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Los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos parecen haber sido víctimas de una nueva "guerra del opio"

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En los últimos años México se ha convertido en el segundo productor mundial de opio del mundo; esto coincide con el incremento en el consumo de heroína en Estados Unidos que ha sido recientemente tema noticioso, particularmente después de la muerte del actor Philip Seymour Hoffman. Iguala es el epicentro del negocio de la adormidera que es transformada en la "heroína negra" mexicana que ha inundado el mercado estadounidense. En ese mismo municipio del estado de Guerrero, uno de los más pobres del país (pero con una poderosa industria clandestina) 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos, detonando una ola de protestas e indignación en todo el país.

Escribiendo en el diario El Universal, Hector de Mauleón abre la caja de Pandora de sospechas, alertando que 10 días antes de la desaparición de los normalistas, la Casa Blanca había redactado un documento en el que manifestaba su preocupación por el incremento en el decomiso de heroína de más de 300% en los últimos 4 años en la frontera mexicana. Existen diversas versiones, pero las cifras señalan que entre 60% y 98% del opio en México se produce en Guerrero. Se cree que el opio representa por lo menos un negocio de 17 mil millones de dólares para Guerrero; esto sería más de la mitad de todo su producto interno bruto, lo cual significa claramente una "adicción" al opio en un sentido económico.

Por otro lado el escritor Luis González de Alba cree que: "El pleito de Iguala es porque produce el 98% del opio que México envía a EE.UU. 'Los muchachos' novatos fueron usados por los mayores. Quedaron en medio de la Guerra del Opio sin saberlo. El 68 fue un movimiento por mayor democracia. 2014 en Iguala es una guerra de narcos por montes sembrados de amapola".

No es necesario hilar demasiado fino para suponer que este boom del opio --el cual en su carácter relativamente incipiente debe de tender a generar enfrentamientos entre grupos de poder-- pudo haber cobrado víctimas, directa o indirectamente, más allá de la abyecta corrupción y colusión de los gobiernos locales. Iguala es tierra caliente en todos los sentidos, entre pobreza y analfabetismo y ahora enormes plantíos de adormidera (para sumarse a los grandes yacimientos de oro con los que cuenta la región, ciertamente no para el beneficio de los pobladores locales) y la Normal Rural Raúl Isidro Burgos es históricamente también semillero de guerrilleros. Cierta lógica perversa (¿o simplemente no-ingenua?) podría hacernos pensar que existe algo que va más allá de la teoría del abuso de poder local, aislado del Estado, con sus casualidades de guerra, y su posterior detonación de un movimiento de nivel nacional de protesta e indignación. Esta misma lógica teñida de una mirada esquiva es también la que nos sugiere que el mismo negocio de drogas como los derivados del opio no es controlado solamente por organizaciones rurales de narcotráfico, sino que en él participan veladamente organizaciones gubernamentales a escala global --no sólo alcaldes y gobernadores insubordinados. Esta lógica se mueve sólo en el terreno de la suposición, la de la persona común y corriente que especula y busca hacer sentido de lo que le es esencialmente insondable --acaso operando como el mecanismo de defensa de una víctima.

Siguiendo con este tren de ideas, consideremos el caso de Afganistán, el primer productor de opio en el mundo por mucho. En 1980 Afganistán no producía más de 1% del opio en el mundo. En esa misma época inició la Operación Ciclón de la CIA con presupuesto que llegó hasta a 630 millones de dólares en 1987, y que fondeaba (bajo la dirección del director George H. W. Bush) y armaba a los mujahideen en la guerra Afgano-Soviética. En 1986 Afganistán ya producía con sus cultivos de amapola 40% de la heroína en el mundo. En 1999 esto había llegado al 80%. Justo entonces subieron al poder los talibanes, quienes prohibieron el cultivo de amapolas y redujeron dramáticamente la producción de opio en más de un 80%. Esto, ¿casualmente? no duró mucho ya que después del ataque a las Torres Gemelas, Estados Unidos invadió Afganistán y los talibanes perdieron poder. Para 2005 Afganistán  había vuelto a hacer de las suyas y producía 87% del opio en el mundo, una cifra que siguió creciendo pese a que más de 50 mil soldados estadounidenses patrullaban tierras afganas. Existen versiones, no del todo infundadas, que vinculan a la CIA con el tráfico de drogas en distintas partes del mundo, incluyendo por supuesto, el opio en Afganistán. El dinero que se recauda con las drogas, alegan estas versiones, es utilizado para los llamados "black budgets", que fondean guerrillas y golpes de Estado en distintas partes del mundo.

