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En una encuesta masiva, los usuarios de psicodélicos no reportaron haber tenido padecimientos mentales ni intentos de suicidio a lo largo de su vida
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Foto: http://www.spectator.co.uk/features/123443/psychedelic-revival/

 

Todos hemos escuchado alguna variante de aquel mito que liga a los psicodélicos con la psicosis. Después de todo (nos dice la ignorancia a través del sentido común) ambas palabras comienzan con "psico". La falta de marco regulador hace que el público desinformado confunda peligrosos híbridos sintéticos como Spice con sustancias peligrosas pero curativas si se usan correctamente, como la psilocibina, el THC, el LSD y la cannabis. 

Los estudios sobre psicodélicos como fuentes de salud y medicinas para padecimientos específicos (además del uso recreativo) están detenidos en una maraña legal desde el siglo pasado, así que los investigadores que quieren conocer sus propiedades curativas deben recurrir a testimonios compilados, como los de la Encuesta Nacional de Uso de Drogas y Salud de Estados Unidos. Dicha encuesta conforma una de las bases de datos más grandes e informadas de su tipo, además de actualizarse constantemente.

Un grupo de investigadores de la Universidad de la Ciencia en Noruega rastreó el vínculo entre 135 mil usuarios de diferentes sustancias y una gran variedad de enfermedades mentales como esquizofrenia, psicosis, depresión, desórdenes de ansiedad e intentos de suicidio.

Solo 14% de quienes respondieron la encuesta había utilizado a lo largo de su vida alguno de los tres psicodélicos clásicos, LSD, hongos mágicos o peyote. Analizando su historia clínica, se determinó que este 14% no presentaba riesgo de desarrollar ninguno de los 11 indicadores clave de padecimientos mentales.

Dicho estudio abarcaba hasta 2011. El año siguiente se realizó una investigación similar en la Universidad de Alabama con datos de 2008 a 2012, confirmando que no existe relación entre usuarios frecuentes o casuales de psicodélicos y enfermedades mentales, al menos desde los datos estadísticos. 

Sin embargo, este segundo estudio presenta una noticia aún más interesante: cuando los investigadores analizaron la historia clínica de los usuarios de psicodélicos, encontraron que nunca habían reportado intentos o pensamientos suicidas. Si los enteógenos fuesen utilizados mediante guías especializados o simplemente con un poco de respeto, descubriríamos que el único velo que reviste la realidad es nuestro propio temor al miedo mismo.

Las cosas pueden mejorar con un ácido (o así sucedió en este concierto de Leonard Cohen)

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 06/15/2015

Los psicodélicos tienen la virtud de proveer experiencias edificantes, de transformar la realidad subjetiva, y ese fue el efecto durante una presentación de Leonard Cohen que estuvo a punto de naufragar
[caption id="attachment_97741" align="aligncenter" width="568"]lc Imagen: Rama (Wikimedia Commons)[/caption]

Las sustancias psicoactivas pueden tener malos resultados pero en algunas ocasiones son capaces de expandir la conciencia y revelarnos los entresijos del mundo, correr la cortina, romper la normalidad para mirar el otro lado del espejo.

En 1972, Leonard Cohen se encontraba en Jerusalén, en el estadio Yad Eliyahu Sports Palace, para cerrar su gira mundial de aquel año. Entre las primeras canciones programadas aquella noche se encontraba “Bird on a Wire”, que al parecer gozaba de enorme aprecio entre el público asistente, el cual comenzó a aplaudir apenas Cohen pronunció las tres palabras de inicio.

 

La reacción del público irritó profundamente al cantautor, quien en vez de continuar tomó el micrófono para hacer esta petición:

De veras, de veras disfruto mucho que ustedes reconozcan la canción, pero… estoy lo suficientemente asustado de estar aquí, y pienso que algo está mal cada vez que ustedes comienzan a aplaudir. Así que si reconocen la canción, ¿podrían solamente agitar sus manos? De verdad me gustaría verlos a todos ustedes agitando sus manos si reconocen la canción.

Espero que me apoyen. Estas canciones son una especie de, eh… son meditaciones para mí, ustedes saben, simplemente no me entusiasmo con ellas, y siento que los estoy engañando, así que lo intentaré de nuevo, ¿está bien? Y si no funciona, me detendré a la mitad. No hay razón por la que debamos mutilar una canción solo para guardar las apariencias, pero aquí vamos.

Irónicamente, la petición de Cohen despertó aún más aplausos, por lo que este tuvo que volver a intervenir, aprovechando que se encontraba en Jerusalén para invocar la autoridad de la cábala, asegurando que en el Antiguo Testamento podía leerse que no fue sino hasta que Adán y Eva se miraron cara a cara que Dios pudo sentarse en su trono. “Mi parte masculina y femenina se rehúsan a encontrarse esta noche, y Dios no se sienta en su trono”, dijo Cohen, intentando dar palabras a la incomodidad que sentía. Después de esto, anunció que dejaría el escenario para reflexionar en su vestidor si podría continuar.

Una vez tras bambalinas y después de varias discusiones con los promotores, Cohen pensó de pronto que necesitaba rasurarse. Fue hasta el estuche de su guitarra y después de encontrar su navaja, hurgó más y encontró un papel de LSD. Se giró hacia su banda y les preguntó si querían un poco. "¿Por qué no?", respondieron. Entonces Cohen tomó el papel, lo partió y se lo dio a sus músicos ―después de todo, se encontraba en Jerusalén. Para finalizar, Cohen se fumó un cigarro y, entonces sí, consideró que estaba apto para volver al escenario.

Mientras cantaba, Cohen recuerda que el LSD comenzó a hacerse presente bajo la forma de una visión del Antiguo Testamento, como si el público que lo escuchaba se hubiera convertido en la multitud de las 12 tribus de Israel. Al interpretar “So Long, Marianne” se apareció ante él la Virgen María, entonces lloró y buscó ocultar su llanto entre sus músicos, pero se dio cuenta de que ellos también lloraban.

Aunque, a su manera, las experiencias con psicodélicos son edificantes, esta historia no tiene moraleja, pues aquello que Leonard Cohen obtuvo de ese encuentro espontáneo con un papelillo de LSD no pudo haberlo tenido otra persona.