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Escuchar (los latidos de) tu corazón podría salvarte la vida

Por: pijamasurf - 03/02/2015

Las corazonadas e intuiciones que sentimos (que utilizamos en juegos de apuestas y para evaluar la honestidad de nuestras parejas sentimentales) pueden venir de una curiosa habilidad que comunica los registros intelectuales con las emociones viscerales

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Para Aristóteles, el corazón era la casa del alma; los egipcios dejaban el corazón dentro del cuerpo, pero removían y almacenaban los demás órganos, pensando que era ahí donde residía el ka o sustancia primordial del faraón. Incluso la cultura popular suele asociar el corazón a las emociones, de manera que, al referirnos a intuiciones, sentimos "corazonadas" y no "cerebradas". Pero resulta que esto podría tener una base neuronal.

El neurólogo Agustín Ibáñez de la Universidad Favarolo de Buenos Aires trató a un paciente, al que llamaremos Carlos, con una curiosa particularidad: sentía dos corazones.

Carlos se sometió a una operación para instalarle un dispositivo que le ayudara a su débil músculo cardíaco a bombear sangre, pero atravesó por una extraña consecuencia. Cada segundo o poco más, Carlos sentía la vibración de su marcapasos en el estómago. Al modificar el cuerpo del paciente, la medicina también modifica la mente: Carlos actuaba, pensaba y se sentía diferente después de la operación.

Esto puede explicarse a través de la "interocepción", es decir, la capacidad de percibir el movimiento interno del cuerpo. A decir de William James, las emociones se revuelven en un movimiento de ida y vuelta entre el cuerpo y el cerebro; según esta teoría, el cerebro es capaz de registrar intelectualmente una amenaza, pero es nuestra interocepción o conciencia del aumento en el latido del corazón lo que activa el reflejo de huida y alerta. En cierto sentido, una corazonada es tanto la intuición intelectual de un suceso como la reacción corporal a él.

Un pequeño ejercicio de interocepción consiste en contar los propios latidos del corazón sin tocarse el pecho. Una de cada cuatro personas logra una precisión de 50%, lo que implica que habitamos nuestro cuerpo sin ser completamente conscientes de él; nuestra forma de vida moderna no necesariamente depende del reflejo de huida y ataque, por lo que escuchamos muy poco los mensajes que nuestro cuerpo nos envía en forma de intuiciones y corazonadas.

Esta percepción interna del propio cuerpo es lo que explicaría cosas como el síndrome de la mano ajena, el miembro fantasma y la extraña sensación que Carlos tenía en el estómago a causa de su marcapasos. La gente con alta interocepción ha reportado mayor sensibilidad para reconocer las emociones faciales en los demás, y también para evitar amenazas potenciales. El misterio de la interocepción se explica como la capacidad de reaccionar intelectual y visceralmente a una amenaza o intuición; y más que un misterio, se trata de la habilidad para desarrollar una comunicación con nuestro propio cuerpo.

Los daños en la ínsula (la zona del córtex cerebral implicada en la percepción corporal, la percepción emocional, la toma de decisiones y el sentido del yo) provocan una fuerte despersonalización que puede desencadenar depresión.

Huellas de fe: este monje lleva 20 años orando en el mismo sitio (FOTOS)

Por: pijamasurf - 03/02/2015

Ahora que ha alcanzado los 70 años, el monje afirma que ha reducido sus reverencias a "solamente" mil por día, lo cual sigue siendo un número impresionante

A diferencia de muchas religiones occidentales, las religiones de Oriente practican una forma práctica de fe: primero se reza y luego se cree, no al revés. Un eminente ejemplo de constancia y práctica es el monje budista Hua Chi, de 70 años, quien ha rezado justo en el mismo sitio durante más de 20 años.

Las marcas de sus pies sobre las tablas de madera del templo tienen más de 1 pulgada de profundidad, y son el resultado de inclinarse y levantarse hasta 3 mil veces en un solo día. Ahora que ha alcanzado los 70 años, el monje afirma que ha reducido sus reverencias a "solamente" mil por día, lo cual sigue siendo un número impresionante.

Genden Darji, un monje de 29 años, afirma: "Cada día vengo aquí y cada día observo la madera, y me ha inspirado a continuar haciendo mis propias huellas".