El opio tiene un gran linaje como instrumento político, su cultivo ha financiado imperios y guerras por cientos de años. Vienen a la mente por supuesto las llamadas "Guerras del Opio", en las que el Imperio Británico se benefició enormemente de los recursos que obtuvo vendiendo opio en China así como del efecto narcótico que tuvo en la población (disminuyendo la capacidad la resistencia, por así decirlo). Por mucho tiempo después China fue el principal productor del mundo; sin embargo, con la llegada de Mao Zedong al poder y la constitución de una república comunista en 1949, el gobierno chino logró controlar su consumo y producción interna. La prohibición de la producción de opio en China desplazó su cultivo hacia el sudoeste de Asia, en particular a Laos, Burma y Tailandia para crear un “triangulo de oro”, para luego continuar hacia el corazón de Asia: Afganistán, Irán, Pakistán y Turquía. Por décadas, pero en particular en los años más álgidos de la Guerra Fría, la producción de opio fue el mecanismo favorito de las agencias de inteligencia para financiar gobiernos títere, ejércitos y guerrillas en la región.

No existe evidencia, que yo sepa, para decir que lo que sucede en México es una nueva articulación de esta "guerra del opio" que parece atravesar la historia de los últimos tres siglos solamente con el espejismo de interrumpirse (al menos no en el sentido de una clara estrategia política sirviéndose del opio como un medio para conseguir doblegar al pueblo, sí como un efecto colateral). Pero la coincidencia geográfica entre la desaparición de los estudiantes y la nueva industria clandestina del opio es ciertamente un fértil punto de partida para la investigación que hace casi inevitable jugar a especular y a conectar los puntos en la madeja. La teoría de la conspiración más maquiavélica que surge, de nuevo sin una base contundente, siguiendo esta línea histórica de las "guerras del opio", es que se trata de una desestabilización intencional del país --una forma de administrar opio a las masas, lo mismo con la miseria y la violencia que con las ideas distractoras de revolución, levantamiento y protesta; un teatro de guerra y manipulación donde los actores que se alzan y caen son solamente títeres de poderes que yacen por definición en la sombra, operando sus agendas ocultas y cosechando los dividendos de sus movimientos en un tablero de ajedrez invisible. Esta versión es frustrante y cognitivamente disonante, ya que por definición es insondable. La conspiración es una forma --en ocasiones patológica-- de lidiar con una realidad que nos agrede y que no podemos asimilar o al menos significar de manera coherente. Una forma de encontrar un aparente orden en algo que probablemente sea meramente caótico y sin un control piramidal. 

Una última reflexión. Se dice que en el caso de Ayotzinapa "fue el Estado"; ¿esto es porque el Estado es, ya de facto, un narcoestado? Y si es así, ¿quién es el verdadero capo?; ¿está en el cerro, está en Los Pinos, está en Estados Unidos? Estas son cosas que mistifican e indignan, pero que seguramente nunca sabremos. 

 

*       *     * ACTUALIZACIÓN

A casi un año de lo sucedido, este 7 de septiembre del 2105  El País publica una nota en la que sugiere una tesis muy similar:

"Según las informaciones recogidas", dice el informe de los expertos, "Iguala es un lugar de tráfico de heroína muy importante y una parte de ese tráfico se haría mediante el uso de autobuses que esconden la droga camuflada".

La conjetura, que los especialistas consideran "la más consistente", sería que sin percatarse los estudiantes se llevaron un cargamento escondido en uno de los buses y los narcos emprendieron un ataque feroz a los cinco autobuses para recuperarlo. "El negocio que se mueve en Iguala podría explicar la reacción extremadamente violenta y el carácter masivo del ataque", plantean.

 

Twitter del autor:@alepholo

 

El Papa Francisco llama a una autocrítica de la razón secularizada de Occidente

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Hace unos días publiqué un artículo sobre mi lectura de los ataques de Charlie Hebdo, con la intención de abrir un proceso de autocrítica de lo que me parece es "la hipocresía y el fanatismo ateo de Occidente". Evidentemente el tema es complejo y, debido a que se suele tomar un partido y polarizar la discusión, es casi imposible no herir susceptibilidades, como si criticar la línea editorial de Charlie Hebdo fuera igual a hacer una apología de los ataques y la violencia religiosa. Dicho esto, y de nuevo condenando los hechos que sitúan a ciertas facciones extremistas dentro del Islam en una exacerbada y franca guerra contra Occidente --pero también a varios gobiernos e intelectuales de Occidente en una disimulada guerra contra el Islam-- discutamos estas ideas bajo una rendición más lúcida, encontrada sorpresivamente (al menos para mí) en la voz del Papa Francisco.

Mi introducción a esta idea del fanatismo ateo en los mismos términos casi, surge de leer una reciente entrevista en el Paris Review en la que el autor italiano Roberto Calasso discute su interés por lo sagrado, por lo divino que sigue aconteciendo en el mundo "no como trascendencia sino como poderes que nos rodean" y hace referencia a lo que llama "fanatismo [o intolerancia] secular" (secular bigots, en inglés). Este mismo concepto, ciertamente no nuevo, ha estado en el tintero en el caso de Charlie Hebdo. Mehdi Hasan, editor musulmán del Huffington Post de Gran Bretaña, habla de "los fundamentalistas de la libertad de expresión" y el Papa Francisco ahonda más y habla de la intolerancia de la razón secularizada y la necesidad que tiene el pensamiento racional, como máximo estandarte de la inteligencia occidental, de hacer un proceso autocrítico. Necesario hacer un proceso autocrítico no sólo porque al defender la libertad de expresión se pone en el predicamento de no respetar la libertad religiosa, sino porque ha comprobado un doble estándar en su juicio de lo que es libertad de expresión y lo que es violencia verbal o "apología del terrorismo". Un ejemplo es el caso del joven arrestado en Francia la semana pasada acusado de "apología del terrorismo" por hacer una parodia de una portada de la revista Charlie Hebdo que se había burlado de los manifestantes de Egipto y también el caso del caricaturista Sinet despedido por una columna antisemita. Lo cierto es que tampoco hay libertad absoluta de expresión en Occidente y quizás no tendría por qué haberla, de la misma forma que no se permite el bullying, pero que tampoco se castiga igual lo que se dice que lo que se hace.

[caption id="attachment_89941" align="aligncenter" width="650"]charlie-no-detiene las balas Parodia: "El Corán no detiene las balas"... "Charlie no detiene las balas".[/caption]

Más allá de repetir este importante concepto para una autocrítica de la razón secularizada, mi intención es presentar aquí un resumen de las declaraciones del Papa Francisco a lo largo de su visita a Sri Lanka y las Filipinas, en clara alusión al caso de Charlie Hebdo, y donde se deduce ya "una doctrina católica contra el terrorismo", basada en el diálogo interreligioso e intercultural.

El Papa Francisco dijo que "matar en el nombre de Dios es una aberración" y así manifestó una clara condena al terrorismo religioso, en este caso perpetrado por extremistas islámicos. Pero profundizando y yendo hacia la hermenéutica de lo ocurrido manifestó que:

La cultura del rechazo siempre implica violencia por quien la esgrime y puede provocar respuestas violentas por quien se ofende.

No es exclusiva de las religiones y también está muy presente en la razón secularizada occidental que excluye con desdén a las religiones.

Esta violencia encuentra su raíz en la incapacidad de reconocer a los otros “como hermanos en humanidad”, hasta reducirlos a objetos de burla o de muerte.

En la confrontación ninguno de los protagonistas pueden clamar inocencia. Uno provoca y otro responde acelerando la espiral de las agresiones.
 
Por lo anterior, el derecho a la libertad religiosa y de expresión son fundamentales y no deben ser lastimados por abuso o exclusión, ni plantearse como enfrentados. En una auténtica convivencia humana ambos deben ser respetados y tutelados.

