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Federico Erostarbe imagina varios universos posibles dentro de la realidad que día a día habitamos y creamos. Asómate a ellos.

multiverse

Hay otros mundos además de este, pistolero

-Stephen King, Primer Tomo de La Torre Oscura

Hay una idea según la cual cada vez que estamos ante una encrucijada, en realidad no hay decisión alguna −no hay discriminación entre uno y otro camino, ni hay camino y no-camino. La razón no es otra que la naturaleza paralela del Universo, en que toda disyuntiva implica un mínimo de dos universos −en un universo tomamos la ruta de la izquierda, en el otro la ruta de la derecha; en un universo asesinaron a Kennedy, en el otro no (y en uno murió asesinado por Lee Harvey Oswald, y en otro por una conspiración global). Más allá de la viabilidad de la idea en sí y de la noción científica de Multiverso, cada vez más presente en el mundo propio de ecuaciones y leyes universales de la Física (y de los cómics), su potencial para la ficción y la poesía es inmenso. Pensar que hay un mundo en que Alemania ganó la Segunda Guerra como imagina Philip K. Dick y que hay caminos entre estos mundos, detectives que siguen los rastros y amores que suceden en simultáneo en todos los universos posibles. Pero usualmente parecemos creer que son encrucijadas de importancia las que exigen la creación de un nuevo universo: el resultado de una guerra, una llamada telefónica (no cualquier llamada, esa llamada), un accidente. Vidas y emociones parecen ser el sacrificio que exige el Cosmos para permitir que la burocracia cuántica inicie los trámites correspondientes y los dos universos: uno en el que hacemos la llamada y otro en el que no, sean realidad, en lugar de potencia.

Esa cantidad imprecisa me molesta. ¿Qué determina que una acción haga posible la conceptualización de otro universo y otra no? Y no es sólo su naturaleza imprecisa lo que me molesta, sino también una propiedad dual completamente innecesaria, fuera de lugar. Hacemos la llamada o no la hacemos. La guerra la gana Estados Unidos o la gana Alemania, cuando en realidad podemos hacer la llamada y quedarnos sin batería −o sin señal. O hacer la llamada y quedarnos en silencio −en un universo por decisión propia, en otro involuntariamente −por miedo, por un recuerdo que nos inmoviliza, por los dos. Y entonces utilizamos en vano el término “infinito”, postulando un supuesto número inconmensurable de mundos que en realidad es un número muy alto y nada más. Si somos fieles a la idea veremos que esta supuesta frontera no tiene razón de ser; además, somos nosotros los que otorgamos la importancia a un acto que carece de relevancia intrínseca. En consecuencia, es fácil hablar de guerras y poemas épicos, pero ¿por qué ellos ameritan un nuevo universo y no las crisis por las que pasé durante mi adolescencia? ¿Y por qué tiene que ser crisis, como las de los cómics de DC o las de mi adolescencias, o esas crisis teóricas que siempre traen una oportunidad, las que creen universos? Volviendo al punto: si somos fieles a la idea, puesto que esta supuesta frontera no tiene razón de ser, toda acción es muchas. Toda acción implica de cierto modo un abanico (grande, de los que se usan en China para hacer Tai-Chi) de acciones y encrucijadas, que se desprenden unas de otras con el tiempo. Como bloques que se desprenden de glaciares, produciendo un ruido que parece un trueno, sí, es como un trueno, pero no hay electricidad, sino hielo.

Una vez, manejando por la ruta, siendo pequeño (digamos que manejaban tus padres), después de ver durante horas las nubes, bajaste la mirada y viste un perro, acostado al costado del camino, sacándose las pulgas. Pero en otro universo no dejaste de ver las nubes, en otro no había perro, en algunos había un canino pero distinto, en otro llovía −en otro las condiciones geológicas se habían alterado drásticamente y nevaba, en varios más ni siquiera había ruta −y en uno último había un perro, sacándose las pulgas, disfrutando del sol al costado del camino, pero no estabas vos. Limitar los universos paralelos a un par de variaciones menores en las que el foco siempre está puesto en nosotros y nuestra cultura es conveniente a una narrativa de acuerdo a la cual el Universo tiene una imaginación muy pobre: en incontables universos no hay vida humana ni planeta Tierra, ni se llevó a cabo la Segunda Guerra (y seguramente, en algún Universo, a mediados de los cincuenta los extraterrestres finalmente hicieron contacto y, para salvarnos de la Guerra Fría crearon un gobierno mundial liderado por Juan Domingo Perón −ese es, después de todo, el argumento de una novela escrita en Argentina por Adolf Eichmann, responsable de la “solución final al problema judío”), en otros tantos los Kennedy fueron igual de irrelevantes que el perro al costado de la ruta.

