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El "tigre de Putin" nada de Rusia a China (y desata suspenso diplomático)

Política

Por: pijamasurf - 10/11/2014

China busca al tigre siberiano predilecto de Vladimir Putin, que fue observado cruzando un río que divide el territorio con Rusia

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Kuzya, un tigre siberiano de 23 meses que ha sido también bautizado como el "tigre de Putin", ha sido observado nadando el río Amur que separa a Rusia de China y desatando un inesperado episodio de nerviosismo diplomático. Aparentemente, el tigre es especialmente caro para el el mandatario ruso, quien personalmente lo reintrodujo a la naturaleza.

El New York Times describe a Kuzya como "viril, y poseído por un insaciable apetito de carne roja" (algunos de esos adjetivos podrían aplicarse el mismo Putin, cuya virilidad ha sido parte de su marketing político, especialmente en el caso de su afición a los animales salvajes, como los tigres y los osos).

Oficiales chinos se encuentran buscando a Kuzya, con el temor de que algún cazador acabe ilegalmente con el preciado felino y lo remate en el mercado negro, donde un cadáver de tigre llega a valer 10 mil dólares.

Diarios rusos escriben que existen todavía esperanzas de que el tigre sea sensible y regrese a casa, olfateando la hostilidad del territorio (además del peligro de las heladas del río).

Pese a que China tiene una merecida mala reputación en lo que se refiere a medidas ecológicas, el Estado chino tiene una alta consideración por los animales, como talismanes de buena fortuna y como embajadores de diplomacia global (un ejemplo de esto es el panda gigante). 

Las relaciones entre China y Rusia se han estrechado en el tiempo reciente, formando una bolsa de protección unida frente a Occidente. Esto hace que las autoridades chinas estén frenéticamente buscando el tigre, antes de que un desastre diplomático los sorprenda.

 

Después de 5 años de investigación, el Senado de Estados Unidos da a conocer su reporte del programa de tortura que la CIA implementó después de los ataques del 11 de septiembre de 2001

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A partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de George W. Bush desplegó una "guerra contra el terrorismo" cuyo alcance y brutalidad apenas estamos dimensionando. Uno de los resultados de esta guerra fue dado a conocer el año pasado con las revelaciones de los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional, que obtuvo datos de millones de ciudadanos estadounidenses y de otros países, incluyendo mandatarios, utilizando a las grandes corporaciones de tecnología. Este programa de espionaje, que sigue en marcha, fue calificado, sin hipérboles, como francamente orwelliano. Ahora nos enteramos de que las ya sabidas prácticas de tortura de la CIA fueron mucho peores de lo que se había aceptado y que la CIA ocultó y engaño al gobierno, en lo que parece confirmar lo que ha señalado el insider Michael J. Glennon sobre las burocracias secretas que son, efectivamente, un gobierno en la sombra que trasciende la estructura de partidos y las elecciones.

En 2002 el Departamento de Justicia de Estados Unidos autorizó secretamente el uso de "técnicas de interrogación aumentadas" a la CIA para coaccionar información en los llamados "sitios negros", una red de prisiones secretas. Este programa fue dado a conocer en 2006, durante la administración de Bush, y en 2009 tales técnicas fueron prohibidas por Obama. También en ese año se formó un comité en el Senado para investigar el programa de tortura --se tenía contemplado que la investigación durará 1 año, pero fue 5 años después, hace un par de días, que se dieron a conocer los resultados de la misma.

El informe muestra detalles de las prácticas de tortura que fueron implementadas por la CIA: interrogaciones que duraban varios días sometiendo a niveles insoportables de estrés psicológico a los interrogados, los cuales pasaban hasta 180 horas seguidas sin dormir, en condiciones de frío tales que al menos un interno murió por el frío; los prisioneros eran sujetos una "alimentación rectal" o "hidratación rectal"; los oficiales de la CIA amenazaban a los detenidos asegurando que detendrían a sus hijos y abusarían sexualmente de sus esposas y sus madres o que "les cortarían la cabeza"; se les hacía creer que morirían en custodia y se les describía cómo serían enterrados; por lo menos un oficial aceptó haber participado en una forma de asalto sexual. Y la CIA no puede determinar el paradero de por lo menos 19 detenidos y se admitió que por lo menos 26 fueron detenidos de manera equivocada.

El propósito de estos interrogatorios era, según un alto oficial, ejercer "control total del detenido". Sin embargo, el informe del Senado concluyó que las técnicas de interrogación no obtuvieron ninguna inteligencia que no hubiera podido ser obtenida por otro método --lo cual implica que el programa fue una declaración de estilo: una maligna apuesta por la violencia y la lesa humanidad

Pese a su poca efectividad, el programa costó más de 80 millones de dólares tan sólo en los contratistas con los que la CIA hizo outsourcing de las torturas. Los agentes capacitados para realizar la forma de tortura conocida como "waterboarding" ganaban 1,800 dólares al día, hasta cuatro veces más que los que no hacían esta técnica, la cual, el informe concluyó, causa serios daños físicos y psicológicos en los sujeto que la reciben.

Analistas del informe señalan que pese a detallar muchas de las técnicas de tortura el informe sigue siendo insuficiente y es ininteligible en muchas secciones, además de que oculta los nombres de los agentes e información relacionada con la administración de Obama.

Dianne Feinstein, quien encabezó el Comité de Inteligencia del Senado, llamó a las acciones de la CIA después del 9/11 "un estigma en nuestros valores y en nuestra historia". El senador August King dijo: "Esto no es Estados Unidos. Esto no es quienes somos". Anthony Romero, director de la American Civil Liberties Union, en una editorial en el New York Times, escribe que Bush y Cheney deberían de ser oficialmente perdonados por estos actos de tortura porque sólo así se podrá aceptar que estos actos son ilegales, y es importante sentar un precedente. 

Estados Unidos, al parecer, se ha convertido o ha confirmado su estatus como una nación que subrepticiamente ha implementado un estado de terrorismo global. Combatiendo el terror con el terror, protegiendo a unos y condenando a otros sin importar su culpabilidad. Y, como advierten algunos analistas que se preocupaban de las consecuencias de dar a conocer públicamente esta información, generando así más terrorismo.