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Paradojas del psicoanálisis: ¿Por qué Freud odiaba la música?

Por: Jaen Madrid - 05/12/2014

La arrogancia freudiana engendró una especie de sinestesia científica donde sólo se puede encontrar armonía en las afecciones mentales.

sigmund-freud-on-streetEl odio y el pavor a la música son expresiones que podrían parecer surreales. Incluso la mayoría pensaríamos que el Universo entero está hecho de música, pues además de ser un elemento fundamental del ser humano para transmitir emociones, la encontramos también en la naturaleza misma, al estrellarse uno o varios sonidos con nuestros oídos produciendo armonía.

Según testimonios, al neurólogo Sigmund Freud le era insoportable escuchar una melodía, las memorias reprimidas y los recuerdos nostálgicos que éstas le producían eran abominables, e incluso llegaron a causarle migraña y neurosis severas. Resulta una paradoja sorpresiva que el gran ludópata de las mentes nunca pudo resolver los problemas que la música generaba en su cerebro (más aún viviendo en la lucidez musical de Viena), retrayéndose de cualquier sentimiento que ésta le provocara. Diversas hipótesis surgen de este fenómeno tétrico que en el caso del Dr. Freud, podríamos imaginar que se trataba de arrogancia pura. 

El término armonía tiene muchos significados relacionados con la belleza del equilibrio que el ser humano puede percibir del entorno. En términos disciplinarios, es la progresión de un sonido, constituido por varios en menor volumen que forman el todo de dicha simetría. La mayoría logramos comprender esto con el oído, sin necesidad de una explicación que recurra a las palabras. Pero algo diferente sucede con las personas que sufren "amusia", extraño trastorno que inhabilita la capacidad para distinguir o producir un ritmo musical, desde la ineptitud para cantar o tararear melodías hasta la dificultad para percibir o diferenciarlas. Estamos hablando de que las personas que poseen dicho desorden no experimentan emoción o placer alguno al escuchar música, y muchas veces, pueden desarrollar melofobia --naturalmente, el miedo a la música.

Este desorden parece una de las explicaciones más factibles para el caso de Freud, sin embargo, hay algo más: según el psicoanalista y amigo cercano, Heinz Kout, a Freud le encantaba Mozart, presumía de haber presenciado todas las óperas; La flauta mágica, en especial, le resultaba una de las piezas más hermosas. Una paradoja de estas características nos vuelve a la posición principal de que quizás la arrogancia del maestro del psicoanálisis influía en un cierto nivel. 

La música provoca liberación de dopamina, y así como cada cerebro es distinto de otro, no toda la música puede soltarla de igual manera. El efecto de las frecuencias sonoras provocan innumerables sensaciones ad hoc al ambiente que se desea lograr. Genesis P. Orridge, por ejemplo, comentaba que «uno de los propósitos de las frecuencias que él intentaba conseguir era confundir y colapsar el cerebro de la audiencia a base de muestras repetitivas de momentos muy cortos como orgasmos, muertes y sucesos que la mente humana no está acostumbrada a relacionar de una forma repetitiva». Precisamente era esto de lo que huía Freud, ser la víctima de su propio juego, de la psicoacústica que jugueteara con su inteligencia emocional. 

La música, además de ser un elixir maravilloso para toda enfermedad, es también un lenguaje. A diferencia de muchas artes, no intenta probar nada, pues su mensaje siempre será simbólico: intentar traducirlo, adjudicarle cualquier significado a palabras, siempre será insuficiente. Decía Heinz que Freud evitó la sensación musical para que predominase siempre su racionalidad y fue aquí donde (tal vez erróneamente) concentró la soberbia de sus reflexiones musicales.  

Sigmund Freud no odiaba la armonía. Más allá de cualquier aversión musical incongruente o de cualquier desorden mental que le impidiese aceptarla como un elemento vital, nunca descartó su aprecio por un compás o una métrica que, a su manera de percibirla y emitirla, resultó una especie de sinestesia científica, en donde sólo podía encontrarle armonía a las afecciones mentales.

 

Twitter de Jaen Madrid: @barbedwirekisss

¿Qué es la neutralidad web y por qué debería preocuparte ayudar a conservarla? (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/12/2014

El funcionamiento del Internet se asemeja al libre flujo del ciclo del agua --la amenaza de la pérdida de la neutralidad de la red será que, de la noche a la mañana, alguien podría ponerle llaves de paso a los ríos de información. Nuestro deber como generación es impedirlo.

Este video producido por Internet Citizens explica de manera clara y sencilla la importancia de la neutralidad en línea. Este tema está siendo debatido en legislaturas alrededor del mundo: algunas, como la de Holanda, han protegido con leyes a la medida el papel de los proveedores de Internet, en legislaciones como la mexicana la neutralidad se ha visto severamente amenazada.

¿Pero qué es, en sus términos más simples, la neutralidad en línea?

El Internet está formado por el intercambio de inimaginables cantidades de información por segundo, de las cuales cada usuario selecciona y utiliza apenas un puñado; la neutralidad web quiere decir que toda la información intercambiada a través de las redes debe tener la misma prioridad, o en otras palabras, ser tratada de la misma manera por los proveedores de servicios de Internet (ISP providers).

Compañías como Google y proveedores como Verizon han amenazado antes con minar la neutralidad web a favor de ciertos servicios, poniendo en peligro el Internet como lo conocemos.

Es importante recordar que el Internet, esa arquitectura intangible sorprendente que llena nuestras vidas de conocimiento y diversión, además de nuestras fuentes de empleo, es una construcción todavía endeble: Internet Citizens pone el dedo en la llaga cuando afirma que será responsabilidad de esta generación sentar las bases sobre las que la web seguirá desarrollándose. Se trata de tomar una postura política a través de una pregunta muy sencilla: ¿queremos que el Internet como lo conocemos siga existiendo o vamos a permitir que mediadores corporativos decidan (como en el caso de la televisión) qué podemos y qué no podemos ver?

En el mismo sentido cabría tomar en cuenta la perspectiva de gente como Jaron Lanier, cuya experiencia le permite acercarse al fenómeno sin falsos misticismos, así como la de Douglas Rushkoff, que ha enfatizado la importancia de la congruencia para con la construcción de una identidad no fiscalizada por intereses privados. Tal parece que la congruencia y la conciencia son los verdaderos retos de esta generación.

(Imagen de portada via Wired.)