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4 efectos nefastos de los teléfonos celulares en la realidad contemporánea

Por: pijamasurf - 08/13/2015

La masificación del uso de teléfonos móviles tiene una faceta oscura y bastante nociva; aquí algunas razones

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Generalmente asociamos la tecnología con la evolución de nuestra especie. Y si entendemos evolución como ese cúmulo de adaptaciones o mejoras que nos permiten elevar la calidad de vida que, sin distinción, compartimos, entonces podríamos deducir que la tecnología está ligada a la mejora de las condiciones –ya sea esto a nivel transporte, salud, comunicación u organización, etc. Sin embargo, en muchos casos las herramientas tecnológicas denotan un cierto "doble filo", es decir, ofrecen potenciales beneficios a sus usuarios pero con el tiempo también demuestran posibles consecuencias que terminan por generar un impacto nocivo.

Un buen ejemplo de lo anterior son los teléfonos móviles y su versión "evolucionada", los smartphones. Estos dispositivos influyen de múltiples maneras en nuestros hábitos sociales y nuestra manera de narrar la realidad actual. Pero si bien han abonado significativamente cuestiones como la conectividad, las posibilidades creativas y la eficiencia organizacional, por otro lado han traído a la mesa efectos poco deseables que, además, al haber impregnado nuestra vida cotidiana, en muchas ocasiones ni siquiera hacemos conscientes o, peor aún, simplemente no podemos frenarlos –algo así como el tecnoembrujo sociocultural de los celulares. Como complemento existe la posibilidad de que a nivel físico también conlleven consecuencias que, eventualmente, lamentaremos.  

Antes de proceder a la lista de cinco efectos nefastos de los teléfonos celulares en la realidad contemporánea, también valdría la pena recalcar que las herramientas son, hasta cierto punto, originalmente neutrales. Si bien su diseño o funciones pueden predisponer conductas o formas de relacionarnos con ellas, lo que determina las consecuencias de su uso es precisamente la interacción que tenemos con estas herramientas. En este sentido no se trata de crucificar a los teléfonos celulares, sino de hacer consciente cómo nos relacionamos con ellos y, obviamente, evitar su deificación autómata.

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Debilitamiento de la comunicación p2p

Difícil negar que las tecnologías digitales han por un lado estrechado la comunicación entre personas pero, por otro, debilitado los encuentros físicos y la interacción que ocurre en ese plano. ¿Cuántas reuniones físicas no han sido reemplazadas por intercambios repletos de emojis y frases sintéticas? 

Ondas cancerígenas

Existen numerosos estudios que advierten o por lo menos sugieren la posibilidad de que los teléfonos celulares emitan ondas cancerígenas. De reafirmarse lo anterior, entonces podríamos irnos haciendo a la idea de que básicamente vivimos inmersos en una viscosa red de campos conformados por ondas cancerígenas.

Facilitan el espionaje y la vigilancia

La combinación de movilidad con conexión satelital facilita que quienes tienen acceso a la data que emana de nuestros teléfonos sepan exactamente en dónde estamos y cuáles son nuestras rutinas espaciales. Además, buena parte de nuestra comunicación cotidiana se hace vía los teléfonos móviles, información que también está disponible al mejor postor.

Distracción

Si como advierten algunas tradiciones, el mayor reto para vivir en paz es estar en el presente, en el aquí y ahora, entonces los teléfonos móviles son los enemigos número uno de esta posibilidad. Pero, en todo caso, resulta innegable que son quizá la mayor fuente de distracción que existe hoy en día. De hecho, esto puede ser incluso peligroso si consideramos, por ejemplo, el número de muertes que se han dado en accidentes automovilísticos propiciados por el uso de teléfonos.  

¿Y si el universo hubiera existido desde siempre? Nueva teoría física sugiere un cosmos infinito

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 08/13/2015

Una fascinante teoría física sugiere que el universo existe desde siempre y el Big Bang es sólo una fase de condensación de la materia

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Generalmente cuando pensamos en el Big Bang nuestra mente imagina una gran explosión que originó el universo. Es el punto inicial que nuestra mente conjura como explicación lógica del mundo material en el que habitamos. Sin embargo, una nueva teoría sugiere que el Big Bang no es el principio del universo, sino solamente un estado hiperdenso de alta temperatura en el que colapsó el universo, el cual existe de manera insondable sin un principio y posiblemente sin un final.

Un artículo científico titulado "Cosmology from Quantum Potential", publicado por los físicos Ahmed Farag y Saurya Das, explica de manera elegante las inconsistencias entre la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, respondiendo también al origen de la materia oscura sin tener que recurrir a una singularidad, como popularmente se entiende el Big Bang.

Los físicos utilizaron una variación a la ecuación de Raychaudhuri que describe cómo cambia un volumen de materia en el tiempo, aplicando las llamada variables ocultas de David Bohm a este modelo. Esta modificación elimina la necesidad de una singularidad inicial en el Big Bang, incorporando la idea de Einstein de una constante cosmológica para explicar la elusiva energía oscura. El físico Brian Koberlein escribe:

Su modelo es muy básico, pero los primeros resultados muestran que podría funcionar. Lo esencial es que al eliminar la singularidad, el modelo predice que el universo no tuvo inicio. Existió desde siempre como una especie de potencial cuántico antes de colapsar a un estado caliente y denso que llamamos Big Bang. Desafortunadamente se confunde mucho "no singularidad" con "no Big Bang". 

