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En un mundo de transacciones, donde al parecer quien más eficiente sea, más ganará, Amazon se impone mediante la estrategia de la construcción de relaciones sustentables y crecientes
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Imagen de sⓘndy° en Flickr

En Amazon hay una cierta lógica del poder, del valor y del sentido que me atrae.

Es curioso; crece sin pausa, como depredadoramente, y no gana dinero. Ni lo pretende, al parecer; o por lo menos, no pretende apurarse a ganarlo. Sí a crecer hasta lo inconcebible y lo más rápido posible.

Como en su momento Wikipedia, que se impuso a los dueños históricos de su espacio de actuación social con un gesto diferencial, tan sobrio como letal, Amazon ahora hace lo mismo. En un mundo de transacciones, donde al parecer quien más eficiente sea, más ganará, Amazon se impone mediante la estrategia de la construcción de relaciones sustentables y crecientes. No es que Amazon opere mejor –aunque tal vez lo haga, es que se relaciona más y mejor.

Wikipedia se impuso como el reservorio universal más grande de información del mundo (y probablemente hoy, hasta el de mayor prestigio) mediante la estrategia inesperada de abrirse al productor anónimo y descentralizado, de negociar con el consumidor su propio contenido. En realidad, alteró la definición de información (que a veces la queremos llamar conocimiento, pero eso es otra cosa); pero lo hizo sin aspavientos; un poco sin conciencia, me atrevería a decir. Lo hizo porque lo hizo. Y ahora lo hace Amazon, que se convierte en una de las más grandes transaccionadoras del mundo (¿serán hoy día más transacciones que las de Walmart?) mediante una estrategia oblicua, apoyada en conocer y vincularse con el comprador y no optimizar apenas el valor de lo comprado o comprable, o sea, de lo ofertado.

Son quiebres; puntos de inflexión. Disrupciones que abren y redefinen. Maniobras en las que la conciencia y la acción alternan su orden relativo y hay momentos en los que todo es lúcido, preciso y genial y otros donde las cosas se ponen oscuras, como si condujéramos en la niebla.

Amazon aplica una lógica de inversión que si no logras que te atraiga, te desesperará; o la amas o la odias. Reinvierte incesantemente como si jamás fueran a llegar ni el límite ni la hora cierta. A ciencia cierta, a eso ya no deberíamos ni llamarlo “inversión”. Amazon ha redefinido el concepto de inversión porque ya no lo liga al retorno, sino al poder.

Amazon monetiza, la de entidad financiera, al poder. Y eso me interesa. Al poder político, quiero decir. Al poder de incidir y transformar las prácticas sociales. Cambiar las maneras de nuestra sociedad. Y no es que con eso hace negocio, es que ese es su negocio. Como Facebook. Como antaño, Apple.

Creo que en el fondo hay un esquema conceptual relativamente simple que explica buena parte de todo esto. Todo depende de la relación conceptual entre la oferta y la demanda. ¿Quién manda?

El sentido común dice que la demanda manda. Que el proceso inicia en la genialidad o en la haraganería o en lo que fuera del que consume y que la oferta es una reacción más o menos eficiente a esa primera premisa que emana siempre de la parte demandante. Primero habla la demanda. Sin embargo, en muchos de los hitos que venimos siguiendo, el esquema conceptual se invierte y a partir de ahí todo se reconfigura. Cuando pasa a mandar la oferta, el paradigma cruje. Vemos cosas nuevas.

(Esto también pasa en política, dicho sea de paso).

La oferta que me interesa se constituye sin preguntar y sin oír; fundamentalmente, diría –porque la enunciación anterior no es totalmente verdadera, se constituye sin reaccionar, sino accionando. No sale al cruce de nada, sino que va en busca de algo. No es defensiva. Es una intención, un ímpetu y una definición ética. Empiezo por presentarme; me obligo a proponerte. Ahí vienen los Virgins, Amazons, Facebooks que tanto admiramos…

Y como venimos viendo, cuando la oferta se erige así, la que se subordina y se vuelve menos carismática es la demanda, que pasa a reaccionar, a plegarse, a acomodarse, a buscar agradar al oferente. A aceptarse como previsible. A resignarse a su miopía. A reconocer sus límites.

Amazon hace todo esto. No optimiza el supermercado, como summum de la reacción de la oferta a una demanda totalmente instalada; Amazon redefine el retail. Lo curioso es que todo está mezclado, incluso para ellos. Porque la vemos autodefinirse más de una vez como el supermercado perfecto (como se definió en sus comienzos como la librería más grande del mundo), cuando en rigor es otra manera de pensar el consumo. Insiste en presentarse como los que no son porque desconfían de que les entendamos. No les entendemos, pero les obedecemos y les compramos. Y eso es poder.

(Recordemos que Amazon nació como el desiderátum de la librería de libros físicos –optimizaciones de stock, oferta total, entrega justa, etc.-- y acaba siendo una instancia social decisiva para la redefinición no apenas de la manera de comprar lecturas, sino de leer mismo).

Amazon nos sorprendió y se sorprendió de sí misma; pero en lugar de retroceder, avanza. Esa actitud me atrae. Su vértigo la arroja, en lugar de recogerla. A veces puede ser que no sepa a dónde va, pero no deja de ir jamás. Y mientras experimenta, construye y define lo que la justifica. Y los financieros de siempre, que deploran este tipo de racional explicado así, acaban cayendo en su red mansamente, arrodillados ante el carisma del que no deja ni un instante de ir. Y le invierten.

