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Si estás leyendo este artículo, probablemente seas un terrorista

Sociedad

Por: Kevin Carson - 04/04/2014

Así están las cosas. La Ley “USA PATRIOT” y una gran cantidad de agencias de seguridad como el CSIS, el RCMP, el FBI y el DHS están siendo utilizados para proteger las ganancias de las industrias de combustibles fósiles, la industria del cine y la agroindustria corporativa contra el debate, el escarnio público, o las protestas.

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Durante los últimos días, una serie de acontecimientos al azar aparentemente no relacionados parecieron querer enseñarme una lección común. El 21 de enero se informó (“¿Opuesto al Fracking? Podrías Ser un Terrorista“, PopularResistance.org) que los servicios policiales canadienses y estadounidenses –Servicio de Inteligencia de Canadá (CSIS), la Policía Montada, el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, y la policía provincial, estatal y local– han estado trabajando en estrecha colaboración con Enbridge, TransCanada y otras compañías de energía que participan en proyectos de construcción de ductos para mantener a destacados activistas anti-fracking bajo vigilancia como posibles “terroristas”. Scotland Yard ha llevado a cabo una vigilancia similar de “radicales” en los movimientos de derechos de los animales, antiguerra, anticapitalista y anti-OGM.

El mismo día, en los EE.UU. (“¿Así que ahora Seguridad Nacional puede detener a los sospechosos de piratear películas?” IO9, 21 de enero), el Departamento de Seguridad Nacional arrestó a un hombre por usar un Google Glass en un cine de Ohio, deteniéndolo durante tres horas –a pesar de que tenía la función de “grabar” apagada.

Finalmente, el 3 de febrero, Truth-Out.org reportó una demanda para revocar la Ley Antiterrorista para Empresas de Productos de Origen Animal, una ley de EE.UU. que trata actos anteriormente considerados delitos menores de desobediencia civil como la liberación de animales en granjas industriales –o incluso traspasar o filmar de manera encubierta sin permiso– como actos de terrorismo (“¿Es Liberar a un Pato un Acto de Terrorismo?“). Para poner las cosas en contexto, téngase en cuenta que a pesar de que el FBI en 2004 designó a los activistas ambientalistas y de derechos de los animales como la principal amenaza interna de terrorismo, nadie ha sido herido jamás por ninguna de las acciones de protesta de estos movimientos.

Toda la legislación de alto nivel para la “lucha contra el terrorismo” aprobada después del 9/11 fue justificada en su momento por la urgente necesidad de que nadie pudiese jamás volver a estrellar un avión contra un rascacielos, esparcir ántrax por ahí o hacer estallar una “bomba sucia” en una ciudad importante. Supuestamente se trataba de poderes extraordinarios otorgados sólo para contrarrestar peligros extraordinarios, que nunca serían utilizados por las fuerzas del orden contra delitos comunes. Pero, ¿cuándo es que el estado haya alguna vez prometido eso y cumplido su palabra? Las Leyes de Espionaje y Sedición aprobadas durante la Primera Guerra Mundial fueron acompañadas de aseveraciones similares de que no se utilizarían para suprimir el disenso ordinario y el debate político –y terminaron siendo utilizadas como justificación de arrestos masivos de personajes públicos críticos de la guerra, miembros de la I.W.W, y del Partido Socialista.

Así están las cosas. La Ley “USA PATRIOT” y una gran cantidad de agencias de seguridad como el CSIS, el RCMP, el FBI y el DHS están siendo utilizados para proteger las ganancias de las industrias de combustibles fósiles, la industria del cine y la agroindustria corporativa contra el debate, el escarnio público, o las protestas. ¿Tratar las protestas que interrumpen la jornada comercial como “terrorismo”? Si la Ley “USA PATRIOT” hubiese sido aprobada hace un par de generaciones, supongo que los plantones en los mostradores de restaurantes y los boicots de autobuses habrían sido clasificados como “terrorismo”.

El fin último de todas las leyes del estado y del aparato que exige su cumplimiento, independientemente de las aparentes justificaciones de esta o aquella ley, es la defensa de los intereses del sistema y los que lo controlan. Cualquier ley aprobada por el estado, y cualquier funcionario armado, uniformado y empleado por el estado para hacerla cumplir, interpretará el concepto de justicia de manera que sirva a los intereses del sistema de poder.

Artículo original publicado por Kevin Carson para el Center for a Stateless Society 

Traducido del inglés por Alan Furth.

Estas son solo algunos ejemplos de cómo el idioma o los idiomas que hablas acaban moldeando tu percepción del mundo y tu manera de relacionarte con él.

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Si sabes más de un idioma, no necesitas que un lingüista te diga que el lenguaje moldea la manera en que ves el mundo. Cada idioma es una suerte de carrete que traduce el mundo de cierta manera. Por eso la extinción de un idioma es la extinción de una parte de la realidad. Pero más allá de ello, se cree que si hablas alemán, por ejemplo, podrías ser un poco más pragmático, si hablas francés, un poco más emocional, y así con cada uno. Te sorprenderá saber qué tan distinto es un cerebro dependiendo de en qué idioma hablen tus pensamientos.

1)  La lengua enfocada en el género alienta la discriminación

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En español hay dos distintos artículos determinados para referirse a un objeto, dependiendo si es masculino (el) o femenino (la), también existe el artículo neutro, pero se usa para referirse no a objetos, sino a cualidades de las que se pretende teorizar ("lo bello", "lo útil", etc.); en alemán hay tres (masculino der, femenino die, neutro das). Ahora, se ha propuesto que estar forzado a asignar un género a todos los objetos le da más importancia, en la mente del hablante, al sexo de las personas de lo que tendría si fuera neutro. En países donde la lengua dominante emplea un sistema de identificación genérica basado en el sexo, la participación femenina en la fuerza de trabajo se reduce alrededor de 12 por ciento; mientras que en países donde la lengua usa un sistema no sexual, la participación femenina de hecho aumenta un poco, en un 3 por ciento.

2) Pensar en una lengua distinta a la natal te fuerza a tomar mejores decisiones

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Investigadores de la Universidad de Chicago encontraron una buena manera de pensar lúcidamente a la hora de tomar decisiones. La lengua madre puede estar repleta de emocionalidades adheridas a las palabras o las ideas, por lo tanto, si no estás seguro de que tu decisión puede estar intervenida por estos factores, trata de pensar en ello en una lengua extranjera. Lo que los investigadores piensan que pasa cuando hacemos esto es que traducir tu proceso mental a un segundo idioma te fuerza a  depender de la cognición analítica y fría, en lugar de en la cognición caprichosa y emocional.

3) Naces con huellas vocales que podrían dificultar tu entendimiento de otros idiomas

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Quizás los bebés no sean capaces de hablar hasta después de gatear y caminar por un par de años, pero aprenden su idioma mucho antes que eso. Un estudio ha demostrado que los bebés, de hecho, aprenden el idioma de sus madres mientras aún se encuentran en la matriz. ¿Cómo pueden saber eso? Porque cuando nacen lloran con acento.

En el estudio realizado, los investigadores escucharon a 60 niños franceses y 60 alemanes, y ambos grupos revelaron entonaciones claramente distintas a la hora de nacer. Los franceses, como es de esperarse, lloraban con acento gutural, y los alemanes con acento duro y áspero. Eso es porque cada lengua tiene su serie única de entonaciones, llamada prosodia. La prosodia de tu idioma está tan arraigada a ti, incluso desde antes de nacer, que entender otras lenguas puede ser muy difícil. El sarcasmo es buen ejemplo de esto.

Normalmente sabemos cuando un enunciado es entregado de manera sarcástica en nuestro idioma. Y podríamos pensar que es lo mismo en otras lenguas, pero no es así. Las marcas acústicas del sarcasmo, aunque consistentes en todas las lenguas, suenan completamente distinto en cada una.

4) Tus percepciones cambian de acuerdo al idioma que uses para expresarlas

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Recientes estudios han sugerido que el lenguaje puede actuar como una especie de máquina cultural que enmarca tus percepciones en una ideología determinada. En otras palabras: el “cambio de marco”, como lo llaman algunos psicólogos, es la habilidad de ponerte en los zapatos culturales de alguien más sólo con hablar su idioma. Un ejemplo de ello es un experimento que se llevó a cabo con participantes árabes israelíes que hablaban tanto árabe como hebreo (dos culturas que han tenido bastante animosidad entre ellas a lo largo de los años). Cuando el examen se les dio en árabe, los participantes escogieron nombres judíos como intrínsecamente negativos, pero este efecto desapareció cuando el examen estaba en hebreo.

5) Las lenguas sin tiempo futuro son mucho más eficientes en casi todo

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Considera los tiempos pasado, presente y futuro. La diferencia entre “Lucía está regando sus plantas” y “Lucía va a regar sus plantas” tiene implicaciones explícitas acerca de qué tan lejos está Lucía de regar sus plantas. Esa es información necesaria, pensaríamos. Pero puede ser sorprendente que otras lenguas no tienen tiempo verbal futuro y funcionan de maravilla. En Mandarín, por ejemplo, está bien decir algo como “Lucía plantas regar”.

Resulta que los hablantes de estas lenguas atemporales toman mejores decisiones que los demás, acerca de casi todo. Un estudio de Yale Business School analizó data de 76 países y se enfocó en cosas como ahorro de dinero, fumar y hábitos de ejercicio. El increíble resultado fue que en las culturas donde la gente habla un idioma sin tiempo futuro, las decisiones económicas eran generalmente más sanas. De hecho, encontró que los hablantes de inglés y español, que tienen tiempo futuro, tendían a ahorrar 30% menos que los atemporales. Se piensa que los hablantes de tales idiomas ven su vida menos como una línea de tiempo que como un todo. De esta manera están automáticamente más conscientes de cómo sus decisiones afectarán su vida entera.