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Conoce al poeta místico islámico citado por el Papa Francisco en su reciente encíclica

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/22/2015

Con espíritu ecuménico y apelando a la defensa de la Tierra, el Papa recurrió a las palabras del místico sufí Ali al-Khawas

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En su nueva encíclica Laudato si', sobre el cuidado de la casa común, el Papa Francisco escribe en cerca de 200 hojas un poema-ensayo de teología en alabanza de la naturaleza, encarnando el espíritu de San Francisco de Asís, el santo por quien tomó su nombre, conocido por amar a la naturaleza. En ese tono Francisco se dirige al Sol como su hermano y a la Tierra como su hermana y en un lenguaje rico en metáforas exhorta a luchar contra el cambio climático a través de la fraternidad y la conciencia ecológica. Francisco apunta que la crisis ecológica es un problema ético y espiritual, no solo tecnológico, puesto que “no será la tecnología o la ciencia lo que nos salvará”. 

Llamó la atención que durante el comunicado, el Papa hizo mención del poeta Ali al-Khawas, quien fue un importante maestro dentro del sufismo, conocido por ser iletrado (como el Profeta). El Papa señala:

El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. * El ideal no es solo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas, como enseñaba san Buenaventura: «La contemplación es tanto más eminente cuanto más siente en sí el hombre el efecto de la divina gracia o también cuanto mejor sabe encontrar a Dios en las criaturas exteriores».

Y luego explica:

* Un maestro espiritual, Ali al-Khawas, desde su propia experiencia, también destacaba la necesidad de no separar demasiado las criaturas del mundo de la experiencia de Dios en el interior. Decía: «No hace falta criticar prejuiciosamente a los que buscan el éxtasis en la música o en la poesía. Hay un secreto sutil en cada uno de los movimientos y sonidos de este mundo. Los iniciados llegan a captar lo que dicen el viento que sopla, los árboles que se doblan, el agua que corre, las moscas que zumban, las puertas que crujen, el canto de los pájaros, el sonido de las cuerdas o las flautas, el suspiro de los enfermos, el gemido de los afligidos…». (Eva de Vitray-Meyerovitch [ed.], Anthologie du soufisme, París: Editions du Seuil, 1978, 200)

Celebramos el lirismo ecuménico al cual recurre el Papa en este tema, que ciertamente supera los credos y las divisiones y debería reunir a todos los hombres en el seno de la naturaleza. Uno de los caminos es la experiencia de la naturaleza como éxtasis, como un lenguaje viviente que nos llama a la presencia de lo divino, para así transformarnos y cobrar conciencia de la pertenencia unánime. Como dice Francisco: 

La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia? Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo como se trata al ambiente. Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea, cuya presencia «no debe ser fabricada sino descubierta, develada».

Un poco de misticismo para encender la flama comunitaria en torno al templo sin muros que es la Tierra, el jardín de las almas. Atina Francisco en referirse al misticismo sufí, una de las tradiciones más ricas en entendimiento en lo que se refiere a la gnosis viva que es la Tierra: la eterna Sofía.

En toda transformación significativa hay al menos un punto clave y siempre muy difícil. Es esa instancia de inversión estructural desde la que todo –luego-- se vuelve distinto

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En toda transformación significativa hay al menos un punto clave y siempre muy difícil. Es esa instancia de inversión estructural desde la que todo –luego-- se vuelve distinto. Un giro.

Suele ser un giro incómodo, porque trabaja con los cimientos. Altera algún orden esencial y deja todo patas arriba. Suele subvertir una configuración básica. Pone lo que estaba abajo arriba y viceversa. Y luego deja venir las consecuencias.

Hace tiempo que me pregunto por qué todo me incomoda en las escuelas; ¿será que realmente todo está mal en ellas o será que yo he perdido piso? Parece difícil que una institución de tal tradición y semejante escala no haga nada que provoque un reconocimiento en mí. Y entonces paso a sentirme incómodo con mi masiva incomodidad. Y así ando…

Pero hoy me puse a pensar en la cuestión. Y antes que los argumentos, me vino como un impulso de legitimación de mi incomodidad absoluta. Sí –me dije--, es cierto: la escuela es una máquina casi perfecta de cometer errores. O mejor dicho, es una máquina perfecta de cometer, una y otra vez, el mismo error, que luego se refleja en múltiples manifestaciones.

