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Este lunes 2 de junio murió Alexander Shulgin, el padre de las drogas de diseño, un hombre admirado profundamente en la comunidad psicodélica y en la ciencia misma, una de las personas más influyentes a la vez que prácticamente desconocidas.

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Las drogas psicodélicas no te transforman --no transforman tu carácter-- al menos de que quieras transformarte. Hacen posible la transformación.- Sasha Shulgin.

Hay un cierto grupo de personas que aunque no son lo que se diría famosos su influencia real es mucho mayor que la de personas que todos conocemos y cuyos nombres coreamos. Muchas de estas personas --legisladores secretos de la realidad-- son científicos. Una de esas personas es Alexander Shulgin, conocido solamente por una pequeña comunidad --la comunidad de la cultura psicodélica--pero cuyos descubrimientos y adaptaciones químicas son consumidas por millones de personas. Puedes escuchar una canción de una estrella pop y sentir que te canta al oído o pensar que estás muy cerca de tu actor favorito cuando lo ves en la pantalla, pero en qué se compara eso con la intimidad de tomar MDMA o 2C-B --dos drogas empatógenas que seguramente no estaríamos consumiendo si no fuera por Sasha. Millones de viajes psicodélicos, con sus cielos e infiernos oscilantes, en los que jóvenes del todo el mundo bucean en su propia psique en un moderno rito de iniciación (y extravío), en simulacros de iluminación, amor, deseo, ilusión, ego, pero esos sí, siempre una posibilidad de autodescubrimiento... sintiendo el sello cristalino del diseñador, la voz del alcaloide o el ángel sintético.

El sitio Erowid dio a conocer hoy  la muerte de Alexander Shulgin (1925-2014), el químico estadounidense responsable de introducir el MDMA con fines terapeúticos y de sintetizar más de 230 sustancias psicoactivas. Shulgin, quein había estado luchando con el cáncer, es llamado el "Padrino de los Psicodélicos" o"Daddy Ecstasy" y junto on sus esposa Anne Shulgin es responsable de explorar a fondo y con cariño las dos familas más importantes de la farmacopea psicodélica, las feniletilaminas (descritas en su libro PIHKAL) y las triptaminas (descritas en su libro TIHKAL). Sasha es considerado también el padre de las drogas de diseño, luego de que descubriera que con un ligero tweak molecular se podían obtener una casi infinita cantidad de variaciones químicas capaces de producir diferentes efectos --casi estilos psicodélicos, unos más placenteros que otros-- siguiendo como base las sustancias que se encontraban en la naturaleza como la psilocibina, el DMT o la mezcalina. De la familia de las feniletilaminas (en la que se encuentra las mezcalina y el MDMA), Shulgin sintetizó el 2C-B en 1974,  una sustancia que ha cobrado gran popularidad en los últimos años, que en un principio era considerada un afrodisiaco psicodélico, y que constituye la primera droga psicodélica de auteur, como tal. Siguieron muchos psicoactivos más de la familia del 2C y muchas otras de la familia de las triptaminas, cuyo linaje incluye al DMT y a la psilocibina. Este diseño de drogas psicodélicas ha revolucionado el mercado, permitiendo que se consuman sustancias muy similares a los hongos alucinógenos, al peyote, al éxtasis o a la ayahuasca de manera legal, burlando las ridículas leyes de prohibición. Algo que ha sido profundamente liberador para los psiconautas a la vez que peligroso al obligarlos a moverse en territorios inexplorados, sin la protección de una tradición, experimentando con poderosas sustancias cuyos efectos son en gran medida desconocidos.

Después de recibir su doctorado en bioquímica por la Universidad de UC Berkley, Shulgin inició una carrera en la industria farmacéutica, trabajando en la síntesis de pesticidas para Dow Chemical. Por suerte, a los 35 años probó la mezcalina, y esta experiencia transformó su vida, revelándole que tenía "infinitas cosas adentro", una visión pletórica del universo químico que subyace la materia en su danza molecular. A partir de esto empezó a realizar una serie de modificaciones moleculares que cuidadosamente --y de manera heróica-- probó el mismo, trabajando con sus propios recursos, como un maverick en una zona gris al borde de lo ilegal, luego publicando sus descubrimientos en revistas científicas. 

El trabajo de Shulgin no sólo tiene una aplicación recreacional o cualitativa (en las experiencias que ha detonado indirectamente).  La enramada de estructuras químicas que exploró tenía que ver con neurotransmisores como la serotonina y la dopamina y con funciones cerebrales como los sistemas de percepción visual y auditivos. Algunos de sus compuestos son usados en la neurobiología para estudiar los receptores de serotonina en el cerebro y los mecanismos de acción de los antidepresivos y los antipsicóticos, así como la neuroplasticidad del cerebro. Se ha encontrado que el compuesto 2,5-dimethoxy-4-iodoanfetamina, mejor conocido como DOI,  promoueve la neurogénesis y la reorganización de espinas dendríticas y conexiones sinápticas. Shulgin, en otro mundo, como Hofmann, habría ganado el Premio Nobel.