Koberlein explica que la teoría del Big Bang es sumamente sólida y es la mejor que tenemos para explicar la radiación cósmica de fondo, la expansión del universo y la abundancia de los elementos. Pero habría que desaprender, por así decirlo, a asociarla con un punto singular que originó el universo. El Big Bang que empezó aparentemente hace 13.7 mil millones de años sería solamente la fase creativa de un proceso eterno e infinito, una fase más de un universo sin edad. Es por esto que se habla de un infinito potencial cuántico preexistente al Big Bang, el cual no debe de tener origen sino que simplemente existe. Esta teoría tiene una mayor consistencia con principios filosóficos como los que podemos encontrar en el hinduismo, en el budismo, en la cábala o en la filosofía neoplatónica. El Big Bang, al entenderse como el origen del universo, tiene el enorme problema de tener que explicar cómo algo surgió de la nada, una creación ex nihilo. Esta nueva teoría, al igual que la cosmología antigua, simplemente entiende que el universo existe sin principio ni final, simplemente es, algo que también tiene su dificultad de aprehensión para nuestra mente finita que difícilmente puede concebir esta existencia inconmensurable, pero que, me parece, al menos presenta una solución al más grande enigma que podemos imaginar.  

Nunca hubo un tiempo en el que tú, yo, o alguno de estos reyes no existiéramos, ni en el futuro dejaremos de existir.

Bhagavad-gita

Screen shot 2015-08-24 at 1.34.26 PMResulta estimulante, como un ejercicio de analogía imaginativa, comparar esta descripción de la física de un universo con algunos mitos de creación. Por ejemplo, en el hinduismo se habla de una serie infinita de ciclos de manifestación. Siguiendo la filosofía expuesta por el Bhagavad-gita, el universo poéticamente se concibe como el sueño de Brahma, la deidad identificada con la totalidad del universo. Un día de Brahma es el período de manifestación en el que el universo emerge de lo no manifiesto (lo que podemos llamar el potencial cuántico); una noche de Brahma es la reabsorción del cosmos entero en el Ser Infinito o en la existencia absoluta en su estado no manifiesto. Este estado es  conocido como Avyakta o Prakriti, el estado sutil de la materia que es una especie de vacío seminal --en términos modernos podríamos hablar del punto cero o de la espuma cuántica; en términos platónicos podemos cotejar al espacio, khora, la nodriza del devenir. Se dice que este indefinible Ser Supremo no se ve afectado por toda esta procesión de mundos emanados, existe como el motor inmóvil del cosmos: sin cambio, la fuente de todo cambio; sin causa, la fuente toda causa. A veces se confunde esta cosmovisión con la idea de un dios personalizado, o una trinidad: Brahma (sattva, el principio creativo), Vishnu (rajas, el principio preservador) y Shiva (tamas, el principio de disolución); pero estos tres aspectos no son más que extensiones de una única realidad, útiles para nuestro entendimiento como un lenguaje funcional necesario para la comprensión racional (pero más allá de esto está el silencio y lo místico). Quizás por eso en el esoterismo esta divinidad absoluta --el Uno que reúne y sustenta el Todo-- es concebida como insondable e irrepresentable (definirla es profanarla), lo mejor que se puede hacer es concebirla como el espacio en su eterno silencio o como el vacío en su infinita potencialidad. Así los chinos hablan del Tao; Pitágoras se refiere a Hipócrates, el dios del silencio, como la imagen del Absoluto y en la cábala luriana se habla del Ein Sof, el dios antes de Dios que se retrae para abrir la cancha, por así decirlo, para que se eche andar la maquinaria de la creación, la separación y su posterior reintegración. En términos de la física, para no tener que invocar a una deidad, se puede hablar de la ley, del arquetipo mismo, que existe antes de la manifestación del universo, como el plano de un arquitecto (algo que coincide con la idea de los físicos de que las matemáticas existen independientemente de la mente humana que las descubre).

Puede ser que esté leyendo demasiado en este artículo científico y haciendo una proyección antropomórfica o antropocósmica a una teoría matemática abstracta que no tiene estas implicaciones de origen. Sin embargo, la física se ha convertido en la rama más avanzada de la cosmología y no puede ser completamente disociada de la filosofía (la cosmología y la misma física, recordemos, son desdoblamientos de la filosofía). La idea de encontrar una unidad entre todas las cosas, una analogía que nos permita entender y darle sentido a nuestra existencia (y pertenencia) en un inmenso universo, a la vez que maravillarnos de los enigmas y de la belleza de los grandes procesos cósmicos en los que estamos incrustados, es demasiado seductora para no contemplarla seriamente. Sin embargo, reconozco que no es suficiente sólo sugerir similitudes, se debe seguir indagando desde la especialización y desde lo integral paralelamente. Es posible que lleguemos a un punto en el que la ciencia, la filosofía y la religión puedan reconciliarse bajo una teoría del todo o, como el mismo Trimurti hinduista, sean reconocidas como aspectos de una unidad esencial --del universo que se hace inteligible en la multiplicidad, del absoluto impersonal que toma conciencia a través de la creación, así en el futuro como fue en el principio.

 

Twitter del autor: @alepholo