo cuyo único objeto es extinguir el deseo. Según dice el Hevajra Tantra: "By passion the world is bound, by passion too it is released" ("Por la pasión el mundo está encadenado, por la pasión también se libera").

Los sabios de los Vedas entendieron que aquello propio de los dioses era el estar despiertos, el cultivar un estado de conciencia constante y con esta imitación quisieron llamarlos, ganar su favor o hacerse como ellos. Nos dice Calasso que el ritual es una imitación de los dioses en el que se decanta el deseo fundamental de los hombres: "lo que los hombres buscan sobre todas las cosas es imitar el proceso por el cual se obtiene la divinidad". Los dioses que aparecen en los Vedas lograron su divinidad sacrificando, es por eso que el sacrificio permea toda la existencia. Incluso la respiración es vista como un sacrificio, un continuo absorber el mundo exterior y un continuo expulsar hacia el mundo exterior, repitiendo el proceso de la energía primordial. El sacrificio se conoce como advhara, "lo ininterrumpido, lo ileso". Se dice que el sacrificio debe de realizarse sin interrupción alguna, porque esta interrupción haría un hueco por donde se podría filtrar una agresión, un enemigo, y esta interrupción, a su vez, sería un desvío de las formas de los dioses. Así incluso los mantras y los cantos se murmuran en voz baja "porque de articularlos con mayor claridad, [el oficiante] se arriesgaría a perder la respiración, que es la vida". Y  el último versos repite el primero para hacer un uróboros sonoro, una membrana circular que circunscribe el espacio ritual. Lo que lo hace divino, es que el sacrificio no tiene principio ni final, "siempre está ocurriendo". 

Practicando este estado de constancia y dedicación incesante, de conciencia despierta, Buda, de manera distinta, observaría el sendero hacia liberarse del mundo, incluso de la mirada de los dioses. En esto quizás existe un movimiento opuesto (Richard Gombrich controversialmente manifiesta que la filosofía del Buda es una sátira de los Vedas), pero no irreconciliable, en tanto a que la liberación o extinción que Buda predicó parece también acallar en aquello que es eterno, suprimiendo todo lo perecedero, disolviendo el yo y conquistando el estado de beatitud impersonal e identidad con la totalidad, el párinirvana. E igualmente requiere de la cultivación de un estado de presencia vigilante, relajada pero en cierto sentido implacable. Los sabios de los Vedas entendieron, a su vez, que había algo más allá de los dioses: "un silencio", "una plenitud", "una felicidad" innominada e ilimitada que se reconoce al disolver el yo; ese estado, el brahman, nos dice el Katha Upanishad, se conquista a través de la conciencia. La senda mística de Buda prescinde de los dioses, del alma individual y del discurso teológico, pero en su aniquilación converge en el mismo mar que es necesariamente la relajación del ser en la totalidad como unidad.  

Recapitulando, sugerimos aquí, a partir de esta raíz común, que la esencia del budismo es el estado de plenitud despierta, de entendimiento dinámico, de observación constante, sin fragmentación entre el proceso mental interno y la acción externa (o entre el sujeto y el objeto), como quien actúa permanentemente dentro del espacio consagrado para un sacrificio (la imagen recurrente en los Brahmanas). Este espacio y este actuar del sacrificante llevado a la vida cotidiana, a todos los actos, incluyendo al sueño, el cual se vuelve una continuidad, un estado de observación sin fractura. Una esencia que puede resultar paradójica (como una "calma ardiente"), pero que justamente nos ofrece la posibilidad de liberarnos de la dualidad y el conflicto inherente entre los términos que se oponen y las diferencias (como puede ser la diferencia entre soñar y despertar, entre samsara y nirvana). Una continuidad lúcida, una conciencia que nunca cesa; siempre, solamente, es.

 

Twitter del autor: @alepholo

Sirviéndose de vacíos legales, la ayahuasca empieza a ser comercializada a gran escala en el mundo: ¿es esta una práctica nefasta o un proceso lógico en el camino al acceso universal a la medicina?