Shulgin fue su propio conejillo de indias y a lo largo de más de 40 años experimentando con sustancias psicodélicas --que los avezados llaman empatógenos o enactógenos-- compiló un tesoro de conocimiento que mezcla la profusión emocional característica de los experimentos en psiconáutica 2.0 con el erudismo propio de un químico, una rara mezcla que hace de sus libros lo mismo un jardín que un laboratorio, una tesis de alquimia o un rave privado.

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El interés de  Shulgin por desarrollar psicodélicos fue siempre crear herramientas para estudiar la mente, no necesarimente el cerebro, y ayudar al conocimiento de esta dimensión humana. En 1965 Sasha volvió a sintetizar el MDMA (sustancia desarrollada por Merck en 1912 para detener hemorragias). No la probó hasta 1976; después de ese primer viaje de MDMA, Shulgin anotó: "Me siento absolutamente limpio adentro, no hay nada más que pura euforia”. Esto es lo que sería el éxtasis. Sasha compartió sus impresiones con el psicólogo Leo Zoff y por algunos años el MDMA gozó de gran salud en la psicoterapia alternativa --y en la escena disco-- hasta que fue prohibida en 1985. Hoy en día vemos el resurgimiento de la medicina psicodélica y el MDMA es usado con éxito para tratar del trastorno de estrés post-traumático.

En su introducción a PIHKAL, Shulgin defiende el derecho humano a explorar la naturaleza de su propia psique y considera que las sustancias psicodélicas son valiosas herramientas para explorar las grandes preguntas como: ¿existe la vida después de la muerte? O, ¿existe una estructura subyacenta que ordena y sustenta la realidad que conocemos? Y ¿podemos percibir este orden y entrar en comunión con él? Sasha suscribe a la definición básica de lo psicodélico, "aquello que revela la mente" (o el alma) y así las sustancias psicodélicas son probablemente las herramientas más poderosas que tenemos para acceder a la profundidad de la mente subconsciente, al universo interior. "Estoy convencido de que hay una cantidad innumerable de información dentro de nosotros, algo similar a una biblioteca con incontables volumente de referencia, pero sin un método de acceso claro". Permitir, aunque sea fugazmente, acceder a ese mundo rutilante de data es la propiedad más valiosa de los psicodélicos. 

¿Cuánto durará, este delicioso sentimiento de estar vivo, de haber penetrado el velo que oculta la belleza y las maravillas de los espacios celestiales? No importa, ya que no puede haber nada más que gratitud por haber recibido al menos un vistazo de lo que existe para aquellos que se abren a él...

Entendí que nuestro universo entero está contenido en la mente y en el espíritu. Podemos elegir no hallar el acceso, podemos incluso negar su existencia, pero en verdad está dentro de nosotros, y existen químicos que pueden catalizar su disponibilidad.

Sasha Shulgin será recordado cálidamente por numerosos psiconautas, amigos y familia. Nada lo haría más feliz que (ojala) en los siguientes años la ciencia y la sociedad en general vuelvan a entender que las sustancias psicodélicas son parte de nuestra naturaleza, que busca siempre el (auto)conocimiento y que su prohibición es sólo una negación de una parte importante de nuestra constelación psíquica. Negar la existencia de un potente y luminoso dragón en la sombra.

Twitter del autor: @alepholo

Página de Alexander Shulgin en Erowid

 

 

Reflexionemos sobre la importancia de poder elegir cómo modificamos nuestra mente y la posibilidad de poder hacerlo de manera segura e informada: legalizar el uso medicinal de sustancias como el DMT, el LSD, los hongos alucinógenos y la ayahuasca debería de ser parte de la agenda, no sólo la marihuana

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En su inercia de clasificar a la mayoría de las drogas psicoactivas como ilegales y asociarlas con violencia y subversión ideológica, la "guerra contra las drogas" se lleva consigo y atropella a sustancias que tienen un enorme potencial medicinal y una capacidad de provocar experiencias que dotan de significado a la vida humana.

