*

X

¿Por estos sucios secretos tendríamos que dejar de comer en restaurantes?

Por: pijamasurf - 05/30/2015

La industria alimenticia, aunque noble, también está viciada, al menos en lo que respecta a la manera en que se producen ciertos insumos y el enorme desperdicio implicado durante su operación

foodwaste

¿De dónde proviene lo que comes? Casi nadie puede responder a esta pregunta con precisión, en buena medida porque los procesos de industrialización y urbanización propiciados por el capitalismo determinaron la división tajante entre campo y ciudad, como si uno y otro fueran esferas ajenas entre sí que no necesitan más contacto que el necesario. En general las ciudades son grandes centros de consumo, pozos sin fin que acaban con todo lo que reciben y aun así es imposible satisfacerlos. Como habitantes de la ciudad sólo sabemos que un alimento llega a nosotros, pero lo último en lo que pensamos mientras lo comemos es en las condiciones en que se produce.

Respecto de esta circunstancia escribió hace poco Ari LeVaux en el sitio AlterNet, específicamente, cómo una parte considerable de la comida que se sirve en restaurantes regionales de Estados Unidos conlleva condiciones de esclavitud para las personas que obtienen los ingredientes para prepararla. LeVaux refiere el caso de los pescadores vietnamitas, quienes son obligados a laborar 20 horas al día bajo tortura y a cambio de una paga que en ocasiones es únicamente un plato de arroz cocido.

 

Sin embargo, ese es apenas un ejemplo de muchas otras situaciones que hacen posible el consumo de comida en los grandes centros urbanos. La ganadería extensiva, la fumigación de los campos, el uso de semillas transgénicas y la explotación laboral en otras vertientes son parte casi inevitable de esa cadena que tiene su punto final en nuestras cocinas y nuestras mesas.

Sólo que esto no es todo. LeVaux no olvida el desperdicio que todo restaurante enfrenta durante su operación. A veces porque el comensal prefiere no tocar la ensalada que acompañó su plato principal (y porque las leyes sanitarias prohíben tajantemente reusar algo que ya se sirvió a una persona), otras porque ciertos insumos simplemente no se utilizaron y otras más por normas absurdas como la concerniente a las papas a la francesa de McDonald's, las cuales tienen que tirarse a la basura si pasaron más de 7 minutos desde que se frieron.

Como solución, LeVaux sugiere poner un poco más de atención en nuestro consumo. Actualmente hay alternativas a esos procesos lesivos para otras personas, para el ambiente y para la economía. En el mercado es posible encontrar alimentos producidos orgánicamente, en la cercanía de nuestro hogar, e incluso algunos certifican que no son resultado de la esclavitud. De momento ello parece llevarnos de vuelta a nuestros hogares, en donde hasta ahora parece que se encuentra el único lugar en donde es posible tener conciencia plena de qué llevamos a nuestra boca cuando comemos.

¿Los psicólogos tendrían que estar libres de problemas mentales?

Por: pijamasurf - 05/30/2015

La exigencia de superioridad que a veces dirigimos a los profesionales de la psique no nos deja ver que ellos son tan humanos como nosotros y, más importante, que su saber es distinto al de los médicos y otras "autoridades"

tumblr_mkoh66TLb11rkbwqio1_1280

Las disciplinas de la psique cuentan, en la historia de su desarrollo, con una característica que a la postre se convirtió en una desventaja parcial en el terreno práctico: al desarrollarse al amparo de la medicina, adquirieron de esta la percepción de que sus profesionales sabían algo que ignoraban las personas que acudían a consultarlos. En el caso de los médicos es cierto que están obligados a saber qué le ocurre a sus pacientes, pero con los profesionales de la psique ello no se cumple de la misma manera. Aun así, quienes se acercan a sus consultorios a veces llegan con una exigencia similar a la que tenemos cuando queremos curarnos de una gripe o de un dolor de estómago.

Dicha desigualdad entre el “profesional” y el “lego” genera además otro efecto: creer que los psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas y otros "psi" están exentos de problemas mentales. En un texto más o menos conocido, Robert Epstein y Tim Bower nos recuerdan que Freud mismo distaba de ser un ejemplo de “salud” mental: era agorafóbico y neurótico, olvidaba cosas, una buena parte de su vida lidió con sus adicciones al tabaco y a la cocaína (las cuales nunca pudo resolver totalmente) y finalmente murió mediante suicidio asistido.

¿Por qué alguien capaz de entender la mente humana tal y como la entendió Freud no es capaz de no tener problemas? La pregunta podría ser un poco injusta, pues sabemos de sobra que los problemas son parte consustancial de la existencia. De la misma forma que estar vivo implica enfermarse de vez en cuando, sentir el deterioro paulatino del cuerpo, así también esa otra dimensión de la vida que no es únicamente fisiológica sino existencial conlleva sus propios conflictos.

La razón nos engaña al hacernos creer que saber algo basta para actuar al respecto. Sabemos que el cigarro daña, ¿pero eso impide que fumemos? Entonces, ¿por qué tendríamos que demandar lo mismo a una persona que es tan humana, tan limitada como cualquiera?

A este respecto, Jacques Lacan acuñó un concepto que ayuda a aclarar la confusión. Lacan dio al psicoanalista el título del “sujeto supuesto saber” porque, en la práctica, el paciente llega al consultorio suponiendo que el analista sabe algo que lo ayudará. Como decíamos al principio, la comunicación tiende a ocurrir de una manera similar a la de los médicos, quienes están formados para saber por qué está enfermo un cuerpo. Sin embargo, el saber de un psicoanalista es de orden. Sabe y tiene una formación, pero eso es sólo el soporte que le permite realizar su trabajo y guiar al paciente en el proceso de su propio análisis. Estrictamente, el analista no sabe nada de su paciente, pero el paciente supone que sí, y el análisis dura tanto como esa concesión, hasta que llega el momento en que el paciente se da cuenta de que él sabe, que, quizá, él siempre supo lo que le acontecía.

Es posible que quienes piden que un profesional de la psique esté libre de problemas mentales sean más bien víctimas de ese mandato moderno según el cual sólo alguien con “autoridad” puede hablar y tomar decisiones, el lugar del amo que da al esclavo su propia concepción de mundo, la cual este acepta porque aún no advierte que él podría elaborar la propia.