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"Mirage Men", el documental que expone el fenómeno OVNI como un hoax creado por el gobierno

Arte

Por: pijamasurf - 08/22/2014

Uno de los mejores documentales en abordar el fenómeno OVNI y su pantanosa membrana de desinformación, paranoia y agendas ocultas puede verse en internet: "Mirage Men"

Men in Black … not so far from the truth, according to Mirage Makers.

¿Podría ser el fenómeno OVNI una útil arma de distracción masiva, un mito moderno para controlar a los ciudadanos y mantenerlos en un estado mental favorable para el poder, lejos de la inmediatez y las cosas que verdaderamente los conciernen? Esto es lo que parece revelar el documental Mirage Men. Bajo la tesis de que la ufología es un intrincado espejismo generado por agencias de inteligencia --sumadas a los sistemas de creencias y la tendencia humana a considerarlos una realidad inequívoca--, este documental reúne convincente evidencia y testimonios de "whistleblowers" que parecen concluir que el Departamento de Defensa de Estados Unidos y otros países al menos han fomentado la percepción de que existen naves espaciales extraterrestres sobrevolando nuestro planeta.

Mirage Men sugiere que el meme de los extraterrestres es un proyecto de más de 60 años de agencias de inteligencia, "un arma de decepción masiva" o una "psy-op" que ha germinado una nueva mitología capaz de cautivar las mentes de todo tipo de personas, incluyendo los propios agentes. Es una de las mejores historias jamás contadas, porque apela a una profunda intuición y a un substrato psíquico arquetípico.

El documental cuenta con el testimonio de Richard Doty, un oficial de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos que se infiltró en los círculos ufológicos. Doty decía a los investigadores de OVNIs que si cooperaban con él les diría lo que el gobierno "realmente" sabe. Con sólo estimularlos un poco, muchos investigadores tejieron estrambóticas historias de abducciones, bases subterráneas y pactos con civilizaciones galácticas. 

El caso más sonado es el de Paul Bennewitz, un exitoso empresario de la electrónica que empezó a captar extrañas señales en un equipo amateur, que interpretó como de origen extraterrestre. Bennewitz vivía a un lado de la base militar de Kirtland y, como buen patriota, contactó a la Fuerza Armada. En vez de pedirle que parara (ya que, en cierta forma, estaba espiando), los oficiales se mostraron deferentes y lo motivaron a seguir haciendo su investigación. Años después Bennewitz estaba interpretando idiomas alienígenas y detectando zonas en donde se habían derribado naves, utilizando software que le habían dado los militares. Esto terminó llevándolo a un hospital psiquiátrico.

El autor del libro Mirage Men --en el que se basa el documental--, Mark Pilkington, aclara que en estas zonas pantanosas de la paranoia nada es lo que parece. El caso de Richard Doty es enigmático. "Algunas cosas de las que habla son verdad pero estoy seguro que muchas otras no, o son sólo versiones. No tengo duda de que Rick estaba en la parte baja de la escalera que se extiende hasta Washington. No estoy seguro hasta qué punto estaba siguiendo órdenes o tomando el asunto en sus propias manos".

Claro que Pilkington y los agentes que aparecen en el documental podrían ser dobles agentes y estar haciéndonos creer que el tema es falso para poder ocultar la verdad en otra capa, y así hasta el infinito en una casa de espejos o en una cebolla de supercuerdas... Y lo que es indudable es que el universo y sus posibilidades son más vastas del poder computacional de nuestra mente, así que resulta igualmente ridículo pensar que esto comprueba que no existen extraterrestres en este plano. El documental solamente muestra que el gobierno ha participado influyendo en la colectividad para que se difunda esta creencia.

Recomendamos mucho ver este documental, sin duda uno de los mejores y más serios esfuerzos de penetrar en la madriguera del conejo, entre la desinformación y la singularidad cósmica.

Los platillos más famosos de la literatura (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 08/22/2014

El efecto de la literatura en los antojos culinarios pertenece a la parte íntima de la lectura, esa que no se discute en ensayos académicos y que, por alguna razón, pocas veces sale a colación en pláticas informales sobre literatura, pero tiene un lugar persuasivo.

Los antojos literarios rebasan en intensidad a aquellos antojos comunes y corrientes, posiblemente por la imposibilidad de alcanzar, de hacer tangible, el espacio de la ficción. Y este fenómeno parece ocurrirle a la mayoría de los lectores. Baste ver el genial libro de Dinah Fried titulado Fictitious Dishes: An Album of Literature’s Most Memorable Meals.

En él recoge los platos que a ella le parecieron más deliciosos, o quizá más curiosos, de algunas de las novelas más célebres de la historia. Están las almejas diminutas de Moby Dick, las deliciosas madeleines de En busca del tiempo perdido, la mesa de té de Alicia en el país de las maravillas y las toronjas de Fear and Loathing in Las Vegas, entre otros.

Aunque su libro siga siendo un espacio de ficción y no podamos probar los platillos literarios, estamos quizá –debido a que los podemos ver– un paso más cerca.