La palabra "psicodélico" significa que "manifiesta la mente" y fue acuñada por Humphry Osmond en su correspondencia con Aldous Huxley, quien empezaba a mostrar interés en el uso de mescalina y LSD como una forma de deshinibir la función cerebral para acceder a una dimensión sensorial y mnemónica más amplia: el mundo de las imágenes arquetípicas, del anima mundi o de la percepción extrasensorial. En el origen de esta palabra que ha llegado a ser muchas cosas --capacidad visionaria, recreo sensorial, colores, luces, música, experiencias transformadoras, viajes que lo mismo proyectan el cielo que el infierno-- podemos entrever una de las razones subyacentes por las cuales sustancias como la mescalina, la ayahuasca, la psilocibina, el LSD, el DMT, el MDMA o la ketamina, todas las cuales han demostrado un notable uso medicinal y/o terapéutico, siguen estando ensombrecidas por la prohibición y la mirada condenatoria de la sociedad: manifestar la mente no es algo que fomenten las personas que hacen leyes en nuestra sociedad. Es mejor para el actual sistema y el orden de las cosas reprimir la mente o dejarla como está.

Terence McKenna, el gran entusiasta de las sustancias psicodélicas, solía decir con su característica pirotecnia verbal que tener una experiencia psicodélica no sólo era el derecho de una persona sino una urgencia vital de la mente, de la misma manera que el sexo es una urgencia del cuerpo: cualquier persona que se considerara seriamente interesada en explorar el misterio de la existencia debía de ingerir alguna vez en su vida una fuerte dosis de un enteógeno en la oscuridad y "poner atención y respirar". ¿Por que no pensar e incluso luchar por la idea de que es un derecho básico poder tener una experiencia psicodélica?

En este tenor, el Dr. Thomas Roberts ha publicado un brillante texto sobre los psicodélicos como un derecho constitucional fundamental. En primera instancia esto podría sonar como la disparatada petición de una cabeza de ácido o algo así, pero bien analizado, hay una lucidez impecable en los argumentos de Roberts (profesor de la Universidad de Northern Illinois).

Desde la década de los '60, con el boom de la psicodelia, cuya cara visible fue Timothy Leary, las sustancias psicodélicas han sido encasilladas como drogas controladas de tipo 1 (las más reguladas), agrupando a la heroína y la cocaína en la misma categoría que el LSD o la mescalina. Esta clasificación no sólo castiga severamente a aquellas personas que consumen estas "drogas" (que seguramente no deberían de ser llamadas con la misma palabra: drogas, lo cual denota una falta de sensibilidad matizada, aunque este es ciertamente el término oficial); impide, también, que se designen fondos federales a cualquier tipo de estudio o contrato relacionado a su legalización. Y aunque en los últimos años hemos visto un prometedor renacimiento de la medicina psicodélica, sobre todo después del estudio seminal de la Universidad de John Hopkins con hongos alucinógenos y del trabajo de MAPS, existe un claro rezago si se compara con lo que se ha logrado con la marihuana. Mientras que la marihuana se encuentra en el centro de la agenda del activismo y empieza a convencer a todas las personas indicadas --al menos de su uso medicinal--, otras drogas psicodélicas ni siquiera se discuten, dejado de lado una paleta multicolor de ricas posibilidades para la medicina y la psicología.

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Thomas Roberts advierte, siguiendo las conclusiones a las que llegó Rick Strassman, que la mayoría de los incidentes negativos reportados con el uso de psicodélicos son justamente debido a las drásticas regulaciones: dosis en cantidades desconocidas, posible contaminación de las sustancias, consumidores con condiciones de salud riesgosas y un "set and setting" estresante: "Estos 'percances' ocurren debido a que nuestras políticas actuales prohíben legalmente hacer pruebas a las drogas, guiar y preparar las sesiones y realizar una integración post-sesión".

Hace unas semanas se dio a conocer el caso de la muerte de una niña de 15 años en Inglaterra, aparentemente por consumir MDMA impuro. La madre, Anne Marie Cockburn, reclamó con notable lucidez al gobierno la importancia de legalizar el consumo del MDMA, justamente para poder regular la pureza y ofrecer una alternativa segura.

Estamos de acuerdo con Roberts en que "la política psicodélica debería fomentar el desarrollo de lugares seguros y de procedimientos productivos para que se beneficien de este innovador camino para resolver problemas. Para mejores resultados, estos centros probablemente deben ser incrustados en espacios que provean revisión, preparación, guía e integración profesional". La idea no es legalizar las sustancias psicodélicas a lo salvaje, sino crear los canales conducentes para que puedan ser incorporadas a la sociedad como un saber, como parte de una nueva ciencia integral y así puedan ser maximizadas tanto medicinal como psicológica o espiritualmente. 