Arte en Burning Man: paisajes psicobucólicos de la ayahuasca (Chakruna divina libélula) (FOTO Kenny Bell)

En los últimos años la ayahuasca se ha ganado una reputación de ser una de las sustancias psicodélicas más potentes del mundo, capaz de brindar experiencias de transformación y sanación --una reputación a todas luces merecida. La consistencia, efectividad y confiabilidad con la que este compuesto provee este tipo de experiencias ha hecho que diversos académicos consideren seriamente estudiar la ayahuasca --en el frente de un renacimiento de la medicina psicodélica--, al mismo tiempo que celebridades como Sting, Lindsay Lohan o la hermana del primer ministro de Francia (por citar algunas de las más llamativas) se deshacen en elogios a favor del yagé. No debe sorprender, entonces, que la popularidad de la ayahuasca se haya convertido también en una oportunidad de negocio. En nuestro mundo es difícil preservar algo verdaderamente valioso sin que la ambición busque cooptarlo y hacerlo servir a intereses personales; como una alquimia a lo inverso, los verdaderos tesoros son transformados en dinero, un pobre trasunto del oro inmaterial que puede significar una medicina como la ayahuasca.

Al Jazeera publica una nota sobre la reciente controversia que ha desatado un emprendedor argentino que se encuentra comercializando la ayahuasca, pese a que la comunidad cofán, en el sur de Colombia, lo ha denunciado por desacralizar y descontextualizar su práctica milenaria. Según Al Jazeera Alberto José Valera es el dueño de la organización Ayahuasca Internacional, una empresa constituida en España, la cual ofrece tours de 150 euros por día que suelen durar 1 semana en la Amazonia colombiana. Varela también organiza sesiones de ayahuasca en diferentes países del mundo, con una afluencia de 4 mil personas al año, según él mismo cuenta a este medio. Su empresa dice ser la red mundial más grande de "ayahuasqueros", cuenta con filiales en diferentes países y amenaza con convertirse en una red multinacional que mezcla indistintamente agresivas estrategias de mercado con mensajes teológicos, lo del César y lo de Dios. 

Varela sostiene tener permiso de una autoridad entre los indígenas cofán, mismos que lo acusan de falsificar los documentos que supuestamente lo demuestran. Autoridades de esta comunidad y numeroso académicos se han unido para redactar un comunicado en el que se denuncia la usurpación de Varela. Anteriormente, dice Al Jazeera, Varela tuvo que cumplir una condena de 14 meses por posesión de 40kg de una de las plantas que contienen DMT, que es usada en la preparación de la ayahuasca.

El caso ha generado una discusión airada entre la comunidad psicodélica, la mayoría de los involucrados ciertamente condenando la visión enteógeno-capitalista de Varela. El argentino argumenta que en su organización "no queremos crear chamanes, sólo queremos curarnos" y enfatiza que "la ayahuasca no les pertenece a ellos [a los cofán], es de toda la humanidad". Su discurso propone una visión reformista de la ayahuasca, en la que se secularice su administración y se haga accesible a todo el mundo. Esto, mientras que al mismo tiempo en sus sitios se habla de visiones místicas y de identidad con la divinidad a través de esta sustancia que es clasificada como un enteógeno (que genera a Dios al interior). La ayahuasca contiene DMT, una molécula que ha sido estudiada por el doctor Rick Strassman, quien la describió cómo la molécula del espíritu por inducir reiteradamente experiencias espirituales en sus usuarios. Strassman también ha teorizado que el DMT se secreta en la glándula pineal y lo ha asociado con el tercer ojo de la anatomía esotérica y con las teofanías de los profetas bíblicos.

[caption id="" align="alignleft" width="420"] http://www.artinmovimento.com/wp-content/uploads/2015/04/alberto-varela-01.jpg[/caption]

Varela afirma en su sitio que "uno de los aspectos más importantes no es quién o dónde se da esta medicina, sino la calidad de la medicina, su procedencia y el hecho de que no tenga ningún otro agregado", de esta manera desestimando la importancia del chamán o curandero que no sólo prepara la bebida combinando dos o más plantas (la liana banisteriopsis caapi, la chacruna u otra planta que contiene DMT, y a veces otras hierbas medicinales o visionarias) sino que oficia una ceremonia con el fin de proteger a los que ingieren la sustancia, entablando una relación armoniosa con el mundo invisible a través de cantos, purificaciones y demás elementos teúrgicos. 

