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La actriz que planeó besar a 10,000 soldados para ganar la Guerra Mundial

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/27/2014

Marilyn Hare se propuso en 1942 hacer una buena obra por su país recién entrado en guerra: besar a 10,000 soldados para levantar la moral de las tropas frente al enemigo.

marilyn hare

Es muy delgada la línea que divide la autopromoción descarada de los actos desinteresados, pero Marilyn Hare camina grácilmente sobre ella como la mejor de las equilibristas. Alguien debía reconstruir la moral que la guerra estaba destruyendo con cada bombardeo y fue Marilyn quien decidió llevar a cabo la tarea.

Su objetivo: repartir 10,000 besos, humectar la anquilosada máquina de la guerra y de paso, por qué no, hacerse un poco de publicidad.

En tiempos de guerra, mantener alta la moral es un arte que miss Hare practicó con delicadeza, mirando a cada soldado a los ojos y diciéndole palabras que lo hicieran sentir único, indispensable, diferente a los otros 9,999 y al resto de los combatientes.

marilyn hare2

Para su primer campaña repartió 733 besos en un campamento del ejército en California, todo debidamente registrado por la revista Life en 1942. De los 9,267 besos restantes no se tiene noticia. Por su lado, Marilyn sólo disfrutó de un breve momento de fama, tuvo pequeños papeles en shows de TV como The Wild Wild West y My Three Sons.

Incluso la mujer que inventó el Día de las Madres odiaba la fecha por su consumismo desbordado

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/27/2014

Anna Jarvis pasó a la historia porque un día se le ocurrió celebrar a la Madre y reconocer así los logros de la mujer, sin darse cuenta que su idea sería transformada en una oportunidad más para lucrar y obtener ganancias económicas.

madresLa Madre es, fuera de toda duda, un símbolo poderoso, no siempre con los mejores efectos sobre la psique o la cultura pero importante en todos los casos. En algún momento de la historia de la humanidad, la fertilidad de la mujer se equiparó con la fertilidad de la tierra y ambas se veneraban como divinidades, a veces sintetizadas en una sola, como paradigma de la generación y sustento de la vida.

Con el tiempo, sin embargo, y en buena medida a causa del avance del sistema patriarcal, la Madre pasó a un segundo plano, quizá todavía venerada pero al mismo tiempo relegada a las alturas de un altar, marginada de la vida activa y las decisiones comunes. Entonces, para compensar, alguien inventó el Día de las Madres, por considerar que no se les reconocía como era debido.

Ese alguien, al menos en Estados Unidos, fue una mujer, Anna Jarvis, un personaje un tanto enigmático que tuvo la ocurrencia de organizar en una iglesia metodista de West Virginia el primer Día de las Madres de la historia, en 1908. Al comprobar el éxito de su convocatoria, Jarvis se apresuró a escribir y enviar unas cuantas cartas e impulsar así una campaña nacional de celebración materna a través de gestos simples pero emotivos: regalar un clavel blanco a tu madre, visitarla o acudir a la iglesia.

Para sorpresa de Miss Jarvis, su iniciativa fue bien recibida, aunque pronto se convirtió en algo que nunca quiso. Ya desde los primeros años del siglo XX, el sistema se apropió de la efeméride y, según su propia lógica, la convirtió en una más de sus mercancías. El Día de la Madres pasó entonces a ser un carnaval de consumismo, una inyección sentimental al mercado, la demostración del afecto por medio de las compras desenfrenadas: flores, chocolates, comidas costosas en restaurantes o, en tiempos más recientes, muebles, electrodomésticos, joyería, autos y muchos productos más.

Jarvis, es cierto, fue un tanto ingenua, pues en su momento recibió el apoyo del dueño de Wanamaker's, una de las tiendas departamentales más importantes de su época, quien seguramente se acercó a la mujer con propósitos claros en mente, los de la ganancia y las muchas ventas para sus almacenes.

Con todo, Miss Jarvis intentó desfacer lo provocado y en 1914, en los meses previos a que el Congreso de Estados Unidos otorgara al Día de las Madres carácter de fiesta nacional, realizó una segunda campaña pero ahora para impedirlo, criticando con encono a todo aquel que se lucraba con el afecto materno para provecho propio.

Pero el daño estaba hecho. Y con el tiempo incluso las madres aprendieron a medir el afecto de sus hijos a partir del precio del regalo que recibían.