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¿Acaso podría existir un mensaje extraterrestre oculto en nuestro código genético?

Por: pijamasurf - 08/20/2014

Durante años se ha buscado en las profundidades del espacio indicios de comunicación extraterrestre, pero quizá la respuesta esté mucho más cerca de lo que creemos

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Durante años se han buscado en el espacio señales de vida extraterrestre sin resultados concluyentes; pero, ¿y si ese mensaje que tan ansiosamente buscamos se encuentra dentro de nosotros?

Un ensayo titulado "The 'Wow! signal' of the terrestrial genetic code", publicado hace un año en Icarus, un prestigioso periódico de ciencia planetaria, ronda en torno a la pregunta de si nuestro código genético pudo ser originado más allá de las fronteras de nuestro planeta, y de si este código pudiera contener algún mensaje encriptado de nuestros creadores extraterrestres.

Por medio de diversos métodos matemáticos, los autores del ensayo buscaron evidencia de alguna señal estadísticamente fuerte en nuestro código genético, con sorprendentes resultados: el código revela un conjunto de patrones aritméticos e ideográficos de un mismo lenguaje simbólico. Estos patrones son tan consistentes que parecieran ser producto de una lógica precisa, de un guiño de artificialidad, a pesar de que no hay forma de saber qué significan.

Algo interesante es que esta no es la primera vez que un artículo científico trata el tema. En 1979 la misma publicación, entonces dirigida por Carl Sagan, publicó un artículo de los bioquímicos Hiromitsu Yokoo y Tairo Oshima que hablaba de la posibilidad de la existencia de un mensaje extraterrestre en el ADN del bacteriófago φX174. Dada la extravagancia de la idea Sagan le pidió a su entonces joven protegido, David Grinspoon, que revisara el artículo para determinar su legitimidad. Grinspoon quedó asombrado por lo que encontró. Es una idea común que, si en algún momento llegamos a recibir información de otro planeta, estará conformada por secuencias y productos de números primos; esto por el hecho de que no existe ningún proceso natural que pueda generarlos. Un número primo es signo de que una inteligencia se encuentra detrás.  

Parte de la idea del uso de números primos es que la multiplicación de dos de estos indica las coordenadas de un plano cartesiano en el que se desplegará una imagen en dos dimensiones. Sin embargo, ninguna de las secuencias encontradas en el código dió origen a imágenes que revelaran un mensaje coherente. (Abajo se pueden apreciar las imágenes que Grinspoon creó con la información).

grinspoon-dna-decodeNingún mensaje ha sido detectado aún, pero la posibilidad de utilizar el código genético como medio de comunicación ya ha sido probado por la biología sintética (en 2010 Craig Venter sintetizó una molécula que no sólo contenía el genoma de una bacteria, sino los nombres de los 46 científicos implicados y algunas citas de James Joyce).

Lo que hace que el genoma humano sea campo fértil para la imaginación es el hecho de que de los 750 megabytes de información que contiene, tan sólo 3% está formado por los genes que nos hacen lo que somos. El 97% restante lo ocupa el llamado "ADN basura", el cual es como la materia oscura de nuestro universo interno. Puede que esa enorme porción del genoma no sea más que ruido genético, pero no es difícil imaginar que allí se pueda encontrar un mensaje que simplemente no hemos aprendido a descifrar.

Como señalan aquellos que perseveran en la búsqueda de mensajes extraterrestres en las profundidades del espacio: “La probabilidad de éxito es difícil de estimar; pero si nunca buscamos, las posibilidades se reducen a cero”.

Esto podría arruinar tu infancia: los príncipes de Disney totalmente desnudos (NSFW)

Por: pijamasurf - 08/20/2014

Tara Jacoby , ilustradora neoyorquina, dio a conocer este irreverente ejercicio de imaginación erótica al interior de la supuesta inocencia de los dibujos animados, imaginando cómo se verían los príncipes de Disney si, por un momento, cumplieran la fantasía de despojarse de su ropa

Uno de los efectos más evidentes y al mismo tiempo más sutiles de esa compleja maquinaria cultural y de programación colectiva que son los estudios Disney, se encuentra en el ámbito de la sexualidad. Aun bajo la sospechosa clasificación de “películas para niños”, los largometrajes de Disney son dispositivos que refuerzan y reproducen ciertas normas sociales respecto de lo que una persona puede esperar sobre el amor, el sexo y las diversas relaciones en torno a este núcleo. Con la asunción de que, en esencia, se trata de una postura conservadora, una moral afín al establishment.

Recientemente, la ilustradora Tara Jacoby realizó un ejercicio irreverente: retratar a los príncipes más populares de Disney desnudos, estableciendo una relación especulativa entre sus características físicas y de personalidad y, por otro lado, el tamaño y forma de su pene. Jacoby se suma a una larga lista en los últimos años de artistas que subvierten y se reapropian las imágenes de Disney, mostrando a las caricaturas drogándose o teniendo intercambio sexual, etcétera.

En un primer momento las ilustraciones pueden impresionar, pues sin duda Disney ha sabido vender una imagen aséptica de los cuerpos y las relaciones humanas en la que hay poco espacio para eso que el escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez describe con precisión:

Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, saliva, aliento y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios, bacterias. O no es. Si sólo es ternura y espiritualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser.

Sin embargo, quizá después ese efecto deje su lugar a algo más liberador: el humor. Esa especie de “profanación” de Jacoby no es más que un intento por revelar lo evidente aunque disimulado: que esas cosas también pasan por la mente de los niños, así sea como enigmas, preguntas sin respuesta efectiva y sólo imaginadas, y que la “inocencia infantil” no es más que una consecuencia de cierta moralidad que, contrario a lo que pueda parecer, sólo deforma y pervierte. El hecho de que no podamos ver estas imágenes sin escandalizarnos, ¿no es prueba de ello?

Esta recreación es también una consecuencia de la presencia fantasma de la fantasía en el sexo --y esas imágenes que vimos en la infancia son parte no sólo de nuestra educación sentimental sino también, de nuestra educación sexual. Jacoby cumple la fantasía colectiva de ver los cuerpos desnudos --despojándolos de su velada atracción.

Aunque una forma más sencilla de verlo es pensar que simplemente existe una curiosidad por saber cómo es el pene de los príncipes de Disney, que son nuevos (viejos) mitos en la psique colectiva.