Al Jazeera cita a Brian Anderson, médico de la Universidad de California en San Francisco, quien dice que "la ayahuasca no es peligrosa en términos de toxicidad" pero "debe ser tomada en una situación segura y regulada socialmente por personas que tienen experiencia". Charles Grob, un psiquiatra de UCLA, agrega: "Las personas neófitas al yagé necesitan supervisión. De otra forma son vulnerables a una descompensación psicológica".

Los cofanes dicen que ellos jamás negarían a nadie, blanco o indígena, la medicina, pero que enseñar a curar con la ayahuasca es un don divino que se mantiene en su comunidad y no es algo que puedan o deban externar, así oponiéndose en principio al "outsourcing" de la experiencia ayahuasquera.  

Como argumenta el equipo legal que está encabezando la acción en contra de Varela, el daño que la organización de este emprendedor argentino podría estar generando tiene que ver con que muchas personas están siendo introducidas a este milenario brebaje a través del sitio de Varela u otros similares, que tienen una presencia dominante en la red (Varela, por ejemplo, administra más de 50 páginas de Facebook sobre la ayahuasca). Esto significa que las personas están conociendo una versión particular de la ayahuasca, rebajada, ya que la experiencia psicodélica --como tempranamente detectó Leary con su set and setting-- no puede ser separada del contexto, la cultura, el ambiente y el conocimiento de las personas que la imparten. Igualmente es determinante la intención que se infunde a la experiencia, tanto de aquel que la prueba como de aquel que la otorga. Incluso es posible que muchas personas sean introducidas a este poderoso brebaje vía el comercio electrónico, sin ningún tipo de garantía y cuidado: circulan, ya no sólo en la deep web sino en redes sociales como Facebook, personas que envían a domicilio mezclas de ayahuasca (algunas de una procedencia que se antoja deplorable y a las cuales es mejor no hacer más publicidad).

La discusión más compleja que subyace en esta disputa tiene que ver con el derecho de acceso a la ayahuasca fuera de un contexto chamánico. Me parece que existen muchas más preguntas que respuestas claras o contundentes. En los últimos años se han apilado una serie de estudios que indican que la ayahuasca es una efectiva alternativa para tratar la depresión y las adicciones. ¿Le debemos exigir a un adicto a la heroína que viaje al Amazonas y busque un chamán tradicional para que pueda cortar su dependencia? Una exigencia así parece poco razonable, especialmente cuando uno considera los vicios de la medicina moderna que reemplaza una adicción con otra y poco toma en cuenta los efectos secundarios de los medicamentos y, sobre todo, que sólo ataca los síntomas y no llega a las causas. La ayahuasca en cambio parece ofrecer un tratamiento integral que lidia con las causas psicosomáticas de las enfermedades.  

Una cuestión de fondo me parece que tiene que ver con la comercialización de la salud, con la concepción moderna --y que parece ineludible actualmente-- de la salud como una industria y un negocio. A esto se opone totalmente la concepción de la salud como puede observarse en comunidades indígenas, pero incluso también como era concebida entre los griegos, los chinos y muchas otras culturas. En esas culturas el médico era alguien docto en conocimientos integrales, un sabio, generalmente ligado a la autoridad política o religiosa y era avalado por la comunidad. Se consideraba que su interés por la medicina tenía que estar ligado a la vocación y debía ser éticamente irreprochable. Por eso, generalmente, la comunidad suministraba al médico o al curandero con todo lo que necesitaba. En otras palabras, alguien que busca curar para ganar dinero necesariamente está trastornando los principios de esta noble disciplina. ¿Sería ridículo pedirle a nuestros médicos que aprendan del chamanismo?

