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La mitología del garage: las raíces simuladas de muchas compañías de Silicon Valley

Por: pijamasurf - 05/24/2015

Aunque muchas compañías como Google y Facebook se jactan de orígenes humildes y desafiantes, en realidad son más mitos fundacionales que una historia verdadera

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Contar historias ha sido uno de los vehículos más consistentes para establecer lazos emocionales entre las personas. Construir narrativas alrededor de un fenómeno, personaje o evento, enriquece el lugar que este ocupa dentro del imaginario colectivo, y cuando esta narración se desdobla en una mitología, entonces la historia cobra aún más fuerza. 

Lo anterior ha sido explotado por incontables marcas y compañías que, de manera accidental o intencional, se han revestido con mitológicos atuendos que las dotan de una identidad más rica. Y en este plano, las épicas fundacionales son bastante recurrentes.

Por ejemplo, cómo una compañía nació en condiciones adversas, guiada por un tenaz líder cuya visión y consistencia lograron trascender cualquier obstáculo hasta llegar a convertirse en una mezquina multinacional que premia periódicamente a sus empleados más obedientes, es ya una narrativa bastante familiar.

Nuevo paradigma empresarial

Conforme se consolidó la ola de innovación tecnológica que derivó en cientos de compañías que hoy operan en Silicon Valley, el prototipo empresarial fue significativamente alterado: atrás quedaron los yuppies de Wall Street con sus costosos trajes, sus conocimientos financieros y su exhaustivo PR, para dar paso a los geeks y tecnohippies californianos que a temprana edad y vestidos con mezclilla, tenis y camiseta, fundaron algunas de las compañías más grandes y rentables de la historia.  

Junto con esta nueva generación empresarial surgieron nuevos paradigmas narrativos a partir de los cuales empresas como Google entretejieron sus propias mitologías, dentro de las cuales, por cierto, el garage como un escenario álter-creativo tiene un rol fundamental. Incluso el término “garage” se aplica hoy como adjetivo para describir condiciones creativas que implican pocos recursos materiales, un espíritu esencialmente innovador e ingenioso, y una actitud desafiante frente al mercado (y la competencia establecida).

La mitología del garage

Un artículo de Tom C. Avendaño publicado a finales del año pasado en El País, analiza cómo el garage se ha convertido en un cliché dentro de las narrativas fundacionales de los tecnoentrepreneurs, al punto en que muchas empresas, incluidas algunas de las más grandes, se esfuerzan por insertar estos escenarios en sus historias.    

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En “La verdad que ocultan los 'orígenes del garaje' de Silicon Valley”, Avendaño revela cómo en la mayoría de casos los génesis garageros de las empresas tecnológicas son simulados o al menos forzados, para así encajar con el nuevo prototipo emprendedor. Y antes de pasar a algunos de los ejemplos recientes que se citan en el artículo, vale la pena recordar que el garage como mito fundacional forma por sí solo casi un episodio aparte dentro de la historia del “sueño americano”. Gente como William Hewlett y David Packard en 1938 o el propio Walt Disney en 1923, originaron sus futuros emporios en la cochera.

Sobre el caso de Google, Avendaño escribe:

Y luego está el del 232 de Santa Margarita Avenue, en Menlo Park. Ese lo alquilaron en 1998 dos jóvenes llamados Larry Page y Sergei Brin para llevar allí el desarrollo de su joven empresa, Google. El aparcamiento está sorprendentemente intacto hoy. Con la alfombra azul que la entonces dueña de la casa, Susan Wojcicki, hoy consejera delegada de YouTube, puso para que los arrendatarios se sintieran más a gusto. La mesa de ping-pong con la que se tomaban los descansos. Todo dispuesto para que el mito parezca real y nada recuerde que en realidad Google se había fundado 2 años antes; tenía ya recabado más de 1 millón de dólares de varios inversores; y el ahorro que les suponía alquilar un garaje en lugar de una oficina era risible.

Situaciones similares a la descrita anteriormente están registradas en la historia de YouTube, Facebook y otras varias empresas cuyos orígenes son mucho menos épicos, y mucho más estratégicos, de lo que se pretende. En pocas palabras, en todos estos casos tuvieron más peso ingredientes como tener acceso a grandes inversionistas o pertenecer a universidades elitistas que la materialización del credo garage.

Pero como bien recalca Avendaño: “El mito del garaje transmite una serie de imágenes y valores admirables. Emprendimiento. Generación espontánea de ideas brillantes. Trabajo duro. La libertad de ser tu propio jefe y desarrollar tu propia visión. La ingenuidad de pensar que todo va a salir bien y la humildad de seguir trabajando cuando así es. El garaje no es sólo un enclave geográfico”.

Sinteísmo: Internet como Dios y el usuario como su profeta

Por: pijamasurf - 05/24/2015

Si el capitalismo es la "religión" que convierte a sus devotos en consumidores, el sinteísmo busca un nuevo tipo de sociedad basada en la interactividad y la cooperación, tal como el internet nos ha enseñado
[caption id="attachment_95783" align="aligncenter" width="614"]El festival Burning Man encarna, para Alexander Bard, al Internet mismo (y es un vistazo a la sociedad del futuro). Imagen: Burning Man 2014 El festival Burning Man encarna, para Alexander Bard, a la Internet misma (y es un vistazo a la sociedad del futuro). Imagen: Burning Man 2014[/caption]

Las palabras "religión" e "Internet" suenan sospechosas cuando las colocas juntas --tal vez incluso porque para muchos usuarios de Internet, "religión" tiene algo de anacrónico y rebasado, algo de militante y de poco científico; en suma, porque una palabra es sinónimo de pasado y otra de futuro. Pero un extraño personaje sueco llamado Alexander Bard ha llegado para tratar de mostrar que ambas tienen más en común de lo que puede pensarse.

