*

X
La escuela de Pitágoras constituye el gran modelo de una enseñanza filosófica holística, que lo mismo instruye a la mente que al alma o al cuerpo y que responde a preocupaciones que van más allá de las banalidades mundanas; un lugar único en la historia donde alumnos podían iniciarse en los misterios de la armonía universal, pero solamente una vez que demostraban su convicción y compromiso total

Pythagoras-Main

Como ocurre con todo gran personaje, la vida de Pitágoras está envuelta en una neblina mística que viene de la veneración de sus discípulos y posiblemente de la confusión que resulta de tomar literalmante algunos aspectos metafóricos y simbólicos de sus enseñanzas. Se dice que Pitágoras era hijo de Apolo --o que era algún tipo de manifestación avatárica del dios solar de la medicina y la música--, también se menciona que tenía un muslo de oro y que podía escuchar la música de las esferas --algo que quizás debamos de entender como una forma de referirse a su aguda percepción espiritual, capaz de penetrar el velo de la materia y acceder a los mundos sutiles. Además se le atribuyen diferentes poderes extrasensoriales como predecir terremotos, subyugar a los animales con la mirada, recordar sus vidas pasadas o poder contar cualquier serie de objetos de manera exacta con sólo verlos (por ejemplo, todos los peces que había en una red). De cualquier forma, más allá de que cierta corriente histórica lo ha endiosado, no podemos dudar de su grandeza intelectual. Como señala Bertrand Russell, a él le debemos nada menos que "las matemáticas puras... todo el concepto de que existe un mundo eterno que no es revelado a los sentido sino al intelecto". También fue Pitágoras quien acuñó el término filosofía y fue el primero en fundar una escuela para el aprendizaje de la filosofía. Esto último es lo que nos interesa aquí, puesto que el valor, la visión y la misión de esta escuela es un hito fundamental en la historia del pensamiento occidental. Un momento que habría que intentar trasladar a nuestra época en la que se ha perdido la enseñanza (el espíritu) fundamental de la filosofía. Esto es, la filosofía como una forma de vida, que más allá de producir un discurso lógico convincente (retórica, sofística), buscaba encarnar la verdad en todos sus aspectos, sin separación alguna entre la teoría y la práctica, ni entre la religión y la ciencia, ni entre lo divino y lo humano, puesto que la separación es ilusoria y la verdad es siempre unitaria.

 

Screen shot 2015-08-28 at 11.35.24 PM

Estampa conmemorativa de la celebración de los 2500 años de las Escuela de Pitágoras en Samos.

El 20 de agosto de 1955 se celebaron en Samos, Grecia, 2 mil 500 años de la escuela de filosofía que fundara este filósofo. Ese día se llevó a cabo un congreso pitagórico multinacional en la tierra que vio nacer a Pitágoras. Este año hace unos días se habrían celebrado 2 mil 550 años de este acontecimiento seminal en la historia de la filosofía, que lamentablemente ha sido olvidado y que no parece sobrevivir en la forma en la que nuestras universidades enseñan. Ya desde la Grecia antigua, los pitagóricos eran vistos por el grueso de la población y por el poder político como una secta extraña, cuyas prácticas ascéticas --especialmente su renuncia a la riqueza individual-- eran consideradas subversivas. Ante el triunfo del capitalismo y el materialismo, era de esperarse que la visión pitagórica de una fraternidad universal no haya predominado salvo entre pequeños grupos de iniciados y entusiastas  que han entendido, siguiendo a Platón (el pitagórico más ilustre), que la filosofía debe de transformar al individuo que se entrega a ella y que han abrazado a las matemáticas, la música y la astronomía como senderos de iniciación en los misterios y de contemplación del orden universal. Hacemos aquí un intento de rescatar, en términos generales, el método pitagórico e introducir al lector a la filosofía del sabio de Samos. Consideramos que la obra sobre Pitágoras de Thomas Stanley es la mejor fuente para este acercamiento, puesto que es una summa de todos los cronistas de la antigüedad, reunida bajo el criterio erudito de Stanley, el filósofo británico que siendo sólo un adolescente ya se había graduado de Oxford y Cambridge y cuya Historia de la Filosofía es una excelente introducción a la filosofía antigua, sin el filtro revisionista-positivista que caracteriza a muchos académicos posteriores. 