Thomas Roberts toca la fibra medular de esta cuestión. Ya no se suprimen libros o ideas subversivas, se suprimen estados mentales, en este caso de una conciencia psicodélica. "Además de nuestro estado mente-cuerpo ordinario, despierto, por default, nosotros los humanos tenemos la habilidad de lograr muchos estados mente-cuerpo con sus particulares habilidades residentes... Usando mindapps (psicotecnologías), podemos instalar estos estados en nuestras mentes. Los psicodélicos son una familia de mindapps". Estas apps mentales son continuación del concepto de los ocho circuitos del cerebro de Tim Leary, la biocomputadora humana y los metaprogramas de John Lilly o los "túneles de realidad" de Robert Anton Wilson. En nuestro mundo, construido por la percepción y el lenguaje, todo es un software que llevamos más o menos (in)conscientemente. Es nuestro derecho como seres inteligentes desechar o rediseñar estos programas portátiles que instalamos en nuestro cerebro. "La inteligencia es la habilidad nativa de una criatura de lograr sus fines variando el uso de sus poderes", escribió Barzun. Los psicodélicos son parte de esta variación posible de nuestros poderes.

Hay otro componente importante en esta ética psicodélica. Desde el trabajo de Osmond y Janiger (quien administró LSD a Cary Grant, en terapia) pasando por Leary (quien realizó un experimento exitoso con prisioneros para disminuir su reincidencia a través de psicodélicos), Stan Grof, Claudio Naranjo o las actuales clínicas de iboga y ayahuasca para tratar adicciones, las sustancias psicoldélicas son parte de un poderoso linaje en el tratamiento y saneamiento de la psique humana, el cual, por supuesto, se remonta a las antiguas tradiciones chamánicas. Y sin embargo, señala Roberts, enfocarnos sólo en la psicoterapia nos hace perder de vista algo importante: las experiencias psicodélicas nos informan sobre qué significa ser una persona y qué es la cultura humana". Al  ser "psicotecnologías" también son reservas de memoria, una especie de bosques tropicales de la mente con una riqueza histórica de gran diversidad de imágenes, arquetipos e información equivalente a las zonas protegidas de nuestro planeta. Nuestra cultura ha preferido sepultar estas profusas selvas de información que a su vez acarrean una cierta conducta y forma de habitar el mundo, puesto que abrir la caja caleidoscópica de Pandora significa también liberar una hueste de demonios y sombras que no necesariamente son agradables y amenazan el edificio de nuestra razón. Al mismo tiempo, nuestros doctores están acostumbrados a medicinas predecibles que pueden tomarse en cualquier lugar, y no están preparados a considerar la importancia del ambiente y de las condiciones particulares en las que se encuentra el paciente. Las medicinas psicodélicas muestran que existe un aspecto holístico y subjetivo en toda administración farmacológica --y esto es un paradigma que el sistema de salud actual no  ha logrado asimilar y el cual no le conviene adoptar, en tanto a que resta poder a las farmacéuticas y a los médicos que recetan fármacos libremente sin proveer una experiencia de integración y cuidado personalizado.

 

eatmsAl final, lo que podemos extraer de la prohibición al por mayor de los psicodélicos (permitidos sólo para culturas que se encuentran al margen de la civilización occidental) es que nuestra cultura tiende a la homogeneización de la realidad, la masificación de la individualidad y la monopolización del poder (económico y mental). Roberts llama a esto "la falacia del estado único", ese camino unívoco de la legislación del bien y del conocimiento. Los psicodélicos amenazan directamente este "estado único", al mostrar inmediatamente que existen múltiples estados (de conciencia, de percepción e incluso de ser). Uniendo dos famosos títulos: son las puertas de la percepción de realidades aparte. Suponen una heterotopía de miradas que son a su vez mundos distintos, todos igualmente validos y posibles. Así las cosas, los psicodélicos son una crítica ontológica del mundo institucionalizado como un estado único. Algo que comúnmente es descrito como un "alucinógeno", tiene, sin embargo, el reiterado efecto de hacer ver que la palabra realidad debería de estar, si somos precisos con el lenguaje, siempre bajo comillas y en plural: "realidades". 

¿Quién tiene el derecho de decidir qué ideas puedes o no considerar? ¿Quién tiene el derecho de regular cómo eliges usar tu mente? No el Congreso de los Estados Unidos, no la DEA, no el Instituto Nacional del Abuso Contra las Drogas. Sostengo que tú y yo y todos los demás tenemos el derecho a determinar el contenido de tu mente, seleccionar nuestros procesos de pensamiento, y explorar y desarrollar nuestras mentes como creemos apto.

Este es el llamado de Roberts para exigir el derecho constitucional del uso de psicodélicos. La lucha apenas comienza y no son necesarios tintes revolucionarios (no se necesita hablar de la revolución de la conciencia o de la luz de la mente). Es simplemente una cuestión de informar, presentar la evidencia y remover los viejos paradigmas y programas. Simplemente más programas, más opciones de realidad y de percepción; esto es lo que hace la evolución: favorece la diversidad.

Twitter del autor: @alepholo