*

X
El "Compendium Magicae" fue uno de los últimos tomos ocultistas en tratar de instigar a los supersticiosos a tener miedo del infierno y sus manifestaciones mundanas

L0076370 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

Algo tienen las ilustraciones ocultistas que pueden tenernos cautivados por horas. Las bestias fabulosas de estas imágenes son parte del Compendium rarissimum totius Artis Magicae sistematisatae per celeberrimos Artis hujus Magistros, un libro raro de 1775 que es parte del archivo de la Welcome Library.

El volumen contiene 31 acuarelas del Diablo y sus sirvientes diabólicos, y tres páginas de símbolos rituales de lo oculto. Ante la amenaza “NOLI ME TANGERE” (“No me toques”), surgen todos estos seres imaginarios, cuyos actos remiten simbólicamente, y con cierto hálito moralizante, a los seres humanos. Es fascinante observar los patrones en los dibujos. Todos estos seres tan colmados de transgresiones están formados de símbolos “diabólicos” de la conciencia de ese momento del mundo, que se siguen apareciendo aquí y allá en los distintos mitos que tenemos del infierno.

Los genitales casi siempre expuestos. Nacen serpientes y otro tipo de reptiles de las vaginas monstruosas de las quimeras, sale fuego de los penes, las anomalías biológicas (más de dos pechos, tres cabezas…) abundan, y el fuego está en todas partes. También proliferan las patas de cabra –tan arraigadas ya a la figura del Diablo–, así como los cuernos y los gallos negros. Pero hay algo en este compendio que es altamente atractivo no solo porque las bestias inherentemente lo son, sino porque el libro invita a una larga y fascinante lectura de símbolos ocultistas.

El tomo puede verse como uno de los últimos intentos por parte de los hombres de fe de instigar miedo a los supersticiosos. Después de todo salió en la era de la Ilustración, cuando la razón y la ciencia estaban a punto de cambiar el mundo.

 

L0076375 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

L0076376 Illustration of a magic circle ritual.

 

L0076361 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

011xdevilsignvyuhcro98011

 

L0076363 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

012yhvbhk0hjv012

 

008xrtyhgvdemon3cy08

 

003dogdemaonytfdgh3

 

L0076378 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

021fyghbnredimpsvyh

 

L0076381 Illustration of a three-headed creature.

 

L0076371 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

L0076362 Illustration of Beelzebub, MS 1766

 

L0076360 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

L0076369 A compendium about demons and magic. MS 1766.

 

L0076368 Illustration of the Grim Reaper on horseback, MS 1766.

 

015hellvtyuhbnj015

Con motivo de la legalización en todo Estados Unidos de las uniones civiles entre personas del mismo género, Facebook permitió a sus usuarios apoyar la causa con una sencilla herramienta; ¿fue este otro experimento de la red social para examinar nuestro comportamiento en línea?

ZuckerbergPrideEn nuestra época, las redes sociales tienen ya una importancia que quizá sus creadores nunca hubieran esperado. Esto se explica, en parte, por la cantidad masiva de usuarios que todos los días y a todas horas interactúan en dichos espacios, consumiendo y generando contenido, vertiendo sus opiniones, dando like y retweet y, en suma, siguiendo las rutas de comportamiento que las propias redes permiten.

Sin embargo, como sucede con toda comunidad humana, existe también otra zona de conducta en donde puede surgir lo imprevisible o lo que no es sencillo de controlar. A pesar de todo, los seres humanos aún conservamos la capacidad de improvisar, de actuar a contracorriente de lo establecido, de realizar un movimiento inesperado. Eso, en cierta forma, es el fundamento de la creatividad, tan celebrada en nuestros días.

Solo que el mundo no es tan puro como a veces creemos, y aunque es cierto que ser creativo es posible, en el caso de las redes sociales las estructuras también están ahí para manejar dicha fuerza, para manipularla: basta un ajuste en las variables, la introducción de un pequeño cambio, para que el sistema también funcione de otra manera. La pregunta, ahí, es si dicho ajuste es circunstancial o planeado, si orgánico (generado por el propio sistema) o resultado de la intervención de un agente específico.

