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El instante eterno que une el fin de la vida con el inicio de la muerte: un vórtice de ansiedad y terror que generaciones futuras podrían suavizar mediante psicodélicos

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(Road to Nowhere, Steven Quinn)

El miedo a la muerte es probablemente el enfrentamiento más imponente del hombre, una lucha introspectiva con la consciencia que nos hace dar cuenta de lo finito e ignorante que es el ser frente a la naturaleza. Es justamente en el lecho de muerte cuando nuestra capacidad reflexiva se activa en su totalidad, ocasionando que síntomas como la ansiedad y la depresión se apoderen de la salud física y mental que queda por consumirse, y de los últimos momentos de felicidad y bienestar que pudieran disfrutarse con los cercanos. Decía Terence McKenna que el propósito de la vida es familiarizarse con el cuerpo, para que así el acto de morir no cree confusión en la psique y reconozcamos lo extraño como propio. Es precisamente el temor al desconocimiento lo que engendra que una enfermedad física terminal se convierta, también, en un problema de salud espiritual.

Hay quienes apuntan que el uso terapéutico con psicodélicos --o lo que McKenna llamaba “etnofarmacología de la transformación de la consciencia”-- es la sanación más congruente de un futuro cercano, pues lejos de la doxa superficial que generaliza llamándolos drogas existe un vínculo químico que de alguna manera conecta sus partículas activas con las redes neuronales humanas, un intercambio energético entre natura y hombre que no ha pasado desapercibido en ninguna persona que los ha consumido. Quizás cabe recordar cuando el lúcido escritor Aldous Huxley eligió viajar en LSD para recibir la muerte cabalgando en un fractal y sensibilizarnos a la posibilidad de que los psicodélicos poseen un papel fundamental en la consciencia humana.

El más reciente estudio de MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies), aprobado por la FDA, revela una grandiosa oportunidad de morir equilibradamente en una cálida templanza a base de terapia asistida con MDMA. El estudio muestra el caso de Mara Howell, paciente de 33 años que murió de cáncer, luego de haberse postrado en los pilares de la depresión, hundida todavía más en su dolor físico que ni opiáceos, metadona o bombas intratecales podían controlar.

Marilyn Howell, madre de la paciente, describe en su libro cómo el dolor de Mara no parecía ser derivado exclusivamente de problemas físicos: "Por mucho coraje que Mara tenía, las olas de la enfermedad que se apoderaron de ella eran implacables. El ejercicio no la hacía más fuerte y un antidepresivo no la hacía más feliz".

Después de agotar todas las opciones legales imaginables, Marilyn y el trabajador de cuidados paliativos de Mara, Joyce Vassallo, comenzaron a buscar alternativas inusuales para aliviar su sufrimiento. La respuesta la encontraron en un estudio de psicoterapia realizado en el hospital McLean consistente en sesiones supervisadas cuidadosamente bajo la influencia de MDMA, LSD y psilocibina. Marilyn estaba enterada ya sobre la posibilidad de los psicodélicos para aliviar traumas psicológicos, luego de haber leído The Doors of Perception de A. Huxley, donde relata sus minuciosos estudios con mezcalina y LSD, por lo que aceptó probar la terapia en su hija, dando resultados asombrosos de mejora: los tratamientos aliviaron su dolor y Mara fue capaz de levantarse de la cama para salir a caminar a un parque cercano en sus últimos días, además de que los psicodélicos también le ayudaron a alcanzar un profundo sentido de aceptación de su muerte inminente.

Vassallo afirmaba que antes de probar con psicodélicos Mara sólo hablaba de dolor, un dolor incontrolable que no se posaba en la consciencia sino a nivel inconsciente; el hecho de pensar solamente en el dolor y en la idea de que era una joven de 33 años que estaba a punto de morir. Pero  la terapia psicodélica asistida parecía mostrarle a Mara la realidad de la situación, encontrando un sentido de templanza y claridad espiritual. Murió sin dolor pocos días después de dichas terapias, según su madre, quién le leyó, en su lecho de muerte, This Timeless Moment, A Personal View of Aldous Huxley.

Mara Howell

 Mara Howell

Este mismo estudio, patrocinado por MAPS y dirigido por el psiquiatra suizo Peter Gasser, dio seguimiento a 12 personas más que estaban en proceso de llegar a la muerte, asistiendo a sesiones de psicoterapia con LSD controlado. Un participante austriaco describió la experiencia de la siguiente manera: "Mi experiencia con el LSD trajo algunas emociones perdidas y  gran capacidad de confianza, un montón de conocimientos psicológicos y momentos atemporales de cuando el universo no parecía una trampa sino una revelación de la belleza absoluta".

Hasta la fecha, los estudios clínicos que buscan específicamente la terapia con psicodélicos para cambiar la manera en que morimos son limitados, pero aún podemos tener esperanzas en los pocos investigadores decididos a profundizar en las potencialidades de estas sustancias. Probablemente si la terapia psicodélica asistida fuese legal tendrían algún sentido revitalizante los cuidados hospitalarios antes de la muerte que, si bien raras veces ayudan al entendimiento de la situación sin someter al paciente a una crisis espiritual, podrían ser de gran utilidad para afrontar la muerte material y familiarizarnos con ese momento sublime que nos obliga a comprender lo desconocido; que nos obliga a entender, como decía Blake, que la vida se nutre de la muerte.

 

[MAPS]

[Reset.me]

5 grandes personajes que alcanzaron el éxito de la mano de psicodélicos

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/07/2014

Estas 5 figuras aprovecharon las bondades de los psicodélicos para superar barreras culturales y alcanzar notables éxitos

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Además de su asociación tradicional con el "mal", la locura y frecuencias similares, perspectiva promovida en la cultura pop por propaganda mainstream, el uso de psicodélicos también se ha conectado con algunas valiosas cualidades. Por ejemplo, la gente que se interesa por este tipo de experiencias psicoactivas quizá es más propensa a innovar, ya que su búsqueda y sus vivencias responden a cuestionar los límites predispuestos de la realidad, o como en el caso de un estudio realizado por un investigador de la London School of Economics, que determinó que la gente más inteligente tiende a sentirse atraída por el tipo de experiencias que estas sustancias proveen.

En todo caso vale la pena enfatizar en que, como prácticamente cualquier otro fenómeno o acción en la vida, el consumo de psicodélicos no es negro ni blanco, absolutamente benéfico o inevitablemente dañino. Lo que parece difícil de cuestionar tras analizar la historia es que su gama de grises sugiere un rol bastante interesante en el desarrollo de la mente colectiva. Aunque es un ejercicio esencialmente especulativo, existen buenas razones para pensar que sin la injerencia de los psicodélicos en la historia humana las cosas no serían lo mismo que hoy, y hay buenas posibilidades de que el panorama sería menos rico que el actual –lo que sea que eso signifique.

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Dejando a un lado ideologías o posturas personales, parece que al hablar de la influencia de los psicoactivos en la sociedad actual es buen recurso detectar algunas de las figuras culturalmente más significativas que no sólo triunfaron en sus respectivos rubros sino que, de acuerdo con ellos mismos, atribuyen una parte importante de su filosofía existencial, y por lo tanto de su éxito, al haberse encontrado con estas sustancias. 

Cary Grant

El hípercarismático actor hollywoodense, que utilizó recurrentemente el LSD con fines terapéuticos, declaró sobre sus encuentros esto: "Al fin estoy cerca de la felicidad. Me quería deshacer de todas mis hipocresías. Quería trabajar los sucesos de mi niñez, la relación con mis padres y mis exmujeres. Y no quería pasar años en análisis".  

Steve Jobs

El arquetipo encarnado del emprendedor ambicioso y creativo, Steve Jobs, cofundador de Apple y una de las mentes más intrigantes de la revolución internetera, encontró en el LSD un buen consejero para desbordar los límites de lo establecido y luego monetizarlo de manera avasalladora: "A lo largo de ese periodo de tiempo (1972-72) usé LSD 10 o 15 veces. Ingería el LSD en un cubo de azúcar o en su modalidad sólida, en forma de gelatina. Generalmente lo tomaba cuando estaba solo. No tengo palabras para explicar su efecto en mí, sin embargo, puedo asegurar que la experiencia cambió mi vida y celebro haberme enfrentado a esa experiencia". 

Jack Nicholson

La sonrisa más perturbadora y mejor lograda de Hollywood también sostuvo encuentros fundamentales con el LSD. Nicholson asegura que la primera vez que vio a Dios fue durante su primer viaje en ácido. Y tras advertir: "No abogo nada por nadie", también ha confesado que sus experiencias con esta sustancia marcaron significativamente su vida.  

Susan Sarandon

Una de las mejore actrices hollywoodenses recurrió a los hongos alucinógenos y, posteriormente, a la ayahuasca, para diseñar su existencia. "He consumido hongos y ayahuasca [...] Estas experiencias te recuerdan tu lugar en el universo y dan una nueva perspectiva a las cosas. Creo que puedes tener experiencias absolutamente profundas".

Francis Crick

Este científico, que junto con otros dos investigadores descubrió el ADN, compartió el hecho de haber experimentado con LSD mientras trabajaba en la develación de la estructura molecular de nuestro código genético. De acuerdo con Alternet Crick le confeso a un amigo cercano, Dick Kemp, que de hecho percibió la estructura de doble hélice (que corresponde a nuestro ADN) mientras viajaba en LSD.