*

X

MCRefugiados: un recorrido por las personas que duermen en los McDonald’s de 24 horas (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/13/2015

Alrededor de 2 mil personas usan los McDonald’s de 24 horas como lugares para dormir por falta de dinero. El fotógrafo Vincent Yu hace un recorrido por algunos de estos sitios para retratar la situación de calle de quienes utilizan dichos establecimientos como refugios

1447317170_653218_1447318045_album_normal

 
la oscuridad del centro como cebra, se traga junto al beso la risa, la palabra, y deja que ella baje al secreto de él, bajo la luz ya ciega del cartel
de un McDonald's en quiebra.
 
Óscar de Pablo, "La belleza" 

 

En octubre pasado una noticia escandalizó a las redes sociales, pues una mujer de entre 50 y 60 años de edad murió dentro de un McDonald’s en Hong Kong y permaneció muerta durante 7 horas sin que los trabajadores o los clientes del lugar se dieran cuenta, hasta que una clienta informó que una mujer yacía desmayada en una de las mesas.

Según el South China Morning Post, se cree que la mujer pasaba las noches regularmente en ese establecimiento, como miles de personas sin hogar que van a dormir a los McDonald’s que abren 24 horas.

Este fenómeno se ha vuelto común en Hong Kong, pues muchos individuos sin hogar acostumbran usar estos lugares como techo para refugiarse. Incluso se ha comenzado a llamar a esta gente “McSleepers” y/o “McRefugees”; algunas organizaciones afirman que al menos 2 mil personas "viven" en dichos sitios.

Esto es lo que ha llevado al fotógrafo Vincent Yu a recorrer y registrar la situación de los muchos individuos sin hogar que tienen que acudir a los McDonald’s para tener un lugar donde dormir.

En Hong Kong hay alrededor de 123 McDonald’s que abren 24 horas y la mayoría de estos sitios son usados como refugios de personas sin hogar. La mayoría de los que duermen ahí son adultos y ancianos (aunque también hay jóvenes) que muchas veces tienen familia, pero que sin embargo no les alcanza el dinero para poder alquilar un lugar para vivir.

Esta triste situación se ha vuelto algo común con lo que los habitantes e incluso los mismos espacios de servicio lidian, aunque aparentemente nadie está haciendo algo por cambiar estas dinámicas.

Con esta magnífica crónica fotográfica, Yu nos muestra de manera cruda la realidad que vive una buena parte de la población en situación de calle en Hong Kong: 

1447317170_653218_1447318038_album_normal
1447317170_653218_1447318039_album_normal

1447317170_653218_1447318044_album_normal

1447317170_653218_1447318045_album_normal

1447317170_653218_1447318046_album_normal

1447317170_653218_1447318047_album_normal

1447317170_653218_1447318049_album_normal

1447317170_653218_1447318051_album_normal

1447317170_653218_1447318052_album_normal

1447317170_653218_1447318053_album_normal

1447317170_653218_1447318054_album_normal

1447317170_653218_1447318056_album_normal

 

[Vía The New York Post y El País

El debate sobre la escuela que tenemos hoy en día no parece estar atravesado ni se ve modificado por las violentas y oscilantes coyunturas políticas que tienen dominado hoy en día a nuestro querido continente. Para bien y para mal
[caption id="attachment_103645" align="aligncenter" width="600"]Antigua escuela Martín Tovar, Venezuela (Imagen: Wikimedia Commons) Antigua escuela Martín Tovar, Venezuela (Imagen: Wikimedia Commons)[/caption]

Venezuela ya no parece un país como los otros; se nos dice todo el tiempo que en su territorio pasan miles de cosas que no pasan en casi ninguna parte y que aquello es una experiencia de otra índole. Visto desde fuera –y tal vez también desde dentro-- todo es raro en Venezuela y muchas de esas rarezas además parecen malas. La revolución bolivariana, en sus ya muy largos 15 años de gobierno, ha alterado todo; ha dejado su fuerte marca en todo; ha modificado la concepción y la manifestación de casi todas las cosas del país. Imagino aún en Venezuela un consenso total en la afirmación de que el país es completamente otra cosa que lo que era hace 10, 15 o 20 o 30 años. Más allá de la valoración de ese quiebre histórico, el quiebre mismo recaba unanimidad.

Sin embargo, el sistema educativo se ha modificado poquísimo o nada. Contrariamente a casi todo lo demás --que para bien o para mal se ha movido dramáticamente, en el sistema educativo venezolano no han quedado impresas las marcas de la revolución.

Yo sé que la percepción de los ciudadanos venezolanos probablemente no sea la misma. El ambiente sobresaturado de propaganda y polución política que reina en Venezuela nos hace creer que todo ha sido impactado y reimpactado permanentemente; para los revolucionarios, para mejor y para la liberación, y para los opositores, para lo contrario. Y es verdad que el chavismo habló y habla de educación y dice y amenaza y orilla a la escuela y las universidades, pero no las ha cambiado. Tal vez ha fortalecido algunas escuelas o universidades en particular que le interesan y debilitado otras que combate, pero esencialmente no las ha atravesado.