Vida de Pitágoras

Cuenta Jámblico que el oráculo informó al padre de Pitágoras, Mnesarco, que su esposa Patenis estaba embarazada de un niño que sobrepasaría en gloria y belleza a todos los demás. Impresionado por esta profecía, hizo que su esposa cambiara de nombre a Pitasis, en honor de la pitia, la sacerdotisa del oráculo. De ahí el nombre Pitágoras, que encierra ya su divinidad. (En esto Godfrey Higgins, en su Anaclypsis, ve una serie de coincidencias con la vida de Jésus, el hijo de Dios cuyo nacimiento también fue revelado proféticamente, asociado con la divinidad solar igual que Pitágoras).

En consonancia con estos heraldos y la nobleza de su origen, Pitágoras recibió una educación especial y rápidamente agotó lo que podía aprender en Samos, por lo que visitó a Anaximandro y a Tales de Mileto, quien, después de una breve instrucción, le recomendó que visitars Egipto, habiendo visto en él materia para hacerse iniciar en los misterios; y no había otro lugar en ese entonces más indicado que Egipto, la "tierra negra", el lugar de Osiris y de Tot. Por esto quizás no se equivocan quienes ven en Egipto el verdadero origen de la filosofía occidental, o al menos la fuente esotérica que originó a la filosofía. Pitágoras estuvo más de 20 años en Egipto, aprendiendo bajo distintos hierofantes, en Tebas y en Menfis y en otras ilustres ciudades. Antes de ser admitido al addytum, tuvo que someterse a un duro régimen para probar su dignidad; algo que parece haber replicado luego en su escuela en Crotona, donde los candidatos debían probar su valía, su amor a la sabiduría con su disciplina. 

En Egipto se cree que Pitágoras aprendió los misterios de la geometría, entre otras cosas; con los magi de Babilonia, la astrología; se dice también que visitó a los brahmanes, los gimnosofistas, y de ellos aprendió la anatomía del alma y los principios del karma. Esta sed insaciable por la sabiduría hizo que Empédocles reconociera que Pitágoras "llenó su mente de la sabiduría de las edades, como si tuviera 10 o 20 vidas a su disposición". Y quizás no se equivocaba en esto, ya que Pitágoras enseñaba que la sabiduría era reminiscencia --algo que podemos trazar en la frase platónica "aprender es sólo recordar"-- y se creía que recordaba otras vidas, incluyendo haber luchado en Troya bajo la encarnación del héroe Euforbo.  

zpage174

Pitágoras y su esposa y sucesora Theano.

Escuela de Crotona

Después de estos viajes, Pitágoras regreso a Samos, donde vivió algún tiempo en una cueva y donde tomó a sus primeros alumnos. Pero fue en Crotona donde fundó su gran escuela, la cual serviría como modelo lo mismo para las universidades que para las sociedades secretas, haciendo ahí una intersección del ascetismo que podemos observar en los monasterios orientales, la secrecía de los misterios iniciáticos y la instrucción científica o académica que podemos observar en Occidente. 

Pitágoras enseñaba la importancia de la purificación para poder acceder al conocimiento. Consideraba que la sabiduría no podía enraizarse en una mente inquieta o en un cuerpo allegado al vicio, por lo cual era indispensable antes someterse a un proceso ascético para poder después acceder a la doctrina. Se trabajaba evidentemente no sólo los aspectos intelectuales --lógico-racionales-- sino también los aspectos morales, emocionales y se desarrollaba la percepción, el ojo del alma. Esto es algo que en el mundo contemporáneo secular está casi extinto --podemos rastrear sólo algunos esfuerzos, como los de Rudolf Steiner, de impartir lo que podemos llamar una educación integral, o una educación basada en el alma. 

La vida pitagórica requería numerosos sacrificios, siempre moderación y frugalidad. Pitágoras pedía a sus discípulos que no bebieran vino, comieran y durmieran poco, se abstuvieran de la carne y en general de cualquier alimento de difícil digestión. La idea general que se esboza aquí es que sus hábitos estuvieran orientados siempre a no gastar energía en otra cosa que no fuera el estudio de la filosofía y el cultivo de sus facultades. Thomas Stanley dice que Pitágoras "procuraba a sus discípulos una conversación con los dioses en visiones y sueños --lo que no podía ocurrir a un alma perturbada por el placer o la ira, o cualquier otro transporte inadecuado, o con la impureza o la ignorancia". De aquí la importancia del régimen de purificación y por lo que podemos decir que Pitágoras consideraba, como algunos monjes orientales, que el cuerpo es un templo, pero que el valor de ese templo no es el cuerpo mismo sino su función de proveer un vehículo para la liberación y el crecimiento del alma.

