*

X
El mito y el misterio fomentan el desarrollo de otro tipo de percepción, más intuitiva e imaginativa, que el paradigma cientificista no provee. En este sentido debemos recuperar a los dioses que habitan en nuestra psique

 

pitagoras

Los griegos soñaron con sabiduría, los romanos con imperios, cada cual acorde a su naturaleza. Un pueblo filosófico tiene sueños filosóficos, por eso los mitos griegos son sueños filosóficos, y contienen una iniciación filosófica, un sistema de pensamiento y relación simbólica con la naturaleza, una cosmología.-Manly P. Hall

Hermes vio la totalidad. Habiendo visto, entendió. Habiendo entendido, tuvo el poder de revelar y mostrar. Y así, lo que supo, lo escribió. Lo que escribió, mayormente lo ocultó, manteniendo silencio, en lugar de hablar en voz alta, de tal manera que cada generación que viene al mundo debe de buscar estas cosas.- Kore Kosmou

El hombre moderno suele considerar los mitos como una extravagante forma de entretenimiento que poco tiene que ver con su vida o como una curiosidad del intelecto primitivo que el conocimiento científico ha vuelto obsoleta. Se asume que los datos fácticos o las evidencias son superiores y debemos basar nuestra educación en ellos. Regirnos por lo que es claro, contundente y no admite diferentes interpretaciones. Esto, sin embargo, es un tanto arrogante y al despreciar al mito como forma de conocimiento, perdemos una importante herramienta educativa y un modelo o un mapa alterno para practicar otras formas de ver y experimentar el mundo.

Que el mito sea para nosotros solamente una curiosidad antropológica --a lo mucho un pasatiempo de arqueología de la psique-- y no una continuidad epistemológica viva, tiene que ver con el actual paradigma científico y la educación positivista en la que se busca eliminar todo lo misterioso. El mito está estrechamente ligado a lo misterioso, y lo misterioso es la antítesis del modelo espistemológico actual. Esto es porque lo misterioso está asociado con la ignorancia y la superstición, algo que es sobre todo un prejuicio; la razón moderna no se siente cómoda lidiando con lo metafórico, lo ambivalente y lo paradójico, necesita definir la realidad como una cosa definitiva, tangible y siempre igual (podríamos decir que ante el misterio, el pensamiento moderno siente pánico: esa sensación que viene del dios Pan, figura que luego convertiríamos en el Diablo). Lo misterioso es lo que está oculto (de la misma raíz de lo místico), lo que en un principio yace desconocido, aquello que no se revela inmediato o en la superficie y que por lo tanto requiere de una exploración más profunda --a veces una iniciación o un cambio de conciencia. Es decir, requiere una transformación, una participación activa en el sujeto que conoce y no sólo la memorización de datos o el ejercicio de la lógica. Cotejamos aquí a la gnosis (que se basa en la idea de que quien conoce adquiere la esencia de lo que conoce) con el conocimiento propio de los sofistas o de los retóricos que construyen perfectos argumentos o acrobacias discursivas sin darle importancia a la experiencia del conocimiento. El paradigma científico basado en el modelo de la física clásica supone que no hay nada misterioso en el universo, la naturaleza entrega sus secretos con celeridad a la mente que asume el papel de "conquistador" de la materia y concibe al mundo como una máquina inerte al servicio del indetenible progreso humano. Pero, ante esta luz racionalista, opongamos al oscuro Heráclito, quien escribió famosamente: "la naturaleza ama ocultarse". Y es que tal vez la naturaleza, al ocultarse, nos pide que juguemos una especie de juego cósmico de escondidillas o de "encantados" para el cual es necesario suspender nuestros prejuicios y creencias y seguirle la corriente. Podemos obligarla a desocultarse tirando explosivos para minar el oro y la plata de sus entrañas o podemos internarnos en la oscuridad de sus cuevas y vivir su misterio.