Me interesa analizar este fenómeno. No tanto por agregar un nuevo análisis al proceso político venezolano –que no creo que lo esté necesitando a estas alturas, sino por iluminar las características de la institución educativa en un contexto extremo –vamos a decirlo así. ¿Por qué la revolución, que todo lo altera, no alteró la escuela? ¿Por qué un niño en una escuela venezolana de hoy no vive esencialmente otra experiencia que la que vivió su colega hace 15 años en esa misma escuela? Me refiero a otra experiencia pedagógica e institucional; porque yo sé que el contexto social y político general venezolano entra en la escuela y enrarece también sus ambientes, pero me refiero al diseño escolar, a sus prácticas pedagógicas e institucionales; a lo que se aprende o se deja de aprender en las escuelas venezolanas de hoy; a lo que se está formando, informando o deformando allí a los niños.

Pareciera que la revolución, que tiene ideas nuevas para todo y que su núcleo y sentido revolucionario altera el orden simbólico de todo, no tiene ideas nuevas para la escuela. No sabe, no quiere, no puede, no le ha importado o, simplemente, ese es uno de sus límites –de nuevo, para bien o para mal.

Y resulta curioso, porque cuesta imaginar un discurso revolucionario que no tenga una fuerte tesis educativa; es tan unánime hoy en día la vinculación de la educación con el Estado que cuesta creer cómo la revolución, que redefine al Estado, no trabaja en la educación de manera directa y profunda. Sin embargo, no lo hace. ¿Por qué?

Porque se ha cansado de fracasar, es mi tesis. Yo recuerdo bien los ímpetus de Aristóbulo Istúriz en los años 2004-2005 y de algunos otros para contarnos –con alguna prepotencia-- el modelo de escuela bolivariana que detentaban... Sin embargo, la escuela venezolana no se modificó; aquellas ideas y maquetas y millones no hicieron mella. Para bien o para mal, cambiar la escuela es más difícil que cambiar otras instancias o instituciones sociales que a priori podrían parecernos más anquilosadas y resistentes. La escuela es experta en la resistencia. No se deja alterar.

Se le pueden modificar su dieta presupuestaria, su infraestructura, su discurso gremial, sus gramáticas de funcionamiento, algunos de sus rituales, etc., pero su corazón simbólico-pedagógico no cambia. El modelo implícito de dictado de clase y evaluación no ha sufrido ni un magullo después de 15 intensísimos años de revolución bolivariana. La maestra de matemáticas sigue dando su mismita clase de siempre; como el maestro de biología, geografía o lenguaje. No es sólo que no haya modificado sus prácticas, sino que no las ha discutido profundamente siquiera. Para bien o para mal. La escuela venezolana de hoy está recontextualizada política y socialmente por la revolución, pero no ha sido modificada por ella.

Se la pretendió y se la pretende ideologizar mediante la entrada de materiales educativos cargados de intencionalidad política, pero hasta eso también se ha ido diluyendo. Todo se diluye ante la escuela. Para bien o para mal. La escuela no se resiste con armas ni con discursos encendidos ni con programas ómnibus de TV; al contrario, parece dócil y fácil, pero no lo logramos ni los que trabajamos para una escuela nueva ni lo logra la revolución bolivariana. La escuela sabe que salvo que las convicciones nuevas sean al mismo tiempo y de manera perfecta intensas, sostenidas, eficientes, preclaras y seductoras, la inercia del modelo actual se acabará imponiendo. Es sólo cuestión de esperar y –discretamente-- no facilitar demasiado las cosas. En el modelo vigente hoy en la escuela (en la de Venezuela, así como en la de Argentina, México, Brasil, Perú y Chile), todas las piezas son absolutamente solidarias para no dar opción a otra cosa. Libro, profesor, aula, expectativa social, epistemología y currículo están cósmicamente alineados para no dejar espacio ninguno para la innovación, la invención, un desplazamiento, apenas la improvisación --a la que también podríamos llamarla libertad. La configuración simbólica de la escuela es cerrada y muy eficiente. Por eso no necesita de aspavientos para defenderse. Confía en su capacidad de desgastar a cualquier enemigo; incluso, a la plenipotenciaria revolución bolivariana.

Una vez más, la escuela nos demuestra que su modelo hoy en día es atemporal y ubicuo. Ella existe tal como ella es más allá de cualquier circunstancia histórica, por más radical que esta sea. No estamos asistiendo a ese momento en el que el modelo se quiebra. El debate sobre la escuela que tenemos hoy en día no parece estar atravesado ni se ve modificado por las violentas y oscilantes coyunturas políticas que tienen dominado hoy en día a nuestro querido continente. Para bien y para mal.

 

Twitter del autor: @dobertipablo