La disciplina del silencio

De entre todas las exigencias que se hacían a los candidatos a la escuela de Pitágoras, la más famosa es el precepto que requería que se pasaran 5 años en silencio antes de ser admitidos. Dice Thomas Stanley que los 5 años de silencio eran una prueba de conducta por la cual "el alma podía convertirse en ella misma lejos de las cosas externas, de las pasiones irracionales del cuerpo para asumir su propia vida que es la vida eterna". Sobre esta disciplina del silencio, Clemente de Alejandría explica que "al abstraerse del mundo sensible, el discípulo podía buscar a Dios con una mente pura". Luciano agrega sobre este método que tenía la virtud de producir la reminiscencia. Lo que parece razonable, ya que el silencio parece hacernos olvidar nuestros pensamientos superficiales, para abandonarnos en la profundidad de la mente, accediendo tal vez a capas transpersonales; siguiendo la máxima platónica del conocimiento como recuerdo, podemos decir que el silencio es una ciencia de la reminiscencia, una remini-ciencia.

Stanley precisa que no todos los alumnos eran sometidos a 5 años de silencio, al parecer Pitágoras personalizaba su instrucción y algunos de espíritu naturalmente más tranquilo no tenían que pasar el lustro (a veces 2 años eran suficientes). Una vez que los pupilos cruzaban este umbral de silencio, se les llamaba Mathematici, antes eran Acoustici. "Si no has sido cambiado, estás muerto para mí", era el lema que se aplicaba a aquellos que no lograban superar el período de prueba.

Una vez aceptados, los alumnos podían ver ya al maestro (que antes hablaba a través de una pantalla, como si los alumnos estuvieran todavía dentro de la cueva a la que hace referencia Platón) e iniciaban su instrucción filosófica, cuyo fundamento era la geometría y la aritmética (no es baladí que luego Platón escribiera en la puerta de su Academia que nadie que no supiera geometría podía entrar). Uno de los versos atribuidos a Pitágoras dice: "Habiendo partido de casa, no vuelvas atrás, porque las furias serán tu compañía", una referencia a que una vez iniciado el camino esotérico no hay retorno; el poder de la conciencia y la sabiduría es una responsabilidad, un servicio, una entrega total, una obediencia a las leyes universales cuya desobediencia es duramente penalizada. Por esto el riguroso "casting" que hacía Pitágoras y que las religiones mistéricas tradicionalmente han aplicado. Los alumnos, bajo esta misma lógica, debían guardar un voto de secrecía, como ocurría también en Eleusis,

Los pitagóricos no se alzaban de la cama hasta que habían llamado a su mente las acciones del día anterior. Igualmente antes de dormir meditaban sobre sus acciones del día y se prohibía dormirse sin haber recapitulado. Esto era parte de un constante ejercicio de la memoria, una rendición de cuentas del pasado y un cuidado providencial del futuro. El alumno debía repasar lo que había aprendido en el día, meditar sobre en qué había fallado y suscitar piedad y compasión con todos los seres. Esta misma meditación existe en el taoísmo o en el rosacrucianismo, en donde se considera una preparación --una especie de expiación-- para la muerte. Una vez realizada su meditación matutina, llevaban a cabo una caminata solitaria en la naturaleza, también con el fin de purificarse y sólo después de esto podían integrarse a la comunidad.

download (1)

Un punto en un círculo era un símbolo de dios o de la mónada para los pitágoricos

Matemáticas y la filosofía del número

La importancia toral de las matemáticas tenía que ver no sólo con que acercaban al alumno a una verdad abstracta sino que, como dice Stanley, transformaban la mente, que se beneficiaba "de contemplar incorpóreas cosas eternas". Aquí vemos otra herencia órfica-pitagórica en el pensamiento platónico que llamaba también a concentrarse en aquello inmutable, en dirigir la mente a la contemplación de las Formas y Arquetipos. La idea gnóstica también de que aquel que conoce se convierte en aquello que conoce. Así el alma se separa del cuerpo perecedero y viaja hacia su inmortalidad en la dimensión de lo inteligible.

