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¿Qué es realmente la vagina? Reflexiones de placer sobre el alma sexual de la mujer

Salud

Por: María José CA - 03/18/2015

Existe una increíble gama de constructos que definen a la vagina. Cada uno de ellos presenta una parte certera así como de mucha información errónea de la subjetividad vaginal

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El cuerpo humano cuenta con terminaciones nerviosas (llamadas corpúsculos sensoriales) en la piel que se encargan de la sensibilidad a lo largo de la complexión corporal. Gracias a estos mecanorreceptores somos capaces de percibir, significar, interpretar y sentir cualquier vibración o presión generada en alguna parte del cuerpo. Inclusive, algunos teóricos se atreven a definirlos como el inicio de toda creencia, pensamiento, sentimiento y conducta, los cuales están delimitados por constructos sociales y culturales (la Matrix).

Sin embargo hay una serie de costumbres culturales que provocan una especie de anhedonia sensorial; es decir, una muerte en vida de todas las sensaciones corporales (y hasta mentales). En consecuencia, no existen recursos (intrapersonales) para autorregularse ante crisis emocionales o vivenciales ni mecanismos propios para una especie de trascendencia humana. Y quizá un poco más específico, decidimos anestesiarlos de modo que no nos interrumpan en el día a día de la producción laboral.

De acuerdo con el Modelo Neurobiológico para Trastorno de estrés postraumático y enfermedades psicosomáticas de Robert Scaer, el cuerpo tiene sus propios métodos para regresar a este balance homeostático después de un evento traumático. Para él, el temblor (literal) del cuerpo es una especie de reset de los corpúsculos, del sistema nervioso y de la mente para regresar a las andadas. No obstante, si anestesiamos a los corpúsculos (y por tanto al sistema nervioso), ¿cómo vamos a darle este reinicio indispensable a nuestro cuerpo y mente para esta autorregulación y trascendencia humana?

Al reflexionar acerca de esta “muerte en vida”, se puede encontrar un paralelismo en la sexualidad tanto masculina como femenina (especialmente en la segunda). Es decir que, a pesar de que se han adoptado premisas de una revolución sexual como un estilo de vida normalizada, se continúa rechazando una sexualidad responsable con base en el placer consciente y prácticas sexuales (incluso relacionales) tanto seguras como protegidas.

En palabras de Naomi Wolf, famosa crítica cultural, politóloga y escritora, la visión de la sexualidad (femenina) está completamente desfasada debido a esta anhedonia en relación con la vagina. Al adentrarse en este túnel fascinante de la investigación de la vagina, y por lo tanto de la comprensión de la mujer, se halla una conexión esencial entre la conciencia de los corpúsculos sensoriales, la fluidez del temblor ante las sensaciones y la estructuración integral de la feminidad (y masculinidad) personal.

¿Qué es la vagina entonces?

10919002_1546722018935913_8000151173724345848_nExiste una increíble gama de constructos que definen a la vagina. Cada uno de ellos presenta una parte certera así como mucha información errónea sobre la subjetividad vaginal. Camino hacia la iluminación, loto dorado, agujero, órgano que separa la infancia de la adultez, un orificio in vogue, un producto estrella en la pornografía, un actor secundario ante el clítoris. Son muchos constructos establecidos alrededor de la vagina. Y todos, si no es que la mayoría, presentan conocimientos mínimos que establecen premisas separatistas entre ese miembro y las demás partes del cuerpo (incluyendo la mente –que no el cerebro).

A medida que se va profundizando la información y la experiencia en aspectos neurocientíficos, fisiológicos y espirituales, una mujer experimenta un cambio irreparable que reestructura este cerebro femenino, el cual permite la continuidad de los corpúsculos y de este reset homeostático para una trascendencia personal. Ya que, para alcanzar la tan aclamada felicidad y plenitud sexual, es indispensable tomar en consideración la fisiología del deseo, la excitación, la meseta y el orgasmo; la interacción física y emocional con el medio ambiente, así como las interconexiones entre mente y cuerpo. Estas cuestiones paralelas relativas a la sexualidad (independientemente de la orientación e identidad sexual) son las que permitirán una comunicación trascendental tanto con una como con esa otra (u otro).

Por consiguiente, cuando este cambio se genera, el placer sexual femenino no tiene que ver sólo con la sexualidad ni con el placer; sino con un medio de autoconocimiento, creatividad, iniciativas, felicidad, equidad, derechos, libertad, sensibilidad y salud. En pocas palabras, el cerebro femenino se convierte en un alma femenina enfocada tanto en la liberación de esquemas represivos como en el aprendizaje de quién es la vagina de cada una.

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj

Fotografía principal: Petite Mort

 

 

¿Una barba puede hospedar más microbios que un excusado?

Salud

Por: pijamasurf - 03/18/2015

¿Qué tan cierto científicamente es el prejuicio de que la barba crecida es un símbolo de falta de higiene personal?

tumblr_myqn5e31pp1qaud6fo10_500Quizá hayas notado que, de pronto, todos los hombres comenzaron a dejarse crecer la barba, algunos con mayor fortuna que otros, pero todos obedeciendo a una suerte de orden silenciosa y secreta que, misticismos aparte, no es otra fuerza más que la moda. Por alguna razón poco clara, las barbas se pusieron de moda, esta vez acompañadas además por tatuajes, una combinación que parece invencible en cuanto a atracción sexual se refiere.

Entre las muchas preguntas que puede suscitar esta explosión y crecimiento repentinos del vello facial masculino, hay una en particular en el dominio de la higiene. Si de por sí nuestros cuerpos son el terreno natural de seres microscópicos que viven en nuestro cabello, nuestra piel, nuestros órganos y más, ¿qué pasa en ese pequeño bosque oscuro que puede ser la tupida barba de un hombre?

Para responder  a esta duda, diversos estudios han analizado la calidad salubre de una barba promedio, y sus resultados son diversos. En 1967, una investigación concluyó que las bacterias que ordinariamente puede albergar el rostro de una persona se adhieren con mayor tenacidad a una barba que al rostro mismo. Por otro lado, en el año 2000, científicos del Departamento de Anestésicos del Hospital de Chelsea & Westminster, en Londres, estudiaron la presencia de bacterias en personal hospitalario masculino usuario de máscaras quirúrgicas, encontrando que estas eran significativamente más en el caso de los hombres con barba, en especial en la zona debajo de los labios.

Con todo, más allá de estas investigaciones, en realidad es casi nulo el sustento para ese prejuicio social que ve en las barbas pronunciadas un símbolo de descuido personal y falta de higiene. Mucho menos para una noticia que ha circulado por estos días a propósito de la presencia de bacterias propias de la materia fecal en la barba de un hombre.

Así que, si tenías pensando mesarte la barba o mesársela a alguien, adelante. En eso no hay ningún riesgo sanitario.