Me parece muy probable que la experiencia de la ayahuasca comercial, de la ayahuasca con fines de lucro, debe de estar de alguna manera contaminada, lo cual es alarmante, ya que el gran poder que tiene la ayahuasca para sanar, mal canalizado, también puede reforzar o producir nuevos traumas o taras. Es evidente para cualquiera que haya tomado ayahuasca que el espacio, el grupo y el conocimiento que imbuye el facilitador (o chamán) es vital para que la experiencia sea sanadora y no genere una nueva fragmentación psíquica disfrazada de trascendentalismo mesiánico. Me parece también importante poner en la mesa de discusión la idea de que la calidad y sobre todo la verdad y la integración de las visiones y las experiencias no pueden estar desligadas del trabajo y el desarrollo que la persona que experimenta la planta trae consigo. Estas experiencias, que de alguna manera tienen su gran precursor en los rituales del soma y después en Eleusis, no pueden ser separadas de su origen como ritos y sacrificios --conjeturo que ahí yace su poder, en lo que se da para poder recibir. (La experiencia del inframundo o de la muerte simbólica está embebida arquetípicamente en la experiencia y parece ser indispensable para que opere un cambio profundo, pero igualmente puede ser aterradora y paralizante si no se sabe manejar). No me parece que la ayahuasca, ni ningún otro psicodélico, pueda operar mágicamente y despertar a alguien o incluso sanarlo si esa persona no lo amerita, es decir, si no ha obrado con congruencia: la experiencia espiritual o la sanación son consecuencias de sus actos y de su capacidad de percibir. Como dice Manly. P. Hall, la mayoría de las supuestas visiones místicas que cuentan las personas son solamente los testimonios de las cosas que deben arreglar dramatizadas y ornamentadas por el Maia de la mente. O, como dijera Eliphas Lévi, en el mundo de luz astral o mundo del deseo, cada flor que brilla tiene una serpiente enrollada. Es decir estas son muchas de las más bellas ilusiones que uno puede imaginar, de hecho están hechas a la medida para infatuar nuestra imaginación. Nos seducen hacia la luz, pero también nos engañan.

Sí, ciertamente la ayahuasca nos muestra la divinidad que es todas las cosas, pero sólo como una imagen, como un deseo, como una aspiración, no como una actualidad, no como algo con lo que podamos unirlos permanentemente sólo por tomar un par de vasos. Anuncia la posibilidad de la transformación, del crecimiento, hace ver la enfermedad y los errores pero no arregla todo esto en una contundente dosis de medicina universal automágica. El trabajo es lo importante, durante la sesión, pero sobre todo después de la misma; una experiencia así puede servir de una encantadora motivación, pero si no se tienen los fundamentos para darle continuidad, día a día, difícilmente probará ser más que un precioso espejismo o una buena anécdota para contar y subirnos el ego. Ir en búsqueda de la ayahuasca como quien busca la salvación, la intervención divina, el milagro o cualquier suceso extraordinario, me parece la actitud equivocada. Tomar ayahuasca en un contexto que no promueve la integración y que no respeta una tradición milenaria de armonización con los arquetipos de la psique y con el ecosistema de almas que resuenan con la planta me parece que incrementa las posibilidades de tener experiencias que a la larga fragmentan y extravían aunque en un principio, en el deslumbre de la belleza de los simulacros divinos del DMT o en el discurso mesiánico de algunos facilitadores pueda hacernos creer que nos une con la totalidad del universo en el salto radiante de nuestro kundalini (violentamente) despierto. Dicho eso, este tipo de experiencias pueden ocurrir tanto en la selva como en la ciudad, sólo que evidentemente la tradición, cuando se mantiene, tiene más recursos para lidiar con las mismas. 

Por último me parece importante darle el beneficio de la duda a las comunidades que llevan cientos de años viviendo en simbiosis con esta medicina, al menos porque han demostrado que saben cuidarla y han forjado una relación vital que genera resultados tangibles. Esto es algo de lo que el hombre occidental, con su ambición rapaz y su desconexión con los ritmos y las inteligencias de la naturaleza, difícilmente puede presumir. Así que al menos habría que proceder con cautela e involucrar a las comunidades amazónicas antes de inundar el mundo de ayahuasca y ofrecer la panacea.

 

Twitter del autor: @alepholo