¿Cuál error? –me pregunté, entonces. El que proviene de ese orden esencial que la constituye y la pervierte al mismo tiempo. Ese orden que debemos transformar, por no decir invertir. Cada vez que ella se manifiesta, representa ese orden que hoy la constituye y que me indigna, y entonces sobreviene la incomodidad. Ella está mal constituida y entonces cada vez que se manifiesta evidencia su constitución fallida. No hay cómo no sea así. Es justo el punto que debemos girar.

El error constitutivo de la escuela es que cree que informar en sí mismo produce saber. Todo el aparato escolar se mueve a partir de esa premisa. Saber es estar en conocimiento, estar enterado de las cosas; ser capaces de reproducirlas. Y como eso a nadie le interesa de verdad, entonces la escuela va tras los mecanismos del control y la obligación que tanto y tan bien la caracterizan. Por eso el maestro habla tanto y persigue tanto el silencio de sus alumnos. Por eso evalúa como evalúa. Por eso no genera actitud ni forja responsabilidad en los alumnos. Por eso en las escuelas se respira con dificultad. Por eso la memoria es la instancia psíquica más jerarquizada. Por eso la consulta se llama copia. Por eso la creación se juzga distorsión. Por eso el respeto se entiende como sumisión. Por eso la atención decrece a cada hora y crecen los departamentos psicopedagógicos. Por eso sacamos tantas fotos en los actos escolares y nos llevamos tan poco de ellos. Por eso el talento no se celebra ni se trabaja. Por eso hay tantos rituales vacíos a diario, apenas para ejercitar la subordinación al orden. Por eso los estereotipos nos gobiernan y las casas son una sola cosa, la familia un tipo de familia, el perro aquel perro y la patria siempre una instancia buena; por eso no hay próceres contemporáneos. Por eso las computadoras están encerradas en una jaula que llaman laboratorio y la señal de Wi-Fi no llega a ninguna parte. Por eso nos prohíben lo que nos prohíben.

Es simple, en realidad. Si te incomoda la base, el núcleo, el orden esencial, siempre te incomodarán también sus prolongaciones, inexorablemente. Podrías hacerte el loco y pasarlas por alto, pero si las atiendes siempre te incomodarán, acumulativamente.

Toda la escuela viene de lo mismo y representa lo mismo. Y casi todas ellas.

Por eso, hacer otra escuela es fácil y casi imposible al mismo tiempo. No se trata de cambiar todo, se trata de cambiar el sentido de todo. Si cambiamos el núcleo básico, todo será diferente aunque no lo calculemos ni nos lo propongamos. Si Wikipedia se impone habrá tal vez enciclopedias, pero serán otra cosa. Cada cosa de Wikipedia es otra cosa respecto a las enciclopedias que conocíamos. Y solo porque en el origen invirtió un orden, alteró un algoritmo esencial: dijo que consumo y producción se mezclan y que verdad es intersección y no definición.

En rigor, cada vez que nos topamos con una configuración realmente innovadora pasa que se ha subvertido el orden esencial establecido y se han cambiado las reglas de juego; por eso vemos todo diferente, aunque no todo lo sea.

Tenemos que llegar hasta el corazón de la escuela y cambiar unas pocas piezas constitutivas. Después, la escuela nueva solita se irá manifestando. No hará falta más nada. Solo sostenernos y sostenerla; sostener porque dará vértigo. Será otra aunque no quiera, y fundamentalmente aunque no se dé cuenta.

Y yo dejaré de incomodarme a cada rato.

Claro, llegar al corazón es un trabajo hercúleo, porque hay mil capas protectoras y mil detectores de peligro que sonarán hasta dejarnos sordos. Habrá que ser muy hábiles y tener mucha tenacidad. La ventaja es que cuando hayamos llegado, luego, de dentro para afuera, todo fluirá con total naturalidad, como si siempre la tierra hubiera girado en óvalos y el Sol hubiera estado en el centro de la órbita.

 

Twitter del autor: @dobertipablo