Pitágoras llamó a su disciplina de abstracción de lo inteligible matemáticas, nos dice Stanley, considerando que toda disciplina mental era reminiscencia y que esta ciencia era provocada directamente por los fenómenos, y no por una opinión, es decir, las matemáticas existían en el mundo y eran intrínsecamente aprehendidas en su perfección.

Enseñan los pitagóricos que el número es la raíz de las cosas divinas, aquello que existe antes que cualquier otra cosa en la mente divina, y de lo cual proceden todas las cosas que son digeridas en el orden (cosmos) y permanecen numeradas por una serie indisoluble. "El universo puede verse como la progresión de la multitud empezando en la Mónada y como una regresión terminando en la Mónada", dice Stanley. La Mónada (la unidad) es "estación y mansión... siempre en la misma condición... la mente, dios, lo hermafrodita, el bien".

La monadología pitagórica considera que la unidad se mantenía en todas las cosas, era principio y causa de todas las cosas; a la unidad regresan todas las cosas. Esta reintegración en el uno o en dios, ocurre a través del 10, la década o el tetraktys. El 10 es "el número del cielo, Atlas, el absoluto, el destino... la naturaleza del número al cual todas las cosas tienden y arriban"... y al arribar regresan a la mónada. Cada número tiene su propia identidad y entre todos ellos son parte de la constelación de los diferentes principios del cosmos, la procesión o del desfile de la unidad en la multiplicidad. El 2, la diada, es el número que comete "la audacia" de separarse, es la raíz de toda ilusión, y se decía que cada vez que se mencionaba el 2, los pitágoricos escupían al suelo, reprobando la ilusión de la fragmentación. El 4 es el fundamento de la estrutura; el 5 el equilibrio; el 7 el número de la vida y la ley; el 8 el amor y el alma, etcétera.

afx9_front

Música y medicina

Dice Stanley que:

La música para los pitagóricos era la composición de los contrarios, la armonía, la unidad de la multiplicidad y el consentimiento entre la diferencia... como dios es el reconciliador de las cosas discordantes. En la música yace el acuerdo entre todas las cosas, la aristocracia del universo. Porque lo que es armonía en el mundo, en una ciudad es un buen gobierno, en una familia templanza.

Y podríamos agregar que, en la mente de un hombre, es paz y claridad.

Pitágoras, el gran heredero de la tradición órfica, utilizó la música para curar y templar el espíritu del hombre. Dice Stanley:

Hizo mixturas de estos tonos llamados diatónico, cromático, enarmónico... y con ellos cambió las pasiones de la mente que habían crecido sin razón y que producían dolor, enojo, sufrimiento, mal de amores, miedo, y todo tipo de deseo, malestares, apetitos, debilidades, e ímpetus --corrigiendo y dirigiendo cada uno de estos hacia la virtud a través de armonías convenientes como si fueran efectivas medicinas.

Este es el verdadero origen de lo que llamamos un "tónico". 

Se dice que cuando sus discípulos dormían, Pitágoras les tocaba una música para endulzar sus sueños y purificar sus mentes y cuando despertaban los liberaba del sopor de la noche y "los espabilaba con las canciones adecuadas, ya sea adaptadas con el laúd o con la voz". Aunque se dice que no tocaba propiamente ningún instrumento sino que llevaba la música por dentro. Es decir imitaba solamente la música más perfecta que escuchaba de la armonía universal, del espacio matemático entre las esferas, del movimiento de los cuerpos celestes, la música inmortal.

Por todo esto Platón dice en La República que la música puede usarse para regular la conducta de los ciudadanos y en general tenemos aquí una fuente de la noción de que el arte y la estética son fundamentalmente herramientas éticas y teúrgicas. Se cuenta que Pitágoras en ocasiones logró evitar crímenes tocando cierta música y que podía curar enfermedades y provocar experiencias místicas con la música, bajo cuyo ligero encantamiento el alma lograba separarse del cuerpo y alzarse al éter eterno.

*          *         *

En un mundo donde la información crece de manera exponencial y nuestra mente está saturada de estímulos desordenados, expuesta a un ruido incesante en el ambiente y en el interior, sin armonía y sin asomo de contacto con lo sagrado ni un método que nos acerque a lo divino, la escuela de Pitágoras parece una utopía, un idilio lejano que evoca un mundo perdido. Un mundo que para algunos será simplemente anecdótico, una excentricidad que no quisiéramos admitir al curso de nuestra tradición; para otros será, sin embargo, un tesoro invaluable que ya no se encuentra en ninguna parte, un momento único en la historia que ofrecía una perspectiva integral del conocimiento. Una cima brillante y secreta que se ha esfumado. ¿A dónde debe voltear hoy en día una persona que busca no sólo estudiar filosofía sino llevar a cabo una vida filosófica? ¿A las universidades que poco a poco están desapareciendo las humanidades y que se manejan como corporaciones? ¿En dónde puede encontrar el reforzamiento de la comunidad, el servicio y la experiencia de los maestros y no sólo el camino individual y la renuncia sin orientación?