La idea, por supuesto, tiene un toque paranoico, pero hay por lo menos dos momentos recientes, de conocimiento público, en los que Facebook experimentó con sus usuarios para observar cómo cambiaba su conducta al interior de la red social con respecto a dos circunstancias: las emociones y la política. En general, en ambos casos se trató de ejercicios de observación y aprendizaje, con los que la empresa entendió mejor a sus usuarios o al menos obtuvo un conocimiento más preciso sobre dos escenarios específicos. Hasta ahora, como se sabe, Facebook emplea dicho conocimiento únicamente con fines comerciales, pero sin duda podría ser un motivo de preocupación el poder que la empresa está acumulando cada día y con cada nueva prueba que fácilmente puede poner en marcha.

Este fin de semana, con motivo de la legalización de las uniones civiles entre personas del mismo sexo en Estados Unidos, Facebook implementó la herramienta “Let's Celebrate Pride”, la cual sobrepone los colores del arcoíris a la imagen de perfil vigente del usuario. Como sabemos, dicha gama está asociada con los movimientos LGBTTTI desde hace ya varias décadas, por lo que realizar el pequeño cambio permitido por Facebook era, de alguna manera, apoyar no solo la decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos sino, en general, la reivindicación de los derechos de dicha comunidad.

whitehouse_new

De acuerdo con William Nevius, vocero de la compañía, bastaron un par de horas para que 1 millón de personas cambiaran su imagen de perfil con la herramienta, una tendencia que se mantuvo creciente conforme el fin de semana transcurría y el uso de dicha función se divulgaba. La viralización es un comportamiento natural de las redes sociales y, como vemos por este suceso, no solo de contenido, sino también de conductas.

Por los antecedentes mencionados, es lícito sospechar de Facebook. Quizá, en efecto, su empresa comulga con el progresismo de las instituciones públicas de Estados Unidos. Pero la otra posibilidad no puede descartarse, que esta haya sido otra oportunidad aprovechada por la empresa para observar a sus usuarios y obtener conocimiento de ello.

Este fin de semana, en The Atlantic, J. Nathan Matias escribió al respecto de esta que podría considerarse una especulación o una anticipación. Entre otros argumentos, Matias escribe sobre todo desde la noción del “slacktivism”, esa forma peculiar del activismo político que en español podría traducirse como “activismo de sofá”. En buena medida por causa de Internet, en esta época ciertas formas de la acción política se limitan al mundo virtual, y no son pocas las personas que se conforman o se sienten satisfechas con dar share a la nota sobre un suceso lamentable o firmar una petición en línea. Esto, por supuesto, genera cierto impacto social, pero en términos generales menor en comparación con el intercambio cara a cara, la organización presencial o la protesta en los espacios públicos. La Primavera Árabe, por ejemplo, no se explica sin el uso que parte de la población dio a las redes sociales, pero de cualquier modo el movimiento definitivo se dio en las movilizaciones, las acampadas y las protestas públicas.

¿Es posible pasar del activismo en línea al activismo en las calles? ¿En qué condiciones? ¿Qué impide dicho tránsito? Si ocurre, ¿hay elementos que pueden predecirlo y quizá incluso incentivarlo o propiciarlo?

En el artículo citado, Matias propone que ese podría ser uno de los motivos de Facebook para lanzar su campaña “Let's Celebrate Pride”. Al recurrir a una investigación de Doug McAdam, sociólogo de Stanford, sobre una serie de protestas en Mississippi a favor de los derechos civiles de la población afroamericana, Matias examina el hecho de que un movimiento social se fortalece casi espontáneamente conforme se tejen más redes de amistad entre los participantes; dicho de otro modo: una persona puede decidirse por participar en una protesta si ve que muchos de sus amigos están involucrados o se suman paulatinamente. 

ecc381678

La hipótesis es interesante y también un tanto perturbadora. En su cariz interesante se manifiesta un enigma de la participación social común en situaciones como esta: ¿una persona se convence de cierta idea porque su círculo ya la comparte o, por otro lado, esa persona ya estaba potencialmente inclinada por la misma?

Del lado perturbador, no resulta tan difícil imaginar un escenario un tanto distópico en el que con un ligero cambio en su algoritmo, Facebook es capaz de suscitar un movimiento social de envergadura, acaso con un fin específico como derrocar un gobierno o impulsar determinada legislación.

Alguna vez, justo en tiempos de la Primavera Árabe, surgió la paráfrasis de un motto ya conocido que aseguraba que la revolución no sería tweeteada. Esto quizá sea impreciso. Quizá no la revolución, pero sí alguna protesta de nuestro futuro inmediato nacerá en las redes sociales, con la salvedad de que su verdadero origen se encontrará posiblemente en una oficina común y corriente en California.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz