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Una señal en un mundo de ruido (o la transmisión del alma en la materia)

Buena Vida

Por: Jasun Horsley - 04/22/2014

Jason Horsley reflexiona en torno a la materialidad y la espirtualidad. ¿Cómo equilibrarlas?

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Se habla mucho (y quizá siempre ha sido así) sobre cómo las personas materialistas deberían ser más espirituales, sin embargo, se habla muy poco acerca de cómo las personas espirituales deberían ser más materialistas. ¿No se parece esto un poco a un jardinero que quiere cultivar fruta, pero no quiere lidiar con la tierra? ¿Qué tiene de malo la tierra?

What’s the matter with matter?

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Si pudieras tener un solo deseo, ¿qué desearías? Si pudieras concentrar toda tu energía y atención en un sólo deseo, ¿cuál sería este? Si pudieras dedicar toda tu vida a una sola búsqueda, ¿qué buscarías?

Dicen que la vida es corta, pero si piensas en lo poco que hay por hacer que tenga tras de sí un significado o propósito real, entonces la vida es absurdamente larga. Una mosca vive el tiempo suficiente para poner sus huevos y luego muere. ¿Qué tipo de huevos estamos poniendo que nos tiene que tomar tantísimo tiempo?

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Existen dos tipos de escritura: el monólogo y el diálogo. Está la escritura que es para alguien y está la escritura que existe para describir y ayudar con un proceso interior. Generalmente, prefiero el segundo tipo, pero siempre es un poco de ambos, inclusive cuando es más de uno que del otro.

Últimamente —ya que escribo con más y más frecuencia para otros sitios—-, tomo mi pluma y la primera pregunta que pienso no es: “¿De qué se trata?”, sino, “¿Para quién es?”. Para ser precisos quizá existe una pregunta que deberíamos hacer antes: “¿Por qué estoy escribiendo esto?”.

La respuesta es que existe una transmisión que necesita atravesarme y la cual estoy diseñado para transmitir. Sólo puede venir de mí cuando y si encuentro los receptores correctos, aquellos para los cuales está dirigida la transmisión. La resonancia con aquellos receptores “allá afuera” me permite ser receptivo ante esta transmisión “aquí adentro”. Y sólo entonces lo experimento yo mismo. Las señales de un radio no pueden ser transmitidas a otro al menos que un escucha lo encienda. Hasta ese momento es sólo una caja de apariencia extraña.

Puede parecer que estoy responsabilizando a alguien más por mis acciones. Estoy escribiendo mi primera columna para Pijama Surf y escribo sobre cómo no sé de qué escribir. Pero si el medio es el mensaje, entonces el mensaje también es el medio. Este es mi mensaje para ti, lector: cuando estás abierto para recibir lo que necesitas recibir, la transmisión viene sola. Pero tú no lo sabes hasta que tú también comienzas a transmitir. Así es cómo funciona, al menos para mí.

No existe ningún sonido en el bosque al menos que alguien lo escuche. El teatro de la vida no tiene ninguna audiencia. En el gran experimento evolutivo de la conciencia no hay ningún observador que no participe. No se acerquen a esta columna con las manos vacías (con la cabeza vacía está bien). No esperen recibir algo a cambio de nada. Y recuerden que si llegan a recibir algo, aquí o en cualquier otra parte, es el resultado de lo que cargaron, sin saberlo, dentro de ustedes mismos. Esa es su transmisión.

No escribo esta columna para darles algo que necesitan sino para quitarles algo que no. Lo que ustedes buscan es lo que son debajo de todas las cosas que han acumulado que no les permiten convertirse en lo que realmente son. Una señal en un mundo de ruido.

El único valor de las palabras es dejarlas consumir las palabras que ya las poseen por el tiempo suficiente para que vean que son más que palabras. La palabra no fue el principio de la señal sino su final. La Torre de Babel. Y todo lo que empieza con una palabra, termina con una.

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Como escritor todavía persigo la misma meta que imaginé para mí mismo hace treinta años. Sigo fascinado con las mismas imágenes e ideas que capturaron mi imaginación diez años antes de eso, a los cinco años (principalmente los superhéroes de Marvel). Puede que me haya acercado un poco a la meta (la de ser un artista reconocido, más o menos) en esos treinta años, pero eso no se compara a cuantas veces me he percatado de que la meta es ilusoria. No me refiero solamente a que no conduce a nada considerando mi muerte y la eternidad que le sigue, sobra decir eso. Me refiero a que mientras esté vivo, alcanzarla no resolvería mi descontento interno. De hecho, toda la evidencia sugiere que el éxito sólo aumentaría mi ansiedad.

Basándome en estas observaciones, comienza a parecer que he pasado la mayor parte de mi vida caminando en el agua en vez de nadando —pensando que hay algún “punto final” en el futuro en vez de relacionarme as-is con el momento presente. Mi vida se parece a alguien que, sentado en la sala de espera de un consultorio del dentista, hojea revistas que realmente no le interesan, para matar el tiempo y evitar pensar en el encuentro desagradable que se aproxima.

¡Despierta! Este no es un simulacro. ¡Esta es la vida real y tu casa está en llamas! Ya sea que te sales mientras puedes o te quemas. No hay tiempo para hacer un itinerario de tus cosas: ¡toma tus pijamas y surfea hacia la salida!

Eso me digo a mí mismo; y ahora, ya que tú, lector que surfea en pijama, sacas esto de mí, entonces eso es lo que te digo.

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¿Qué sucede en el momento presente? Además de escribir estas notas, espero a que un tal Terry, un agente de bienes raíces, me llame para discutir una casa que espero comprar en el pueblo en donde vivo. Esto requiere que saque una hipoteca y algunas otras inconveniencias, quizá menores pero que se sienten mayores. Lo que esto realmente significa, en el panorama general, es que estoy echando raíces.

Tener una base sólida en la vida no me parece tan deseable como a la mayoría de las personas. He sido un nómada desde que tenía 17 años. He vivido en una docena de países y quizá tres veces ese número de casas y departamentos, que incluyeron tiendas de campañas, squats, edificios semi-construidos y parques. Pero el tiempo se le acaba a este cuerpo, como se le acaba a todos los cuerpos. Si mi única, y última meta, es no ser un artista exitoso, sino alcanzar la autenticidad absoluta, individualizada, el despertar, la iluminación (las palabras sirven muy poco cuando hablamos de una condición que prácticamente nadie puede describir a partir de una experiencia propia), entonces primero debo estar bien establecido en el mundo. ¿Por qué? Porque hablando en términos prácticos, no puedo perseguir mi meta tan plenamente como me gustaría hasta que lo esté —principalmente porque involucra viajar a Europa y participar en los eventos de Dave Oshana (por ahora al menos)— pero también porque desperdicio una enorme parte de mi energía en “llegar al fin del mes”.

Por otro lado, quizá esta idea —que necesito sentirme materialmente cómodo antes de que me pueda concentrar en la liberación espiritual— es la raíz de la ilusión en la cual las búsquedas espirituales y las materiales están separadas, ¿o hasta opuestas?

Una planta puede crecer tan alta como sus raíces se extienden en la tierra. Sucede arriba como debajo. Esta es una metáfora, la cual ni siquiera estoy seguro vaya a algún punto, ¿acaso todo tiene que tener un punto? Pero me parece que estamos aquí para sentar las bases de la vida, la Vida, la fuerza consciente que nos creó, la fuerza de nuestras propias almas, para que esta se pueda mudar con nosotros y tomar el control. Así me parece, aunque podría estar equivocado. En cuyo caso la búsqueda material, limpia, es la realización de la meta espiritual.

Sin embargo, mientras más tiempo y energía invierta en las hipotecas y negocios de propiedades, más presión siento y me vuelvo menos espiritual, más cínico me siento en cuanto a la “espiritualidad”. Comienzo a sentirme atrapado por la idea de estar 100% comprometido con la vida, con una casa, un pueblo, este planeta y este cuerpo. Eso me señala algo: la espiritualidad y evitar el compromiso están, de alguna manera, enredados, al menos para mí. Pero seguramente sólo es a través del compromiso con los aspectos físicos de la existencia, este momento y lugar, ¿entonces es sólo en el aquí y ahora, donde el compromiso espiritual puede existir?

Me pregunto hasta qué grado lo que llamamos espiritualidad ha nacido de la evasión, de los intentos de personas que tratan no ser consumidas por las presiones cotidianas de la vida, de mantenerse flotando por encima de todo, viendo al mundo con una combinación de superioridad y desprecio que tendemos a disfrazar como compasión.

Para que el alma esté completamente encarnada (la autenticidad), debemos concentrar nuestra atención en toda la mierda que hemos intentado evitar a lo largo de nuestra vida: todas las zonas del cuerpo y el mundo material que hemos cerrado a causa del trauma, la enfermedad, el dolor, la negación y la desasociación, lo que sea.

Quizá prestar atención es el alma, una cosa sin forma o materia. Y quizá, mientras que la mente-ego intenta conjurar una vida imaginaria para el alma para escapar las pruebas y tribulaciones de ser humano, el alma intenta entrar a la vida, llenarse completamente del lodo de la existencia, alcanzar su expresión absoluta a través de lo físico —como si fuera un relámpago buscando donde caer.

Quemando la casa (Burning down the house).

De cualquier manera eso es más o menos lo que yo creo sucede ahora, conmigo y con esta maldita hipoteca. No se trata de si consigo la casa o no. Se trata de aprender cómo habitar mi cuerpo más conscientemente, cómodamente y eficientemente para que el cuerpo pueda hospedar la conciencia original, pura, prístina e original que lo creó, de manera que la conciencia pueda mudarse ahí y hacer lo que sea que tiene que hacer. El cuerpo es el receptor, el alma la transmisión.

La negociación entre estos dos sucede en niveles diferentes, tanto visibles como invisibles. Mientras yo negocio con agentes de bienes raíces, corredores de bolsa y banqueros para asegurar la casa en la que quiero vivir, el alma procede con sus movimientos cuidadosos, considerados hacia el mismo fin.

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Cuando vemos y nos acercamos al mundo material como si fuera un río, este alisa las duras piedras y las convierte en una eficiente estructura. Es a través del doloroso proceso de estar completamente sumergido en el reino de las cosas que el alma es individualizada, autónoma, y auto-propulsiva.

El alma no es una cosa, sin embargo, para que pueda moverse en el mundo de cosas, necesita un cuerpo y el cuerpo sí es una cosa. Ya que es una cosa, el cuerpo quiere cosas propias (cómo una casa donde pueda vivir). Pero lo que el alma quiere y lo que el cuerpo quiere no son lo mismo. El alma quiere que el cuerpo tenga lo que necesite para que esta, el alma, pueda hacer lo que vino a hacer, que, al mismo tiempo, es lo que el cuerpo fue creado para hacer: transmitir.

Estar en el mundo pero no del mundo, como dicen. Algunos piensan que es fácil estar en el mundo y que la parte difícil, la parte que importa, es no ser del mundo. Pero, ¿qué pasa si estar completamente en el mundo es la única manera de asegurarnos de que no somos de él? ¿Qué sucede si el mundo es el único lugar que puede poner a prueba el alma? Si queremos tener deliciosa y jugosa fruta (llena de la energía nutricional del sol, aquella transmisión), necesitamos tener nuestras raíces bien metidas en la tierra y recibirla.

El peligro de emprender búsquedas espirituales —meditación, yoga, psicodélicos, chamanismo, transhumanismo, ser un artista— es cuando utilizamos el conocimiento que adquirimos para tejer fantasías escapistas y nos dejamos llevar por las promesas que estas nos hacen, perdiendo de vista los resultados que en realidad obtenemos. Aquí es donde las cosas de este mundo son útiles.

El secreto no es que podemos usar nuestra espiritualidad para cambiar nuestra realidad material. El secreto es poder extraer lo opuesto: la realidad material existe en la forma en la que lo hace para ayudarnos a ajustar nuestra conciencia espiritual a algo que se acerca a la verdad de la materia, para alinearnos con ella.

Es sólo cuando el hule toca la carretera, cuando nos rendimos ante las fuerzas de la naturaleza y ya no tratamos de trascenderlas, que el alma y el cuerpo encuentran un interés común y el mundo se convierte en la señal y no en el ruido.

Twitter: @JaKephas

¿Qué tienen que ver la misteriosa muerte de un joven británico en la selva colombiana después de ingerir ayahuasca y el auspicioso viaje de Lindsay Lohan con este brebaje psicodélico?

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La ayahuasca está por todas partes, en las conversaciones, en las películas y en las noticias. En los últimos días cientos de medios de diferentes países del mundo cubrieron dos noticias que en un principio no tienen ninguna relación, salvo que tienen que ver con este brebaje tradicional amazónico. Por una parte las declaraciones de Lindsay Lohan sobre cómo la ayahuasca le ayudó a lidiar con el aborto espontáneo que sufrió durante la grabación de su reality show. Por otra parte, la muerte de un adolescente británico en Colombia después de ingerir ayahuasca, cuya causa de muerte aún no se ha podido determinar.

Lohan dijo que durante la filmación de la primera temporada de su docuserie "Lindsay" sufrió un efecto traumático al perder su bebé y la ayahuasca le permitió lidiar con la pérdida. La polémica actriz, asociada con el consumo de drogas, la promiscuidad y un cierto glamour decadente, dijo que su experiencia con la ayahuasca fue "realmente intensa"  y que experimentó su propia muerte para renacer después, lo cual le permitió  dejar ir "el desastre de mi pasado". Una experiencia prototípica con este compuesto botánico que suele rápidamente convertir a sus usuarios.

Las declaraciones de Lindsay hicieron que numerosos sitios se preguntaran "¿qué es la ayahuasca?" (como si el interés de una celebridad inmediatamente le diera relevancia). Las versiones digitales de NBC, Today, The Guardian, News.au y varios más corrieron notas con este encabezado. Today incluso aseveró que la "limpieza" de Lindsay es ilegal y además te hace vomitar (qué asco, vomitar, debe de tener algo que ver con la anorexia o algo así, suena enfermo). 

Este fin de semana se dio a conocer la muerte de Henry Miller, un joven de Bristol de 19 años que había viajado a la región del Putumayo, en Colombia, donde le ofrecieron participar en una "experiencia chamánica" e ingerir ayahuasca, parte del creciente turismo psicodélico. Según The Guardian, Miller pudo haber muerto por una reacción alérgica al brebaje amazónico. Al parecer Miller tuvo una reacción adversa y luego murió cuando se le intentaba llevar a un hospital. Sin embargo, existe la posibilidad de que su muerte haya sido ocasionada por un golpe en la cabeza. Según testigos, su cuerpo fue hallado en un camino de terracería con un golpe en la cabeza que podría haber ocurrido al ser arrojado de una motocicleta. Presumiblemente, ayudantes del chamán que llevaba la ceremonia lo abandonaron en la selva luego de que muriera de camino al hospital.

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Otra hipótesis, ya que la información no es del todo clara, podría apuntar a que Miller murió de un golpe en la cabeza y no de la ingesta de la ayahuasca (y de cualquier forma el chamán y su clan decidieron ocultar el fallecimiento porque es malo para el turismo). Esta hipótesis apoyada en que la ayahuasca en la gran mayoría de los casos no presenta ningún tipo de efecto negativo para la salud, salvo mareo y vómito (que son conocidos como la purga) y un estado de psicosis pasajero; comúnmente sus peligros son más asociados con la pérdida del control y de la noción del espacio provocada por alucinaciones o algún acto detonado por la psicosis temporal (por eso es tan importante la labor del círculo protector chamánico). Una caída durante los efectos de la ayahuasca es una causa de muerte más probable. Sin embargo, el consumo de ayahuasca en combinación con sustancias antidepresivas sí puede presentar serios problemas para la salud. Existen otros casos de muerte después de ingerir ayahuasca aunque no se ha podido determinar exactamente si fue la ayahuasca −el compuesto de una planta que contiene DMT y otra planta que contiene un inhibidor MAOI− el componente farmacológico letal.  En este sentido existe un problema, ya que la ayahuasca suele mezclarse con otras plantas, incluyendo la datura, el tabaco, la ayahuma y muchas otras, según el chamán o la región, por lo que alguno de estos aditamentos podría también ser responsable de los pocos casos de muerte documentados.

El otro caso de muerte famoso ocurrió hace dos años cuando se encontró el cuerpo muerto de Kyle Nolan, en Perú. Al igual que Miller, Nolan había ingerido ayahuasca antes de morir. El chamán José Pineda admitió a la policía haber enterrado el cuerpo de Nolan, después de que este muriera en la ceremonia. Sin embargo, el padre de Nolan mantuvo que Pineda debió de haberlo asesinado, ya que "la gente no muere de ingerir ayahuasca".

Al principio decíamos que los dos sucesos, la ingesta de Lohan y la muerte del joven Miller, parecen no estar relacionados, sin embargo, existe una relación importante de mencionar. La popularización de la ayahuasca, en parte debido a las celebridades que cada vez más recurren a esta medicina y la glamuorizan, genera un boom de turismo psicodélico en el Amazonas o la contratación de chamanes itinerantes e incluso la preparación casera amateur de este brebaje, cuyos ingredientes pueden adquirirse en Internet de manera legal −y que por otra parte existen en numerosas plantas y animales en todo el mundo (incluyendo en el cerebro humano). Dos extrañas apariciones recientes de la ayahuasca en Hollywood nos dicen mucho de cómo esta fiebre del "té de la selva" empieza a catalizarse.  En la película Wanderlust, el personaje de Jennifer Aniston toma ayahuasca  y en la película Noé, el héroe bíblico versión Hollywood también toma una bebida psicoactiva, que por su presentación, consistencia y cauda visionaria nos hace pensar que está basada, al menos en la mente  del director Darren Aronofsky, en la ayahuasca. Ahora vemos que Lindsay Lohan toma ayahuasca para lidiar con sus problemas existenciales, los cuales están expuestos en una vitrina magnificante. Pronto tal vez veremos spas de ayahuasca en Hollwood (es más seguramente ya los haya, pero hay que tener los contactos para pedir el yague con la intercesión del gurú de moda).

La liana de la muerte

Ayahuasca, en quechua significa "viña de la muerte" o "viña del alma". La relación con la muerte de este brebaje, de esta tecnología visionaria y medicinal de la selva, es íntima y de alguna manera ineludible. Se trata principalmente de una muerte simbólica o una muerte chamánica --como la que cita Lohan, en lo que es casi ya un cliché. Comprender el pasado y dejarlo ir es una forma de morir; sanar también lo es. Lo viejo muere para que podamos existir en plenitud, liberando el pasado. La ayahuasca nos hace enfrentarnos con nuestra naturaleza oculta, con lo que se conoce como la sombra y atravesar nuestro propio inframundo (donde cuelgan las aves y serpientes del inframundo colectivo). Lo que la hace tan efectiva y tan estimada −por celebridades, artistas y chamanes− es a fin de cuentas que nos permite ver aquello que hemos sido y hemos olvidado o reprimido (los indígenas lo llaman los ancestros; los psicólogos, el inconsciente).

El potencial de sanación y de transformación existe fundamentalmente debido a que la ayahuasca, en su tamiz psicodélico, deshebra los nudos y hace diáfanas las causas —y generalmente  la mayoría de nosotros (incluyendo a la medicina moderna) sólo nos movemos en la superficie, en el mundo de los síntomas. Hace visibles, entre hermosos y aterradores paisajes simbólicos, las causas de nuestro sufrimiento emocional y las causas también de nuestras enfermedades físicas (ambas en muchas ocasiones relacionadas). Causas que suelen ser difíciles de determinar, ya que pueden remontarse a traumas de la infancia, a material reprimido o incluso a sistemas familiares trasgeneracionales. En este sentido, existen dos frases ilustrativas: En la medicina alquímica greco-árabe (Unani) se dice que el médico no cura, solamente sirve como aliado da la naturaleza; es la naturaleza −el tabiyat o la inteligencia viva de la naturaleza− de cada uno la que cura. La ayahuasca sirve como aliada o conducto de esa inteligencia viva de la naturaleza. La otra, del poeta Virgilio: "Feliz quien conoce las causas". Quien conoce las causas ha visto lo que es invisible en la superficie, lo que pocos pueden ver, ha visto con el ojo del corazón o con el ojo del espíritu y debe alegrarse. Ya no tiene que luchar con fantasmas y batir su espada en todas direcciones.

Ayahuasca foundationEl elogio de las propiedades curativas o transformativas de la ayahuasca debe ir acompañado de la cautela de una posible fuerza desintegradora, propia de todo lo que verdaderamente tiene un potencial de cambiar la vida −de algo que es en muchos aspectos una terapia de shock. Todo verdadero tesoro contiene un riesgo y requiere un esfuerzo que exige que dejemos de ser quien éramos antes de obtenerlo. La ayahuasca, como ocurre con los procesos inciáticos, no se puede separar de la muerte y, si bien suele culminar reencantándonos con la vida, en un impulso positivo al borde del eros y del kundalini, también puede destapar una pulsión de muerte. En raras ocasiones, esa analogía de la muerte se puede hacer literal. Puede que este sea el caso de lo ocurrido con estos jóvenes que han muerto en el Amazonas. Con esto, el énfasis está en que la ayahuasca no debe de tomarse a la ligera. Aunque también es posible que nada trascendente ocurra durante una experiencia de ayahuasca, una gran mayoría de las veces logran sacudir al ser profundo y esos estruendos numinosos pueden dejar mal parado a una persona que abusa o que no la ingiere en un contexto adecuado. A esto hay que sumarle que, como ocurre en la lógica del capitalismo que invade la selva con el turismo psicodélico, la creciente demanda de "experiencias chamánicas" hace que proliferen también "productos" o experiencias de baja calidad (lo chamánico es por naturaleza lo más alejado del materialismo y por lo tanto al entrar en contacto con la usura del capitalismo entra en un estado de choque).

Cualquiera dice ser chamán y tener la tradición y el conocimiento para maniobrar una ceremonia de docenas de personas, cada una de ellas con numerosas particularidades que las hacen vulnerables a muchos "malviajes" que pueden convertirse en algo más si no se provee la candidez y la impecabilidad propia de un "facilitador", que a fin de cuentas trabaja como un "proletariado del espíritu". La labor del chamán es en ciertos aspectos la de inocular el ambiente −soplando y cantando− para que los usuarios de la planta trabajen en un ambiente protegido sin la influencia de agentes externos (esas voces enajenantes que hackean la psique). Para lograr esto existen numerosos protocolos que a la mente racional podrían parecerle supersticiones pero que engloban un misterioso arte de equilibrio con las fuerzas primigenias: un equilibrio, que bien ejecutado, debe de reflejarse al final en la operación grupal y en la posibilidad, al menos, de que cada quien se enfrente con sus propios demonios y pueda exorcizarlos –ya dependiendo de si su intención es pura y su voluntad es fuerte.

Además de los peligros de la proliferación de este turismo psicodélico que en algunos aspectos atenta contra la integridad de las pequeñas comunidades, que para poder mantener ciertas tradiciones deben mantener cierta distancia con los frutos de la civilización industrial moderna, existe también el juego de poder propio de las sectas religiosas. Como ya hemos visto en un artículo pasado, la ayahuasca y las personas que controlan las ceremonias fácilmente pueden atraer a personas dispuestas a formar una especie de secta o grey que deposita su fe en los poderes de esta planta y sus facilitadores. Esto ocurre en gran medida por la profunda transformación y la radical diferencia que el estado ayahuasquero marca con la realidad convencional: al abrir mundos nuevos donde todo parece iluminado −aunque esto también es impermanente−, las personas pueden endiosar a la planta y al facilitador, que bajo cierta percepción parcial parecen ser los responsables de haber traído el bienestar y hasta la beatitud que se paladea por momentos. La magia colorida de la selva con sus seres iridiscentes se torna pantanosa: nos acercamos a la misma zona de fanatismo y explotación de la conciencia que ocurre en las religiones, entre los fieles que ignoran los secretos y la casta sacerdotal que manipula la información para satisfacer sus propios deseos de poder. Existen casos de chamanes que ofrecen ayahuasca con otras plantas psicoactivas, en combinaciones que puedes desbalancear al organismo por falta de conocimiento o que, aún más preocupante, pueden estar utilizando estas plantas y otras técnicas esotéricas para obtener poder personal, en términos populares, como brujería (que en otro aspecto de la conciencia sería sólo influir en la psique a través de una serie de técnicas de manipulación para obtener algo a cambio). La vulnerabilidad y excitabilidad de estos estados alterados no debe ser tampoco subestimada; si bien abren puertas para ver mundos luminosos y transformar la realidad de manera positiva, también son puertas para abismos infranqueables y eventos psíquicos negativos, especialmente cuando no se tiene conciencia de lo que está pasando o de lo que alguien puede estar haciendo a nuestro alrededor. La máquina de Maia, la máquina de ilusiones y espejismos también puede estar operando con su seductora belleza y es posible que nos aferremos a visiones falsas, si no tenemos la claridad para discernir. Aquello que tiene la fuerza para desbloquear un trauma, puede también generar otro.

Algunas personas se preocupan de que la ayhuasca esté apareciendo tan frecuentemente en los medios de comunicación, propalando su secreto. Por una parte esto resulta casi inevitable: no hay duda de que la ayahuasca es un brebaje poderoso, con serias posibilidades de aplicación medicinal, además de suministrar un caudal de visiones psicodélicas incomprables. Esto lo hace atractivo para todo tipo de personas y aunque algunas puedan ser más responsables, tener mayor preparación y respetar el contexto tradicional que enriquece la experiencia con toda su baraja de arquetipos entonados, discriminar sobre quienes sí deben de poder acceder a la planta y quienes no va en contra del espíritu de toda medicina.

Quizás en algún momento resultaba más prudente ocultar la tradición medicinal de la ayahuasca, para protegerla y proteger a sus verdaderos guardianes. Hoy en día lo mejor que podemos hacer es combatir la desinformación sobre sus efectos −reconocer que tiene valiosas propiedades medicinales y que en un contexto adecuado, con supervisión calificada, no presenta serios riesgos a la salud, pero que si se hace sin tomar ciertas precauciones básicas sí puede tener graves consecuencias− y tratar de integrar a la sociedad de forma que se valore y respete a este brebaje y se elimine la ignorancia que impera en torno a las sustancias psicodélicas o enteógenas entre el grueso de la población, como resultado de la política de la gran mayoría de los gobiernos y los medios de comunicación. Es importante responder en este momento de manera equilibrada −tiempo en el que muchos medios de manera sensacionalista hablan de la ayahuasca como si fuera un gran peligro consumirla e inicia la estrategia del pánico y que, por otro lado, celebridades y trendsetters en numerosas ciudades del mundo se desviven en elogios sobre esta pócima como si fuera el alkahest o por sí sola pudiera curar o salvar a cualquier persona. Transitar por el camino del medio parece ser, como casi siempre, lo más indicado.

Sobre la popularidad de la ayahuasca y más recientemente del sapito y sus matices, ya hemos escrito antes aquí.

Twitter del autor: @alepholo