La naturaleza como fabulación 

Para entender la función del mito o incluso la necesidad de su supervivencia como parte de un equilibrio psíquico es útil revisar la cosmogonía antigua, de la cual nace el pensamiento mítico, y compararla con el pensamiento científico moderno. Podemos pensar que nuestra mente es mucho más sofisticada que la mente de los antiguos griegos o egipcios (y quizás lo sea en el sentido meramente sofístico), pero quizás no hayamos evolucionado tanto en nuestra capacidad de pensar simbólica, intuitiva y analógicamente. Los griegos, los indios y los egipcios, por citar los ejemplos más conspicuos, tenían una profunda tradición de concebir las cosas a través de fábulas y símbolos, mientras que nosotros tenemos una tendencia al pensamiento literal, reduccionista y mecanicista, en parte debido a más de 2 mil años de la lógica aristotélica que impide que algo sea más de una cosa, esto y no lo otro. "De la misma forma que los jeroglíficos precedieron a las letras, también las parábolas fueron antes que los argumentos. E incluso ahora, si uno quiere iluminar con nueva luz un tema en la mente de los hombres, y eso sin ofensa y rigidez, debe hacerlo por la misma vía e invocar la ayuda de la similitudes", escribe Francis Bacon. El símil es lo mismo un recurso poético que un recurso del misticismo, como queda claro en el fundamento del pensamiento hermético, el símil de símiles: "como es arriba, es abajo" o lo que es lo mismo como es el cosmos, es el hombre o también el hombre es un pequeño universo. La anterior frase tiene poco valor para un argumento científico, que la consideraría imprecisa; podría servirle a un físico como inspiración para imaginar una teoría, pero nunca podría hacer referencia explícita a esta idea de poder ver en un cuerpo humano los movimientos de los planetas, por ejemplo, o de intuir que existe unidad y simpatía en todas las cosas. La misma frase, por otro lado, tiene una gran utilidad filosófica y espiritual como un principio que llama a tener una experiencia individual de esta similitud.

Isis-

Isis, el velo de la naturaleza cuyos secretos son la iluminación.

Hablando sobre el sistema mítico-filosófico de los griegos, Manly P. Hall dice: "todas las fábulas provienen de la fábula más grande de todas: la naturaleza". Hall usa "fábula" casi siempre como sinónimo de mito, y podemos apreciar aquí una idea muy distinta de la concepción de la naturaleza que tenemos actualmente. Para los antiguos la naturaleza es la capa más densa de la mente, pero sigue siendo res cogita  y está animada, por lo cual es un proceso que comunica, aunque secretamente, una historia (la etimología de "mito" es: historia, relato, habla, palabra). Hay otra idea oculta aquí también, y es que la naturaleza es el artificio del espíritu (o el símbolo del espíritu, según Emerson), ya que la materia no está separada --o lo está sólo ilusoriamente-- del espíritu: es correlato de lo divino, es el vehículo de la conciencia para aparecer en el mundo (soma es el sema del alma, dice Platón) por lo cual es una especie de sustancia fantasmagórica, volátil, manipulable, de gran (psico) plasticidad, "such stuff as dreams are made on", como dice el hechicero Próspero en La tempestad. La naturaleza es esencialmente fabulosa y fantástica; la materia es la tela caleidoscópica de Maia. El que hoy hayamos identificado el mito con la mentira y la falsedad dice mucho de nuestra cosmovisión: creemos que la naturaleza es muda y por lo tanto su mito, sus palabras e historias deben de ser falsas, puesto que no tiene inteligencia, alma o significado. Dialogar con la naturaleza es hoy en día un signo de locura, la esencia de la irracionalidad. Valdría recordar aquí, como encantamiento contrapuntístico, la mítica frase de Adorno: "El arte es magia liberada de la mentira de ser verdad". O tejiendo aún más la madeja del mitologema fractal, James Hillman: "De la misma forma que las verdades son las ficciones de lo racional, las ficciones son las verdades de lo imaginal".

Esta es la diferencia fundamental del pensamiento antiguo, que el mundo imaginal no es tenido solamente como una fabricación del pensamiento humano. El alma y la imaginación existen en la naturaleza o, quizás mejor dicho, la naturaleza existe dentro de la mente (nous): es su mito, la fábula suprema, que cuenta una misma historia una y otra vez con leves variaciones. Hillman, siguiendo el eide platónico, nos pide considerar la posibilidad de que el cuerpo sea una imagen o una sombra del alma y no al revés. Manly P. Hall señala: "La naturaleza nunca habla de manera determinada: 'haz esto o no hagas esto otro', presenta espectáculos, imágenes no literales". Los que buscan respuestas deben dejarse seducir por el misterio y penetrar el mundo de la imaginación: "Los hombres que buscaban su propio destino y significado tenían que peregrinar en la noche, en el desierto, y pedir al fuego revelación, las respuestas llegaban en los sueños, en el contacto con el subconsciente". Este es el estado de ánimo en el que nos sitúa el mito, que según Joseph Campbell "es el sueño colectivo de la humanidad", mientras que los sueños individuales son "mitos privados". Los sueños colectivos de los griegos, los mitos, son sueños esencialmente filosóficos, una filosofía que  nace también  del mundo imaginal.

phanes

Fanes-Eros

Es probable que exista un paralelo entre la irrelevancia que nuestra cultura otorga al mito y la poca importancia que usualmente le damos a nuestros sueños. Pese a que buena parte --y probablemente la más rica-- de nuestra vida psíquica ocurre oníricamente, la gran mayoría de nosotros no considera que los sueños son una vía legitima --y mucho menos vía regia-- de conocer el mundo. Creemos a lo mucho que los sueños nos revelan cosas de nuestro pasado, traumas, represiones, deseos insatisfechos, etc., pero siempre cosas de nuestra vida despierta; no consideramos la posibilidad de que su narrativa sea una historia coherente en sí misma, dueña de una voz propia; si la comparamos con la narrativa de nuestra vigilia resulta aberrante, absurda y a fin de cuentas prescindible. Es decir, descalificamos de entrada el lenguaje y la propia forma de articularse de los sueños, no le conferimos agencia y le exigimos al sueño que se explique en términos del ego y de la vigilia, evangelizando a los monstruos (y ángeles) de la noche con la aniquiladora luz del día. Pero, como dijimos anteriormente de la naturaleza, Hillman nos sugiere la idea de que más que nosotros tengamos sueños, como pensamos siempre ya despiertos, los sueños nos tienen a nosotros: en el sueño viajamos al inframundo, nos encontramos en la mente de Hades y estamos sujetos a sus leyes imaginales. Los budistas explican que no hay un pensador detrás de los pensamientos, es una ilusión de la mente que "tengamos" pensamientos, en todo caso el pensamiento nos tiene a nosotros, es la experiencia misma la que experimenta a través de nosotros.

Todo esto para llegar a un principio de revaluación práctica del mito, no sólo ya teórico (es decir no sólo la visión mística, también la experiencia y el acto de resonancia moral que resulta del entendimiento que se practica). En su Poética, Aristóteles señala que el mito es "el principio" y "alma de la tragedia". Siguiendo el tema que hemos desarrollado, podemos extrapolar y decir que una educación que le dé importancia al "alma", y tenga conciencia trágica (y por lo tanto estética) debe considerar al mito como parte fundamental de su didáctica. Dicho de otra forma, siempre y cuando le demos importancia a las historias, a los relatos y a las narrativas (a lo que hoy llamamos "contenido") y les asignemos un valor estético y moral, el mito debe tener un papel central. Actualmente la mayoría de las personas reconoce el "poder de la historias" como elemento de contacto humano y de transferencia empática. El mito, sin embargo, conlleva algo más que una simple historia, nos habla de un misterio, de una iniciación y de una participación activa en el conocimiento. Lo mítico está ligado indisociablemente a lo mistérico. Manly P. Hall nos dice que "los mitos son el registro eterno de la vida psíquica del hombre" y también son "la historia intuitiva del Ser". El mito tiene entonces el poder no sólo de involucrarnos con una historia, sino de referirnos a las historias que tienen alma y que han superado el paso del tiempo (porque tienen alma). El mito nos acerca al origen insondable; se ha dicho que el mito es "la historia de la prehistoria" y "aquello que nunca pasó pero sigue pasando". ¿Qué es aquello que nunca pasó pero sigue pasando? Esto no es algo que podamos entender con un pensamiento lógico-racional y, sin embargo, la idea nos seduce, nos pide resolver un enigma, nos confronta de nuevo con lo mágico-maravilloso, con las centellas de la fragua del demiurgo. El mito es también lo enigmático, la existencia como seducción misteriosa, la esfinge en los huesos del hombre.

1-birth_of_venus

Venus simbolizaba el alma del mundo.

Una educación con alma es una educación con mythos

El valor didáctico y hasta heurístico de los mitos está en que invitan a un proceso de misterio y desvelo. A diferencia de cuando a un estudiante se le dice que memorice algo para un examen, un mito lo presenta con un reto de conocimiento, donde siempre es posible que no encuentre la respuesta. E incluso, de encontrar esa respuesta, no podrá estar seguro de tenerla de la misma forma que se tiene una evidencia científica. Sólo podrá intuir que sabe el significado del mito o que ha podido vislumbrar su esencia, es otro tipo de certeza. Dice Manly P. Hall: "los hechos provocan aprobación o rechazo, son una superficie plana... el conocimiento obvio no es controversial ni estimulante". Y "la educación moderna produce estudiantes que memorizan hechos, pero no son intrigados a explorar los misterios detrás de los hechos". El paradigma moderno considera sólo el mundo del fenómeno pero no le da cabida al mundo del noúmeno. El mito fomenta un tipo de pensamiento que se pregunta "¿qué significa esto?" o "¿de qué es símbolo este fenómeno?" y se interesa, a su vez, por la belleza, por la "luz interna" que puede transmitir una historia, porque en ello está también su verdad. Agrega Hall: "En tiempos pasados los hombres anticipaban ser excitados en su imaginación para resolver cosas extrañas y desconocidas, así desatando los poderes de la conciencia". En otras palabras, el mito está cerca de una forma de percepción que no separa el ejercicio intelectual del instinto y la intuición. Es decir, el mito es una especie de lenguaje del alma. El historiador alemán Walter Otto nos dice que el gran filólogo Christian Gottlieb Heyne comprendió que los mitos son "el lenguaje primordial de los espíritus, que sólo mediante imágenes y metáforas sabían expresar su emoción ante las grandiosas formas de la realidad universal".

Por último quiero aclarar, por si no fuera evidente, que los griegos --y algunas otras civilizaciones antiguas-- llegaron a una refinación del pensamiento, que aquí llamamos mítico pero que en su época no estaba dividido del "Logos" que en Occidente se convirtió en la razón cartesiana, que les permitió percibir a los dioses de los mitos como símbolos y arquetipos de principios y procesos cósmicos. Comprender, como queda claro en el diálogo platónico de El Banquete, por ejemplo, que Eros es un estado mental y a la vez un dios y un principio motor del mundo y puede ser todos estos sin contradicción porque es una manifestación de la unidad que se proyecta a sí misma en la multiplicidad del mundo, es una rutilante prefiguración de los arquetipos y el inconsciente colectivo de Jung. Estamos aquí ante  la cumbre del pensamiento simbólico. Platón no creía literalmente que Afrodita nació de los genitales de Urano (el cielo) lanzados al océano (esto es una alegoría del Alma increada que viene del cielo) o que Prometeo robó literalmente el fuego divino y luego fue encadenado a una piedra para que un águila devorara su hígado por la eternidad, sabía que estas fábulas describían procesos cósmicos y eran metáforas y analogías didácticas que codificaban un sistema de conocimiento (una paradosis). "Los griegos sabían que estos mitos eran los revestimientos o sombras de verdades filosóficas, en las que cosas difíciles de comunicar eran arcanamente intimadas excitando los poderes intelectuales del hombre para que contemple los misterios universales", dice Hall. Por eso los mitos estaban tan ligados a los ritos inciáticos, como es el caso de los misterios de Eleusis y el rapto de Perséfone. Esto es algo que hemos perdido hoy, la iniciación como conducto de hacer de la filosofía y el conocimiento no sólo verbosidad y techne, sino experiencia viva, transformación del individuo. La preocupación de Sócrates se ha confirmado, al parecer los sofistas llevan ganada la partida.

Twitter del autor: @alepholo

Si quieres recibir más información de mitología, neoplatonismo y filosofía hermética sigue la página de FB: Cadena Áurea de Filosofía 

 

El psicoanálisis es una disciplina extraña, heterodoxa y marginal que quizá por eso mismo puede ayudar a operar cambios ahí donde más creíamos que todo debía mantenerse igual

10712707_775063775884542_330729782854646592_nEn los próximos meses cumpliré 2 años de ir regularmente a psicoanálisis. Salvo por un puñado de ocasiones en que ciertos incidentes me impidieron asistir, han sido casi 2 años de desplazarme regularmente al consultorio de mi analista un par de veces por semana. Esto, por supuesto, no me da ningún tipo de “autorización” para escribir sobre el tema, pero sí me otorga un cierto nivel de experiencia para hablar al respecto. Si lo hago es un poco por un gusto personal pero quizá también como una especie de gesto gratuito de solidaridad: aun con las críticas que puedan hacerse al psicoanálisis, pienso sinceramente que esta es una terapia efectiva para ciertas personas y para ciertos “problemas”, un método entrañable para conocerse, reconocerse e incluso desconocerse, mientras en el ínterin, en el proceso, suceden cosas. Lo hago, en suma, para mostrar qué ha sido hasta ahora el psicoanálisis para mí ―lo cual quizá también puede ser, en parte, para otra persona.

