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THE LOST, de Reynold Reynolds: arte, ciencia y expresionismo alemán integrados en un ambicioso performance fílmico

Arte

Por: Andrés Cota Hiriart - 04/29/2015

Un escritor inglés recién emigrado al Berlín de los años 30. Un cabaret que esconde un laboratorio secreto. Un vampiro científico. Muchas mujeres, alcohol y algunos nazis. Estos son los elementos dramáticos que entran en juego en el último proyecto del director

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Un escritor inglés recién emigrado al Berlín de los años 30. Un cabaret que esconde un laboratorio secreto. Un vampiro científico. Muchas mujeres, alcohol y algunos nazis. Estos son los elementos dramáticos que entrarán en juego para que, a partir de los vestigios de una antigua película inconclusa encontrados en una bodega de Siberia, el videoartista Reynold Reynolds confeccione THE LOST, su proyecto más reciente y probablemente el más ambicioso en el que se ha embarcado a la fecha.

foto 1Para quién no esté familiarizado con la obra de este director oriundo de Alaska quizás sea importante saber que, a pesar de ser catalogado como videoartista, Reynold siempre filma sus proyectos en cine, generalmente empleando una vieja cámara Arri 16mm de los años 50. Después, revela el material en el baño de su casa y realiza la digitalización por medio de una maquina improvisada que utiliza una cámara de foto fija para capturar cuadro por cuadro del celuloide. Este dedicado y laborioso proceso asegura que sus películas posean una calidad de manufactura que raya en la perfección absoluta. Aquí un poco más sobre el artista.

Eso dicho, ahora sí podemos entrar en materia y hablar sobre THE LOST.

 

 

El catalizador

Reynold se encuentra por casualidad en una bodega de Siberia con los rollos de una antigua película inconclusa. Todo parece indicar que se trata del material perdido de una producción alemana que, debido al inicio de la segunda guerra mundial, nunca vio la luz del día. En la caja también descubre elementos de utilería y algunos dibujos.

 

La idea

De regreso a Berlín, donde vive desde hace 10 años, Reynold comienza a gestar un posible proyecto. Obsesionado por los fotogramas encontrados y debido a que siempre ha sentido fascinación extrema por el cine de Fritz Lang y la corriente expresionista alemana, decide emprender la misión de completar la película. Colaborando con la ilustradora española Ana J. Bellido, realizan un proceso invertido de creación cinematográfica en el que generan story boards para escenas ya existentes. Después, a partir de estos, inventan secuencias nuevas, desarrollan la concepción visual y empiezan a construir sets. Imogen Heath, fotógrafa australiana, y Tomas Spencer, actor inglés, se unen al equipo y la idea comienza a tomar forma.

 

El experimento se desborda

Lo que empieza como una breve serie de ejercicios cinematográficos poco a poco se va transformando en una labor creativa más rigurosa. Recopilan antigüedades y animales disecados en mercados de segunda mano polacos. Elaboran vestuarios. Y hacen castings para integrar los espectáculos del cabaret. Reynold ya no sólo busca completar la película existente, sino que la reinterpreta. Utilizando su emblemática Arri de los 50 y latas de película caduca, refilma la historia completa, buena parte de ella realizando complicadas coreografías en stop motion, y expande los límites del argumento.

 

La filmación como performance

Las pruebas funcionan, el equipo se entiende bien y los primeros resultados son alentadores. El único problema es que el presupuesto es escaso y no cuentan con un lugar donde trabajar. Así es que Reynold maquina una estrategia. Propone a galerías y museos exhibir los sets como piezas de arte y realizar performances de filmación en vivo abiertos al público, a cambio de utilizar el espacio a manera de foro por unos meses. La iniciativa funciona y durante los siguientes 3 años el equipo se traslada de manera intermitente entre instituciones culturales de diversas ciudades: Haus der Kulturen der Welt y Zink Galerie en Berlín, Sprengel Museum en Hanover, Akademie Schloss Solitude en Stuttgart, Christopher Grimes Gallery y 18th Street Studio en Los Ángeles y Dejavu/Nosadella en Bolonia.

 

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La pieza

Después de meses de producción, decenas de performances de filmación en vivo, construcción de múltiples sets e incontables horas de edición, el proyecto finalmente se materializa en algo tangible. La pieza consta de dos versiones audiovisuales: un largometraje que se presenta en festivales de cine (y este sábado 2 de mayo en una única función en el Distrito Federal) y una instalación de siete canales de video, acompañada por dibujos y utilería de la película, cuyo destino son las aulas de museos y galerías. Esta última ha sido presentada en Holanda, Estados Unidos, Alemania, Italia y el año pasado en México. THE LOST se exhibió en el MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) durante el verano de 2014.

