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Un estudio de 1963 reveló que los efectos alucinógenos de la dietilamida de ácido lisérgico eran posibles en personas invidentes

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Es extraño que poco se haya profundizado en los estudios que pudieran señalar si las percepciones extrasensoriales logradas algunas veces con alucinógenos en personas saludables son posibles en aquellas que carecen de alguno de los cinco sentidos, como es el caso de la vista, considerado el más importante para la formación de la percepción espacial y temporal de la realidad.   

Un estudio de 1963 publicado por el archivo de Oftalmología reveló que los efectos alucinógenos de la dietilamida de ácido lisérgico eran posibles en personas invidentes dependiendo las causas que originaban la ceguera y si los sujetos habían tenido experiencia visual posterior a los 2 años de vida. 24 participantes fueron sometidos al experimento realizado con el método de doble ciego controlado por placebo. Algunas de estas personas quedaron ciegas en algún punto de sus vidas, otras contaban con una vivencia de percepción visual nula. Las impresiones de los sujetos fueron evaluadas con electrorretinogramas antes y después de la dosis para comprobar si las alucinaciones visuales eran exclusivas de la retina o podrían deberse a la hiperactividad neuronal causada por la memoria.

Las estadísticas proporcionadas por los investigadores develan que algunos de los participantes eran capaces de experimentar alucinaciones visuales, generalmente de índole abstracta (manchas, luces, puntos y parpadeos) en el caso de los ciegos que poseyeron visión hasta la “infancia tardía”; personas con ceguera cortical, por ejemplo, causada por daño cerebral, en la que es posible aún visualizar siluetas  y sombras. Los ciegos desde el nacimiento o edad temprana no informaron alucinaciones visuales, quizás porque no gozaron de la suficiente experiencia visual para conjeturar la realidad como la conocemos, pero sí un incremento de alucinaciones en los demás sentidos -especialmente el auditivo y táctil-, en contraste con los invidentes mencionados primeramente.

Este aspecto es muy interesante, pues además de mostrar las habilidades adaptativas de los ciegos de visión nula en contraste con su función simbólica, evidencia la posibilidad de que también puedan alcanzar un estado omnisciente en donde la experiencia psicodélica no sólo se trate de los sentidos comunes, sino de una forma inmersa de tocar algunos puntos del subconsciente de una manera más pura. 

3rd-eyeLa mayoría de las alucinaciones causadas por psicodélicos transcurren en la mente fuera del espacio y tiempo real, nos despojan del yo corporal que poco a poco se diluye hasta perder la conexión con el mundo externo, perdiendo significado la dimensión percibida por los sentidos y dando lugar a la generación de un conocimiento extraído desde la visión “intueri” (mirar hacia dentro). Al parecer los investigadores concluyeron que la anatomía funcional de la retina no era necesaria para un cierto grado de alucinación visual, sin embargo se requería de una visualización previa para que esto ocurriera. Este campo aún permanece en el misterio y de ser minuciosamente estudiado podría darnos algunos facts interesantes para despojarnos de la semiótica usual a la hora de relacionar nuestra experiencia psicodélica con los agentes visuales percibidos en el exterior. 

Ver una pantalla durante un trip de LSD es muy doloroso, pero las conexiones neuronales que se crean durante la experiencia lisérgica pueden servir para encontrar soluciones novedosas en una de las industrias más competitivas (y rentables) del mundo

 

Poco después de la muerte de Steve Jobs, una de las historias más repetidas en los medios fue la de su temprana afición por el LSD. Cuando asociamos el uso de psicodélicos y mentes altamente creativas no hablamos de "drogadicción" en el sentido en que un banquero de Wall Street se harta de cocaína después de comprar y vender millones de dólares; en el caso de Jobs se trataba de una estrategia muy puntual para expandir la conciencia y, si hemos de confiar en el testimonio de muchos ingenieros trabajando actualmente en las compañías más importantes de tecnología, también para resolver problemas.

Daniel Kottke, un amigo cercano de Jobs y uno de los primeros empleados de Apple, tomó ácido en gota con él mientras estudiaban en el Reed College. "Él era muy abierto al respecto, acerca de cómo los psicodélicos eran de mucha ayuda para ponerlo en contacto con la creatividad".

Pero no toda la industria del desarrollo informático es tan abierta sobre la permisividad de los psicodélicos, o como dice Tim Ferris (inversionista y autor), son abiertos al respecto en círculos cerrados. La gente no anda por las oficinas de Cisco o Sun Systems simplemente repartiendo gotas o laminillas mojadas de LSD: se trata de un lento renacimiento de la cultura de los 70, que podría tener una importante base científica sobre la manera en que un cerebro y una mente se programan y se hackean. ¿Quién mejor que los hackers para reprogramarse a sí mismos?

Un reciente estudio del Imperial College London utilizó escáners de resonancia magnética para vigilar la actividad cerebral de 20 voluntarios, quienes habían tomado LSD; la droga rompió ciertas redes neuronales permitiendo la formación de nuevos patrones de comunicación, al igual que el intercambio de estructuras preexistentes.

Según el doctor Robin Carhart-Harris, "los psicodélicos desmantelan las estructuras 'desgastadas', lo que permite que patrones novedosos de comunicaciones emerjan... módulos que no hablan entre ellos por lo regular, comienzan a hacerlo".

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Epifanía lisérgica

Kevin Herbert es ingeniero de Cisco y entusiasta del LSD. Para él, los viajes lisérgicos no son (solamente) viajes de placer, sino también de negocios. "Podría estar en un concierto de Grateful Dead tripeando en LSD... y de pronto se me ocurriría una solución para algo del trabajo. Hubo un caso en el que había estado trabajando en un problema durante más de 1 mes. Y tomé LSD y pensé, 'Momento, el problema está en el hardware. No es para nada un asunto de software'".

No se trata de darle una gota de LSD a cada empleado: según la investigación de CNN, el contexto de las tomas es más bien ritual, unas tres veces por año, y no se reportan casos en que se trate de una política corporativa. De hecho, aunque el LSD esté catalogado como una droga de alta adicción según las leyes actuales, es muy difícil engancharse. Tal vez se puede fumar marihuana diariamente para relajarse u olvidarse de todo, pero tomar LSD implica ir a lugares de la propia psique que se encuentran vedados a la percepción usual.

Herbert nunca tomaría ácido para ponerse a programar: el LSD es una medicina de conciencia que permite limpiar ciertos canales y crear otros, pero que requiere mucho tiempo y preparación para ser aprovechado.