 

En lo anterior seguramente podemos ver un saco que les queda no sólo a los agresores de Charlie Hebdo y a los mismos caricaturistas que, aunque sea sólo por insensibilidad e incapacidad de colocarse en el lugar del otro, mostraron un tajante rechazo, pero también a muchos de nosotros que vemos con desdén las costumbres y las prácticas religiosas y no religiosas de distintos grupos sociales y étnicos, y por lo tanto somos incapaces de reconocer al otro como un ser humano importante y valioso.

El Papa nota una "radicalización de la sacrofobia" de Europa occidental. Esto es, en palabras del investigador de la UNAM Jorge Traslosheros la "casi obsesiva aversión a lo sagrado que se hace presente en todo el espectro político sin excepción, y que dispensan con distintos grados de violencia simbólica y actual contra judíos, cristianos y musulmanes". Para ser justos debemos notar que ciertos grupos dentro de estas religiones también ejercen violencia simbólica y concreta contra personas no religiosas y sobre todo entre sí. Ahora bien, los gobiernos seculares racionales de Occidente también ejercen violencia concreta a una escala sólo superable quizás por los regímenes de Stalin o de Hitler, sólo que esta violencia supuestamente no es racial, es "políticamente correcta" y las invasiones son llamadas "liberaciones". El filósofo Giorgio Agamben nota que hasta la modernidad, el poder en Occidente estaba fundamentado en una dialéctica "entre el poder espiritual y el poder temporal" o más tarde en "derecho natural y en el derecho positivo". Pero: "Las democracias modernas y los Estados totalitarios del siglo XX se fundan, por el contrario, en un principio único del poder político, que se vuelve de este modo ilimitado. Lo que conforma la monstruosidad de los crímenes cometidos por los Estados modernos es que son perfectamente legales". Agamben agrega, sobre nuestra incapacidad de diferenciar al otro:

A este respecto, la responsabilidad de los medios de comunicación es flagrante. La indiferencia y la confusión que producen nos hacen de este modo olvidar que nuestra solidaridad con Charlie Hebdo no tendría que impedirnos ver que el hecho de representar de forma caricaturesca al árabe como un tipo físico perfectamente reconocible trae consigo el recuerdo de lo que hacía la prensa antisemita bajo el nazismo, en la cual fue forjado en este mismo sentido un tipo físico del judío. Si hoy se aplicara este trato a los judíos, un escándalo tendría lugar.

El Papa Francisco retomó las ideas de Benedicto XVI, quien había descrito a la racionalidad secularizada de Occidente como una corriente "post-positivista" a la que se le debe exigir una autocrítica. Según Traslosheros, quien recoge las declaraciones del Papa Francisco, esta racionalidad secularizada consta de una "mentalidad que desprecia a las religiones por considerarlas una especie de mal habida subcultura en permanente guerra contra la razón la cual, en el mejor de los casos, podría ser tolerada en el estricto ámbito de la vida privada" y "una repulsa constante que lleva a la inteligencia occidental a mostrarse ciega y sorda haciendo imposible un encuentro, ya no digamos el diálogo, generando constante hostilidad contra las personas que profesan alguna religión y contra las religiones".

De aquí que se experimente una especie de "colonización ideológica" en la cual la razón occidental relativiza el valor de todas las personas que no dan por sentado la superioridad de sus ideas, "un fanatismo que por ser políticamente correcto" pocos se atreven a denunciar. Este llamado autocrítico se empaña un poco por venir de la Iglesia Católica que ha practicado anteriormente la colonización ideológica y el exterminio de la otredad religiosa. Si bien, hay que decir que Francisco antes de criticar a esta "razón secularizada" ha iniciado un proceso autocrítico al interior de la Iglesia, celebrado enormemente por la razón secularizada de Occidente. En este sentido el Papa cumple una labor de pontífice (de puente) entre el mundo religioso y el mundo secular llamando al diálogo incluyente entre las minorías migrantes y las mayorías de países occidentales y predica con el ejemplo, aunque no se pueda olvidar del todo el lastre histórico de la Inquisición y la intolerancia de algunos miembros eminentes de la Iglesia Católica que en buena medida es la causa de que la "razón secularizada" le tenga tantas reservas y sea intolerante de las personas religiosas.

Twitter del autor: @alepholo