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Por qué dormir bien podría salvarte la vida (INFOGRÁFICO)

Por: pijamasurf - 09/07/2014

Los efectos de no dormir bien no deben soslayarse. Aquí un escrupuloso listado de las consecuencias

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El sueño, como todas las necesidades fisiológicas, está programado en nuestro organismo por una buena razón. Y es que dormir no sólo es placentero sino que está ligado a la seguridad al volante, la percepción de simpatía de los extraños y, a la larga, a una disminución en la calidad de vida.

Dormir menos de seis horas por día, luego de una semana, tiene como consecuencia importantes cambios genéticos, pero desde la primera noche la falta del sueño comenzará a notarse:

Una noche sin dormir equivale a:

-aumentar tu consumo de carbohidratos, así como las porciones de tu comida (la falta de sueño te da hambre).

-aumentar tus probabilidades de sufrir un accidente vial por un "pestañazo" al volante.

-disminuir la percepción de simpatía de los demás, según algunos estudios que ligan la falta de sueño con disminución del atractivo físico (y por otra parte, con el envejecimiento de la piel).

-aumentar tus posibilidades de contraer un resfriado: durante el sueño producimos citoquinas, que son proteínas que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico. La falta de sueño te hace más vulnerable a las enfermedades respiratorias (y claro, también al estrés).

-pérdida del autocontrol emocional, según este estudio de la Universidad de California en Berkley y la Harvard Medical School, donde se analizaron las resonancias magnéticas de sujetos con falta de sueño: el resultado es que sus centros emocionales resultaron 60% más reactivos, o por decirlo así, primitivos.

-pérdida de la consolidación de memoria, lo que, según este informe, significa que es más difícil aprender y retener nuevas ideas.

Si lo anterior no fuera suficiente, esta rutina de dormir seis horas diarias (o menos) puede tener consecuencias muy serias a largo plazo, por ejemplo:

-se cuadruplica el riesgo de ataques cardíacos.

-se dispara el riesgo de obesidad (por aquello de que dormir menos da más hambre).

-aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer, entre ellos el de colon y el de seno.

-aumenta el riesgo de diabetes.

-caída del conteo espermático en hombres.

-aumenta riesgo de mortandad.

Ilustrado, sería algo así:

Tu libre albedrío se debilita cuando tienes ganas de ir al baño o quieres tener sexo

Por: pijamasurf - 09/07/2014

Estudio sugiere que las sensaciones corpóreas pueden influir significativamente en las creencias metafísicas de una persona

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El libre albedrío es tal vez el máximo distintivo del ser humano, la cualidad que con más orgullo defendemos y recalcamos para diferenciarnos del resto de las especies. Entendiblemente, la noción de sabernos libres para ir moldeando nuestro propio camino le da sentido al máximo común denominador que tenemos a nuestro alcance, la existencia. 

Hoy sabemos que la relación mente, cuerpo y emociones es una dinámica determinante de cada uno de los aspectos involucrados. Y a pesar de nuestra educación dualista, que los mantiene tajantemente separados, ya es difícil poner en duda la significativa influencia que ejercen mutuamente. De hecho, conforme la ciencia avanza, todo indica que la relación entre las distintas porciones que nos conforman, en todos los planos, es mucho más íntima de lo que pensábamos –incluso se sugiere que funcionamos como una unidad indivisible. 

Un estudio reciente advierte que nuestras sensaciones físicas no sólo afectan nuestra mente sino que terminan impactando hasta nuestras creencias metafísicas. Los psicólogos Michael Ent y Roy Baumeister realizaron múltiples encuestas en torno a la sensación de libre albedrío durante la aparición de necesidades básicas en una persona (como ir al baño, descansar o querer tener sexo), y notaron que ante cualquiera de ellas las personas sentimos que nuestra capacidad de decidir libremente disminuye. Es decir, en la medida en que sentimos que no tenemos control sobre nuestro cuerpo, automáticamente se debilita nuestra imagen de seres libres o, en otras palabras, nuestro libre albedrío está en buena medida determinado por nuestro cuerpo.

Lo anterior podrá parecer poco sorpresivo para algunos, pero es importante enfatizar, primero, que al menos una de las sensaciones no responde al sentido de supervivencia inmediata (el antojo sexual), y segundo, que ambos agentes actúan en planos radicalmente distintos (de acuerdo al modelo de concepción no-integral), es decir, una creencia metafísica (el libre albedrío) siendo determinada por una estímulo puramente físico desmiente la posibilidad de que cuerpo, mente y "espiritualidad" sean actores autónomos entre sí.  

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