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Burroughs, Foucault y Deleuze y por qué la información hace que vivamos en la perfecta sociedad de contol

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Michel Foucault escribió que "Un día, el siglo será deleuziano". Se refería al siglo XX, pero en muchos aspectos es el siglo XXI el que es deleuziano. Un mundo donde coexisten paradójicamente la estructura rizomática, descentralizada, hiperconectada del conocimiento --y que ha abrazado poética y ecológicamente una visión de la multiplicidad, de la heterogeneidad y de la holonomía-- y un aparato de control vigilante a través de esa misma información, tan seductora. Gilles Deleuze expresó con singular claridad hace alrededor de 30 años la idea de que transitábamos a una sociedad de control, un modelo que tomó del mismo Foucault --quien entendió que la información era históricamente central en la configuración evolutiva del aparato de poder-- y de William Burroughs, quien en vislumbres de lúcida paranoia, desde El almuerzo desnudo, alcanzó a ver el andamiaje del universo como un invasivo aparato de biocontrol. Burroughs vio una conspiración cósmica, un control telepático y viral entre gusanos extraterrestres y antiguos sacerdotes mayas y egipcios, pero esa misma desaforada visión era también una metáfora política que hoy sigue vigente, especialmente por ser quizás la voz que más anticipó el uso político de la guerra contra las drogas como parte de la expansión policíaca de la sociedad de control, el apilamiento de data y el perfeccionamiento de la vigilancia.

Del panóptico de Bentham y de Foucault al prisma de la NSA (la ubicuidad del ojo, el ojo que viaja contigo), de Ciempiés Telepático de Burroughs a los algoritmos del Big Data, hoy parece más claro que nunca que esta línea de investigación filosófica se ha cumplido en sus sospechas. Aunque existen claros antecedentes, como los que detecta Burroughs en sociedades teocráticas, este orden de control informático se esboza con la sociedad disciplinaria en la que: "El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela ('acá ya no estás en tu casa'), después el cuartel ('acá ya no estás en la escuela'), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia" (Deleuze, "Posdata sobre las sociedades de control"). Pasando por las llamadas sociedades de soberanía --una transición encauzada hacia la profesionalización de la recaudación de información-- hasta entrar de lleno a las sociedades de control, donde ya no se confina a las personas en espacios cerrados, se alarga la mirada vigilante y se multiplica y suaviza la máquina de procesamiento de datos. "No se confina a las personas haciendo una carretera, pero haciendo una carretera se multiplican los medios de control", dice Deleuze. Es curioso cómo esta frase es perfecta también para el internet, la llamada "supercarretera de la información". Esta fue la gran "zanahoria" que la sociedad recibió con internet, movilidad y conexión absoluta, y un relajamiento y una distensión sobre este control, que parecía haber desaparecido --pero no estar en ninguna parte es la mejor forma de estar en todas partes: la tecnología informática se diviniza, es omnipresente y omnisciente. Blanda y voluntariamente cedemos nuestra información --la información que multiplica el control.

 

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Deleuze entendió la filosofía de una manera creativa. El filósofo, decía, es el creador de conceptos. Sus conceptos hoy parecen tener vida propia, resultan dueños de una cierta cualidad profética. Quizás porque su filosofía lo acercó al arte (y leyendo sus libros algunos críticos hablan de una especie de chamanismo crítico). Recordemos a McLuhan (ese otro filósofo de la comunicación de ecos proféticos) quien creía que el artista podía anticipar lo que sucedía en una cultura sólo por su capacidad de vivir en la intensidad del presente y decodificar las modulaciones y mutaciones simbólicas de lo actual. No tenía que esperar a ver los efectos a largo plazo de un nuevo medio de comunicación, podía sentir las bifurcaciones de su transmisión inmanentemente. Algo similar ocurre con Deleuze, que si bien no fue el único en ver esta tendencia, logró decodificarla con la suficiente lucidez para que la pudiéramos entender. El artista hace inteligible lo hermético y lo invisible.

El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. 