De nuevo la arbitrariedad, representada por ese término hiriente: “irrelevante”. Porque a nuestro entender parece natural que una elección presidencial en Estados Unidos genere por partenogénesis un universo idéntico al anterior sólo que con una pequeña diferencia: ganó Al Gore. Ganaron los demócratas, por lo tanto un nuevo universo, con un planeta Tierra perdido en un eco de materia oscura y radiación a la cual la postura con respecto a las tecnologías verdes y los derechos civiles le importan tan poco como la novela que nunca llegó a publicar Adolf Eichmann, o el perro (a estas alturas famoso) que nos cruzamos en el camino. Nada tiene que ver la importancia de un hecho con los universos que pueda implicar −incontables, infinitos universos fueron creados en tan sólo el planeta que habitamos, desde que alberga vida (y en algunos universos la vida en la Tierra surgió por panspermia, en otros no, en otros nunca llegó a desarrollarse y en este seguimos esperando la aparición de vida inteligente). Como el viento en un bosque, en el que universos brotan en las raíces de los árboles después de una lluvia −y mientras los universos crecen, el viento mueve ligeramente las copas de los árboles, que son palabras. Y los bosques son poemas, novelas. El ecosistema: la escritura.

Porque escribir es una maquinaria gigante que crea estadios y estadios de universos. Escribir es crear, es discernir y es volver atrás y modificar, borrar y recrear. A grandes rasgos, escribir es crear: hay un producto, una idea, a la que le ponemos un moño y ubicamos para que todos la vean, un universo. Pero el proceso que condujo hacia ese mundo dio nacimiento a una cantidad industrial de mundos, breves en su gestación pero cuyos orígenes se remontan a las mismas épocas mitológicas del Big Bang que compartimos. Un poema, o un post en un blog, un texto como este, que escribo y reescribo: noto un error tipográfico y lo corrijo, cambio un punto por una coma, me detengo. Miro un párrafo, elijo un punto y lo separo, creo de manera consciente una separación y una oración queda en el vacío entre dos párrafos pero sólo durante unos segundos en los que pasa a ser parte del párrafo siguiente. Vuelvo a escribir y vuelvo a borrar y no puedo dejar de prestar atención a una palabra que resalta la aplicación que corre sobre OS X porque no la reconoce aunque existe (por lo menos en este universo). Tipeo, espero, borro y vuelvo a escribir y mientras lo hago cambio una palabra por otra, un género, un sustantivo. Y con cada palabra, que es una entre un bosque de palabras, creo un nuevo universo, en que activistas luchan por la neutralidad de la red y los gatos se muestran indiferentes ante sus dueños aunque los aprecien en secreto.

Un universo en que habrá elecciones presidenciales definitorias dentro de poco tiempo y en el que se tomarán infinidad de decisiones: no sólo por parte nuestra, un grupo domesticado y evolucionado de homínidos que desarrolló una mutación curiosa denominada conciencia, sino de todo tipo de mamíferos, reptiles de sangre fría y accidentes biológicos. Y Lee Harvey Oswald, Adolf Eichmann y Al Gore terminan siendo igual de irrelevantes que un fragmento de cuarzo del tamaño de la palma de una mano enterrado a medias en un cerro visitado por turistas, o un hongo que nace o un bloque que se desprende de un glaciar o un trueno o una palabra, cualquiera palabra, de la Epopeya de Gilgamesh a la obra de Proust a todos los posts escritos en blogs, masivos como supernovas de papel devenidas en narrativa digital o inacabados, inconclusos y sin lectores en un mundo en que el lector completa la palabra: leyéndola, en voz baja, pensándola. Recreándola, regándola (sacándole los yuyos y cuidando la humedad de la tierra), forma parte del mismo proceso: una relectura, una interpretación y una reinterpretación. El acto de subrayar, o copiar una frase para compartirla por Twitter, agregándole comillas al inicio y al final, quitándole una parte para que entre en ciento cuarenta caracteres −una frase en lugar de otra, cortada de cierta manera, en una red social en lugar de otra, desde un determinado sistema operativo. En un universo que es un bosque de universos.

Twitter del autor: @ferostabio

La historia de la guerrilla ontológica y la crítica activa de los medios y la autoridad no puede entenderse sin Operation Mindfuck, el grupo discordiano que marcó la pauta en la resistencia memética con sus geniales travesuras y sus gestos caóticos.

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El disparate puro es la clave de la iniciación. - El Libro de Todd

Existen divergencias entre los historiadores sobre el alcance y la influencia que ha tenido la Operación Mindfuck (OM) en la historia moderna. Para algunos se trata de la organización de inteligencia (cointel pro) más importante en los últimos 50 años, responsable de haber neutralizado importantes conspiraciones de control mental, sedación masiva y embotamiento trasnacional. Sus logros, por momentos intangibles, estarían emparentados con la labor que le comisionó Aldous Huxley a Timothy Leary: "conviértete en un porrista de la evolución", o lo que le asesoró Marshall McLuhan para promover el LSD: utilizar los propios medios —en un movimiento de jujitsu— de la sociedad que quería transformar para amplificar su mensaje: publicidad psicodélica —pero de manera críptica, utilizando cabezas-parlantes como el mismo Leary e infiltrando o creando sus propias sociedades secretas. Para otros historiadores, la Operación Mindfuck nunca existió en el mundo real, es acaso un rumor metafísico, un movimiento imaginario, una serie de proyectos que sólo ocurrieron en la mente de un grupo de personajes inclinados a fumar grandes cantidades de cannabis.

Es difícil puntualizar exactamente quiénes han sido miembros de esta espectral organización. Comúnmente se cree que Robert Anton Wilson (autor de Illuminati!) y Kerry Thornley (autor de Principa Discordia) son los fundadores o detonadores de OM, pero es posible que su origen, el linaje de los rascal gurus, se remonte a figuras como Aleister Crowley, Groucho Marx e incluso Hassan-i Sabbah. Otros personajes destacados afiliados en algún momento a OM incluyen a Alan Moore, Robert Shea, Richard Metzger, Hakim Bey,  Joey Skaggs, The KLF, el colectivo Ant Farm, Ken Kesey y sus Merry Pranksters y por supuesto Tim Leary.

Más allá de que sus proyectos se hayan desdoblado o no en el plano de la realidad masivamente consumida —esa "alucinación colectiva",  según los agentes de OM— su influencia en lo que el escritor Mark Dery llama "culture jamming" es innegable. Antes de que existiera Adbusters, Anonymous, Banksy e incluso el formidable colectivo Electronic Broadcaste Network, la Operación Mindfuck (OM) ya había distribuido semillas psicoactivas en el paisaje cultural de una época (desde finales de los 60 hasta nuestros días). Más que un colectivo de protestas o activismo, OM debe entenderse como una senda o una estructura epistemológica para alejarse de los movimientos colectivos y de la programación mental de la sociedad, y en ese acto de desmarcarse a la vez dejar una huella crítica, generalmente absurda, que manifiesta a la manera de un guiño su postura de que el orden establecido es completamente abritrario y ridículo, por lo que lo mejor es tomarlo como una broma.

"Mindfuck", jugar con la mente o fornicar la mente de los demás (y la propia), es tanto una cosmogonía como un modus operandi, una epifanía como una respuesta estratégica. OM es el sonido primordial de un universo fundamentalmente regido por el caos: el Verbo encarnado de la teología discordiana que tiene el centro de su panteón a Eris, la diosa del Caos. "¿Sabías que Dios es una mujer demente?", decían algunas de las estampas que pegaban en los autos de desconocidos (otras estampas famosas "hazle caso a tu glándula pineal" y "CIA: Cocaine International Association". El desorden, la subversión, el shock  y demás tácticas de guerrilla ontológica, al cuestionar la naturaleza de la realidad, crean el desarreglo en el punto de encaje o en la válvula reductora del cerebro para renovar la percepción y propiciar una visión de lo divino en movimiento: el río chispeante e incontrolable de las fluctuaciones cuánticas que procesamos como objetos y nombramos para fijar su naturaleza, desesperadamente encapsulando para poder solidificar el vacío que constituye la realidad.

Hackear, subvertir, ridiculizar, aterrorizar o simplemente ignorar a los medios de comunicación tradicionales y organismos gubernamentales es parte de las meta-obligaciones de todo ciudadano que se precie de tener una mente propia y  quiera actuar en nombre de OM. Estas acciones disruptivas, generalmente irracionales,  no tienen un fin político y deben de distinguirse del activismo, aunque puedan tener efectos colaterales y modificar el entorno político. Su única conciencia "revolucionaria" es la del acto como fin propio --la búsqueda del placer antes siempre que la del poder. En otras palabras, se hacen porque se disfrutan. Por el sólo LULZ. Por la sola potencia (desobediencia) creativa de poder hacerlas: expresión instintiva de la realidad lúdica. Su única trascendencia es la risa o el caos producido. Su única recompensa fluir por el cuerpo esplendente de Eris y beber de su fuentes voluptuosas. La naturaleza de esta organización criptoanarquica puede entenderse mejor a través de ejemplos concretos, de actos simbólicos o psicomágicos: actos que buscan la no-participación, la disolvencia de la multitud sujeta al poder político y, sobre todo, perturbar el orden establecido y cuestionar la autoridad a través de travesuras (pranks) públicas.


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Uno de los centros de operación de OM fue el Chicago de finales de los sesenta, cuando Robert Anton Wilson era el editor de la revista Playboy y Director de Desinformación de OM. Correspondencia entre RAW y Thornley documenta que el plan de acción de OM en ese entonces era "circular rumores contribuidos por otros miembros", de tal forma que se "atribuyera la autoría de todo tipo de calamidades nacionales o conspiraciones a otros grupos". Corriendo el riesgo de que "el Establecimiento fuera tan paranoico que empezará a creer alguna de estas leyendas disparatadas circuladas por nosotros y nos acusara de matar a Abraham Lincoln". En ese entonces Wilson y sus amigos empezaron a distribuir panfletos y cartas de sátira surrealista como "¡paranoicos del mundo unámonos; no tenemos nada que temer más que a nosotros mismos!" o una  guía de "Cómo empezar tu propia conspiración". Falsificaron los comentarios de lectores de Playboy, personificando a alarmados ciudadanos que pedían a los editores responder a la presencia ubicua de los Iluminati, los cuales habían matado a Kennedy, "controlaban los bancos y la tele " y además  aparecían en los libros de James Bond de Ian Fleming, ciertamente un doble agente. Robert Anton Wilson luego contestaba estas estrambóticas cartas desmintiendo o sembrando nuevas dudas al tiempo que propagaba el meme. Infiltraron el periódico SPARK y acusaron desde sus oficinas al alcalde de Chicago de "ser un brazo del pulpo" con un encabezado que decía: DALEY VINCULADO CON LOS ILLUMINATI. Su blanco preferido eran los fundamentalistas: enviaron una carta con estampado de los "Iluminati de Bavaria" a la Cruzada Anticomunista Cristiana informándoles que "hemos tomado el negocio del Rock.... Pero en realidad tomamos el negocio desde los 1800. Beethoven fue nuestro primer miembro". Para esta organización que ya creía que el rock era satánico, la misiva era ominosa. Cuando un jurado concluyó que uno de las personas acusadas por el fiscal Jim Garrison de asesinar a Kennedy era inocente enviaron una carta firmada por "La Orden del Ángel Fénix", revelando que los miembros del jurado eran miembros de los Iluminati. Lo que los delataba: ninguno de ellos tenía el pezón izquierdo.

Que hoy cualquier figura pública en algún momento sea vinculado con los Illuminati por un blog o que innumerables analistas conspiraniocos detecten símbolos de control mental masónico en cualquier video de música pop, no puede entenderse sin este despliegue de paranoia orquestada que al final de cuentas no era mucho más que un enorme chiste local. Aunque quizás la intención de Robert Anton Wilson, además de divertirse con la naturaleza falseable de la información, era hacer notar a las personas lo absurdo de creer en una organización monolítica onmiabarcante que controla cada detalle de tu vida, a la postre contribuyó a dar rienda suelta a la paranoia latente de muchas personas: la lasagna voladora salpicó a todo una nueva generación de conspirafílicos. Pronto surgieron numerosos otros grupos e individuos que decían tener pruebas contundentes de los actos de los Illuminati, muchos de los cuales  no eran miembros de Operación Mindfuck o de los Discordianos. Pero eso es lo que pasa cuando juegas con el caos, el riesgo está implícito. El schadenfreude es parte del juego. El poder de la ficción es extraordinario.

 

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Otra muestra del modus operandi de OM (o MOOM!), se encuentra en los procederes de  Markoff Chaney, un enano antisocial en guerra con el "mono estatuario", cuyas intervenciones son relatadas en el libro Illuminatus! Chaney practicaba el hábito de dejar señales firmadas con el nombre The Mgt: (abreviación de The Managment: la administración) que sin embargo es su firma: The Midget. Estos letreros contenían frases absurdas que hacían cuestionar a esa misma autoridad o entrar en un estado de confusión o disonancia cognitiva. Cosas como "Esta prohibido leer este letrero Att. The MGT". O "Resbaloso cuando mojado. Mantenga 50 mph. Rocas cayendo".  Chaney es el que ha pintado los signos de "no caminar" de verde y los de "caminar" de rojo, entre otras cosas.

También en Illuminatus, Robert Anton Wilson describe la materialización metaficticia de la idea de Tim Leary de dosificar a la población con LSD a través de los suministros de agua de las ciudades con el fin de introducir a los ciudadanos estadounidenses a la embriaguez psicodélica, con algunas casualidades de paranoia extrema. Una idea que la CIA ya había considerado también para atacar a una población (en su caso escogieron la ruta del pan para intoxicar a un pueblo con ácido lisérgico). Este canasteo masivo ocurrió a través de un trabajo conjunto entre Frente de Liberación de Eris y OM en Chicago los setenta. Se desarrollo un cóctel psicoactivo llamado AUM (pronunciación de OM).  La droga estaba compuesta por extracto de cáñamo, ARN, heroína, cocaína y LSD. La heroína produce ansiedad, el ARN estimula la creatividad, el cáñamo (o hemp) y el LSD abren la mente a la alegría y la cocaína estimula el pensamiento y la actividad. La droga, sugieren, convierte a los neófobos en neófilos, aunque sus resultados son impredecibles y mucha gente se vuelve loca o empieza a generar sus propias ideas, moviéndose de paradigma en paradigma. Los agentes de OM introducían la droga de forma secreta intentando liberar a los ciudadanos de Chicago (en las primeras dosificaciones masivas) de sus improntas y programación mental, con un contraprograma. Así describe George Dorn-Simon Moon-Joe Malick su viaje de AUM, el cual es una especie de alucinación dirigida por programación mental. Poco después George ve los famosos fnords, esos OVNIs del campo semántico.

Estaba viendo mi colección de fotos de Weishaupt y Washington en la pared, cuando el platillo apareció volando afuera de mi ventana. No es necesario decir que no me sorprendió mucho. Había guardado un poco de AUM después de Chicago, contrario a las instrucciones del ELF y me había dosificado. Después de conocer al Dealer Lama y a Malaclypse the Elder y ver al demente de Celine hablando con gorilas, asumí que mi mente estaba en el punto de receptividad en el que el AUM detonaría algo verdaderamente original. El OVNI en realidad fue un poco una decepción; tanta gente los había visto ya y yo estaba listo para ver algo nunca visto o imaginado. Me decepcioné más aún cuando me hipnotizaron y subieron abordo y encontré en vez de unos marcianos o una Delegación de Insectos de la Galaxia del Cangrejo, a Hagbard Celine, a Stella Maris y otros más del submarino Leif Erikson.

 

 -El Proyecto Pan-Pontificación consiste en la diseminación de "cartas papales" en las que se declara que cada hombre, mujer y niño en la tierra es el Papa La organización de la Operación Mindfuck  es esencialmente rizomática y descentralizada y cualquier miembro puede hacer miembro a otra persona e incluso investirlo como director general —o sumo pontífice— así multiplicando el poder y haciendo imposible que otras agencias de inteligencia desactiven su mando. Un modelo similar al que han intentado replicar los hackers de Anonymous, con su concepto de legión.

-El Proyecto Graffito distribuye estampas como "Si votar pudiera cambiar el sistema sería ilegal". "Tu policía local está armada y es peligrosa". "Legalicen el libre asesinato, ¿por qué el gobierno se reserva toda la diversión para ellos?" y por supuesto "Fnord".

-Ciudadanos Contra el Abuso de las Drogas es una organización que busca que el Congreso de Estados Unidos prohíban la menta de gato o nébeda, una planta que utilizan los marihuanos cuando se quedan sin provisiones (y también los gatos psiconautas) La idea es que el gobierno fácilmente podría entusiasmarse con esta campaña para prohibir una "yerba similar pero más cómica" y perder la poca credibilidad que tiene.

-Projecto Jake, un plan de acción canalizado por Harold Lord Randomfactor, una vez al año OM selecciona a un político al azar y se le erige como "Jake", todas las cábalas y las cabras discordianas son arrojadas a este individuo que recibe por un año una serie de correos en los que se le pide ayuda para solucionar "complicados asuntos políticos que superan el entendimiento racional". En otras palabras, se le inunda de sinsentido y de surrealistas extensiones burocráticas propias de una neurastenia crónica.

 

FNORD ParadeOperación Mindfuck fue también la encargada de distribuir la idea discordiana de los fnords, un concepto elusivo e incomprensible. Aparentemnte esta palabra "fnord" habría sido diseminada en nuestra cultura de menara subliminal por los Iluminati de tal manera que nos es imposible verla pero siempre esta ahí en los libros de texto, en las comunicaciones diplomáticas y en la lobotomía de los canales oficiales. Cuando leemos una nota del New York Times o de CNN sobre la guerra en Irak o en Afganistán o sobre la política exterior rusa, la palabra aparece en los textos intercalada de las oraciones redactadas por las agencias de prensa --hay algo en nuestro cerebro que nos impide verlas conscientemente, a la vez que detonan un mecanismo hipnótico. Catcher in the Rye, por ejemplo, el libro favorito del asesino de John Lennon, Mark David Chapman, es un fnord.

Algunos exégetas discordianos señalan que fnord en realidad es la onomatopeya del sonido producido por el aplauso de una sola mano. O incluso "un tropo literario" de algo más. "Los verdaderos fnords son... bueno, algún día los verás". Poder ver los fnords es comúnmente aceptado como una señal de evolución equivalente a activar la glándula pineal. Se dice que los fnords están siempre en el lugar donde dejaste tus lentes cuando no recuerdas donde están. Utilizar este término después de una frase es tomado por los iniciados como una forma de ironizar o modificar el sentido original. Fnord.

Existen otras operaciones actualmente en curso que se desprenden de OM, incluyendo OMGASM, "la misión de las semillas de manzana dorada" La mayoría de las cuales deben de seguir el principio instaurado por Ho Chi Zen: la única estrategia a seguir que un oponente no puede predecir es una estrategia al azar. Muchos de los nuevos planes son dictados por un generador aleatorio de acciones sinsentido, una máquina de galletas de la fortuna de combinaciones infinitas. 

 

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reality_1Sin tener pretensiones políticas y sin romantizar su labor más allá del placer de explorar los límites de lo absurdo, Operacion Mindfuck, se convirtió en uno de los grandes referentes de los movimientos contraculturales de nuestra época. Al no haberse comprometido con otra causa que no sea la de trastornar todas las causas es difícil medir su influencia, podría extenderse ilimitadamente sin nunca focalizarse, como ese centro sin circunferencia de la teología. Hoy podemos reconocer su labor sobre todo como parte de un continuum de praxis crítica que se fundamenta en la negación de las realidad homogénea y homogeneizante. La importancia de subvertir y cuestionar la realidad --sin proponer nuevos sistemas: o sólo proponiendo sistemas que son la parodia del sistema-- no debe de ser menospreciada. OM atacó el orden establecido antes de que surgieran muchos de los protagonistas del culture jamming, el slashing, el sniping, el meme hacking, el terrorismo poético y la comunicación guerrilla (los cuale son descritos en el ensayo seminal de Mark Dery: Culture Jamming: Hacking, Slashing, and Sniping in the Empire of Signs).

La conciencia de que vivimos en una "tecnocultura cuyo modo operativo es la manufactura del consentimiento a través de la manipulación de símbolos" y que por lo tanto es necesario manipular los mensajes y los símbolos que se emiten de regreso, en una contraofensiva, es parte del legado de este organismo hilarante de contrainteligencia. Si los logos, los slogans, los imágenes y los memes son las armas con los que se nos bombardea en nuestro tiempo es necesario usar estas herramientas explosivas para detonar cambios en la conciencia y atascar (culture jamming) el influjo que estamos recibiendo. Por lo menos ejercer la libertad de cambiar el sentido del mensaje y despojar a las compañías de relaciones públicas y a las firmas de marketing de esta hegemonía. Justamente como hizo Robert Anton Wilson al hacerse pasar por los Iluminati: cualquiera podía hacer un coup d'etat... en el proceso se descubre que se puede hacer cualquier cosa con la materia prima de la realidad: el lenguaje. "Reality is what you can get away with", era el nombre de la película de zombies, que nunca se hizo, basada holgadamente en la Operación Mindfuck.

Twitter del autor: @alepholo