 

La autonomía de las cualidades propias

Una de las anécdotas más conocidas que se cuentan sobre Diógenes el Cínico es aquella de su encuentro con Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia y para entonces todavía sin el mote de “el Magno”. Se dice que al saber de su fama y en especial de su pensamiento, Alejandro quiso conocer al filósofo, lo cual consiguió poco después de derrotar a los atenienses e incorporar de facto la ciudad al reino de Macedonia. Diógenes Laercio, en su Vida de los filósofos más ilustres, cuenta sucintamente el encuentro:

Estando tomando el sol en el Cranión, se le acercó Alejandro y le dijo: «Pídeme lo que quieras»; a lo que respondió él: «Pues no me hagas sombra».

Alejandro era rey, potencialmente era también uno de los más grandes conquistadores de la historia, en ese momento era uno de los hombres más poderosos del mundo conocido. Diógenes, por su parte, no tenía, literalmente, más que el tonel en el que dormía y puede ser que incluso ni siquiera eso: si lo llamaron “cínico” fue porque vivía y obraba como los perros, desnudo y a la vista de todos. Sin embargo, nada pidió a Alejandro más que se quitara de donde estaba, al frente suyo, porque le estorbaba el paso del Sol, cuyos rayos quería disfrutar en ese momento. Para Alejandro, la petición debió ser la más inesperada posible. Pero eso era lo único que Diógenes quería de Alejandro y, desde la perspectiva de Diógenes, era lo único que Alejandro podía darle, a pesar de todas las otras cualidades de cada uno.

La historia sirve para mostrar la autonomía parcial de las cualidades de una persona. Con cierta frecuencia nos enfrentamos a un desencuentro entre lo que somos y podemos ofrecer y lo que el otro es y está pidiendo. A veces nunca se presenta el punto de encuentro entre una y otra subjetividad. Sin embargo, ¿eso cambia las cualidades de cada una? ¿Las hace menos o más? No, una y otra vez no. Alejandro no fue menos Alejandro porque Diógenes no le pidiera más que dejar de hacerle sombra; y Diógenes no fue más Diógenes porque ante el ofrecimiento del hombre más poderoso de su mundo pidiera una trivialidad. Cada uno de nosotros es lo que es, y para reconocerlo y ponderarlo es posible dejar de lado las expectativas y demandas de los otros.

 

La posibilidad de mirar algo desde otro ángulo

Esto, como mucho del psicoanálisis, parece una obviedad, pero para muchos es una de las operaciones más titánicas de su existencia, un trabajo herculino comparable a desviar el curso de un afluente. Es sencillo decirlo, ¿pero qué tan seguido miras un problema desde otra perspectiva? Ya no digamos la del Otro, sino una cualquiera pero distinta a la primera con la cual lo consideraste.  Si, digamos, pierdes un trabajo tras otro, ¿eres capaz de considerar que quizá la causa está en algo que haces o dejas de hacer y no en la mala fe de los demás?

 

Nada nunca es para siempre

tumblr_mvqj3b7PKF1rkbwqio1_500Las cosas pasan, en al menos dos acepciones del verbo pasar: suceder y agotarse. Las cosas suceden, ocurren, pero también se agotan y se consumen. Una pérdida, por ejemplo: una relación termina, una persona muere, y es doloroso, porque ocurrió, pero eventualmente también ese dolor terminará, o tendrá otro peso en nuestra existencia. Y también las cosas agradables: conseguimos algo que nos propusimos, terminamos una tesis, encontramos un trabajo, aprendimos a hacer algo que siempre quisimos, y es grato, pero no podemos quedarnos en eso, es necesario seguir. Ni el dolor ni la alegría son eternos. Son cosas que pasan.

 

La palabra cura

Por la palabra, el hombre es una metáfora de sí mismo.

Octavio Paz, El arco y la lira

Hablar es un gran asunto. Hablar es aceptar ante otro lo que a veces no podemos o no queremos aceptar ante nosotros mismos. Hablar es encontrarnos en nuestra propia dimensión: no la del alardeo ni la del murmullo, no la de la exageración ni la de la subestimación. Hablar lo que es. Hablar desde lo que somos. Dar cuerpo, con nuestra voz, a aquello que de verdad deseamos, aquello que de verdad sentimos, aquello que de verdad pensamos; aquello que a veces tememos aceptar porque nos enseñaron a considerarlo una tontería, un asunto menor. Verbalizar, por mínimo que parezca, desata grandes cambios en la subjetividad, paulatinos pero grandes. Pero sólo cuando se habla sinceramente.

 

Considerar al otro, tomarlo en cuenta, darle un lugar

Por diversos motivos estamos sumamente habituados a no pensar más que en nosotros mismos. El Yo y su hegemonía que todo lo cubre. Su comodidad, sus intereses, su forma de pensar, su manera de hacer las cosas. Dar lugar al otro es también uno de los movimientos más complicados para ciertas subjetividades. Algo tan sencillo como, por ejemplo, preguntar en vez de afirmar. El abismo que existe entre: “Yo puedo entre 5 y 8” y “¿Tú puedes entre 5 y 8?”.

También, en otras circunstancias, ocurre que algo del otro nos exaspera. Su docilidad o, por el contrario, su rebeldía; su aprehensión, su ausentismo, su melancolía, su jovialidad. Cada uno tendrá sus propias fobias con respecto al otro, pero si algo puede lograrse con el psicoanálisis es comprender que eso que tanto nos enoja de alguien más es un rasgo muy suyo, un rasgo que dice algo del otro, de su historia, de su experiencia frente a la vida, de las cosas que le tocó pasar. Y esto, en cierta forma, es el primer paso para darse cuenta que así como uno tiene que lidiar con sus issues, así también el otro tiene sus propias dificultades, lo cual de algún modo nos sitúa a todos en el mismo nivel de debilidad o, quizá mejor, de humanidad.

La comprensión de ese hecho también vuelve posible la decisión a propósito de las personas que queremos en nuestras vidas. Así como hay faltas de nosotros mismos que nos son más tolerables y que incluso llegamos a abrazar y aceptar, así también hay faltas de los otros frente a las cuales podemos elegir entre si queremos o no hacerlas parte de nuestra vida.

 

La importancia del método (y la disciplina)

Sí, sé bien que disciplina no es una palabra atractiva y más bien justo lo opuesto: despierta reticencia y hace fruncir el ceño. Sin embargo, es necesaria, en casi todas las cosas importantes de la vida. Casi cualquier cosa que vale la pena (una de las expresiones menos afortunadas del español, pero bueno), se consigue sólo con disciplina. ¿Quieres enflacar? No hay de otra más que disciplinarse. ¿Quieres aprender otro idioma? Lo mismo. ¿Quieres tener una relación que dure? ¿Quieres tener un trabajo que te satisfaga? ¿Quieres escribir un libro? Casi lo que sea que quieras, requiere ser metódico, ser disciplinado. El deseo y la constancia tienen una relación estrecha que casi siempre dejamos de tener en cuenta, en la creencia de que las cosas llegarán por sí solas, como méritos que nos corresponden per se, sin hacer nada por conseguirlos. Pero no. Aunque suene increíble, hay que trabajar por ellos.

 

La diferencia entre terapia y análisis

tumblr_n5xcdw6VMX1rkbwqio1_400

Mi impresión es que muchas personas llegan a psicoanálisis por una circunstancia específica, desde un rompimiento amoroso hasta la muerte de una persona muy querida. Para algunos hay un “quiebre” que los decide a acercarse al consultorio. Para el analista se trata de una petición que, en cierta forma, requiere “terapia de choque”, acciones de emergencia. Y no tanto por la gravedad del asunto, sino porque el paciente está tomado por eso, es casi lo único a lo que responde.

Sin embargo, hay otro punto en que la terapia transita hacia el análisis, específicamente, cuando comienzan a surgir más cosas, cuando el analizado advierte que el “problema” con el que llegó está ligado a otros aspectos de sí mismo pero, más importante, cuando se da cuenta que como sujeto él es más, mucho más, que el problema por el cual llegó al consultorio. De ahí, en parte, la necesidad de analizarse, de no sólo “ir a terapia” ―tener un espacio para hablar, desahogarse, llorar, enojarse, etc.― sino entrar en un proceso de autoconocimiento para el que se tienen pocas oportunidades en la vida normal y cotidiana.

 

El análisis es continuo

Hace un tiempo, más o menos a los 6 meses de haber iniciado mi proceso de análisis, escribí un texto en el que comparaba este con la meditación. Es posible que lo que dije entonces admita una o varias revisiones, pero hay al menos un punto que aun ahora me parece válido: como la meditación, el psicoanálisis es un ejercicio que no se limita al tiempo y el espacio específicos que le dedicamos dentro de nuestra rutina personal, es decir, ni la meditación termina con los 20 o 30 minutos de la práctica que hacemos todas las mañanas, ni, por otro lado, el psicoanálisis existe sólo dentro de las fronteras del consultorio y el diván. En ambos casos, para que sea un ejercicio realmente efectivo ―es decir, con efectos sobre nuestra realidad―, es necesario traspasar dichas fronteras y llevar lo aprendido a nuestros actos y decisiones cotidianas.

pink_212a22_2745524A veces también eso que sucede en el consultorio ―esa experiencia extraña de reconocimiento y autoconocimiento, ese “caer el veinte"― puede presentarse fuera de este, al menos en una versión abreviada: en una plática con un amigo, al mirar una película, al despertar de un sueño. Como la meditación, el psicoanálisis sitúa al sujeto en el camino del conocimiento de sí, del aprendizaje de ciertos recursos para saber quién es realmente y por qué no debe ignorarse a sí mismo. Y esos momentos de reconocimiento pueden ocurrir siempre, en cualquier circunstancia, porque nunca dejamos de ser quienes somos.

 

Lo importante está en el proceso

En alguno de los libros de texto gratuitos con los que se estudia en las escuelas de México se encontraba una historia en la que un viejo campesino decía a sus hijos, desde su lecho de muerte, que había enterrado un tesoro en algún lugar del campo que toda su vida había trabajado. Al morir el anciano, los hijos (tres, si no recuerdo mal), de inmediato se pusieron a cavar y remover la tierra, con la esperanza de encontrar las riquezas de las que había hablado su padre. Así estuvieron algún tiempo, días o semanas, sin dar con el tesoro anunciado. Hasta que una tarde, después de haber trabajado la jornada entera, el hijo menor se detuvo y echó una mirada al campo: a la luz del ocaso, este lucía como nunca antes lo había visto, con resplandores que semejaban piedras preciosas y metales de gran valor. Al remover de esa manera la tierra, el campo estaba listo para sembrarse. El hijo menor entendió entonces cuál era el tesoro que el padre había escondido.

La moraleja de la historia apunta hacia el valor del trabajo (algo que, como vimos, no es ajeno al psicoanálisis), sin embargo, también es posible extraer otra interpretación y hablar sobre la importancia del proceso. Como dije antes, muchos llegamos al consultorio del analista por un motivo específico y casi siempre sin saber en qué nos estamos metiendo, con todo, se trata de una experiencia sumamente enriquecedora. Puede ser que pase el tiempo y veamos que aquello por lo que acudimos sigue ahí, aparentemente sin resolverse, un eje en torno al cual seguimos dando vueltas. Y sí, eso puede ser desesperante, pero un poco menos cuando nos damos cuenta que en el entretanto ocurren cosas, que quizá aún no conseguimos eso que creíamos que iba a suceder sólo por tenderse en el diván, pero a cambio aprendemos de nosotros mismos, de nuestras experiencias, aprendemos a tomar mejores decisiones con respecto a nuestra vida, nos damos cuenta de cosas que antes nos pasaban por alto.

Como saben bien los héroes y los grandes viajeros, a veces importa menos el destino final que el recorrido que se hizo para llegar ahí. Ese es el sentido de los versos de Cavafis:

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

 

El amor es complicado

Pero esto ya todos lo sabemos sin necesidad de ir al psicoanalista. El amor es complicado hasta que no lo es, y esto puede ser o no obra del psicoanálisis.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz