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Cocteles y remedios metafísicos para la resaca de 7 legendarios bebedores

Por: pijamasurf - 10/21/2014

No hay plazo que no se cumpla ni resaca que no aparezca: cuando la desazón, el asco, la incertidumbre y el punzante dolor te hagan querer dejar de beber para siempre, revisa los remedios de estos comprometidos bebedores: seguramente hallarás la cura para tu alma descarriada y tu cuerpo herido

Earnest_Hemingway_DaiquiriAunque Dean Martin aconsejaba mantenerse ebrio, lo cierto es que ingerir alcohol en grandes cantidades lleva inevitablemente a sufrir deshidratación, dolor de cabeza y estómago, y otras complicaciones físicas: la cruda o resaca es un estado alterado de conciencia que no necesariamente debe ser una agonía. El cuerpo simplemente necesita un poco de cuidado, y en el caso de los cuerpos de estos siete magníficos escritores, el cuidado del cuerpo era necesario para entregarse nuevamente a las delicias de Baco.

Ernest Hemingway

El autor de Por quién doblan las campanas es uno de los bebedores más épicos de la literatura. El bar "El Floridita" en Cuba incluso tiene un busto de Hemingway. ¿Pero qué hubiera sido de él sin un infalible remedio para esas noches de parranda? El coctel "Muerte en la tarde" (que toma su nombre del libro homónimo de 1932) consiste en una mezcla curiosa y deliciosa: "Vierte un dedo de absenta en un vaso de champán. Añade champán helado hasta que adquiera la adecuada opalescencia lechosa. Bebe entre tres y cinco de estos lentamente".

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Robert Mitchum

Mitchum era un actor malencarado que fue considerado un gurú de la resaca por bebedores de la talla de Frank Sinatra y Jim Morrison. Según la leyenda, Sinatra le enviaba una tarjeta de felicitación en el día de las madres. ¿Por qué? Porque el coctel de Mitchum se llama "Mother's Milk" (leche materna), aunque su nombre menos perturbador era "The Ramos Gin Fizz". Consiste en una mezcla de gin, jugo de limón, jugo de lima, clara de huevo, azúcar, crema, agua de azahar y agua mineral. Energetizante, rehidratante y sin duda delicioso.

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Kingsley Amis

Amis legó a los bebedores del mundo dos remedios para la cruda: uno literario y uno para servirse en vaso. El novelista inglés describió la cruda en términos kafkianos:

Cuando el inefable compuesto de depresión, tristeza (estas no son lo mismo), ansiedad, odio a uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro comienza a acecharte, comienza por decirte que lo que tienes es una resaca... No has sufrido una lesión cerebral menor, no eres malo en tu trabajo, tu familia y amigos no están ligados en una conspiración de silencio apenas mantenido sobre lo mierda que eres, no has llegado aún a ver la vida como realmente es.

Luego de esta limpieza metafísica de la conciencia, Amis recomendaba una mezcla de Bovril (extracto salado de carne de vaca) y vodka.

William Burroughs

Se dice que Burroughs una vez le curó la resaca a Timothy Leary, el gurú del LSD, con un tratamiento de metadona. Porque tiene todo el sentido del mundo utilizar un analgésico para la cruda: después de todo, el dolor es considerable. Sin embargo, la metadona podría traer problemas propios aún peores que los del alcohol...

Zelda Fitzgerald

Si no has leído a Zelda Fitzgerald, tal vez la recuerdes como la vivaracha flapper que lo mismo hablaba de T. S. Eliot que de Nat King Cole en Midnight in Paris de Woody Allen, o bien, como la esposa de Francis Scott Fitzgerald. El vodka y la limonada eran un accesorio más del atuendo de Zelda, y recomendaba empezar alrededor de las 11am. Luego de pasarse la mañana leyendo o escribiendo y después de ir al estudio de ballet, Zelda se entregaba a la fiesta. A la mañana siguiente, la cura para la (segura) resaca consistía en un par de vueltas a la alberca.

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William Faulkner

¿Existirá una conexión entre los galardonados con el Nobel de Literatura y el alcoholismo? No lo sabemos, pero el autor de La paga de los soldados (quien escribió alguna vez "La civilización comienza con la destilación") sabía cómo empinar el codo y presentarse a su rutina de escritura renovado. El trabajo como bálsamo. En una lectura de 1957, Faulkner explicó: "Pienso que cualquiera --el pintor, el músico, el escritor-- trabaja en --en una especie de furia loca. Lo impulsa el demonio. Puede levantarse sintiéndose podrido, con resaca, o con --con dolor verdadero, y --y si se pone a trabajar, lo primero que sabe es que no recuerda el dolor, la resaca --está muy ocupado".