 

Twitter del autor: @alepholo

Recuperando la tradición pitágorica-platónica: Cadena Áurea de Filosofía

 

El Tarot nos sugiere que la finalidad de nuestro transcurso en este planeta no es más que la preparación para la propia muerte, renaciendo cada vez en un nuevo ser psíquico

Imagen: www.taroscopes.com

El Padre Nuestro puede tomarse como ejemplo de un problema insoluble. Fue traducido a todos los idiomas, aprendido de memoria, repetido diariamente. Pero la gente no tiene la más ligera idea de lo que realmente significa. Este fracaso en entender su significado, está conectado con nuestra incapacidad general para entender el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es un ejemplo de Arte Objetivo, es decir,el trabajo de la Mente Superior.

Piotr D. Ouspensky, El cuarto camino

 

El Todo es Mente. El Universo es Mental.

El Kybalión

 

1. El perdón y el autoperdón mediante un ajuste interno de cuentas

En una de sus últimas conferencias en Londres, hacia el final de su vida, el psicólogo Piotr Ouspensky explicaba a sus alumnos el significado esotérico del Padre Nuestro. Según sus palabras, tanto el Padre Nuestro como los Evangelios o el Nuevo Testamento eran ejemplos de lo que antiguamente se conocía como arte objetivo. El arte objetivo, o lo que queda de él, es el arte diseñado para transmitir mensajes profundos que conectan a los seres humanos con los misterios del universo. Esta transmisión era realizada mediante símbolos abstractos. Su finalidad por una parte era pedagógica, servía para enseñar y recordar a las personas los valores universales, conectarse con sentimientos profundos provenientes de niveles energéticos superiores. Como ejemplos de arte objetivo, según Ouspensky, tenemos precisamente el Padre Nuestro, el Nuevo Testamento, la esfinge de Egipto, las pirámides y algunas catedrales del mundo. Agregaríamos como ejemplo de arte objetivo también los diseños y significados internos de los arcanos del Tarot.

Hipotéticamente, según las palabras del psicólogo ruso, el arte consciente u objetivo habría sido pensado y practicado por personas pertenecientes al Círculo de la Humanidad Consciente: gente que en algún momento logró evolucionar y dar un vuelco espiritual para renacer, dejando a la posteridad un legado para que otros, los que supiesen escuchar o ver, siguiesen su camino de crecimiento, mediante textos sagrados, ciencia y literatura hermética, monumentos, arquitectura sacra, etc., de la cual quedan ya muy pocos vestigios y con quienes prácticamente hemos perdido casi todo tipo de conexión en nuestros días.

Según Ouspensky, el Padre Nuestro estaría dividido en variadas claves que es necesario fragmentar, codificar y analizar para acceder a su significado profundo:

a.)  “Padre Nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre…”. Esta primera entrada consistiría en dirigir toda la atención hacia el lugar en donde se encuentran las energías más elevadas del universo: hacia el cielo, los astros, el absoluto, el universo como globalidad, de donde provienen los niveles energéticos más puros y finos, con los que los hombres debemos entrar en conexión para florecer internamente.

b.)  “Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el cielo…”. Se hace en ella referencia al lugar en que nos encontramos los simples mortales: la Tierra, un punto muy lejano y distante de las alturas del cosmos, al que no de manera fácil se tendrá acceso desde nuestro planeta, más que mediante un trabajo de purificación interior y un enorme esfuerzo de ascensión. También se habla de la necesidad de conectarse desde donde nos encontramos, en la Tierra, con los niveles superiores de conciencia, los Cielos. Eso implicaría acercar la Tierra con los cielos.

c.)   “Danos hoy nuestro pan de cada día…”. Se refiere al alimento celestial, al maná, que hay que saber solicitar al cielo. Es la cantidad de energía pura o de luz que los hombres requerimos cada día para conectarnos, aunque sea un poco, con niveles elevados de conciencia. Se consigue mediante meditación, arte sagrado, respiraciones purificadoras, actos de recordarse a sí mismo --la oración, precisamente, caminatas sagradas, determinados rituales para limpiarse energéticamente, etcétera.

