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Esta técnica ancestral de ejercicios pélvicos hace palidecer a los Kegels

Por: pijamasurf - 03/09/2015

Conocida por diferentes nombres, la leyenda del pompoir parece salida de un manual antiguo de sexualidad y misticismo. Conoce más al respecto aquí

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Probablemente has escuchado o leído algo sobre los Kegels, ejercicios intrauterinos para fortalecer el sexo femenino y, presumiblemente, lograr orgasmos de mayor intensidad. Si no has oído de ellos, probablemente practicas alguna variante del viejo "dentro-fuera-dentro-fuera", para utilizar la terminología de Alex DeLarge sobre el sexo: si es así, lo más seguro es que para ti el orgasmo sea un asunto de azar, de suerte o de probabilidad.

No busques más, porque resulta que existe una técnica llamada pompoir, que promete los beneficios y rigores de toda rutina de ejercicios, sólo que centrada en el área de los músculos pubococcígeos. Se conoce como "kabazza" en la tradición árabe, además de "tocar la flauta" o "el apretón de Singapur", y es un secreto a voces entre las más refinadas escuelas sexuales, desde las Devadasis hindúes hasta las geishas de Japón.

Se dice que fue desarrollada en la India hace más de 3 mil años y, como un montón de las cosas que aprendemos en internet, se ofrece en nuestros días como un webinar impartido por Denise Costa en el sitio Pompoir Book.

El pompoir consiste básicamente en diferentes tipos de movimientos vaginales que producen un tipo de orgasmo conocido como "uterino", además de ser increíblemente estimulante para el pene de la pareja. Se practica mejor con la mujer encima: no es necesario ningún movimiento del hombre, y de hecho la mujer puede permanecer inmóvil sobre él, mientras toda la acción se desarrolla a nivel muscular.

El arte del pompoir consiste en una conciencia sumamente desarrollada sobre los músculos vaginales, de manera que se puedan contraer y distender para apretar o expulsar el pene. También es posible aferrar con tal fuerza el pene que el hombre no podría sacarlo (gulp), así como acariciarlo, torcerlo, e incluso expulsarlo y "ordeñarlo". Se puede practicar a solas con la ayuda de dildos.

Según Costa, practicar pompoir puede ayudar a incrementar la duración y potencia de los orgasmos femeninos. Como cualquier rutina de ejercicios, el pompoir requiere constancia y dedicación, y se recomienda dedicar al menos 1 hora diaria, ya sea con pareja o utilizando pelotas, vibradores o cualquier fuente de resistencia.

A decir de la terapeuta, la razón por la que no se escucha más a menudo del pompoir, los Kegels o los ejercicios pélvicos es la misma por la que el gran público ignoró durante siglos la existencia del punto G: ignorancia y vergüenza. La maravilla de vivir en el siglo XXI es que las mujeres no tienen por qué esperar a estar embarazadas o a tener problemas ginecológicos para desarrollar la fuerza pélvica.

Fashion en el 2050: piel electrónica y atmósferas corporales

Por: pijamasurf - 03/09/2015

El ejercicio de imaginar la moda en un mundo transhumanista, donde las máquinas se habrán integrado al cuerpo, rinde extraños frutos eléctricos

La moda busca anticiparse al futuro decodificando las tendencias con las que procesamos el mundo. Imaginar el futuro es una forma de crearlo.

Un ejercicio futurista realizado en conjunto por la diseñadora Nacy Tilbury y el colectivo Visual Artists 125 Creative imagina el mundo de la moda en el año 2050, en el que el cuerpo ya ha integrado componentes tecnológicos para convertirse en un metaobjeto en constante transformación.

La pieza Digital Skin/Body Atmosphere es un cuerpo humano que sirve como una pantalla digital y como una prótesis del deseo. Entramos a la era de la biocouture: vestidos de nubes y auras para la noche hechos con gas, joyería de nanopartículas, cosméticos electrodinámicos, prendas de éter, uñas mutantes, ojos electrónicos, venas que emiten luz ―e incluso podremos consumir moda tomando una pastilla.

Para algunos seguramente esta visión de la moda transhumanista parecería más la materialización de una pesadilla que la sofisticación de la estética, sin embargo, es difícil anticipar cuál será el paradigma de lo bello y deseable en una era en la que aparentemente la tecnología se habrá interiorizado como una segunda naturaleza.