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Podrían parecer un par muy extraño, pero el escritor irlandés Samuel Beckett y el luchador/actor André the Giant se conocieron bien.

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La sola visualización de estos encuentros es un deleite absoluto. Cualquiera que alguna vez haya visto las luchas WWF de hace algún tiempo o haya visto The Princess Bride sabrá que André the Giant era un tipo inmenso. O si nunca has visto eso, lo más seguro es que te hayas cruzado con alguna calcomanía de OBEY GIANT, que inmortalizó fenotípicamente a este sujeto. Por el otro lado, cualquiera que haya leído Esperando a Godot o siquiera haya visto el rostro acanalado e inteligente de Samuel Beckett sabrá que era un tipo demasiado entrañable.

Cuando André tenía doce años ya medía casi dos metros y pesaba 73 kg. Era demasiado grande para caber en el autobús escolar y su familia no tenía dinero para comprar un auto que pudiera lidiar con su peso si lo llevaba de ida y regreso a la escuela. La historia es la siguiente:

Samuel Beckett compró un poco de tierra en 1953 cerca de una aldea a aproximadamente cuarenta millas al noreste de París y construyó una cabaña para sí mismo con la ayuda de algunos locales.

Uno de los locales que lo ayudó a construir la cabaña fue un granjero búlgaro llamado Boris Rousimoff, quien se hizo amigo de Beckett y algunas veces jugó cartas con él. Como pueden haber imaginado, el hijo de Rousimoff fue André the Giant, y cuando Beckett se enteró que Rousimoff estaba teniendo problemas llevando a su hijo a la escuela, Beckett se ofreció a llevar a André en su camión –un vehículo en el que André cabía— para pagarle a Rousimoff el haber ayudado a construir la cabaña. Adorablemente, cuando André relató los trayectos con Beckett, reveló que rara vez hablaron de algo que no fuera cricket.

BeAnotherLab, un grupo interdisciplinario de Barcelona, está dirigiendo experimentos en que los participantes pueden experimentar a través de sistemas de realidad virtual la experiencia de estar en el cuerpo de otro.

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¿Alguna vez has soñado que habitas un cuerpo diferente, de otras proporciones, de otro color, de otro sexo? Pues ahora es posible experimentar esa sensación a través de la realidad virtual. Y decimos experimentar, no simular, porque aunque en estas investigaciones sólo se juegue con un intercambio de puntos de visión, nuestro cerebro tiene la capacidad de hacer coincidir las sensaciones de nuestros cinco sentidos en un todo coherente. 

La gran promesa del visor Oculus Rift (una consola de juegos de realidad virtual) es la oportunidad de habitar mundos completamente nuevos, pero un grupo de investigadores en Barcelona ya lo está usando para algo aún más radical: habitar otros cuerpos.

BeAnotherLab, un grupo interdisciplinario de estudiantes de la Universidad Pompeu Fabra, ha confiado en una vieja versión del Oculus Rift para llevar a cabo una investigación llamada “La Máquina de ser Otro”. El concepto es justo lo que el nombre sugiere, uno de los primeros experimentos ha permitido a los participantes experimentar el proceso creativo a través de los ojos de otro en tiempo real. Los experimentos más recientes son aún más desconcertantes.  Permiten que hombres y mujeres intercambien cuerpos.

Así es como funciona. A cada sujeto se le da un visor, en el cual ve un stream de video transmitido desde una cámara ajustada al visor de la otra persona. Entonces, se pide a los participantes que imiten los movimientos de la otra persona, coordinando sin palabras sus movimientos con los del otro, así hasta el punto de entrar en un loop en el que ya no se sabe qué acción es primero, ni quién la dirige, como niños jugando con una ouija.

El efecto es realmente profundo. “Muy en el fondo sabes que no es tu cuerpo, pero se siente como si lo fuera”, señala Philippe Bertrand, estudiante de artes digitales y uno de los fundadores del grupo.

Durante los últimos meses, el equipo ha hecho eco en el trabajo de diversos investigadores, desde artistas y terapeutas hasta antropólogos. El último proyecto ha enfocado la realidad virtual en caminos que potencialmente pueden servir a campos como los estudios de género o la teoría queer, y ya se están formulando aplicaciones para performances artísticos y neurorehabilitación.

Los miembros de BeAnotherLab no son los primeros en experimentar con la idea del "cambio de cuerpo" vía realidad virtual. Su trabajo ha sido inspirado por equipos como Group Ehrsson, de Estocolmo, y Event Lab, también de Barcelona, los cuales ya han combinado neurociencia y realidad virtual en un intento por desenmarañar complejos misterios acerca de la conciencia y el yo. Bertrand y compañía no se ven a sí mismos como pioneros, sino como creativos de bajo presupuesto que forman parte de un proyecto mucho más grande. 

“El descubrimiento de las neuronas espejo por Giacomo Rizzolatti nos ha mostrado que no se puede concebir un “yo” sin un “nosotros””, explica Bertrand. “Otras investigaciones recientes de simulaciones corporales han mostrado una borrosidad en la frontera que divide los "yos" en individuos muy cercanos entre sí. Otros estudios sugieren la efectividad de la simulación corporal en la reducción de prejuicios raciales”. En otras palabras, nuevas investigaciones y tecnología de última generación nos están ayudando a tener una mejor comprensión de la empatía y nuevas herramientas para lograrla.

“La ciencia está probando algunos conceptos muy hippies y estamos usando tecnología desarrollada para videojuegos con el fin de poder acercar a la gente entre sí”, dice Bertrand.

[Wired]