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Nuestra sociedad está hambrienta de información positiva y emocional con la cual vincularse e identificarse

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Un equipo de investigadores realizó recientemente un estudio en múltiples plataformas para encontrar los patrones que se repiten en contenidos virales, que alcanzan de manera exponencial grandes audiencias.

El equipo, que incluyo, científicos sociales, un escritor y un mercadólogo, analizó más de 7 mil artículos del New York Times y de la revista TIME para llegar a una serie de conclusiones. Los resultados no sorprenden mucho, especialmente si uno suele analizar un poco los contenidos que circulan masivamente en las redes sociales. Sin embargo, las conclusiones revelan importantes aspectos psicosociales.

Los autores señalan que existió una mayor probabilidad de que los contenidos fueran compartidos cuando tenían una cierta cualidad emocional, ya sea de enojo o de alegría (emociones que consideran de "activación"). Mientas tanto, artículos que inducían tristeza (una emoción "inactiva") no son compartidos masivamente. La conclusión final indica que entré "más positivos y emocionales" sean los artículos, más se viralizan. Los autores añaden que formular de esta forma contenidos es más importante y más útil que tener a los llamados "influencers" promoviéndolos.

De aquí que podamos inferir que, debido a que las redes sociales hoy en día controlan la mayor parte del tráfico que se dirige hacia sitios de contenido, el contenido positivo o el contenido que nos hace ser percibidos de una manera más positiva cuando lo compartimos es el contenido que lleva las de ganar. En las redes sociales, como muestra el extraordinario documental Generación Like, somos lo que nos gusta, nuestros likes construyen nuestra identidad. Asimismo, es claro que hay una carencia o un deseo por tener experiencias emocionales o experiencias significativas --y nuestras interacciones en las redes sociales son mecanismos vicarios de vivir esas experiencias que antes existían fuera de entornos virtuales.

 

 

¿Cuáles son los sonidos que emanan de nuestra actividad en Twitter o de nuestro historial de navegación en la Red? Aquí puedes escucharlos

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Everything we do is music.
John Cage 

 

La música está en todos lados. A pesar de que esta afirmación puede parecer un desplante de optimismo poético, en realidad hay buenas razones para respaldarla. Y es que a fin de cuentas todo está inserto en una especie de código ubicuo, cuyas hebras y ritmos pueden extraerse, aislarse y luego reinterpretarse en otros lenguajes –en este caso, el sonoro.

Por eso es que hoy sabemos cuál es la música de los planetasa qué suenan las auroras boreales o a qué el calentamiento global; por eso hay quien logra hacer música con una tintorería o extraer melodías de plantas. Pero si la música está en todos lados, ¿a qué suena nuestra cotidianidad, nuestras prácticas o herramientas más habituales?, ¿a qué suena lo que estás haciendo en este preciso instante?, ¿a qué suena Internet?

A esta última interrogante respondió Gilles Turnbull en un reportaje para The Morning News. Más allá del sonido que producen las teclas, el arrastrar un mouse o los ya inconfundibles sonidos de diferentes aplicaciones, cada uno de nuestros actos digitales produce sonidos (originalmente en forma de data que puede sonorizarse). Turnbull muestra la traducción sonora no sólo del registro de actividades en plataformas como Twitter, Ping o Google, también "fenómenos" como tu historial de navegación o subcódigos como el JavaScript.    

El ejercicio, además de que presume una cierta estética sonora y resulta, cuando menos, una digna curiosidad para nuestra dispersa atención, conlleva mensajes puntuales, incluso recordatorios pertinentes. En primer lugar, la premisa con la que abrimos este texto, es decir, todo exuda sonido –y en algún punto cada sonido es parte de un engranaje mayor que bien podríamos considerar como musical. En segundo, se trata de un llamado a darnos cuenta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor pero que damos por hecho al punto en que simplemente dejamos de percibirlo. ¿Te das cuenta del masivo cúmulo de procesos e interacciones que se registra detrás de cualquier acción en la Red (desde microprocesadores hasta flujos que navegan fibras ópticas)? Cualquier lugar, cualquier estado de ánimo o paisaje, está repleto de sonidos. Finalmente, este ejercicio nos invita a relajar nuestra percepción, a desautomatizarla y a simplemente permitir que nuestro entorno suene.

Nuestras vidas digitales también liberan sonidos, pero tienes que acercarte un poco más para escucharlos. Muchas personas negarán que Internet produce algún sonido, pero son las personas que jamás se han detenido a escuchar. Todo genera sonido. Tal vez no sea uno que tus oídos estén acostumbrados a percibir, pero está ahí disponible.