Amazon nos conoce. Cultiva nuestra relación. Cada vez que le compramos, en lugar de hacer caja, reinvierte indagando y almacenando con inteligencia. Dice que lo hace para atendernos mejor y para satisfacernos mejor (“todo lo que pasa en Amazon está documentado e informatizado para que la empresa pueda adelantarse a las necesidades del cliente”, El País), pero en rigor lo hace simplemente para hacernos mejores. Cómprame de nuevo –parece incitarnos-- así nos conoceremos mejor. Ven, que lo que tu dejes en mí, volverá a ti. Ellos aprenden de su tráfico. Desagregan y concluyen con una inteligencia asustadora. Saben más de mí que yo mismo, claro; porque saben de lo que hay que saber, que no es de lo que yo digo, sino de lo que yo a cada rato, en cada situación, hago. Pero no siento perversión en esa lógica; ni tampoco –debo reconocer-- intromisión. No me siento espiado. No tengo miedo de Amazon. Ni de Wikipedia, valga la oportunidad. Confío en ellos porque no los veo un ardid, sino una intención abierta y audaz, que no es lo mismo.

Probablemente un día Amazon sea hegemónica. Y ese día, también, será de todos. ¿Hay algún problema con eso? ¿Alguien perdería entonces? Siento que no. Y en cualquier caso, vale la experiencia y vale también la tensión de cambio que todo esto incorpora en todo.

Twitter del autor: @dobertipablo

¿Por qué ha sido exitosa la legalización de la prostitución en Suecia?

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/10/2015

Al analizar poco a poco el éxito de esta ley, terminamos comprendiendo que no se trata sólo de un papel implementado por el gobierno

Muschis

 

Quizá no existe un métier más antiguo que el de la prostitución o el sexoservicio. Sus usos y costumbres han superado las barreras espaciotemporales de las civilizaciones, a pesar del rencor y temor que este oficio ha llegado a levantar en ciertas poblaciones. Inclusive, podría decirse que su supervivencia se deriva de una rebeldía en contra de la simplicidad patriarcal, la cual alcanzó desgraciadamente sacrificios relacionados con abusos, maltratos violentos y distorsiones en la autopercepción.

Se trata de un circuito unilateral donde las sexoservidoras (y los sexoservidores) existen en función del placer de ese otro, aun si se sacrifica el propio bienestar tanto físico como emocional. Esto, en consecuencia, retroalimenta este paradigma donde el hombre ocupa toda la esfera de la vida pública y las mujeres “rebeldes”, las que se encuentran fuera del hogar, existen sólo para su placer y goce, sin merecer un mínimo de cuidado y atención humanitaria. 

Ante esta problemática en relación con la salud sexual de este grupo social, Suecia tomó en sus manos la opción de legalizar la prostitución en 1999. Se trató de una ley que invirtió la responsabilidad tradicional de las sexoservidoras como las responsables del crimen: mientras que se podía recibir dinero por sexo, el simple pago se convertiría en el crimen mismo; además, en caso de que la mujer o el hombre quisiera retirarse, tendría un seguro y apoyo para reintegrar su vida a otro trabajo. Al principio, algunos países se mofaron de dicho modelo político; no obstante, con el paso del tiempo, este país comenzó a expresar cambios humanitarios (y hasta financieros). 

MTA5YjRlNDI3MiMvNXZsYUR0TWVrVzhpN3lpU2dLMHdvN3RITDZRPS83MngxMzk6NTEyOHgzMzMxLzg0MHg1MzAvZmlsdGVyczpxdWFsaXR5KDcwKS9odHRwOi8vczMuYW1hem9uYXdzLmNvbS9wb2xpY3ltaWMtaW1hZ2VzL3hnZXNha2JwdjRwcHBmdmh0dmMwb3Jzc3hianNlYmp2cXdnY2R4N25ubnZzamhheXJ3emZucXhlenJsbWA 16 años de la legalización de la prostitución, la Swedish Sex Purchase Act demostró tener efectos positivos en la población: los niveles tanto de prostitución como de tráfico de personas disminuyeron significativamente. De hecho, de acuerdo con el Ministerio de Justicia de Suecia, la práctica del sexoservicio se redujo prácticamente a la mitad. Inclusive se temía que con la ley se incrementara una ola de violencia en contra de las trabajadoras sexuales, sin embargo no hubo rastros evidentes de dicho fenómeno. 

Al analizar poco a poco el éxito de esta ley, terminamos comprendiendo que no se trata sólo de un papel implementado por el gobierno. Es verdad que empezó como una propuesta política, sin embargo continuó como un proyecto educativo para sensibilizar tanto a la población como a la misma autoridad en temas de sexualidad y derechos sexuales. Esta ley se convirtió en un modelo de vida en función de la igualdad de genero en términos del deseo y la práctica sexual, donde tanto hombres como mujeres son seres sexuados con necesidades integrales (físicas, fisiológicas, emocionales, psicológicas…); con una necesidad intrínseca de respuesta, de vulnerabilidad y de comprensión; con la necesidad de intimar con otro a través de las relaciones consensuadas, reales, igualitarias. 

En países como México, cuyo paradigma sexual tiene la base culpígena judeocristiana, este modelo parece casi imposible de ejercer. En caso de formalizar una ley encargada de legalizar la prostitución, los niveles del tráfico de personas, el abuso y la negligencia de la fuerza legal continuarían. Debido al enfoque de la educación sexual en el país, donde los principales focos de información sólo son en función de la reproducción y las ITS (Infecciones de Transmisión Sexual), se desconoce realmente el derecho a una vida sexual plena y segura, libre de coerción y maltrato. En consecuencia, la hipotética ley en este país se convertiría sólo en una personalidad aparentemente normal, sin efectuar un ápice de cambios en la igualdad de derechos para las trabajadoras sexuales ni su clientela, donde las primeras se enfocan en la inflamación del narcisismo de los segundos como una demanda latente.