Bard se define como un "vocero" o un filósofo, aunque en su libro Syntheism - Creating God in The Internet Age (en colaboración con el teórico de los medios Jan Söderqvist) aparece también la faceta de profeta: si toda religión necesita sus profetas, el sinteísmo parece recaer en un pequeño acto de conciencia de todos los que ya forman parte de ella: "En el cristianismo", afirma Bard, "una de las últimas cosas que Jesús dijo a sus discípulos fue 'Yo siempre estaré con ustedes', lo que significa que el Espíritu Santo es la manifestación de Dios cuando los creyentes están juntos. La Internet tiene 7 mil millones de personas conectadas al mismo tiempo en tiempo real, y si eso no es el Espíritu Santo, entonces no sé lo que es".

Pero el sinteísmo no es sólo una crítica del cristianismo, sino más bien una crítica de la Historia con mayúscula: "Lo que nos falta ahora es quién cuenta la Historia. Alguien tiene que hacer de Immanuel Kant para la nueva era. Así que el sinteísmo está preparando el camino para la nueva élite y yo soy uno de los que cuentan su historia". Tal vez este asunto de la "nueva élite" sea lo primero que ponga en entredicho las buenas intenciones del sinteísmo. ¿Qué las utopías no se construyen entre iguales? ¿Quién va a decidir quién forma parte de esa élite? Pero a decir de Bard, se trata de un proceso cultural que ha tenido parangones similares a lo largo de la Historia: la democracia ateniense también funda un nuevo tipo de élite basado en los valores de la época, y el cristianismo no repartió la salvación equitativamente entre los señores feudales y sus siervos durante la Edad Media. 

[caption id="attachment_95784" align="aligncenter" width="458"]Alexander Bard Alexander Bard[/caption]

Para comprender de qué se trata es preciso acercarse a la vida de Bard: activista por los derechos de libre acceso a la información, músico (antiguo miembro de una boy band sueca y actual jurado de uno de sus reality shows más populares), es también un aficionado a visitar festivales del tipo Burning Man en Nevada, Estados Unidos. Su epifanía se produjo durmiendo junto a una "hermosa actriz desnuda": se dio cuenta de que tenía que escribir otro tipo de cosas, "dejar de escribir libros sobre los problemas que causaba la Internet" y en cambio "escribir sobre sinteísmo".

Burning Man es, para Bard, "un experimento de la utopía temporal que es la primera manifestación física de la Internet misma", pues encarna los valores anarquistas que alientan y han abanderado a diversos movimientos nacidos en la web, como la oposición a la autoridad jerárquica, la fe en el criterio individual y en general un ethos participativo y festivo. Después de todo, "las religiones primero se practican y luego se formulan. San Pablo escribió sus epístolas luego de que el cristianismo se practicara por todo el Imperio Romano. Yo creo firmemente que el sinteísmo ya se está practicando y que nosotros solamente lo estamos formulando".

El sinteísmo como tal surge en 2012 y se basa en la idea de que si el hombre crea a Dios, entonces es tiempo de crear dioses adecuados para el siglo XXI. Sus fuentes van desde Bataille hasta Hegel, pasando por los escritos de Stephen Hawking y San Pablo, y se propone formular una idea de la Historia tomando en cuenta el estado de la cultura actual, así como a través del tiempo. Si el capitalismo es la "religión" que convierte a sus devotos en consumidores, el sinteísmo busca que el paradigma con el que nos construimos y relacionamos cambie para crear una sociedad global basada en la cooperación y la participación. 

Para Bard, aquellos que ven la Internet como una fábrica de narcisismos "no entienden nada":

Por el momento es un híbrido entre viejos modelos individualistas y los nuevos donde la gente realmente se involucra con los demás y hacen cosas juntos. Esto se llama interactividad y es una pieza clave de la cultura participatoria. Estas fuerzas son tan poderosas que [los medios de comunicación] serán dejados de lado si no pueden aceptar esta nueva cultura interactivista, como le pasó a la Iglesia Católica luego de la invención de la imprenta. Después de todo, una vez que has tenido un smartphone en la mano nunca vas a querer un teléfono solamente para contestar llamadas. No hay vuelta atrás de la interactividad.

Bard nació en Suecia en 1961, se formó en economía y filosofía, pero es más conocido por sus proyectos musicales pop como Army of Lovers y Gravitonas (a.k.a. la primera banda de Spotify). También es activista por la liberalización sexual y de las drogas en Suecia. Junto a Söderqvist ha escrito otro par de libros sobre el tema, que juntos forman la Trilogía Futúrica. Y aunque parezca ingenuo o un simple hoax publicitario crear una religión a partir de Internet, Bard está listo también para enfrentar a los detractores y advertir que no todo será miel sobre hojuelas:

El Estado y las grandes corporaciones van a querer controlar la web --la nueva netocracia va a quererla abierta y libre. Será un conflicto físico y son los netócratas en línea los que comenzarán la revolución, no los trabajadores en la fábrica. No sabemos quién va a ganar pero esperamos que sean los jóvenes, a menos que lancen muchas bombas atómicas.