d.)  “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Aquí aparecería la necesidad de realizar un ajuste interior. Nadie puede perdonar realmente al otro, enseña el cristianismo esotérico,  cada quien debe perdonarse a sí mismo. Para lograr la purificación y el crecimiento espiritual es menester haber saldado las cuentas internamente: perdonarse a sí mismo verdaderamente de todas las fallas, así como perdonar de corazón a quienes nos hayan lastimado. Llegar a un punto en que en el centro del ser se sienta, de una manera muy sincera, que no se le debe nada absolutamente a nadie, ni tampoco nadie nos debe nada.

En este punto entra en escena el arcano número 8 del Tarot: La Justicia, como se le conoce en la mayoría de los Tarots comunes. Este arcano simbolizaría y condensaría precisamente, el proceso íntimo de saldar las cuentas internas y externas, purificando, rompiendo con el pasado histórico del espíritu, liberándolo de las ataduras que le petrifican con sentimientos de culpa, deudas y reproche hacia sí mismo y los demás. Nos invita a llegar a la conclusión de que no debemos nada y tampoco nadie nos debe a nosotros nada.

 

2. El ajuste y la justicia

El arcano número 8 del Tarot (La Justicia) posee variados niveles de interpretación, a la vez muy diferentes pero conectados entre sí. El primero de ellos se refiere a la justicia universal, en donde los intereses de las voluntades individuales de los simples mortales poco tienen que ver con lo que desde el punto de vista de la totalidad del universo resulta justo. La muerte incomprensible de alguien, las guerras, matanzas, pobreza. Sería fácil llegar a la conclusión de que Dios o el universo no son benévolos ni justos.

Hacia el final de la Edad Media, en la época de Martín Lutero, un razonamiento de este tipo llevó a millones de cristianos a cuestionar los dogmas católicos y convertirse al protestantismo, bajo la convicción de que el Dios de la iglesia católica era injusto e incluso despiadado, al permitir la existencia de tantas muertes, pestes, pobreza, injusticia y explotación, metiéndose a una "nueva religión" más racionalista, con la esperanza de encontrar un Dios "más bueno", cayendo en la trampa de una nueva terminología más abstracta pero igualmente plena de dogmas, reglas y ataduras que su predecesora.

Sin embargo, si lográsemos elevar un poco nuestro nivel de comprensión y consiguiésemos ver aunque sea por un instante la justicia desde una perspectiva del universo como un todo, entenderíamos el lugar tan ínfimo en que nos encontramos en el planeta Tierra, desde donde las influencias del “cielo” resultan demasiado indirectas, lejanas e incomprensibles.

Algo que para nuestros pequeños juicios es injusto, desde una perspectiva global y universal es bastante justo, inclusive necesario para que aprendamos y elevemos nuestro nivel de conciencia.

El mago y escritor Aleister Crowley denominó a este mismo arcano El Ajuste, en contraste con como era conocido en tarots tradicionales. El Ajuste tiene que ver con los acomodos que realiza constantemente el universo, por una parte, en donde algo que parece totalmente incomprensible desde una mirada personal e individual, visto desde la perspectiva del todo global, se comprende su finalidad última y su razón de existir, demostrándonos su sabiduría, cuando se entiende la razón de ser de muchas cosas difíciles de asimilar. Si se ajusta algo desde el punto de vista del espíritu, quiere decir que nada en la naturaleza ni en el universo estará jamás desequilibrado o fuera de lugar. Todo lo que sucede tendrá un porqué y una razón para existir dentro del sistema matriz que es el universo.

El Ajuste invita también a irse preparando para la muerte y resurrección espirituales. La paz interna sólo puede ser conseguida mediante la operación de saldar todas las cuentas: las propias y las que se tienen con otros.

Una de las cosas que más roban energía en la vida es la sensación de que Dios, la vida o los otros nos deben algo. La verdadera tranquilidad espiritual no llegará sino hasta que todas esas cuentas pendientes, lo que uno ha hecho y lo que nos deben, quede saldado en nuestro corazón para siempre.

A este arcano le corresponde el número 8. En la numerología tradicional el 8 es el número de la completitud: nada le falta ni le sobra; lo masculino y lo femenino quedan perfectamente equilibrados y los opuestos superan sus diferencias con él. El nivel terrenal y el espiritual se emparejan igualmente con la complementación del doble 4, que suma 8. Todo gracias a la operación de Ajuste Interno, propiciado por el Universo, pero efectuado internamente por las personas que desean evolucionar en consonancia con él y saldan sus cuentas con sigo mismos y con los demás.

 

3. El Eón y la resurrección de los muertos

La palabra eón significa era o gran espacio de tiempo, sin embargo, en el gnosticismo, es la inteligencia eterna emanada de la Divinidad suprema.

Veet Pramad, El tarot terapéutico

 

El arcano número 20 del Tarot, conocido en la mayoría de los tarots más comunes como El Juicio, sufrió muchísimas modificaciones a lo largo de las décadas y los siglos. En realidad esta carta es una correspondencia directa con el libro sobre el apocalipsis de la Biblia, sugiriéndonos su verdadero significado psicológico.

Su energía sigue en armonía con el número 8, del que se habló anteriormente. Nos parece que existe un salto cuántico directo entre el arcano 8 y el 20, que es El Juicio, así como una conexión directa, aunque se encuentren en diferentes niveles energéticos ambos arcanos. El primero implica una doble estabilidad: 4 + 4 = 8. El segundo, una doble muerte: 10 + 10, o X + X = 20. Ambos son números pares. Ambos requerirían realizar un doble ajuste interior y externo a la vez. Al realizar el ajuste interior exigido por La Justicia o El Ajuste, estaremos preparándonos para la serie de muertes espirituales consecutivas que demandarán arcanos posteriores y más poderosos energéticamente: El Ermitaño, El Colgado, La Muerte, El Diablo, La Luna, y principalmente la muerte espiritual y renunciación sobrevenida en el 20 o El Juicio.

El mago Aleister Crowley, al estudiar El Juicio, descubrió que había sufrido demasiadas modificaciones de la energía original con que fue transmitido a los hombres. Por ello, mientras diseñaba en compañía de sus discípulos y colaboradores su Tarot de Toth, decidió cambiarle definitiva y radicalmente el nombre por uno, según él, más apropiado: El Eón.

El doctor Moore, en su viejo Tarot Egipcio, rescatándolo un poco de la multitud de interpretaciones personales y subjetivas que sufrió, sobre todo por los autores del Marsella y del Rider-Waite, asimilándolo más bien al gnosticismo primitivo, cuyos orígenes se hunden en el Egipto más ancestral, denominó a esta carta La resurrección de los muertos. Se dice que antiguamente ese era, de hecho, su nombre originario.

Crowley, por su parte, como hemos mencionado, modificó completamente su título, llamándolo El Eón, más adaptado, según él, al concepto primigenio de los tarots más antiguos.

Eón es el término que refiere a un prolongado lapso de tiempo en que una energía emergió, tuvo su momento de clímax y luego terminó. El universo y la naturaleza se encuentran llenos de este tipo de procesos, que brotan y luego fallecen. La vida del hombre también sufre diversos nacimientos y muertes a lo largo de su peregrinar. El arcano del Tarot de Toth de Crowley vendría a simbolizar el nacimiento y término de muchos procesos y eras internas de cada individuo; su energía simboliza la muerte y el renacimiento de un nuevo ser tras duras pruebas y exámenes espirituales. Esta carta nos indica que la vida en este planeta no es para nada un fin en sí misma, sino sobre todo una escuela a la que venimos a prepararnos y entrenarnos en nuestro paso hacia nuevos planos energéticos y de conciencia. De nuestra capacidad de saber renunciar y morir psíquicamente en varias ocasiones cruciales depende nuestro aprendizaje y lo que logremos conseguir para una existencia futura.

Uno de los más importantes significados posibles para el libro del Apocalipsis desde las cartas del Tarot nos lleva a la necesidad de morir y renacer sucesivamente en variadas ocasiones durante nuestra vida, lo cual poco tiene que ver con el fin del mundo o el final de los tiempos, como anuncian las religiones tremendistas y milenaristas, las cuales aprovechan el miedo y el pánico para captar ovejas y aumentar su rebaño.

Contrariamente, el Tarot nos sugiere que la finalidad de nuestro transcurso en este planeta no es más que la preparación para la propia muerte, renaciendo cada vez en un nuevo ser psíquico, venciendo el miedo e imponiéndosele a los temores.

 

Twitter del autor: @adandeabajo