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El segundo largometraje de Diego Luna que cuenta la vida del líder social, mexicano inmigrante en Estados Unidos, que luchó por los derechos de los campesinos.

CesarChavez

Una de mis más finas amistades me invitó a una cena con John Malkovich, Rosario Dawson y Diego Luna, en uno de los restaurantes del hotel en el que se hospedaban. Por los correos para prensa de Icunacury Acosta sabía que Cesar Chavez estaba a punto de salir, pero jamás imaginé compartir la mesa con Malkovich. Habló Pablo Cruz, uno de los productores de la cinta, y después Luna, haciendo hincapié en la importancia del estreno en México por sobre los demás. (Hace un par de meses hubo una función en la Casa Blanca presentada por Obama, aunque no pudo quedarse a verla.)

Éramos alrededor de veinte, no todos relacionados directamente con la película, como yo que no tenía nada que ver. La mayoría venían por parte de Canana, la compañía productora, y Videocine, la distribuidora. Como suele pasar con semejantes luminarias uno acaba viéndolos de lejos, captando alguna frase y evitando la mirada para no molestar. Ceder el anonimato es un sacrificio que no se puede recuperar, y tanto la actuación como la música lo requieren como moneda de cambio en el camino al éxito. Es una manera de venderle el alma al diablo: "Se cumplirán tus deseos pero todo el mundo te reconocerá cuando te vea, siempre". Se empeña la vida privada en aras de la vida pública. Por eso, ante una figura pública, lo respetuoso es no incomodar con palabras inútiles o fotografías.

Acabé en conversación con el tío de Chayo Dawson, tratándolo de convencer que en las cuarenta y ocho horas de su estancia en el Distrito Federal al menos fuera al centro histórico a ver el Templo Mayor a un lado del Zócalo, entrar a Bellas Artes y comer en la Ópera, el clásico circuito mínimo para el turista. Estoy seguro que no me hizo caso, y que no salió de Polanco. A veces uno le habla al viento.           

Al día siguiente vi la película.           

El tema puede ser un blanco fácil. Dramatizar la vida de un luchador social que ganó sus batallas parecería una tarea relativamente sencilla. Gandhi de Richard Attenborough, The Lady de Luc Besson o la más reciente Mandela: Long Walk to Freedom de Justin Chadwick son ejemplos claros. Un personaje de esa envergadura merece pasar a la historia, y el cine es una gran herramienta para promocionar a una figura que por distintos motivos no ha tenido tanto eco. Ese es el caso de Chavez.           

Es una sorpresa: la fluidez dramática del guión; las actuaciones de los principales, de los secundarios y hasta de las terceras partes que tienen poco diálogo; la luz y la cámara en mano; y la música, tan sutil y efectiva como el resto de los elementos. Cesar Chavez es una gran película. El tema es tan actual como hace décadas. Si bien los problemas de nuestro tiempo no son exactamente esos, han cambiado sólo de matiz. La médula es la misma. La tortuosa vida del emigrante trabajador es avasalladora.           

La figura del líder social está desacreditada. Lo que sucedió alrededor del mundo en la década del sesenta es impensable hoy. Tomar las calles y usar métodos pacíficos pero poco ortodoxos para que las cosas cambien no está bien visto. La indiferencia da pie a la desidia, la programación televisiva adormece la consciencia mientras el mundo es devorado por unos cuantos. Es dentro de este mar de apatía que Cesar Chavez cobra más sentido que el evidente. No se trata nada más de recordar a aquel hombre, sino de vernos en el espejo de la historia. Es cuestión de despertar.

Como lado-B, la función especial de Zoot Suit de Luis Valdez en la Cineteca Nacional es perfecta. Es una vía auténtica a la cultura chicana, tanto en espíritu como en tiempo, con Edward James Olmos como El pachuco. Es parte del Primer Festival de Cine Documental Chicano/Latino de la Filmoteca de la UNAM.           

Al final de la cena me despedí orgulloso de poder decir "Nice to meet you, John", y después de ver a lo que había venido me dio más gusto. Su personaje es el antagonista de la trama, y aunque tiene poco tiempo de pantalla es uno de los productores ejecutivos.           

Ojalá sea un éxito. 

Twitter del autor: @jpriveroll

El Internet compró la vagina de esta mujer

Por: pijamasurf - 05/07/2014

Un proyecto de crowdsourcing hizo real la operación de reasignación de sexo de esta bloguera.

samalen

El Internet es lo más parecido a un espacio utópico: un lugar fuera de todos los mapas donde todos los tiempos se dan cita, y donde todas las subjetividades pueden manifestarse y encontrar afinidades. Pero la mayoría de los grandes sitios convocan también lo más granjeado de la hipocresía heteropatriarcal y las prácticas de exclusión más intolerantes. Ese es el Internet que personas como Samantha Allen conocen a diario.

Samantha es una mujer transgénero, lo que quiere decir que nació con sexo masculino pero se identifica como mujer. Estudia el doctorado en el departamento de estudios de género de la Universidad de Emory, y es una connotada bloguera en temas de feminismo y videojuegos. Pero fue cuando decidió someterse a una cirugía de reasignación de sexo que Samantha entendió realmente la fuerza del Internet.

Una vagina, en nuestros días, tiene un precio de instalación, por decirlo así. $20,000 dólares. El seguro médico podría cubrir parte de la cirugía, pero aún necesitaban mucho más. Samantha y su esposa decidieron hacer su situación pública y crearon una página de IndieGoGo para financiar la operación. Pusieron en línea una campaña que explicaba la situación de Samantha y el uso que se le daría al dinero; luego, como se tira una botella al océano, oprimieron publicar.

"Luego", escribe Samantha en un artículo del Daily Dot, "oprimí el botón de actualizar de mi navegador. $500. Actualizar. $1,000. Actualizar. $1,500. Miraba con incredulidad a medida que Twitter y Tumblr diseminaban la campaña como pólvora a todo lo largo y ancho del Internet. Incluso tipos que me habían molestado en línea abrieron sus billeteras virtuales y me enviaron algunos dólares. Mi esposa y yo no podíamos creerlo."

Al final del primer día, la campaña había recaudado $5,000 dólares.

El Internet en el que nos gustaría vivir es uno donde lo que somos pueda servir de inspiración para los demás. El caso de Samantha ilustra a cabalidad la naturaleza profundamente transgresora del Internet, en términos de comunidad y complicidad: la empatía y la solidaridad de perfectos desconocidos puede significar la diferencia entre la aceptación y la vergüenza, o entre un proyecto "virtual" y uno real. Materializar lo virtual también es magia.

Así, luego de varias semanas de campaña y de una operación exitosa, Samantha escribió en su Twitter: "Tengo vagina."

El conmovedor mensaje de Samantha a los que la ayudaron a reunir más de $10 mil dólares en donaciones termina así:

A donde quiera que vayamos, tú y yo siempre estaremos juntos; lo que me has dado siempre me recordará a ti. Me has dado algo que tocaré, usaré, en lo que pensaré todo el día. Podrías ser mi amigo más cercano o podríamos nunca tener ocasión de hablar. Algunos de ustedes no saben quién soy yo y algunos de ustedes podrían no necesitar saber mucho de mí fuera de mi necesidad. No importa, porque estamos todos en esto juntos.