  

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La información como sistema de control tiene como hierofantes a los publicistas, directivos de marketing y corredores de bolsa. La economía se digitaliza, la materia y el capital se vuelven pura información: espíritu. El tiempo es dinero, el dinero es dios ("In God We Trust"), las corporaciones no sólo se vuelven personas, se vuelven egregors, un conglomerado particular de espíritu, capaz de transformar la conciencia de millones de personas, mucho más que cualquier nación. La información está en todas partes; no hay forma de escapar de ella, transmitiendo. Burroughs en Naked Lunch:

El aparato de biocontrol es un prototipo de control telepático unilateral. El sujeto puede hacerse susceptible al transmisor a través de drogas u otro tipo de procesamiento sin instalar el aparato... El Emisor tiene que mandar todo el tiempo, pero no puede nunca recargarse sólo por contacto. Al final deja de tener sentimientos que mandar. No puedes tener sentimientos que mandar si estás solo. No sólo como el Emisor está solo --y te das cuenta de que sólo puede haber un Emisor en un tiempo-espacio... Finalmente la pantalla se va a negros... El Emisor se ha convertido en un enorme ciempiés... así que los trabajadores llegan y queman al ciempiés y eligen a otro Emisor por consenso de la voluntad general... Los mayas estaban limitados por su aislamiento... Ahora un solo Emisor podría controlar el planeta... Ves que el control nunca puede ser un medio para un fin práctico... Nunca puede ser un medio más que para más control... como la heroína.

 


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Deleuze parece aterrizar a Burroughs:

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (individual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal. 

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¿Quién no tiene hoy un collar electrónico? Aunque no esté en el cuello, está en nuestras bolsas, con nuestros teléfonos. El contrato que hemos aceptado por default es que al recibir información todo el tiempo, la información podrá vernos todo el tiempo y registrar nuestra identidad todo el tiempo. El infinito indeleble de la metadata --que algún día será digerida para hacer que una máquina pueda predecir el futuro, saber antes que tú lo que vas a hacer. El sueño del control total, pre-inoculado y presciente. 

El concepto que nos vendieron era que la información era libertad, que la información nos haría libres. Una libertad enfrentada con un insoslayable predicamento, ¿puede crecer la libertad mientras crece el control? ¿la libertad no tiene que ver con la privacidad? ¿podemos confiar en la gran máquina que todo lo ve, entregarnos al poder del algoritmo? Ahora sabemos que la información es probablemente el constituyente básico del universo, aún más fundamental que la energía y la materia, el bit como ladrillo del constructo de lo real. La sociedad disciplinaria de Foucault construyó una enorme cantidad de edificios con ladrillos de concreto para mantenernos confinados, vigilados, engrasando una máquina aún mecánica. Ahora es la información misma, transparente, hiperpermeable, no-local, la máquina incorpórea la que nos observa. Podríamos preguntarnos: ¿cuál es su agenda, está viva? Pero quizás mejor preguntarnos: ¿queremos vivir en un mundo donde el único dominio del espíritu lo tiene la información? ¿Dónde el paraíso está a la vuelta de la esquina, pero es un paraíso simulado por una supercomputadora en la que flota tu conciencia? Tal vez al final las máquinas habrán sido lo mejor de nosotros.

Twitter del autor: @alepholo

 

Este hombre lleva 11 años fotografiando todo lo que su mano derecha toca

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/01/2015

En un afán de resumir la cotidianidad de la vida moderna, el artista Alberto Frigo saca una foto de cada objeto que toma

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¿Qué mejor ADN de la vida en una cultura consumista que los objetos mismos? Desde hace 11 años, el artista Alberto Frigo ha tomado fotografías de todo lo que su mano derecha ha tocado. Para 2040, cuando acabe el proyecto, Frigo cree que habrá fotografiado 1 millón de objetos distintos.

“Pensé que los objetos que estaba usando podrían de alguna manera convertirse en las letras de un alfabeto para leer mi vida”, dice Frigo. Cepillos de dientes, vasos, yo-yos, cuchillos de queso, peines, partes del cuerpo y casi todos los objetos cotidianos imaginables forman parte de la vertiginosa colección de paneles del artista.

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Frigo usa una cámara de bolsillo del año 2000 (tiene cientos de repuestos en casa). “Ya ni siquiera pienso acerca de mi mano izquierda fotografiando los objetos que usa mi mano derecha”, comenta. “Es tan natural para mí como deslizar una tarjeta para abrir la puerta de un edificio”. Su método es nunca fotografiar el mismo objeto más de una vez cada 24 horas, lo cual reduce sus fotografías a un promedio de 76 por día.

Aunque podría parecer un tanto forzado, o incluso absurdo, a través de su proyecto Frigo “concientiza” cada objeto que toma a lo largo del día. Hace visible la cantidad de cosas que utilizamos en la vida moderna sin nunca reparar en ello. “En este proyecto encuentro la dimensión poética de ser autosuficiente y vivir una vida simple. […] Es decir, no rechazo la complejidad de la vida moderna y estoy dispuesto a dejarme llevar por ella, pero supongo que la vida simple es regresar a la comunión con la naturaleza”.

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