La única función de la película completa en el Distrito Federal tendrá lugar este sábado 2 de mayo en Bucareli 69, Cuauhtémoc, a las 20:15. Evento gratuito, cupo limitado; para asegurar tu lugar llega temprano.

 

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Más sobre el proyecto: http://artstudioreynolds.com/artworks/the-lost/

 

Twitter del autor: @cotahiriart

Conoce a los fagos: "la materia oscura" viral que domina el planeta

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/29/2015

Los bacteriófagos son los organismos más abundantes del mundo, superando por más del doble a las bacterias. Hasta la fecha sabemos poco de ellos, pero científicos creen que podrían ser instrumentales en el futuro de la medicina

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El biólogo Stephen Jay Gould escribió, parafraseando el Génesis: "Primero fue la bacteria", haciendo alusión tal vez a la teoría de que la vida en el planeta parece haberse originado a partir de estos microorganismos y, quizás también, a que desde cierta perspectiva son los organismos dominantes en la Tierra. Esta perspectiva del poder bacteriano global, sin embargo, está siendo desafiada por el estudio de los bacteriófagos, también conocidos como fagos, organismos virales que se alimentan solamente de bacterias y son por número los más abundantes del planeta (microbiólogos bromean con que la gran guerra original por el control del mundo es entre virus y bacterias). La periodista científica Nicola Twilley los llama "los titiriteros de las bacterias" y la National Science Foundation de Estados Unidos se refiere a ellos como "materia oscura viral". Esto último en alusión a que sabemos muy poco sobre estos intrigantes organismos submicroscópicos, algo que el profesor de la Universidad de Estatal  de San Diego, Forest Rohwer, quiere corregir nombrando este 2015 "el año del fago", celebrando así 100 años de su descubrimiento.

Rohwer es autor del reciente libro Life in Our Phage World, una introducción al fascinante y desconocido mundo de los bacteriófagos donde podemos aprender cosas como que que existe un estimado de 1031 fagos en el mundo, lo que los convierte, por mucho, en el organismo más numeroso del planeta. Según reseña Nicola Twilley, en una cucharada de agua de mar existen más fagos que personas en todo Río de Janeiro. Cada segundo estos endiablados nanoorganismos son responsables de 1 billón de billones de infecciones virales, destruyendo cerca de 40% de las células bacteriales en el océano cada día. Las bacterias muertas se hunden en el mar y remueven gases invernadero, contribuyendo a un delicado equilibrio ecológico cuya interdependencia apenas empezamos a sondear.

El diminuto tamaño de los fagos hace que sean sumamente difíciles de medir, estando al límite entre la física clásica y la física cuántica (otra razón para el apelativo de "materia oscura"). Como ocurre con los virus, están al límite de la vida, y en realidad no son considerados seres vivos (una definición un tanto escurridiza). Pese a que tienen genes, evolucionan y se reproducen, el hecho de no tener una estructura celular o un metabolismo propio hace que los fagos no sean considerados organismos vivientes (solamente organismos, acaso como los cristales).

Científicos señalan que los 2 mil millones de piezas genéticas que probablemente sólo existan en los fagos podrían hacerlos también la fuente más grande de diversidad genética y por lo tanto una reserva inexplorada de enormes aplicaciones para la salud, la energía o la agricultura. El profesor Rohwer cree que la excitación generalizada en el mundo de la microbiología y la medicina que genera el microbioma humano bacterial (y la ya gigantesca industria de los probióticos) podría ser superada por la manipulación bacteriofágica. "Vamos a poder hackear el microbioma humano con nuestros fagos. En unos años verás a personas manipulando a especies individuales [de bacterias] en el intestino con un bacteriófago, algo que no es muy difícil de hacer", dice Rohwer. Tal vez esto pueda ser un proceso más efectivo que el consumo de probióticos que por el momento no han logrado ser amaestrados para obtener resultados predecibles, si bien suponemos que podrían ser importantes en el tratamiento de prácticamente todas las enfermedades. De igual manera, los fagos podrían ser una alternativa a los problemas de resistencia antibiótica que han desarrollado las bacterias por el abuso de estos medicamentos, mayormente mal utilizados para combatir virus (para los cuales son inofensivos).

La abundancia de estos organismos es tal que, de hecho, cualquier persona puede tener su propia especie de fago si logra encontrar una --y debe de haber literalmente miles. Es más, cualquier persona puede nombrar el número de especies que quiera, no hay límites ante la desmedida cantidad de estos virus devora-bacterias. Aquí una serie de instrucciones para quienes quieran hacer una contribución de ciencia ciudadana.