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El capitalismo no siempre fue el enemigo, ¿pero lo será siempre?

Por: pijamasurf - 06/12/2014

Un economista del siglo XVIII asumiría que, para jactarnos de un "capitalismo global", hemos estado trabajando en una lista de prioridades previas como la educación, la cultura y la alimentación universal. En realidad, lo que llamamos "capitalismo" es una versión comercial y sintética de una teoría económica destinada a liberar a los hombres del trabajo

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Los significados de las palabras están determinados históricamente: un "hombre libre" en la Atenas de hace 2,400 años era un hombre que tenía tierras propias y esclavos que lo servían, mientras el hombre libre de nuestros días se contenta con salir al atardecer de una oficina y pagar sus tarjetas de crédito antes de la fecha límite para no acumular intereses.

La filosofía y el pensamiento económico mantuvieron una estrecha relación durante siglos; de Arquímides y Kanad en la Antigüedad a Descartes y Pascal, de Tocqueville a Hobbes, de Platón a Tomás Moro, crear sistemas eficientes que nos expliquen cómo funciona el mundo (y que nos sugieran cómo hacer para que "funcione" mejor). La economía, sin embargo, es un pensamiento puesto en práctica, pues nociones abstractas como "deuda" o "inversión" operan en una esfera de valores invisibles para las transacciones económicas que realizamos todos los días. 

La moneda en tu bolsa no vale lo mismo por la mañana que por la noche si durante la tarde ocurre una devaluación.

David Smith, el economista inglés a quien el diccionario atribuye la invención del positivismo, estaría orgulloso del grado de eficiencia del actual capitalismo global: una máquina ensamblada en Indonesia (con materias primas provenientes de África, América y Europa) logra estar en todas las tiendas en la fecha en la que el CEO dice que estará. Esto le volaría la cabeza a cualquier economista del siglo XVIII. Según una investigación de The Guardian, la pesca de camarones en el sureste asiático es una industria rentable para cadenas de supermercados como Carrefour y Walmart, que mantienen barato el precio del producto a costa de la esclavitud (no metafórica sino aterradoramente real) de miles de pescadores.

Se trata de una incongruencia entre la capacidad del capital para reproducirse y el nivel dentro del rango de las prioridades que el bienestar social tenga para tal o cual sociedad. En su famoso Elogio de la ociosidad, Bertrand Russell afirmaba que el capitalismo "bien empleado" puede servir para reducir las jornadas laborales de los obreros permitiendo que la producción sea más eficiente, apoyándose en los avances tecnológicos y dejando más tiempo para todas las cosas que no son el trabajo.

El Philosopher's Mail resume así el azoro con el que alguien como David Smith vería el capitalismo en nuestros días:

Si pudieras volver mágicamente en el tiempo y explicarle el trabajo de una [empresa transnacional] a un agudo y sabio defensor del capitalismo, como el economista del siglo XVIII Adam Smith, seguramente estaría muy impresionado y emocionado por lo que hemos logrado. Seguramente asumiría que si podemos hacer tales cosas [como producir una taparrosca en Indonesia que termina en una embotelladora de México para una bebida consumida en Dublín], y estamos tan increíblemente bien organizados (...) entonces de seguro tendremos ya resueltos todos los otros problemas más importantes de la humanidad. Él asumiría que hemos estado trabajando en una lista de prioridades, comenzando por los grandes retos, y que de ahí hemos debido ir ocupándonos de otros pequeños detalles (como una bebida) a la perfección.

Seguramente querría escuchar acerca de la maravillosa eficiencia con la que hemos construido exquisitas, hermosas y económicas ciudades, reservado agua limpia y comida segura para todos en el planeta y resuelto problemas como el de formar relaciones estables y criado niños felices, trabajadores y bien balanceados. Seguramente también querría escuchar sobre nuestro sistema de educación perfecto.

No se trata ya de realizar pequeñas modificaciones estructurales, casi cosméticas, en la estructura del sistema, sino de asumir que (salvo fundar una comunidad autosustentable en la selva) el capitalismo es la condición bajo la cual el mundo seguirá operando en el futuro previsible. Hay que ponernos cada tanto en perspectiva histórica para suponer que tener internet y productos de consumo de todas partes del mundo es una forma "avanzada" de capitalismo. Se trata en realidad de una versión barata de la modernidad que nada tiene que ver con el capitalismo entendido como un humanismo, según los economistas que lo plantearon. Si es verdad que "no hay afuera del capitalismo", probablemente las soluciones se encuentren también disponibles.

Bonus track:

Capitalismo: una historia de amor, de Michael Moore.

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Canadienses de 14 años hackean cajero automático con un método tan sencillo que nadie les creyó

Por: pijamasurf - 06/12/2014

La sagacidad de un par de jóvenes canadienses de 14 años les permitió entrar al sistema operativo de un cajero automático del Banco de Montreal

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Quienes estén familiarizados con la saga Terminator quizá recuerden una escena en la que el joven John Connor, con ayuda de un amigo y una computadora portátil de los '90, lograba ingresar al sistema operativo de un cajero automático y sacar algunos cuantos dólares que después gastarían en un centro comercial.

Pues bien, con algunas variaciones, esta situación se presentó recientemente en Canadá, en donde un par de adolescentes consiguieron hackear la seguridad de una ATM (Automatic Teller Machine), aunque con un procedimiento más bien sencillo: encontraron en línea el manual de la máquina, se enteraron de la existencia de una contraseña que tenía por default ese modelo para entrar al modo de configuración y probaron suerte, descubriendo que el Banco de Montreal (BMO) nunca había modificado el password. Entre otras funciones, en la modalidad de operador una persona puede ver cuánto dinero tiene el cajero en ese momento, cuántas transacciones se han hecho en el día y además modificar el cargo que el sistema hace por el retiro de dinero.

Curiosa o previsiblemente (por su condición de canadienses), Matthew Hewlett y Caleb Turon no se aprovecharon de la falla y, en contraste, acudieron a una oficina de la institución para avisar sobre la misma. Con todo, el personal del banco no les creyó, por lo que exigieron pruebas del hack. Entonces los jóvenes volvieron al cajero automático, entraron al sistema, cambiaron el mensaje de bienvenida de “Bienvenido a la ATM del BMO” a “Váyase. Esta ATM ha sido hackeada”, imprimieron algunos documentos de las operaciones, cambiaron el cargo por retiro a un centavo y regresaron al banco con la evidencia pedida.

Entonces, claro, los encargados de seguridad del BMO les creyeron y reaccionaron de dos maneras: emitiendo un comunicado en el que aseguraron que ni la información ni las cuentas de sus clientes estuvieron nunca en riesgo y, por otro lado, contratando a Hewlett y Turon en su área de seguridad informática.

Cabe mencionar que hace unas semanas, cuando se anunció que Microsoft dejaría de generar actualizaciones para Windows XP, se dijo que quizá los cajeros automáticos del mundo (que en su mayoría funcionan con ese sistema operativo) serían vulnerables a virus, hacks y otros problemas de seguridad. Los bancos aseguran lo contrario, pero la duda se mantiene.