A-Clockwork-OrangeAnthony Burgess

El autor de Naranja mecánica encaraba sus resacas con un coctel no apto para principiantes. Para curar la cruda, Burgess bebía un coctel llamado "Sangre del colgado": "En un vaso de cerveza se vierten dobles [medidas] de lo siguiente: gin, whisky, ron, oporto y brandy. Una pequeña botella de [cerveza] stout se añade y se corona con un poco de champán... Su sabor es suave, induce una elación casi metafísica, y rara vez produce resaca".

Bonus:

Naranja mecánica también hizo famoso el Moloko Plus, el trago que sirven en el Korova Milk Bar. No sabemos si es una receta para la cruda, pero es perfecto para empezar una sesión de ultraviolencia con tus drogos o lo que sea: una onza de brandy, media onza de anís (de preferencia Ricard Pastis), una onza de licor de vainilla, una cucharada de sirope de almendra (Orgeat), una clara de huevo y dos onzas de leche o crema. Revuelve todo en un mezclador con hielo y sirve en vaso old fashion.

Citizenfour: lecciones sobre periodismo en la era digital (VIDEO)

Por: pijamasurf - 10/21/2014

Más allá de filtrar los primeros reportes sobre el infame proyecto PRISM, Snowden se ganó un lugar propio en la historia del periodismo por poner una alerta sobre las prácticas esenciales de protección de fuentes y periodistas que ulteriormente salvarán vidas

Citizenfour es un documental sobre Edward Snowden, dirigido por Laura Poitras. Medios como el New Yorker lo han descrito como un trabajo de periodismo sobre el periodismo (¿metaperiodístico?), el cual es sumamente valioso por el trabajo de historización casi en tiempo real sobre un cambio profundo en el ejercicio del periodismo en la segunda década del siglo XXI.

Poitras y Glenn Greenwald (ganador del Pulitzer de medios públicos por la cobertura de las revelaciones de Snowden, publicadas en The Guardian) fueron de los primeros periodistas en ponerse en contacto con Snowden, cuando este aún se encontraba asilado en Hong Kong. Ambos acudieron a la cita de un informante que tenía data de alto nivel sin saber bien a bien con quién trataban. Su nombre clave o nickname era Citizenfour, un nombre que tal vez no será nunca tan famoso como el de Deep Throat pero cuya contribución a la libertad de expresión tal vez sea mucho más relevante.

Antes de entrevistarse con Poitras, Snowden no había tenido contacto con otros periodistas. Hay que recordar que Snowden era analista de información para el gobierno de Estados Unidos, por lo que dicho contacto era impensable. Sin embargo, a través de Citizenfour vamos asistiendo a la configuración de Snowden como fuente confiable, además de al nacimiento de nuevas prácticas de protección de la información que sin duda serán adoptadas por la prensa en los años por venir.

Por ejemplo, cuando Snowden contactó a Greenwald, insistió en que el periodista utilizara programas de encriptación de datos; Greenwald se negó durante un tiempo, pero lo hizo por sugerencia de Poitras. Cuando Greenwald adquirió estas nuevas herramientas, Snowden se sintió seguro para hablar con él, o como dice el experto en seguridad informática Steve Coll, sólo entonces "Snowden lo aceptó como interlocutor".

Se trataba de una de las mayores filtraciones de los tiempos modernos, sólo comparable a la de Manning y Wikileaks. Había muchísimo en juego. El uso de encriptación para comunicarse entre fuentes y periodistas puede salvar vidas, pero requiere la adopción de un nuevo paradigma en el tratamiento de la información: lo que las filtraciones de Wikileaks y Snowden han demostrado es que el ecosistema digital y el internet público como lo conocimos a principios del siglo (el único que hemos conocido, en realidad) está lleno de trampas y escuchas detrás de la puerta.

Tal vez la ambición humana no ha cambiado, y la ética periodística tampoco, pero la naturaleza del intercambio de información requiere competencias que los nuevos periodistas deben adoptar rápidamente, no sólo para proteger sus fuentes (la primera regla del oficio) sino para protegerse a sí mismos.